Wednesday, November 23, 2011

Amores de Barra


Tiene que ser exagerado pero este cuento me dio risa. Me cuentan de un señor simpaticón que se casó tarde en la vida. Demasiado viejos para ser padres, se dedicaron a ser unos bon vivant, lo cual obviamente incluye la instalación de un bar en su casa. El bar era tal cual como el del Le Club con un amplio tablón de madera, sillas altas sin respaldar y más botellas para consumir de lo que seguramente la Ley permite.

En una noche de juerga con amigos, el señor y su esposa tomaron unas copas de más. Entre cuentos que dan risa, la señora se tambaleó en su silla y agarró el brazo de su marido para lograr el equilibrio. Como el esposo también estaba más aquí que de allá, no pudo ayudarla y los dos se fueron para atrás con silla y todo. Atención médica y reposo para dormir la pea fueron las indicaciones.

Tres semanas después los esposos llegaron a la solución. Se dieron cuenta de que no iban a cambiar sus hábitos de sentarse en el bar y aplicaron la máxima atribuida a Lincoln de que hay que recordar que los malos momentos son tropiezos y no caídas. Decidieron comprarse unos cascos de guerra con micrófono insertado para tomar en el bar. Cualquier caída alcohólica estaría plenamente protegida y libre de accidentes que lamentar.

Exagerado o no, esas son las bonitas historias de amor que me hacen sonreír.-

1 comment:

La peque said...

Yo los conocí, en su casa de Caruao, con el casco puesto.

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