Tuesday, July 19, 2011

Los Juegos Nocturnos de Hamparo Muñóz

La reunión entre amigos está en su apogeo, la película por la mitad o la tertulia en su punto más picante. No hay señales de agotamiento por ninguna parte, de hecho los vasos están repotenciados de hielo. Entre risas de los demás e inclusive la mía propia, me sobreviene una extraña sensación en la barriga, mientras acerco el vaso hacia mi boca. Es un secreto callado en las orejas el cual me aturde y que interrumpe mi devoción por la banalidad de la conversa. Ha llegado el momento nocturno de comenzar a pensar que en algunas horas debo despedirme de una casa ajena y emprender el camino de regreso hacia la mía.

Me encantaría poder sentarme en una silla freudiana y explicarle a un psicólogo que dibuja circulitos en su tablita de papel legal amarillo que mis temores son producto de un desprecio hacia la familia; un resentimiento económico al no poder volar del nido en su momento, o el mero cansancio de tener que ser yo. Nada de eso me viene a la mente en esos momentos de reunión entre amigos. Una de las cosas que más detesto de vivir en Venezuela es la sensación de no saber si llegaré a salvo a mi destino.

Nos pasa a todos, la inseguridad ha creado una figura ficticia llamada Hamparo Muñóz la cual acecha las calles. Hamparo representa todos los cuentos de fantasmas con pistola que ya solemos contar a manera de chiste. Es ella la novia de Oriente, la autora intelectual del robo armado en el cine y la que secuestra a los que sacan a sus perros a pasear. Hamparo no perdona locaciones, vive en la curva de la muerte en El Hatillo pero se pasea por Capitolio y toma café en Los Palos Grandes. De horarios, Hamparo ya no cree. El reloj es un accesorio extinto en las muñecas de los caraqueños desde que a Hamparo le dio por ser relojera.

Cada vez que salgo en dirección a mi casa veo a Hamparo. Ella es la imagen en el retrovisor y la figura oscura en una iluminada esquina. Está detrás de mi asiento, apostada a un árbol, adentro de mi casa, en el otro lado de la acera. Hamparo está en cualquier parte y viene por mí y mis precarias posesiones. Nada ven mis ojos pero yo sí la veo. Allí está Hamparo, y ahí también.

Juego en calles vacías a encontrarla. Un fetiche que me he creado ante el reto de volver a vernos. Pienso en módulos policiales cercanos por si Hamparo se aparece y doy vueltas innecesarias a mi manzana porque veo faros en la distancia y sé que Hamparo también maneja. Me cercioro que la calle esté completamente desvaída de almas y de gatos negros antes de comenzar los cinco eternos segundos que miden el tiempo que tarda en abrir mi reja. Pero Hamparo no aparece. Más veces que pocas, Hamparo no llega.

A la mañana siguiente, cuando ya todo ha pasado, leo titulares como «El director de la Policía Nacional Bolivariana, Luis Fernández garantiza que hechos violentos en Caracas han disminuido 56,25%». Prendo un cigarrillo y pierdo la mirada en una de las cuatro paredes de mi gueto amurallado, mientras me retrotraigo a la reunión, película o tertulia picante que anoche tuve con mis amigos. ¿Qué decían? Debo estar loco, pues nada recuerdo. Nada, salvo la amarga memoria de intentar huir de las manos de Hamparo Muñóz aun cuando hacia mí, según garantizan otros, Hamparo no venga.-

5 comments:

debilidadesyvicios said...

Sin comentarios. Parece mentira, hace años mi mayor miedo era hablar de los muertos y fantasmas y mi mamá insistía en "A quién tienes que tenerle miedo es a los vivos, no a los muertos". Hoy en día la entiendo.
Cada día vivimos más encerrados, salir ya no es una opción divertida sobre todo si te preocupas constantemente en qué pasará o si llegarás vivo a tu casa.
Lamentablemente vivimos en un eterno juego de la ruleta rusa...

Besos,

Lau

Beatriz said...

Arrechísimo este texto Tots, que tema con Hamparo, que tema con la impunidad... que triste que todos ya seamos parte de las estadísticas, de los ''cuando a mi me robaron'', o ''coye, tengo un pana al que secuestraron'', o ''tiraron un quieto en el Metro en hora pico''... que triste que uno tenga que supeditar su vida y horarios al temor constante de ser víctima de Hamparo.

Pero yo me rehúso a encerrarme, a dejar de vivir porque Hamparo anda rondando, porque a la desgraciada Hamparo las autoridades no quieren ponerle coto.

Un beso Totín.

Ira Vergani said...

"Pienso en módulos policiales cercanos por si Hamparo se aparece y doy vueltas innecesarias a mi manzana porque veo faros en la distancia y sé que Hamparo también maneja" Contar esto no es facil y a mi me hace dudar hasta de mi cordura.

Ley said...

Lo peor es saber que es parte de nuestra rutina... que ya no bajamos el vidrio del auto en la autopista, que ya no respondemos sms's en la calle, que caminamos con las carteras en el pecho, que le damos tres vueltas a la manzana antes de entrar al garaje de tu casa... Y todo porque Hamparo acecha... Y los que lanzan esos porcentajes de reducción se burlan en nuestra cara como si ya no tuvieramos suficiente con Hamparo. Caras duras!

Emiliana said...

X: Secuestraron a Fulanito....
Y: No vale marica, eso fue un secuesro express, ya lo devolvieron.
X: Ahhhh menos mal!

Y: Asaltaron a Menganito,pero gracias a Dios solo le quitaron todo.
X: No se lo llevaron?
Y: No marica, ni le hicieron nada! Que suerte tuvo!

Estas dos conversaciones son taaaaaan frecuentes que me cague y me tuve que ir.... Me da panico que a Hamparo le de por dejar la relojeria y meterse a gui de campamento o maestra de kinder! Y por culpa de esa pajua me hace falta mi casaaaaaa!!!!

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...