Wednesday, November 16, 2011

Mi problema siempre fue el bebedero

Creo que todas mis experiencias laborales en una oficina se vieron truncadas por mi primer día de trabajo. En dos horas ya yo sabía si era compatible con la oficina o no. En ninguno de mis trabajos tuve un momento de “bienvenido, esta es tu sillita y tu computadora, toma estos cien casos y ¡suerte si sales antes de las diez de la noche!” Lo hubiera hecho con gusto. Todos, sin excepción, fueron más bien: “¿quién es que eres tú otra vez? ¿Nosotros te contratam…? Ah bueno sí mira, es como temprano porque no te sientas en esa silla un momentico y ya veo donde te ubico ¿sí?”.

No esperé nunca una bienvenida tipo: “ay qué bueno que llegaste a la hora, tal como nos gusta. El viernes te instalaron la computadora en lo que será tu escritorio”. Así deberían ser todos los trabajos que te contratan pero pedir eso es no trabajar en una oficina jamás. Entre esperar por una computadora y que me explicaran la instalación de la contraseña alfanumérica de ocho mil caracteres para ser cambiada cada tres semanas se iba media mañana. Lo peor era la primera asignación, una mediocridad absolutamente inventada en el momento por el jefe tipo “ah importantísimo para el equipo que botes los iconos sin usar del escritorio. ¡Y café! ¿Quieres un café? ¡Vamos ya por un café!”

Pero lo que siempre odié fue cuando Reyna, la analista de Recursos Humanos me paseaba por todos los cubículos para presentarme a los demás empleados. Llegaba ella conmigo y hacía como si tocara la pared ficticia de un cubículo diciendo “Permisooo” en voz de Daniela Kosán. Un desconocido obviamente ocupado se volteaba a verme y Reyna comenzaba con su monologo: “Kerber te presento a Juan. Él nos va a ayudar en el Departamento de Mercadeo y hoy es su primer día aquí”.

Y mientras Reyna me contaba sobre lo que hacía Kerber con más movimiento de manos que Siudy Garrido, Kerber me miraba a mí y yo lo miraba a él con sonrisa de quinta finalista. A ninguno de los dos nos interesaba quien era el otro, jamás trabajaríamos juntos. Y aun así, había un cierto fetiche en saber que otra persona también pensaba que Reyna era una pendeja al creer que se la estaba comiendo.

Nada fácil el primer día de trabajo. Sobre todo cuando Reyna me llevaba emocionadísima al bebedero. Juro que una Reyna me dijo a mi una vez: "Y aquí es donde puedes venir a tomar agua". Duré un mes en ese trabajo. Y fue demasiado.

Yo creo que debería ser totalmente válido llamar el lunes del primer día de trabajo a Recursos Humanos a primera hora para asegurarse de que todo esté listo: lugar de oficina, contraseña, asignaciones, etc. Perder el tiempo esas dos horas es suficiente como para decretar que eso no es un lugar donde quieres trabajar. Quizás sea por eso que yo sucumbí a trabajar desde casa hace mucho tiempo. Odio perder tiempo y me aburro fácilmente.

A veces no es la mejor de las situaciones y hay días en los que extraño pertenecer a una oficina formalmente. El problema es que si a los 22 era poco tolerante con Reyna y su bebedero me imagino que a los 32 me le reiré en su cara. Reyna, jeva, es agua.-

2 comments:

todoloquemepasa said...

"Yo creo que debería ser totalmente válido llamar el lunes del primer día de trabajo a Recursos Humanos a primera hora para asegurarse de que todo esté listo"

No podría estar más de acuerdo contigo, supongqo eu como me gradué en RRHH me toca más tu post porque es bien chimbo nunca haberlo ejercido "formalmente" simplemente porque muchas empresas no tienen ni idea de lo que son los RRHH independientemente de que tengan un departamento dedicado a eso.

Yo me he llevado un chasco tremendo por eso al darme cuenta de que casi todas las empresas para las que he trabajado tienen un gran problema organizacional, desde las más pequeñas hasta las más grandes y es pero todavía cuando te das cuenta de eso mientras trabajas para la empresa más grande de soluciones de RRHH a nivel mundial.

Ley said...

Toto,
Hace una semana comence a trabajar por estas tierras bajas.
Contrario a lo que comentas en este post, en mi nueva oficina, me presentaron a toda la oficina desde el primer día que hice la entrevista (dos meses antes de comenzar). Al llegar (dos meses después) me presentaron de nuevo. Me indicaron que hay en la cocina. El café, el té, que hay frutas en la nevera, que aquí puedes sentarte a leer, que aquí es la biblioteca, que este es tu escritorio, que si te sientas (del verbo sentar) bien, que si la pantalla está a tu altura, el mouse, el teclado, que si hay frutas es la nevera otra vez... En fin, me sentí un poco aturdida porque vengo de una escuela donde la chica de RRHH lo mejor que hace es limarse las uñas!
En fin, así son las cosas!

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