Wednesday, October 12, 2011

¿Están ahí contactos? Soy yo, Toto


Suena el pitazo final de un partido histórico de fútbol en el cual Venezuela le gana por primera vez a Argentina. Con la emoción a punta, procedo a twittear como de costumbre mi sentimiento porque es como chévere esto de compartir patria. Aprieto el botón de enviar en el celular pero hasta ahí queda la cosa. “Sending Message”. Demonios, se colgó el Twitter. Una hora después, no se ha actualizado. Dos, tres, horas después. Como aquellas cadenas moradas de “antes de que los celulares colapsen” propias el 31 de diciembre, he pensado que se debe al tráfico entusiasta del momento. Nada que ver. Me acuesto a dormir para no lanzar el celular por una pared.

Esta mañana me despierto listo para teclear mi repertorio de chistes sobre la primera invasión alienígena registrada en los libros de Historia. En una época desprovista de cruceros, es lógico pensar que las tres carabelas de Colón fueron una tremenda experiencia paranormal. Decir que Cristóbal Colón vino en son de paz es una falacia. Seguro pasó tres días debajo de un cocotero convenciendo a los indios a que bajaran de los palmares donde se encaramaron del susto para invitarlos a un picnic.

Pero nada puedo hacer. El Twitter lleva ocho horas sin actualizarse y el Messenger del BlackBerry no sirve. Luego de casi desbaratar y desconfigurar el celular porque yo soy de esos “mecánicos” que jura que la culpa es suya, me entero que hay una falla mundial la cual ha colapsado los celulares BlackBerry. Sólo algunos mensajes entran durante el día, todos ellos por supuesto cadenas y mensajes de “Act”. Prueba de que si llega a suceder un holocausto nuclear y quedan dos sobrevivientes, lo más probable es que jamás se encuentren al no poner “Estoy enterrado en Plaza Altamira” sino “Act”. ¡Mensos!

Resignado, he llegado a la conclusión de que no funciono sin el celular. Este ha sido el día más callado de mi vida. Con nadie he hablado salvo con mi conciencia. Y hasta ella se ha entrenado para hablar en 140 caracteres. Cierto, puedo mandar SMS, levantar un teléfono, meterme en Internet, pensar en los niños en Darfur que no tienen comida, mucho menos un celular. Pero me gusta enrollarme en mi problema de gente de la clase media. Es como Wall-E pero sin la destrucción. Por lo menos no estoy tan mal como la gente que le pone emoticones a su vida. Esos sí han debido sufrir hoy como nunca.-

Usuarios de iPhone que se pasaron todo el día riéndose sobre nuestra desgracia: ¡Fuera del tea party! Atentamente, la gente decente que les tendió una mano cuando su líder supremo se fue al Cielo.-

1 comment:

oly said...

Creo que lo peor de todo fue darnos cuenta, que hay gente que jurábamos tenía por lo menos dos dedos de frente y no, mandaron más cadenitas que nadie y hasta las fotos cambiaron!!!

Ah bueno y darnos cuenta que no somos nadie sin el dichoso aparatico!

Muy buena cronología!

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