Wednesday, October 26, 2011

Entre Penélope y Bono, yo sí tengo evidencia


Para ser amigo de It’s Good to Be hay que tener claro una sola cosa: entrar primero que él a una fiesta es absolutamente necesario. Él es de esas personas simpatiquísimas que llega a una fiesta y, sin ser Dory la de Finding Nemo, saluda hasta al florero. Marea a la gente preguntándoles por el primo, la tía, la novia, el trabajo, la política y los vientos huracanados de la ciudad. El gran problema es que a la gente le encanta que le pregunten por el primo, la tía, la novia, el trabajo, la política y los vientos huracanados de la ciudad. Claramente, después que pasó el Señor Electrolux, vengo yo a saludar y quedo como una plasta. ¿Cómo se compite con Míster Simpatía? Entrando primero a las fiestas.  

It’s Good to Be sin embargo tiene el mejor cuento del mundo, una ancédota que opaca la que sea, así uno llegue antes que los mesoneros de la fiesta. Lo mejor (para mí) es que queda como un pendejo cuando lo echa. Lo voy a contar y explicaré el por qué. Hace un par de años It’s Good to Be, ergo su nombre, se fue a Los Ángeles con un esmoquin en la maleta. Había conseguido una invitación para una fiesta en casa de Prince luego de los Oscar. ¿No lo odiamos todavía? No, claramente, es Prince eso no da ni pizca. Ahora, si le metemos que It’s Good to Be estuvo codo a codo con Penélope Cruz, Antonio Banderas y Madonna algo de envidia da el cuento.

Una amiga en común trabaja como asistente para un director importante y fue para esos premios Oscar porque él estaba nominado. It’s Good to Be no se peló ese bonche y fue con ellos y otros amigos a la fiesta de Prince. Rumbearon como los dioses y se tomaron los fonditos de la champaña de Penélope y bailaron espalda con espalda con Madonna, como buenos arroceros que se respetan. It's Good to Be echa este cuento genial y todo el mundo queda ensimismado porque francamente lo más cerca que yo he visto de Hollywood es a Gilbert Goddfried la voz de Iago el loro insoportable en Aladino. Mi cuento sucks, el de It’s Good to Be, como su saludadera, siempre gana.

¿Pero por qué queda él como un pendejo? Porque no hay vez que no haya echado ese cuento donde alguien no le haya gritado: “fotos, fotos, ¡a ver fotos!” Eh, relájate pequeña adolescente de la audiencia de La Guerra de los Sexos. NO hay fotos. ¿Y por qué no hay fotos? “Bueno –dice It’s Good to Be- porque daba como pena acercárseles para tomarles una foto en ese momento”. La cara de la audiencia del cuento es poética. ¿Quién demonios va a una fiesta en casa de Prince y no regresa así sea con un jaboncito del baño como evidencia? ¿Quién no se toma una foto con Penélope Cruz así sea una Penélope falsa y dice que es ella? ¡Exacto!

Río endemoniadamente por mis adentros mientras veo como la audiencia de mi amigo It's Good to Be se desinfla con este cuento sensacional de final más chimbo que el de La Viuda Joven. Y ahí es donde saco mi fotico que me hice tomar a los dieciocho años cuando Anarella Bono era Chica Polar y estaba buenísima y digo: "¿yo alguna vez les he contado sobre la noche que rumbée con las Chicas Polar en una casa perdida?"

Niche pero con evidencia.-

1 comment:

La Pastorcita said...

Jajajajajajajaja!!!!! Me rio y me rio!!! Ahora que lo pienso, fue desde ese dia que Its Good To Be no salio mas nunca de su casa sin su camarita en el bolsillo!!

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