Monday, August 8, 2011

La Mutación de la Vagina

El cotilleo no cesa. «Es una vulgaridad» comenta una; «a mí me gusta» responde otro. «Sí pero ¿es algo que pondrías en la sala de tu casa?» argumenta un inquisidor. « ¿Por qué no? –dice el más echón- si Jeff Koons tiene una, pues algo bueno debe ser».

Cual antena parabólica, escucho los murmullos de aquellos que visitan la exposición Epiphany/Epifanía del artista venezolano Carlos Enríquez-González, en la Galería CBG Arts en Caracas a la cual he acudido esta tarde. Sus caras son todo un poema al momento de ver las esculturas. No es para menos. Enríquez-González esculpe vaginas. Algunas de ellas de más de dos metros.

Al igual que el resto, peco de estar escandalizado por la muestra. Pasearse por la galería y mirar vaginas en pedestales o paradas en grama artificial pone a sudar hasta a la súper estrella del porno Ron Jeremy. Estas vaginas están concebidas como figurines de acción, bañadas en una explosión de colores pop. Hechas con fibra de vidrio, vinil y plástico, tienen botas, manos y pies. Algunas antenas, otras dientes; el elemento inconfundible es la anatomía femenina.

Las vaginas mutantes a gran escala me causan impresión. Dos de ellas se erigen como alienígenas en pose de batalla. La primera, una vagina fucsia, luce botas en morado metalizado y un cuerpo torneado en verde neón. La segunda, completamente al desnudo en plateado, calza unas botas azules Colgate Fresh y un redondeado trasero que bien provoca agarrar sin que nadie me regañe. Verla de frente es observar el florecimiento de una vulva rosada, flanqueada por un ojo cuidadoso el cual en mi mente advierte, «mírame y no me toques».

Me detengo ante una vagina que parece prehistórica. Hecha en obra limpia, sobre su tamaño titánico se erige una enorme boca llena de dientes afilados de donde desprenden dos colmillos dorados. Dos tetas enormes cuelgan a sus lados como si a la vagina cavernícola se le hubiese ocurrido coquetear con unos zarcillos. Ella me da un flashback a Rick Moranis en La Pequeña Tiendita del Horror. En cualquier momento esta flor me traga.

Rodeado entre vaginas y algunos cuantos penes en pedestales que parecen esculturas egipcias, me doy cuenta de lo mojigato que resulté en la vida. Estoy ante objetos inanimados fantásticamente extraterrestres y aun así la familiaridad de la anatomía reproductiva me saca todos los traumas moralistas que han hecho de mi psicólogo un millonario y de mi un inseguro a la hora de hablar sobre sexo.

Pero esta exposición no hace referencia directa al erotismo. Si hay algo detrás del nombre de la exposición, Epifanía, es el poder darme cuenta que soy yo el que traigo los prejuicios a la exposición, somos nosotros los que estigmatizamos a la vagina. Hace falta verlas como mutantes para darnos cuenta que en realidad son tan comunes como una oreja, tan fantásticas como la mujer que la lleva. De ser así, Carlos Enríquez-González ha anunciado el otoño final de toda Eva renacentista castrada por una hoja en su pudendo. El resto depende de si tenemos las bolas de firmar un cheque por 36 mil dólares y llevarnos a casa su vagina.-

Revista Clímax - Agosto 2011
Foto tomada del Facebook de CBG Arts.

1 comment:

Dai said...

Tengo que pasar por ahí... por un momento me hiciste recordar la tan feliz vida de aquel artista que esculpía vaginas y penes en "El lado oscuro del corazón" (sólo que aquí nadie cae preso por ponerle pies y manos a penes y vaginas).

Yo no sabía de éste blog hasta que supe (d'oh)... en un día me leí como 15 posts hasta que dije "basta, te vas a volver loca". Adictivo, sí... muy adictivo.

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