Sunday, October 16, 2011

Miss Venezuela: El Aplauso Va Por Dentro


El éxito detrás de la serie “I Love Lucy” quien hoy arriba a su sexagésimo aniversario se basó en el empeño de sus productores, Lucille Ball y Desi Arnaz, en contar con una audiencia en vivo en la filmación de cada uno de sus episodios. Fue algo inaudito en una época acostumbrada a insertar risas pregrabadas en los programas pero el beneficio fue enorme. Los actores pudieron comprobar de manera instantánea si sus rutinas cómicas funcionaban, permitiéndole explorar nuevas fronteras de una manera ingeniosa y apreciable por quienes acompañaban las risas desde sus hogares.

La crisis en una Venezuela aparentemente boyante en la industria del calzado, como se comprobó por el exceso de anunciantes de zapatería durante la transmisión del concurso, no pudo con las altas exigencias del Poliedro de Caracas para fungir como venia para la contienda. Esto obligó a trasladar el Miss Venezuela a los espacios del Estudio 1 de Venevisión. Apostando por tomas cerradas y pantallas LED para simular exteriores, el concurso probó ser una de las ediciones más sobrias que se recuerde. Sobre todo, y valga la referencia al show de Lucy, por el innegable silencio ante la falta de un público enérgico que vitoreara a las candidatas.
El show no tuvo nada que merezca la pena recordar en años venideros con excepción de la salida al escenario de Osmel Sousa trajeado con una capa barata del Señor Rajuela. Acostumbrados ya a su presencia estrambótica, hubiese sido un merecido homenaje vestir a Sousa, patrón de la belleza nacional, en algo menos que un trapo seguramente descartado por Walter Mercado. Es un show y la idea es impactar pero nunca de mala manera. Nada se pudo decir sobre las candidatas en el opening, vestidas muy apropiadas aunque con una proporción de senos preocupante, con Sousa al frente materializando quizás su sueño de vivir su noche tan linda como esta.

Daniela Kosán y Leonardo Villalobos hicieron su debut como animadores luego de la salida de Maite Delgado de Venevisión. Nunca es tarea fácil rellenar los zapatos de alguien que se consolidó como la figura estrella del concurso y lo cierto es que las criticas iban a llover hicieran lo que hicieran. La constante preocupación de Kosán por hacerlo bien le pavimentó el camino a Leonardo Villalobos quien se destacó por hacer un muy buen trabajo a pesar de la falta de energía que un público presente hubiera podido imprimirle a la conducción de ambos.

La falta de gritos, pancartas, hurras o bullas marcó la tendencia inclusive en las propuestas musicales. Un Oscarcito dándoselas de Oscar Wilde con pensamientos diversos en pantalla y la puesta en escena de una selva amazónica con música de rio para darle la bienvenida a Maniña Yerichana hizo que las misses desfilaran en traje de baño con una pesadez digna de pijama y no de bikinis. La agrupación Venezuela Viva corrió con más suerte, dando el toque venezolano de profesionalismo a la hora de montar un show entre el joropo y el flamenco que destacó por su coordinación más no por la grandeza que hubiese ocasionado de haberse presentado en una plaza pública.

Chino y Nacho estrenando nuevos looks para peor acompañaron a una muy destapada Ana Isabel que no se esforzó en modular su boca a la hora de cantar una canción olvidable. El sonido, al igual que la presencia de las barras, no jugó a favor de los técnicos de Venevisión y hubo que enviar a comerciales en el segmente de traje de gala por una falla en el audio. Esto obligó a tres candidatas a volver a desfilar con vestidos que claramente muestran una mejoría con los adefesios que se han venido presentando en ediciones anteriores pero que no escapan del paradigma de que un Miss Venezuela no es un Miss Venezuela sin un vomito de lentejuelas y descripciones rococó sobre los trapos.

Un aplauso merecido se lo lleva Luis Fonsi por cantar en vivo dos de sus temas así como el profesor José Rafael Briceño por la preparación de oratoria de las candidatas en lo que se sospecha fueron preguntas ya conocidas por ellas. No hubo errores en sus discursos, salvo un escapado “conchale” y la voz ronca de una Miss Nueva Esparta quien imprimió la única nota divertida sobre candidatas a las cuales no se les vio la cara de cerca sino muy hasta el final del concurso.

El cuadro final estuvo muy bien representado de bellezas caucásicas en un show autóctono como bien lo dijo El Chiguire Bipolar. La nueva Miss Venezuela, Irene Esser representante del Estado Sucre demostró aplomo y elegancia durante todas sus presentaciones y por su biografía se sabe que habla inglés y francés lo cual es un alivio en una nación acostumbrada a coronar a mujeres con nombres complicados. Quedará de Venevisión venderla ante un público que se permita aplaudirle como se deba pues si bien la corona se la llevó quien la merecía no hubo nadie para vitorearla en aprobación.

La falta de presupuesto es un tema que nos embargará el año que viene, sobre todo en un año de fuerte contienda electoral pero sin embargo hay que insistir en la magia del entretenimiento que nos une como venezolanos frente a la televisión. No puede haber mucha diferencia en el presupuesto en sacar el Miss Venezuela en exteriores y transmitirlo desde la Plaza Alfredo Sadel o inclusive desde la piscina del Hotel Tamanaco. Como los mejores shows de comedia, vamos que el Miss Venezuela es cómico, es vital la energía de un público para el beneficio de los animadores, la confianza de las candidatas y la entonación de sus músicos. El Miss Venezuela cumple 60 años el al año entrante y como "I Love Lucy" debe entender que el aplauso va por fuera y no por dentro de las bandas.


Fotos: Noticias 24

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