Wednesday, October 5, 2011

El hombre hambriento, el hombre tonto


Cuando yo tenía ocho años, mi papá trajo a casa una computadora Macintosh. Como todo lo moderno que ha entrado a las casas, la victrola, la radio, el televisor y el Betamax, la computadora Macintosh ocupó un sitial de honor en el salón. Entre lámparas de abuela y sofás donde “no te sientes que me lo manchas” estaba un pequeño artefacto que con una luz resplandeciente y un relojito de espera interminable que cambió la manera de entretenernos. Un juego de trivialidades y el Mac Paint con sus sombras de ladrillos y grafiti constituirían mi entretenimiento familiar.

Mi colegio entendió tempranamente la revolución de la computadora. Ya en tercer grado metíamos siete floppy disks para guardar información. Se nos enseñaba a cómo hacer cuadros, aprender matemáticas a través de juegos y a escoger tipos de letras como Athens y London las cuales pasarían a formar parte de mis trabajos escritos. Trabajos que serían impresos en una impresora cuyo papel venía pegado y había que desprender de sus lados lo que lo hacía sujetarse a la computadora.

Hoy en día, cuando la computadora está ubicada en el bolsillo trasero de nuestros pantalones, pegada a nuestros oídos, puesta sobre nuestras piernas o sencillamente empotrada en una biblioteca como en los viejos tiempos, nos es difícil comprender lo retrógrados que éramos antes de tenerla. Un visionario, cuyo nombre aprendimos más tarde, cuando la moda, el mercadeo y las tiendas supieron darle más brillo que la manzana a colores de nuestros mozos tiempos, nos cambió para siempre.

Steve Jobs nunca nos vendió un producto, nos hizo darnos cuenta que lo necesitábamos. Tener una laptop, un dispositivo de música, o un teléfono de la marca nos simplifica procesos, eleva nuestro entretenimiento y nos conecta cada vez más a seres queridos. Podemos tener el producto o tener algo parecido (quien escribe jamás ha negado que adora su PC) pero lo cierto es que la filosofía detrás de la manzana es que siempre hay que mirar hacia donde esté la felicidad. Y si la tecnología puede contribuir en algo para ayudar a lograrla, allí estará Mac.

Larga vida a Steve Jobs por recordarnos sobre aquella revista científica que imploraba a mantenernos hambrientos y a mantenernos tontos. Porque esa es la única manera en la cual podremos hacer verdaderamente una diferencia. Manzanita, Quit.-

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario.” -Steve Jobs.

1 comment:

Bela Pulgar de Figueira said...

Increíble Totin. A mi Apple me hace feliz, al fin y al cabo eso era lo que quería Steve.

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