Monday, March 28, 2011

Soltera al Desnudo


«La carrera de una mujer es un asunto curioso. Te olvidas de que cuando vuelvas a ser una mujer, necesitarás aquellas cosas de las que te deshiciste para ascender más rápido. Hay una carrera que todas las personas de sexo femenino tenemos en común, nos guste o no: ser mujer. Tarde o temprano, tendremos que trabajar en ella, no importa cuántas otras carreras hayamos tenido o deseado. Y, al final de cuentas, nada tiene sentido si no puedes levantar la vista antes de la cena o darte vuelta en la cama y verlo a él. Sin eso, no eres una mujer. Eres algo con una oficina provincial francesa o un libro lleno de recortes. Pero no eres una mujer». – Bette Davis en Eva al Desnudo (1950).

Esta frase retumba mis oídos mientras veo el monólogo «En Blanco» de Ignacio Castillo Cottin en el Teatro Premium de Los Naranjos. Sin hacer referencia a la película, la obra hace que recuerde esta escena en la cual Davis se desmaquilla ante sus éxitos para confesar que su gran fracaso es el no haber podido ser esposa. Si adelantamos el tiempo y tropicalizamos la locación, nos damos cuenta de que el tema no ha sido agotado. De hecho, nuestra pequeña zoociedad de mujeres se autoanaliza de la misma manera todas las noches, mientras desmaquillan su soledad frente al espejo.

La protagonista de «En Blanco» es Mini Monet, interpretada magistralmente por Alejandra Otero. Una mujer soltera de 27 años de edad, cuyo fracaso le vino temprano en la vida, al darse cuenta de que sus bucles angelicales se tornaron en un muy vulgar pelo chicha y que no hay peluquera en la ciudad que le aplace su desgracia. Mini Monet, como muchas, es una profesional con dos postgrados encima, padres de avanzada y una intelectualidad rica en arte y filosofía. Sin embargo, siente que le falta aquello que Bette Davis predicaba para realmente ser mujer. Sentada en el ático de su madre, Mini Monet se desnuda ante el público al confesar que se quiere casar «pero no encuentra cómo, con quién, ni a quién decirle».

Durante la hora que dura el monólogo, Otero se desdobla en 15 personajes para narrar todas las experiencias que la han llevado a darse cuenta de lo incompleta que se siente. El primer noviecito, los consejos de la amiga que clama haberlo probado todo antes de tiempo pero que en realidad no ha hecho nada, el amor pendejo, el amor sexual y el amor que no es pero peor es nada. Allí está la amiga roba novios, el padre que se ha casado ochenta veces y no le trae la misma suerte a la hija, la ex suegra maldita, el novio mensaje de texto, la ilusión, la desilusión, el cigarro en el diván y el consuelo en el arte. Todo está allí. Hasta un vestido de novia en escena. Sólo falta el hombre correcto. O el incorrecto, no importa. Pero por lo menos uno que no le pida matrimonio oyendo una cadena presidencial.

La mezcla de la cultura pop de los años noventa con referencias profundamente artísticas es la norma en este monólogo, cuyo guión no peca de ser pretencioso pero sí de inteligente. Si las mujeres se identifican con el tema del casamiento en esta obra, los hombres lo harán con la vivencia de haber tenido una novia en cualquiera de las épocas por las cuales se pasea la misma. Si algo sabe hacer Otero con propiedad es transformarse en ese imberbe adolescente, de hombros caídos, mirada en el espacio y sin interés alguno en decir más que: «epa, estás burda de bonita». Ese y el personaje de la ex-suegra sifrina que la detesta, son sus más memorables personajes. Risas absolutas con la amiga de los malos consejos, la perfecta versión criolla de Mena Suvari en American Beauty.

«En Blanco» es una mirada jovial hacia el patetismo de contraer matrimonio a como dé lugar. De mujeres dispuestas que se quejan de que no hay hombres para casarse y de hombres fastidiados por la insistencia femenina en estos menesteres. Es una obra que saca risas en momentos apropiados pero que deja grandes silencios, marcados por el uso de un chelo en escena, ante la pregunta de si todo esto será una ridiculez, o si como Bette Davis, sencillamente no se completa el círculo de ser mujer hasta que no se levante la vista antes de la cena y allí esté él. Esa es la gran interrogante del monólogo: si conseguir quien  levante el velo de novia bien vale la pena o si todo lo que deja al final, son misivas en blanco.-

Monólogo  «En Blanco»
Teatro Premium Los Naranjos
Sábados, 5:30 p.m.
Entradas a la venta en http://www.teatropremium.com/ o en las taquillas del teatro.

Sunday, March 27, 2011

Échale la culpa al tequila

Fiesta: Cuarenta años de mi amiga Oly.


Tema del bonche: los años ochenta/disco/mexicano. Sí, tampoco entendimos la combinación pero todo es válido con tal de no tener que ir a OTRA fiesta en flux.



Dirección del bonche: ¿Saben dónde queda Mordor en El Señor de los Anillos? Ok, crucen a la izquierda.


Concepto de mi outfit: Si me van a mandar a cruzar Mystic River, y encima montarme en chalana para cruzar 3 Mystic Rivers más, pues yo voy con todo. Voy del primer nuevo rico que se benefició con RECADI y decidió pasarse la Semana Santa en Vail.


Llegada a la fiesta: En un car pool con seis personas porque decidimos que car pooling es totalmente ochentoso. Por lo menos para nosotros que éramos chamos en esa época y lo único que oíamos en casa era a nuestras mamás decir: "Faaaack, hoy me toca el pool a mi". En el carro se burlan de mi porque yo soy "mayor" y me acuerdo de todos los ochenta. Desde Irene hasta CAP.



Entrada a la fiesta: Descubrimiento fatídicio de que todos los demás invitados están vestidas de esta manera:


Reacción: Ehhm....

Conclusión: Nos sabe a ñoña. Nos vamos a gozar el bonche.

Evolución de la noche:


Conclusión: Oh oh....

Lo que pasó con la conclusión: Toto no se acuerda de nada salvo que su estelar outfit del primer nuevo rico que se benefició con RECADI y decidió pasarse la Semana Santa en Vail comienza a sufrir transformaciones inexplicables:

Como el primo renegado de Chespirito…


Como un disfraz niche de la Estatua de la Libertad que se le ocurrió a tu mamá a último minuto cuando se enteró de que hoy era el acto de fin de curso en el colegio y el tema era: El Imperio…


Como una combustión humana espontánea (No en balde la frase de la noche fue: “¿No se han puesto a pensar que los ochenta fueron totalmente inflamables?)…


Como Capitán Aluminio….


Resultado de mis cambios de vestuario: Mesonero se aproxima a Toto y le dice “Disculpe señor pero hágame el favor de devolver ese mantel a la mesa.”


Pensamiento de regañado: Aww.....

Conclusión de la noche: Los ochenta no fueron una época. Fueron una tragedia. O eso o el tequila estaba pinchado.-

Friday, March 25, 2011

La Neurosis del Turpial

Hace un pocotón de años, iba con mi familia a la primera comunión de mi prima Clara. En el camino, mi papá decidió bajarse a comprarle un turpial como regalo. Sí, completamente autóctono, es como cuando mencionas que tienes hambre y sale un desubiquex a decirte «ay, tengo una panelita de San Joaquín en el carro, ¿la quieres?».

El pájaro se lo entregaron en una cajita blanca la cual tenía un lateral cortado para asemejar una rejita, permiténdole al pájaro respirar. Montado de nuevo en el carro, le dio la caja a mi mamá para que la sostuviera. No sabemos porque pero mi mamá decidió que el pájaro estaba muerto.

Ella miraba por la rejita de la caja, convencida de que nos habían vendido un turpial fallecido. La pelea que siguió después entre ellos dos fue tercermundista. Como si fuera la prima de Annie Wilkes en Misery, a mi mamá le dio por hacerle un «shake it, shake it» a la caja, para comprobar que el pájaro no se movía. Le gritaba a mi papá: «¡Mira que no se mueve! ¡Está muertoooo!».

Con el ajetreo, la caja se abrió y el turpial salió volando por todo el carro, haciendo que nos cubriéramos la cara para no terminar como Tippi Hedren en The Birds. En la confusión, el turpial se escapó por la ventana que yo tenía abierta. Silencio sepulcral. Ese fue el día en el cual Clara mi prima recibió una caja blanca con uno de los laterales simulando una reja como regalo. Completamente vacía.-

Wednesday, March 23, 2011

Ojos insolentes que derrumbaron a Roma


Esta fue la primera foto que vi en mi vida de Elizabeth Taylor. Fue en un libro de fotos cándidas sobre personajes que sacó la revista Life. Esta fotografía se libró de ser una de las tantas fotos en blanco y negro que poblaron ese libro el cual quizás miré por primera vez a los ocho o nueve años. Elizabeth Taylor fotografiada por Roddy McDowell con un paño en la cabeza y sin maquillaje. Una belleza, por no decir una insolencia. Sobre todo en una época en la cual ninguna actriz se dejó retratar sino en fotos cuidadosamente producidas (e iluminadas) por los estudios.

Es la insolencia de Elizabeth Taylor en esta foto lo que me llevó a interesarme por el cine post años treinta -en el cual siempre me había mantenido- y comenzar a ver cine de los años cuarenta y cincuenta. La maravilla es que Taylor envejeció frente a nuestros ojos. Fue una mujer que jamás recordó un día en el cual no fuera famosa. Así la acompañamos durante toda una trayectoria cinematográfica en la que fue la inocente dueña de Lassie, la pícara Amy March, la hija del Padre de la Novia, la sexualmente frustrada Maggie, la alcohólica Martha y finalmente, porque nunca es tarde para cementar la fama, la suegra de Pedro Picapiedra.

Todo eso ante una cámara que la vanaglorió más por ser Elizabeth Taylor que por cualquiera de sus personajes en celuloide. Nadie se salvó de opinar sobre la vida de Taylor. Con quien se debía casar, y donde debería actuar y cómo y cuándo y si estaba gorda, o borracha o demente o hasta loca por meterse en un mar lleno de tiburones. Taylor mandó al diablo a todo el mundo. A MGM, a los críticos y a los nutricionistas. Se casó ocho veces con siete hombres, se comió el mundo (y los postres también), se ganó dos premios Oscar, y se dio el tupé de pedir –y recibir- un millón de dólares por actuar en Cleopatra, convirtiéndose así en el primer actor en ganar esa cifra por una sola película.

Denunciada por el Vaticano antes que Madonna y asediada por más paparazzi de los que Angelina Jolie podría soñar, Elizabeth Taylor no se detuvo contra cualquier antojo que se le vino en mente. Muerto su tercer marido Mike Todd en un accidente aéreo, el mejor amigo de éste Eddie Fisher, casado para ese entonces, corrió a consolar a la que sería conocida como la viuda de América mucho antes que Jackie Kennedy. Tiempo después Carrie Fisher, la mítica princesa Leía, opinaría sobre el consuelo que su padre le ofreció: “Mi padre naturalmente consoló a Elizabeth. La consoló con su pene”. Poco tiempo después, Elizabeth Taylor se convertía al judaísmo para casarse con Eddie Fisher, dejándolo a su vez por quien fue el gran  amor de su vida, Richard Burton, en el set de Cleopatra, y con quien se casaría dos veces.

Mujer por la cual fueron peleados los diamantes más fastuosos, sobre ellos opinaba que se consideraba su guardiana y custodia. Apodando a un anillo de diamantes su «pista de hielo», sobre otro, el diamante Krupp, ganado luego de una partida de ping pong con Burton, opinaría: “Que perfecto es que un anillo como ese pertenezca a una buena niña judía como yo». El origen del diamante provenía de la familia Krupp quienes habían suplido a los Nazis con armas durante la II Guerra Mundial.

Fue insolencia ante la vida lo que la hizo objeto de fascinación y envidia. No en balde la perla Peregrina, la cual en su época perteneció a la reina María Tudor, fue hallada entre los dientes de su perro. Con el diamante Taylor-Burton, se ganó la antipatía de Margarita de Inglaterra. Con ocasión de la famosa compra por parte de los Burton, la princesa había opinado que el diamante, insertado en un anillo, era lo más vulgar que había visto en su vida. En un encuentro en la que ambas se conocieron, Taylor se quitó el anillo de su dedo y le preguntó a la princesa si se lo quería probar. La princesa accedió, devolviéndolo abruptamente cuando Elizabeth Taylor le dijo: «¿No se ve tan vulgar ahora, verdad?».

Igual de insolente fue su decisión rotunda de apoyar la labor investigativa para encontrar la cura del SIDA. Rock Hudson, su coestrella en Giant, fue la primera muerte notoria de esta enfermedad y allí estuvo ella, mucho antes que Diana de Gales y Elton John para cementar la primera piedra. Perfumes firmados por celebridades no eran la norma en los años ochenta. Ser amiga de Michael Jackson sí. La diferencia es que Taylor lo fue hasta el final de la vida del cantante del guante de lentejuelas. Jackson fue el padrino de la boda de su último matrimonio, con un constructor a quien conoció en la Clínica Betty Ford. Así fue Elizabeth Taylor: «Nunca me acosté con un hombre con el cual no me casé primero». Alcohólica sí. Rompe hogares, también. Promiscua, con anillo en mano.

Hoy falleció la última de las estrellas de la Era Dorada de Hollywood. En verdad es Ángela Lansbury pero no le podemos dar el honor de cerrar con broche de oro a la reportera del crimen. Elizabeth Taylor ha llegado hoy al Cielo. No está anotada en ninguna lista, pues de filas ellas jamás ha sabido. Lo que sí sabe es que para el Infierno no va. Si esos ojos color violeta derrumbaron Roma, bien pueden hacer volar las puertas de San Pedro. Un solo guiño basta y ya el Cielo, es de ella. Adiós, Elizabeth Taylor.



Para aquellos que dicen que lo tengo todo, no tengo el mañana.-
Elizabeth Taylor 






Tuesday, March 22, 2011

Cuadernos para la historia

Anónimo, Age 6:


Hugo, Age 56:
"Y hasta donde se sepa en el Sistema Solar. Porque no se ha conseguido agua, o no se ha visto agua, por allá algún  vapor de agua en Marte creo que recogieron… un vaporcito de agua. Eh? En Marte, yo siempre he dicho, oído, no sería extraño que en Marte haya habido civilización. Pero a lo mejor llegó allá el capitalismo, llegó el imperialismo y acabó con ese planeta. Ojo, cuidado mire que hoy aquí en el planeta Tierra donde hubo hace cientos de años o menos, grandes bosques, lo que hay ahora son desiertos (…) hay un proceso de desertización que pone en riesgo la vida sobre el planeta en el mediano plazo."

Monday, March 21, 2011

La cámara que te cuida (pero no te deja ser)

Acompaño a mi amiga Jeva a una fiesta pequeña en casa de un conocido suyo a la que ha ido por cumplir. No conozco a mucha gente por lo cual me posiciono con mi whisky en la cocina a esperar a que Jeva termine de saludar antes de irnos. Allí encima de la cocina veo una televisión cuya imagen está partida en cuatro.

Es la nueva modalidad de seguridad instalada por la familia para paliar los robos en una calle que hasta hace no mucho era considerada tranquila. Allí, cual guachimán veo como se enfoca la entrada de la casa, el jardín, el estacionamiento y el corredor lateral. Es una casa pequeña por lo cual las personas que salen retratadas en las imágenes llegan a la cocina en dos nano segundos.

Al poco tiempo me aburro de mirar la televisión y decido prender un cigarrillo. Me doy cuenta de que poca gente fuma por lo cual salgo al estacionamiento para no molestar a nadie mientras me echo mi cacho. Al tercer jalón oigo un tosido detrás de una camioneta el cual me agarra desprevenido, pues juraba encontrarme solo. Ahí está una señora que está en lo mismo que yo. La señora me convida con la mano a ponerme junto a ella detrás de la camioneta y comenzamos a echar los cuentos típicos de gente que se conoce por cuestiones de hábitos compartidos.

Por el vaivén de la conversación me entero de que la señora es la dueña de la casa. Entre bocanadas de humo me va contando cómo ha tenido que subir las rejas de su casa, poner alambrado eléctrico, comprarse dos perros doberman y rezarle a la Virgen de la Milagrosa todas las noches para que no le roben hasta el bombillo de la reja. Le inquiero sobre la seguridad de las cámaras y se echa a reír.

-¿Quieres ver lo peor de la maldita cámara?

– Claro –le digo. Siempre me ha gustado la sinceridad de una MacGyver autóctona.

La señora aspira hondo lo último que le queda de su cigarrillo, se aparta de la camioneta y se para en el medio del estacionamiento. Allí como una exorcista en Sorte bota el humo a diestra y siniestra. No pasan más de cinco segundos cuando desde la cocina se oye un grito:

–MAMÁAAAA ¿TÚ ESTÁS FUMANDO OTRA VEZ?

La señora tira la colilla al piso y la apretuja con su tacón. Me ve, se encoge de hombros y me dice: «¿Inseguridad mijo? Esa cámara del coño es la Gestapo de la nicotina».-

Sunday, March 20, 2011

Marlenys prende la rumba




Una señorita anónima se viste de blanco impoluto. Se toma seiscientas fotos en el jardín de su casa y se monta con su papá en un Rolls Royce. Es llevada a una iglesia desconocida donde está a punto de convertirse en la señora de alguien. Las notas de Mendelssohn la llevan a vivir en carne propia lo que ha soñado desde que jugaba a ser novia con una funda en la cabeza como velo. Sólo la mano sudorosa de aquel que de ahora en adelante compartirá cama y poceta con ella rompe la barrera entre la realidad y el sueño. El sudor, por alguna razón, jamás está presente en las ilusiones de la gente. Nada le indica que ésta no será una noche perfecta. Nada, excepto el susurro a destiempo de la madrina la cual en pleno Ave María se le acerca para decirle: «Marica, no te asustes pero la wedding planner se desmayó».

¿Cómo no se va a desmayar la wedding planner? No hace más de quince minutos ha logrado clavarle un botonier en la solapa al cortejo entonado, ha pegado gritos para que se organicen por orden de tamaño, le ha arreglado la cola del velo a la novia inmamable para que éste no se queme con las velitas del ala central y sentado al abuelito que se lo trajeron con suero clavado al brazo para ver casar a la última de sus nietas antes de que se despache. Con un microfonito pegado al oído, la wedding planner le menta la madre al fotógrafo que le ha pisado la sotana al cura, regaña al músico por desafinar una nota de «En la arena he dejado mi barca» y desaprueba con la cabeza el hecho de que ninguna de las niñitas del cortejo se le ocurre comulgar.

Su celular en modo vibrar se ha disparado quince veces pero ella no lo atiende. Sólo a la decimoséptima llamada es que se lo desprende del pantalón para atenderlo en calladito. «Marlenys, sí es de aquí de la Quinta La Esmeralda. Mira, esto se está incendiando». Schubert se convierte rápidamente en las Valquirias de Wagner. Marlenys la wedding planner sólo ve las luces incandescentes de las lámparas y de ahí como en espiral sucumbe al piso. Vestida de negro indiferente, Marlenys ha quedado tendida en una muerte viva, azuzada por una voz en el celular que le grita: «¿Aló? ¿Alóoo?».

Esta escena pasó ayer en algún lugar de Caracas. A tempranas horas de la noche se incendió la Quinta La Esmeralda. Un depósito ubicado en el sótano de esta casa de festejos donde suele guardarse mobiliario se prendió en fuego. Apagado diligentemente por nuestros bomberos y sin fatalidades que reportar, el incendio conmocionó a la capital. Olvídense de los bombardeos en Libia y las radiaciones en Japón. Los caraqueños no habíamos estado tan consternados por un incendio desde que se quemó el Hotel La Mirage en la serie Dinastía. Prueba fiel de que Venezuela se puede estar cayendo a pedazos pero nada causa más dolor que un sarao arruinado. Así sea ajeno.

Sin ánimos de ofender, vaya toda nuestra solidaridad con la familia Rodríguez y la Quinta La Esmeralda, albergue de todos nuestros guateques capitalinos por una pronta recuperación de sus espacios. A la novia chamuscada, chapeaux: la fiesta no es tan importante como lo es arreglarle el sudor en las manos a tu esposo (llámate a la Dra. Mariela Cogorno en el Centro Estético Laser Los Naranjos que es lo máximo en estos menesteres). Y a Marlenys nuestra wedding planner sentimental: mamita a ti mandaron a prender la rumba. Quédate tranquila que you did it! Por lo menos no te tocó presenciar el clavado olímpico de la novia suicida en la foto de abajo.-


Thursday, March 17, 2011

Marjorie vístete que vamos a un Picnic


Soy fiel creyente de que en Caracas SÍ hay cosas que hacer. Lo que pasa es que nunca nos enteramos. Creo también que las actividades diurnas, sobre todo al aire libre, son más difíciles de conseguir. ¿Quién va a querer salir cuando se ha pasado toda la semana metido dentro de un carro para llegar a su sitio de trabajo? Pues todo esto cambia este sábado con la posibilidad de irse de picnic con los amigos en uno de los jardines más bellos de la capital.

Ideado por Gourmet Lounge, E5TUDIO y  este concepto de picnic al aire libre se va a celebrar el sábado 19 de marzo en los Jardines Topotepuy desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Visité estos jardines hace un año y quedé maravillado. Llegar ahí con el pachequito sabroso y el Avila como la quiso ver Cabré solamente provoca ponerse un uniforme de guía explorador. Lo único que se respira es paz, tranquilidad y aire fresco que lo deberían vender en botellas para el regreso.

Es tremenda opción para toda la familia (a mi me pone tan de buen humor que ni le paro al hecho de que están bienvenidos los chamos). Los organizadores van a ofrecer hamburguesas, sándwiches, ceviches, carpaccios, sushis, parrillas, tequeños helados y pare Usted de contar además de cervecitas y ron para menear el dedo mientras se ven las flores y la cantidad de pajaritos que gustosamente llaman a este jardín de Edén su «casa».

Interesados pueden comprar sus entradas a través de ticketmundo.com Aquí en el blog de Gourmet Lounge está toda la información: http://gourmetlounge.blogspot.com/

No hay excusas para gozar en Caracas. ¡Alguien le tiene que enseñar a Marjorie como disfrutar de un buen picnic!



Wednesday, March 16, 2011

¿Quién dijo que Goethe no tenía sentido del humor?


Estoy en la biblioteca de mi abuelo. La casa estará puesta a la venta en los próximos meses y con ella se cierra mi infancia y se abre el baúl del recuerdo. Un ciclo perfecto en el cual se le da a otra familia la oportunidad de actuar su vida utilizando la casa como escenario. Ahora escojo los libros con los que me quiero quedar. Una vasta biblioteca de conocimiento que merece su puesto en una universidad pero de la cual yo gozo el privilegio de convertirme en su primer ratero. Prerrogativas de sangre me impiden voltear a ver si alguien me ve mientras meto los libros de mi abuelo en el bulto.

Tomo una copia empastada de Fausto. La cubierta marmoleada por dentro me hace pasar las páginas amarillas del texto de Goethe: «Me traéis imágenes de días felices, y algunas sombras queridas se alzan» reza una parte de la dedicatoria. Respiro hondo. Así es esta biblioteca, así ha sido esta casa. Abanico las hojas con mi mano derecha, comprobando el estado del libro. Un marca libro me interrumpe el llegar hasta el final. 

El marca libros resulta ser un sobre. Amarillento, en su membrete reza el nombre «José Luis Branger», mi abuelo. Adoro encontrar cartas en sitios disimiles. Algo que pareció terriblemente importante en su momento y que fue olvidado en un anaquel de libros para nunca más ser leído. Abro el contenido y me sorprendo. Adentro, una carta escrita en papel azul marcada con el año: «1960». Escrita a lápiz con letra de molde, los trazos infantiles se comprueban con el destinatario de la misma: «Querido Niño Jesús». Volteo la hoja para ver el remitente y sonrío. Una niña llamada Marisela quien crecería para ser mi mamá escribe la carta.

Me siento en la silla de mi abuelo para deleitarme con los deseos infantiles de mi madre en una Navidad en la cual ha debido contar con unos seis años. Allí está todo lo que una niña de su edad suele pedir: la muñeca que camina, un vestido blanco de piqué, tarjetas postales y creyones surtidos. Todo un cliché estándar de la época. Sin embargo son los alegatos del buen comportamiento que mi madre pone al final de la carta los cuales hacen que suelte la más grande de mis carcajadas:

«Querido Niño Jesús: (…) Yo me porto bien porque no digo ‘carajo’».-

Quien haya dicho que Goethe no tenía sentido del humor jamás supo lo que mi abuelo utilizaba para detener a Fausto.-

Tuesday, March 15, 2011

Taxi a la Ollden


Miss Alice mi amiga tiene tiempo sin escribir en su magnífico blog “Where The Side Walk Ends”. Es una lástima pero se lo acepto. Tomarse el reto por nueve meses de coordinar al equipo de la Universidad Católica para el Modelo de Naciones Unidas, representar a los Estados Unidos y traerse diez premios a Venezuela es como para no escribir sino correos electrónicos de «Toto, necesito consejos que si NOW», y «¿Querido Banco me pueden dar plata para llevarme a 22 talentazos? ¡Pliiiiiiiiis!». Así que no queda de otra: voy a contar sus historias hasta que algún día regrese al fondo de su acera. La siguiente es sobre su papá.

El papá de Miss Alice es un personaje en si mismo. Lula Da Silva lo ve y hace como Joey: «you’re my identical hand twin!». Son exactos. Sólo que el papá de Miss Alice es árabe. No es portugués. O bueno eso creo yo. La verdad es que no he preguntado. Si, como que sí.

El papá de Miss Alice tiene una cita en el médico. Decide llamar a un taxi para que lo venga a buscar a su casa y lo lleve al hospital. Eso de tener que pasar cuarenta minutos buscando a un parquero que le negocie un puesto luego de haber pasado una hora haciéndolo por si mismo no va con él. Por lo menos no hoy, cuando sabe que va a pasar cuarenta minutos negociando con una secretaria que le va a decir «Te vas a tener que esperar como una horita más mi Rey. El doctol ‘ta furrllll».

Llama a su línea de taxi local para pedir la carrera. «Esté pendiente –le dicen– es un carro blanco». Para no perdérselo, decide sentarse afuera de su casa y esperar a que lo vengan a buscar. Imaginen a Lula yendo al colegio pero sin lonchera. Y sin ser portugués claro. O bueno eso creo yo. La verdad es que no he preguntado. Sí, como que sí.

Un Hyundai blanco se detiene justo en frente de su casa. El papá de Miss Alice se levanta del murito donde ha estado sentado y se monta en el carro. Ya en la parte de atrás le dice al taxista: «Al Centro Médico de San Bernardino por favor». El señor taxista se voltea como un búho, ve al papá de Miss Alice de arriba hacia abajo, se encoje de hombros y le dice: «Bueno, como no. Yo te puedo llevar pero primero déjame bajar el mercado».

Lección aprendida de hoy, chicuelos: No sólo los taxistas manejan Hyundais blancos. El vecino de Miss Alice también lo hace.-

Monday, March 14, 2011

En cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones

Por lo general, siempre me hago amigo de las novias/novios de mis amistades. Sólo una vez me «enamoré» de una de ellas y eso fue un desastre. No para mí. Ella se hizo la gafa. Él se enrolló pero se le pasó. El desastre fue para las terceras personas que no se dieron abasto con la clásica revisión en Facebook, Twitter y el blog a ver si alguno de los tres había publicado algo remotamente picante como para extender el cuento unas semanillas más. Así somos, yo lo hago también.

Ahora, en circunstancias normales los términos del contrato de mi amistad con la nueva/nuevo adquisición que mi amigo/a ha escogido para convivir conmigo son sencillos:

Artículo 1: La nueva adquisición amará a Toto por sobre todas las cosas sin tener potestad ni discreción de irrumpir por cualquier medio la amistad con el amigo/a originaria;

Artículo 2: Toto se reservará el derecho de criticar a la nueva adquisición en su cara si así le place, teniendo la nueva adquisición derecho a réplica sólo si entiende que la crítica viene para romper el hielo de ser considerada «la nueva adquisición»;

Artículo 3: En caso de divorcio/montada de cachos/separación por diferencias irreconciliables, se entenderá que la repartición de Toto será indivisible, quedando de lado del amigo/a originaria.

Es justicia, en Caracas a la fecha de su debut en zoociedad.

El contrato ha sido exitoso en el 98% de los casos. El otro dos por ciento corresponde a La Gorda que no me dejó a una adquisición sino a Coro «En el Muelle de San Blas» Atencio y el otro caso es de mi amigo El Pastor que se metió a cura y dejó a la novia arrecha. A Coro y a la «EnSerioNoTeVistasQueNoVas» las tuve que adoptar. Cuestión de filantropía.

Todo va bien con mis amigos y sus parejas. Nadie se está divorciando, todos me quieren según el contrato (ojo el cariño tiene que ser público, en privado me pueden odiar todo lo que quieran), yo no me meto en la vida de nadie y todos ellos se meten en la mía. Es una relación perfecta. Hasta que ellos pelean.

He descubierto que el único vacío en mi contrato inquebrantable es qué hacer conmigo durante una pelea en público de los dos tórtolos. ¿No les pasa con sus amigos? Están en el mejor momento de la fiesta, echando el mejor chiste de todo su repertorio, entonados, ya listos para conseguirse su propia adquisición o yendo rapidito a «toser» al baño ajeno y de repente oyen el zafarrancho armado en una esquina. Novio se para arrecho, novia se batuquea el pelo. Novio lanza puerta, novia agarra cartera. Novio forcejea, novia se las da de Lupita. Y ya para el último «mamagu…» uno se lleva las manos a la cabeza porque DE LA NADA salen con «¡TOTO MONTATE EN EL CARRO QUE NOS VAMOS!»

El Curioso Caso de las Parejas que me han aceptado como parte inalienable de su asiento trasero: Ok, yo admito que ME PASO y pido más cola que estudiante de la Nueva Esparta, y que efectivamente hay que llevar y buscarme porque yo con esto del Mystic River no cruzo ni el charco de la manguera. ¿Pero de cuando acá le pasa por la cabeza a uno de los integrantes de la pareja peleada que me tienen que llevar a mi casa? Secretamente «aww k-lindos que se acuerden de mi» pero en cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones. Una simple subida de mi whisky en señal de «pero si no me he terminado el trago» es suficiente como para que me griten «¡Bueno jódete!» y se vayan a armarse su fox trot en el estacionamiento del edificio de ella.

El Curioso Caso de las Parejas que me incluyen en su repartición de bienes: El otro episodio que me hace pensar que a mi contrato le faltan más estipulaciones es cuando la pelea es tan fuerte que el novio se tiene que quedar porque la que se arrechó de tal manera que se lleva hasta las llaves y la dignidad es la nueva adquisición. Al amigo le doy la cola yo (en verdad la persona que me trajo pero él no lo sabe todavía) y ya mañana verán cómo se arreglan. Lo que no me espero es que antes de arrancar, la nueva adquisición baja la ventana de su carro y saca una guitarra, que por supuesto lo termino agarrando yo ante las ordenes de «TOTO. ¡DÁSELA A ÉL QUE YA NO LA QUIERO!» Yo no sé tocar guitarra pero los otros convidados al fescupe del rompimiento opinan que mi tributo a «Lloran las Rosas» para romper la tensión me quedó genial.

El Curioso Caso de las Parejas que me usan como su dealer:  Evento en cuestión: matrimonio de turno. Novio es el padrino de la fiesta. Como todos los hombres sabemos el frac de Sastrería Camargo sólo tiene un bolsillo. Y ese es para el celular. Toda la demás parafernalia que nos montamos usualmente –llaves, billetera, cigarros, yesquero y la cédula y la pintura de labio de la nueva adquisición- deben ir necesariamente en la cartera de la nueva adquisición. Pero si esa siempre ha traído la cartera de noche más petite del mercado, no podemos pretender que en una noche donde ella es la seudo protagonista por el padrinazgo de su novio vaya a traer una cartera más grande. Enter los bolsillos de Toto donde guarda hasta el misal. Ahora bien, esto jamás debe ser intentado con dos personas que están tratando que el otro deje de fumar.

Mis instrucciones son claras: «Toto. Esta es mi caja de Belmont. Bajo ningún concepto le des a Federico cigarros». Está bien. Secretamente pienso que pobre ilusa la nueva adquisición. Darme a mí cigarros, que no creo en la propiedad privada, es como encontrar un ticket dorado de Willy Wonka. No pasan más de cinco minutos cuando llega Federico a decirme un secreto: «Toto, pana dame un cigarro». Y yo me pongo en dos por tres porque la nueva adquisición me advirtió y en verdad darle cigarros al fumón de Federico implica quedarme sin cigarros extras. Veo a la nueva adquisición, quien ve a Federico y se forma la trifulca coronada con  “¡QUE TOTO NO TE VA A DAR CIGARROS TE DIJE!” Y yo veo a los lados a la gente que fuma escondiendo sus Belmont discretamente en el otro bolsillo. «Toto» -pensarán- es código para pimp nupcial. El acuerdo arribado es que cada hora le puedo dar un cigarro al criseado del Fede. Cosa que los tres olvidamos a los veinte minutos cuando la adquisición se entona.

Amigos todos de la comarca. Es así. A la final hacen que Toto se ría lo cual es importante y sus nuevas adquisiciones son de autógrafo. Pero estoy considerando seriamente agregar un addendum a mi contrato para gozarnos la vida mejor:

ARTÍCULO 4: En cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones. Resuelvan su peo (que Toto siempre apuesta por Ustedes).-

Friday, March 11, 2011

Hamlet no tenía Twitter pero Toto sí


Bloguear o no bloguear. He ahí el problema. Tengo catorce ideas en la cabeza y cuando por fin tengo un tiempo para sentarme a escribir, me deprimo. No quiero decir con esto que la culpa sea del tea party y que estoy preparado para bajar la santa maría. De ninguna manera. Mi culpa la tiene el pendejo de Twitter. Sí, lo trato como persona. Es un adolescente con frenillos que ha raspado cuarto año de bachillerato dos veces y no termina de sentar cabeza. Twitter es el alter ego de muchos. Decimos lo que pensamos sin temor a represalias porque ya nos dimos cuenta de que a lo único que hay que temerle en ese espacio de «la red social» -nada más mayamero que a esa frase- es a un unfollow. ¿Y qué es un unfollow sino una cita a ciegas que jamás se concertó, verdad? Todo bien. Nadie se enrolla.

El problema para los que escribimos en blogs para mí es que también somos soy twittero. Adicto, sectario, enfermizo. Me acuesto con él y con él me levanto. Soy Twitter. Idea que se me ocurre, idea que voy transmitiendo. Sin pensarlo dos veces. Quizás el ego de un Retweet me haya enseñado a dejar 20 caracteres libres de espacio. Quién diga que no muere por un Retweet está mintiendo.

El Twitter se ha convertido en mi maleficio adolescente dejando al querido blog como una cosa de adultos. Es fácil, twittear una historia en 140 caracteres. Una entrada de blog se ríe en mi cara si oso dejarlo así de ese tamaño. Sin foto. Ya para el momento de encarar la adultez y sentarme a escribir una laaarga historia para el deleite del tea party pienso en esas catorce ideas que se me ocurrieron durante el día.

Y lo único que me viene a la mente cuando abro una página en blanco es que esas catorce ideas ya fueron twitteadas durante el día. Twitter se mofa de mi blog como un adolescente que juega Nintendo con su padre. La fábula de Esopo sobre la liebre y la tortuga cobra vida nuevamente en este espacio de redes sociales. Y uno se queda sin se niega a le da fastidio desarrollar ideas para hacer que la tortuga gane.

¿Cómo ganarle la carrera al twitteo? ¿Equilibrar el micro blogueo con el blogueo formal? En una era de inmediatez, escribir hoy sobre Galliano y su amor hitleriano ya es noticia del pasado, Charlie Sheen y su próximo entierro es del presente y Muamar Gadaffi y su hogar de retiro es del «está por verse». Lograr el balanceo entre ambos ritmos sin represalias de repetición o sin agotamiento de un tema es el verdadero reto para los que somos blogueros para mí. ¿Cómo llegar de primero sin que el adolescente de Twitter te gane? Twittear o no twittear. He ahí el problema.-

Wednesday, March 9, 2011

Conversando sobre La Cuaresma

Explicarme a mi mismo qué es el Miércoles de Cenizas es fácil. Un simple tweet basta para confirmarme que es un recordatorio que somos polvo y en polvo nos convertimos. Me quedo tranquilo y hasta me alegro de que mi amigo Raúl pregunta sobre el origen del polvo con el cual nos untan la frente porque yo tampoco sé que provienen de las palmas quemadas el año pasado. Aún así, mi ignorancia religiosa no puede compararse con la del que reside en Milán. Aquel que entra al Duomo y las aguas benditas se convierten en fuego, las monjas salen corriendo despavoridas y Cristo en las alturas baja la cabeza aún más, como diciendo “no, Nena, no”. Alejandro mi hermano, en un acto de divina inspiración, decide preguntarme desde Italia sobre la cuaresma.

Toto: Ale hoy es miércoles de cenizas. Deberían ir al Duomo a que se las pongan en la frente que eso debe ser interesantísimo.
Alejandro: Ahhh por eso es que un poco de nonnas andan por las calles con una cruz tatuada en la frente. Entonces, hoy empieza la cuaresma. A todas estas, Toto ¿qué es la cuaresma?
Toto: Son los cuarenta días antes de la muerte de Jesús. Empiezan con el miércoles de cenizas y terminan con la Semana Santa.
Alejandro: ¿y Carnavales qué tiene que ver en todo esto?
Toto: Son las últimas fiestas para gozar antes del período de austeridad que se viene encima.
Alejandro: Ah. Oye, pero yo no me gocé tanto mis Carnavales. Eso me lo has tenido que decir antes.
Toto: Te fuiste a Paris, cabrón. Si eso no fue gozarte los Carnavales, entonces no entiendo tus ideales sobre la diversión.
Alejandro: Mira pero háblame del sacrificio. ¿Qué hace la gente?
Toto: Bueno, algunos dejan de comer carne, otros van a misa, otros no salen y tal.
Alejandro: Yo quiero hacer la cuaresma. ¿Qué vas a sacrificar tú?
Toto: No había pensado hacerla.
Alejandro: ¿Dejar de tomar? Ni de vaina. Aunque yo pudiese dejar de fumar por cuarenta días. Mira ¿y que te ganas?
Toto: ¿Cómo que qué te ganas?
Alejandro: ¿Bueno, que si es un premio al final o es una idiotez de esas que si inercia espiritual?
Toto: Es contigo mismo Ale, el Vaticano no te va a dar un certificado.
Alejandro: Lastima.

Veinte minutos después

Alejandro: ¿Toto?
Toto: Dime.
Alejandro: ¿Por eso es que Josefa nos pone a comer pescado los viernes?
Toto: Me imagino que es por eso.
Alejandro: Ahh.

Treinta minutos después

Alejandro: ¿Toto?
Toto: Ajá
Alejandro: Por eso es que Vera Charles dice: “I played Mother Cabrini during Lent”. Es que su sacrificio fue que no se podía cojer a nadie durante cuarenta días. Y ahora es que estoy entendiendo Chocolat.

Dos horas después

Alejandro: Toto.
Toto: ¿Por qué tú no dices lo que quieres decir de una?
Alejandro: Toto, no puedo con la palabra “Lent”.

Como yo, los arcángeles, querubines y serafines se ponen las manos en la cabeza y se rinden ante el tren de pensamiento de Alejandro mi hermano. No sé si le entre en la mente prestarse a la abstención de algo por cuarenta días pues lo más probable es que ya haya olvidado su conversación conmigo. Aún así, me intriga enormemente esto de la cuaresma. Particularmente cuando los Carnavales no dejaron más que un gran ratón en mi cabeza, inclinándose porque mi abstinencia sea precisamente no volver a tomar más. Lo que sí es obvio, es que en mi casa necesitamos urgentemente tomar un curso por correspondencia que venga después de la Confirmación. Está implícito que sobre la religiosidad, nada aprendimos.-

Wednesday, March 2, 2011

Una Junta de Condominio Atómica


Vi esta foto en Twitter y quiero manifestar lo siguiente: Yo necesito asistir a esta reunión. Que una conserje arrecha se haya tomado el tiempo de escribir este manifiesto significa que esa junta, va a ser la mejor reunión de edificio de todos los tiempos desde que el Chavo le lanzó una torta a la Bruja del 71. Un encuentro como este amerita ser más metido que una gaveta y más salido que un balcón. Primero, para conocer de primera mano a la persona que lo escribió y entrevistarla para el tea party. ¡No todos los días se defiende una totona ajena! Segundo, para conocer al perro lobo.

Mis sospechas es que se trata de un husky siberiano pero cuando uno está bravo, uno ve a un poodle moridscón y jura que es un Yeti. La reunión promete: van a botar al perro. El papá de la nena malograda va a montar un fox trot, la conserje ni se diga y ahí se va a armar la cayapa más grande del siglo. Necesita de testigos, al menos de una barra de ambos lados, tipo el programa ¿Quién tiene la razón? Mis fuentes andan invesitgando el sitio exacto de la reunión porque el 12 a las 8 estamos ahí cual clavel. Un lobo versus una conserje guarimbera no se ve todos los días. Si alguien tiene más información o que pueda reportar sobre los acontecimientos, por favor póngase en contacto con el tea party.-

Pensamientos a control remoto


Todos los hombres estamos claros en dos cosas. La primera, es que no hay nada malo que decir sobre Katy Perry. La segunda, es que si todos pudiésemos canonizar a un santo, beatificaríamos a la persona que inventó el control remoto. Una herramienta que logró que uno más nunca se tuviese que parar del sofá para cambiar de canal, bien merece una condecoración papal. Mínimo un aplauso. Cuando no hay partido, podemos ver lo que están transmitiendo en 130 canales en menos de un minuto y consideramos que eso es un programa de televisión en si mismo. Un momento a lo Al Bundy de zapping descontrolado en el cual Eva Longoria se mezcla con la lucha libre, la persecución policial de un ladrón a toda mecha y Patricia Janiot.

Ese momento de éxtasis puede interrumpirse porque se dañaron las pilas o que hubo un apagón. Los dos no se entienden pero se respetan. Lo que sí no tiene nombre y es una ofensa a nuestro deporte, es que venga una mujer a sentarse al lado de nosotros y decirnos, “Ay Gordito, déjalo en uno solo vale”. ¡Qué bolas! Mucho menos que nos vengan a parar un rollo porque nos han dicho tres veces que en media hora hay que buscar a la abuela fugada en algún casino ilegal de la ciudad. Anotado en el cerebelo, mami. Pero uno no despega la vista en la mitad de The Matrix, así por así. No somos como ellas, que para oír lo que le están diciendo, le dan a ‘Mute’ en el control remoto. En nuestra opinión, el botón más cruel y más pro-mujeres de todos.

Definitivamente no somos iguales en lo más mínimo. Si la estructura del pensamiento entre los hombres y las mujeres fuese igual, el silencio en el deporte del zapping, sería respetado. Pero no podemos pedirle peras al olmo cuando la posición de la tapa de la poceta constituye el factor primordial para el éxito de una relación en pareja. Ese empeño que tienen ellas por clasificar todo, como esas pantaletas ahuyenta hombre que tenían los días de la semana impresos para saber qué día ponérselos, nos confunde. A ellas, les enerva que nuestra practicidad y capacidad de pensar cada cosa en su momento nos lleve a voltear el interior, cuando no encontremos uno limpio que ponernos.

El que mejor ha explicado esta diferencia es un americano llamado Mark Gungor que se la pasa viajando por el mundo dando un seminario sobre las relaciones de pareja. Él dice que el cerebro de un hombre está dividido en cajas. Cada cosa está metida en su cajita y nosotros lo que hacemos es sacar la que necesitamos para poder sobrevivir el día. Así, tenemos la caja del dinero, la de la mujer, el carro y, escondida atrás en el fondo porque no queda de otra, la caja de la suegra. Cuando terminamos de usarla, la guardamos. Extremadamente cuidadosos que una caja no toque a la otra.

El cerebro de las mujeres, en cambio, es una maraña de cables interconectados en donde todo tiene que ver con lo demás. Sentir rabia porque se le colearon en el banco es recordarse que nos tiene que decir que está brava con nosotros porque dejamos el paño tirado en el baño hace dos noches y que ella no puede vivir con la injusticia en este país. Para ella, un discurso completamente lógico. Para nosotros, lenguaje entendible por las palomas. Todo el día se la pasa con los cables chispeando, maquinando emociones que poco tienen que ver con lo que está pasando en el momento.

Ahora, lo que más las vuelve locas en medio de su chispeo cual Vicky la Robot, es otra caja que tenemos nosotros en el cerebro denominada por Gungor como “La Caja de la Nada”. Es una caja donde, como su nombre lo indica, no hay absolutamente nada. Esa, es nuestra caja favorita. Podemos estar sin pensar por horas y horas, sin que eso sea el alegato para declararnos muertos. Existen deportes hechos específicamente para esa nada. Si no existiese, sería inexplicable nuestra afición por la pesca. ‘Nada’ nos entretiene y con eso somos absolutamente felices. Por eso nuestro amor devoto al Santo Control de los Remotos.

¿Entiende esto una mujer? Para nada. Uno no puede ser lo suficientemente tonto como para responder “en nada” a la pregunta “¿En qué piensas?” cuando se está viendo televisión. Primero, porque esa pregunta solamente se les ocurre a las mujeres. Un hombre jamás le preguntará a otro sobre lo que está pensando porque si no es sexo, comida o nada, entonces no es hombre. Segundo, porque de responderle “en nada” a una mujer, la llevará a ella a psicoanalizarse a si misma. No al hombre. A ella. Pensará en si hizo algo malo o si será que él tiene a otra. “¿En qué piensas?” se tornará de alguna manera inexplicable en pensar si él la quiere. Y son tan brutas, que salen de safriscas a preguntarlo. La pregunta más seguida a “¿En qué piensas?” siempre es “¿Tú me quieres?”

El hombre, porque se ha llevado chascos a lo largo de los siglos, sabe que ante eso debe terminar de hacer nada para sacar su cajita de “Respuestas a Preguntas Ilógicas”, verla a los ojos y decirle un rotundo “Sí, te quiero”. No porque le provoque decirlo en ese momento. Sino porque ha aprendido que con decir “sí, te quiero” la mujer se aleja sonreída. Un maquiavelismo de nuestra parte para poder agarrar el control remoto de nuevo y volver a nuestra caja de la nada, cuanto antes.-

Tuesday, March 1, 2011

Se Vende: II Edición Cuentos de Sobremesa


¡No guarden la alfombra roja! Ya está oficialmente en la calle la 2da. Edición de los Cuentos de Sobremesa. Aprovechando que se viene Carnavales encima, este es el momento para comprarlo. Ha sido tanta la gente chévere que se me ha acercado queriendo saber cuándo lo sacaba de nuevo que no puedo sino agradecerles por su paciencia. Los mismos cuentos y las mismas irreverencias para el deleite de nuevos lectores y con la esperanza de que mis «yo te leo» más fieles me hagan la propaganda de recomendarlo para el tráfico, la peluquería, el avión, la playa y la poceta.

Librerías que lo venden:

En todo el país:
  • Tecni-Ciencia: Si no hay una en tu región la mejor manera de comprarlo es a través de Internet y ellos te lo hacen llegar directo a tu casa u oficina.
En Caracas:

  • EntreLibros (2da. Avenida de Los Palos Grandes y 3era. Transversal, cerca Bazar Dinafra. Teléfono 2831697)
  • Librería Lea (C.C. Mata de Coco , La Castellana. Teléfono 2638073)
  • Kalathos Librería y Café Centro de Arte Los Galpones 8va. Transv de los Chorros. Teléfono 660-56-58/2852820)
  • El Buscón (CC Paseo Las Mercedes. Teléfono 0212) 9938242
  • Librería Sopa de Letras en la Hacienda de La Trinidad. (Calle Rafael Ranfael Rangel Sur, Secaderos de la Hacienda La Trinidad, Sorokaima. Telf: 941.9648 y 941.9688)
Le hice una página en Facebook para mantenerlos informados con las noticias pero claramente no se me dió la tecnología porque no sé a donde fueron a parar mis invitados. ¡Si Facebook fuera en rotafolio me la como! A la derecha del tea party está el link para la página.

Nota: Mis perdones enormes a la gente que vive afuera. Es costosísimo sacarlo pero si tienen una tía, un primo o una abuela descarriada que todavía ande por estas calles le dicen y ellos seguro se los mandan. Este es el link para pedirlo.

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