Thursday, September 22, 2011

La Empanadera Rebelde


Buenas noticias para el teatro. Este viernes se estrena en el Teatro Teresa Carreño la adaptación de La Novicia Rebelde. Es una maravilla dado que necesitamos este tipo de obras con tufo a sacarina para sacarnos del mal humor constante en el cual habitamos en la cotidianidad. Es una obra que nos recuerda a nuestra infancia. Por alguna razón siempre quisimos ser uno de los niños Von Trapp. O las monjas. Depende del fetiche de cada quien.

No está claro si van a montar una versión fiel de la obra de Rogers & Hammerstein o si le van a dar un twist venezolano. Yo espero que sea la segunda. Hacer un criollismo de la arribista social más grande de la ficción –con excepción de la Cencienta– no tiene precio. A continuación, mi intento de crear la introducción de lo que quisiera ver en el teatro. Lo llamo La Empanadera Rebelde y el Millonario del Country.

María es una veinteañera inconforme con su vida. Todos los días se echa una escapada matutina para Galipán donde le da repeat a su Ipod para oír «Las montañas están vivas con los sonidos de los zamuros». Eso le place. A veces se va para la Quebrada Chacaíto donde mete las paticas y tira piedras para matar el aburrimiento. No tiene celular porque se lo tumbaron el viernes pasado pero por la posición del sol se da cuenta que va tarde para el trabajo.

Mientras tanto, está el puesto de empanadas más recluido de la ciudad. Se llama “Las Sor-prendidas”. El nombre fue puesto por los asiduos, luego de que María –olvidadiza ella y recién iniciada en su puesto de labores- prendiera la bombona de gas con yesquero. Nadie salió herido pero ahora Abadesa Cachón, su dueña, tiene que usar collarín y trapos negros de por vida.

Las empleadas del negocio están bravas porque la Señora Abadesa las regaña todo el día por el horario pero a María no le pide que marque tarjeta. Abadesa les pone un parado a sus quejas pero concede que María está pasada. A gritos, aunque el borrachito de la esquina jura que canta, les hace una pregunta seria a sus empleadas: “¿Cómo se resuelve el peo con María?”

Las más audaces le piden que bote a María pero la señora Abadesa tiene una mejor idea. Su comadre Inocencia le ha tirado el datazo que su prima la que plancha vino a La Candelaria con el chisme que andan buscando a una fija en una casa en el Country. El señor es un capitán del Buque Escuela retirado que anda desesperado porque tiene una novia en Valencia y no halla como dejar a sus hijos solos cada quince días cuando sale el servicio.

Abadesa piensa que esta es la oportunidad de enseñarle seriedad a María. Una mañana en la cual llega tres horas tarde alegando que alguien se lanzó al Metro, le da la noticia. No la va a botar pero cuando ella aprenda que el horario es de ocho a cinco, podrá volver. María no está muy contenta con eso de ir al Country pero a lo hecho pecho. Empaca una maletica con una pinta que le vio a Mariángel Ruiz en La Viuda Jóven y se monta en la camionetica Candelaria-Chapellín. En la buseta, aprovecha que nadie se le sienta al lado y pone los pies mientras piensa “Yo sí soy Confianzuda”.

(Continuará…)

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