Monday, May 30, 2011

Tu mamá se divorció en Facebook (y fuiste el último en enterarte)



Pongámonos a pensar en algo serio. Hace tiempo que tu mamá y tu papá están en Facebook. Se crearon su perfil tres años después de que pasara de moda, pero ahí están. Un buen día, en el cual estás de viaje o vives en otro país, decides meterte para ver los momentos Kodak de otros. Ahí está: “[Tu mamá] is now listed as single”. ¿Qué pasó ahí? Le pones un chistecito como quien no quiere la cosa: «¿Se divorciaron en verdad o tus amigas guarimberas te pusieron paranoica con los secuestros por Facebook?». Lo que menos te esperas es que ella  responda: «Se me olvidó decirte, tú papá y yo estamos separados». Plop!

Obviamente esto no me pasó a mí. Los Picapiedra tienen su página en Facebook pero si saben ver fotos es un milagro. Igual me pone a pensar. Con esto de los avances tecnológicos, hay demasiadas maneras por donde enterarse de verdades cercanas antes de que un familiar te lo comunique. Tori Spelling se enteró de que su papá se había muerto porque un amigo le mandó un mensajito de texto dándole el pésame. Cierto, la otrora Donna Martin está peleadísima con su mamá pero ¿no es de lo último enterarse de último?

Tenemos tantas maneras por donde comunicarnos que nos es imposible estar al tanto de todo. Invitaciones se pierden en eventos creados en Facebook porque «¿Esto fue ayeeeer? Sorry pana es que yo no me meto mucho en FB ». El tweet no se vio y mandar un mensaje de voz es tan 2008 que asusta. No conozco a nadie que oiga sus mensajes de voz. Alguien –seguro un sifrino- decretó que el BlackBerry está puteado por lo cual cada vez más amigos me obligan a bajarme la aplicación Whatsapp para poder hablar con ellos. Pues como la gente que vive en La Lagunita: para mí esa gente sencillamente no existe. Que hablen con los que tienen su tecnología.

Toda la información que queremos –salvo quien mató a Kennedy- está en nuestras manos. Y sin embargo, huimos de ella, sea porque nos hacemos los locos o porque en verdad no vimos el mensaje. Oraimar mi fan número 1 pensó que sería chévere ser invitada al debut de mi libro en noviembre. Días después del evento abrió un correo que nunca revisa y allí estaba: «Toto te invita al debut social de Cuentos de Sobremesa».

Cierto, la he debido llamar pero hoy en día nadie quiere hablar por teléfono. El paradigma del micro texto ha vuelto para suplantar a la radiocomunicación. Palomas mensajeras en la yema de nuestros dedos. El mensaje fue transmitido. Es tu culpa si no lo viste. No mía. Por lo menos así piensa el SAIME.

Hay pésames que se mandan por Direct Message; si tu cumpleaños no aparece en Facebook pues tu no cumpliste. Y si sale pero no tienes habilitado el muro por donde escribirte, olvídate del tango, tú lo que eres es un amargado. Cada vez más pensamos que nos gustaría hablar con alguien y cada vez menos lo hacemos.

Todo el mundo está ahí, detrás de un arroba y dentro de un avatar. El problema es que no sabemos cuando se cambiará la letra “D” de delivered por la “R” de read para verdaderamente comenzar a interactuar. Eso nos obliga a dejar un mensaje al aire: «drinks, Entre Hojas, 9 pm CJR, ALB, MZZ, tú y yo» para luego rematar con un nada educado «Ping!». El plan se hace, la gente se divorcia, la felicitación se envía, sin saber cuándo, cómo ni donde, alguien responderá: «Voy que quemo a celebrar que tu mamá se divorció y fuiste el último en enterarte». Tal es el precio que pagamos los que creemos estar conectados.-

Sunday, May 29, 2011

Un paseo sensacional


¡Qué genial haber sido parte del Paseo Los Palos Grandes! Ayer fue la prueba de que Caracas bien necesita planes recreacionales como éste. Yo estaba feliz. Caminante de oficio, fue genial ver como los demás se unían al placer de conocer nuevos rinconcitos de este SoHo criollo. Estuve en la tienda No Pise La Grama echando Cuentos de Sobremesa con Titina Penzini. Fue una nota, hablar con ella y compartir con los peatones que se sentaron ni ton ni son en las aceras para oírnos a los dos. Todas las actividades, inclusive hasta círculos de lectura, eran dignos de aplaudir.

Genial haber conocido a un gentío ayer, twitteros que admiro, conversar con mis "Yo Te Leo", abrazar a Oraimar mi fan #1, firmar libros y terminar con Nina mi editora en Atlantique viendo la exposición fotográfica de mi gran amigo Lalo Párraga. Si no fueron, se los recomiendo. Son fotos panorámicas de los locales más emblemáticos de Los Palos Grandes. Su foto de la tienda EntreLibros con sus dueños de lado y lado es sensacional. Le dije a Lalo que tiene que photoshoppear la portada de mi libro en esa foto porque quedé picado que no salía! Atlantique fue una gran fiesta, llena de gente interesante para conversar. La mejor imágen fue la de un señor que entró con sus dos panes de canilla bajo el brazo. ¡Folklore! La otra, una señora embarazada con su hija de siete años en el bar, pidiendo Coca Colas.

Ayer también fue la última vez que fumé dentro de un local en Venezuela. Es medio tonto decirlo pero en cincuenta años, la gente no va a poder creer que nosotros eramos tan inconscientes que fumábamos en espacios cerrados. Yo estuve allí ese último día. Debajo de un cartelón nefasto que me lo prohibía. Fue un paseo de primeras y últimas. Y todo me lo gocé.-

Thursday, May 26, 2011

Cuentos de Sobremesa en No Pise la Grama

Mis Cuentos en el Paseo Los Palos Grandes - Edición Literaria
Sábado 28 de mayo. Horario: 4:30 - 10 pm.
Tienda No Pise La Grama (1era Av. Los Palos Grandes, PB Edf. Flora)


¡Buenas noticias para Cuentos de Sobremesa!

Este sábado 28 de mayo de 4:00 p.m. a 10:00 p.m. Los Palos Grandes va a lanzar tremenda fiesta para celebrar el 3er Festival de Lectura en Chacao con un paseo. La idea es que todos los que nos visite caminen por una ruta literaria, gastronómica y artística la cual los llevará desde la 1º a la 3º Avenida entre la Avenida Francisco de Miranda y la 3º Transversal. Es como una verbena pero sin conejos azules.

Mis Cuentos de Sobremesa van a estar exhibiéndose en la tienda de ropa No Pise La Grama. Daniela su dueña me llamó y me pidió que ese día me lance en patineta con las –lamentablemente ya últimas- cajas de libros que tengo en stock y me una a la celebración del paseo en su tienda. Toda una mezcla de moda con literatura con música.

A partir de las 4:30 pm, mis Cuentos estarán entre las modelos de No Pise La Grama (yei!!!). Titina Penzini se va a encargar de la música y no se preocupen que se pueden venir a echar un palo conmigo pues Ciroc va a mezclar cocteles. La tienda está llena de actividades. Nohely Arteaga va a presidir un círuclo de lectura en donde va hablar con la autora Michelle Atencio. El fotográfo Anibal Mestre va a dar una charla sobre su camino por la fotografía y Mr. Coppola dará una exhibición sobre su trabajo como periodista.

Va a ser una tarde divertida y la idea es que la gente nos visite y siga en su paseo por todos Los Palos Grandes. Para mis extraordinarios “Yo te Leo” que quieran que les firme sus Cuentos de Sobremesa, allí estaré sentado en una mesita de tea party listo para darle a esa pluma. Si algún alma perdida está buscando mi libro, ESTE es el momento. Me quedan pocos en stock para agotar la II Edición y no creo que saque más por los momentos. En No Pise La Grama los pueden comprar.

El evento es de 4:30  a 10 de la noche. Vénganse y después me acompañan a Atlantique a la inauguración de una muestra fotográfica de mi amigo Lalo Párraga donde terminaremos la noche. ¡Los espero!

Coordenadas: No Pise La Grama, 1era Av. Los Palos Grandes, PB Edf. Flora. Telf: 0212-2842823

Wednesday, May 25, 2011

La Gente Insoportable


En el almuerzo, el Junips y yo hablábamos de una afirmación que siempre he hecho: yo soy amigo de toda la gente insoportable de Caracas. No hablo de esa gente a la que hay que huirle porque te van a preguntar por tu papá y tu mamá y qué fastidio decir que están "bien". Tampoco de aquellos que sólo tienen imaginación para preguntar sobre donde trabajo, o cuando me caso o cuando me voy a ir del país. Mucho menos los que son entretenidos porque hablan mal de los demás. Esa gente también es amiga mía pero yo no los quiero tanto como a la gente insoportable.

El Junips dice que el gran problema de los que componen los anillos de seguridad de mi amistad es que juran que el resto del mundo es así. A mí me parecen interesantes. Qué aburrido tener amigos donde todos sean iguales, apropiados, correctos. Qué fastidio que todos sean idóneos para presentárselos a mi abuela. El Junips me dice: «eso es mucho ego junto» lo cual me pone a pensar, ¿es tan distinto mi anillo de seguridad del de los demás? ¿Es mi concepción de insoportable, verdaderamente insoportable?

Soy amigo de aquellos que bajan el vidrio de su carro a protestar porque les cambiaron el flechado de su calle sin una notificación prudente. De los que bajan a Maiquetía porque eso es mentira de que no hay pasajes para Margarita. De los que si no les llega a gustar la película sobre Reverón lo van a decir. Soy amigo de las que aspiran a que el marido se muera a los 70 años para que ellas puedan jugar cartas por 20 años más en paz. De los que tumban la copa de vino cuando alguien está echando un cuento del acto de fin de curso de su sobrino y yo sé que lo hicieron a propósito.

Soy amigo de la gente que dice que llega en diez y sale en veinte. De los que exageran. De aquellos que no le extienden la mano a alguien porque no se puede ser tan cara e’tabla con el que es maula. Soy amigo de los que opinan. De todo. Soy amigo de la gente que llega a una casa y hay que ponerle un micrófono y un taburete porque ellos vienen a hacer su show. De los felizmente infelices con su cuenta bancaria. De los que son echones con lo que realmente importa: un apartamento en la playa. Soy amigo de las que van a Prados del Este y regresan con cambur porque en Altamira seguro no hay y te llaman a decir que hay escaséz y que este país se fue a la mierda. De aquellos que brindan por el embarazo de alguien y cuando ésta les confiesa que no está en estado, bajan la copa, miran el área de su barriga y dicen: «qué lástima».

Soy amigo de los que dicen las cosas. Si algo es feo, es feo. Excepto cuando el bebé es feo. Ahí solamente callan. Soy amigo de los que vinieron a tomar un lunes. De aquellos que siempre echan el mismo cuento. De los que van poniéndole sal y pimienta a ese cuento mientras pasa el tiempo y uno les cacha la mentira pero ellos ni se inmutan. Soy amigo de los que si llegan a colarse a una fiesta se lo dicen a la novia. De los que mandan regalo al día siguiente porque son arroceros pero no chulos. Soy amigo de los que odian a la gente que manda a quitarse los zapatos cuando llegan a una casa porque eso no es ser insoportable, eso es ser insufrible.

Soy amigo de los que fuman y les sabe a bola los demás. Soy amigo de los que no fuman y les sabe a bola los demás. Soy amigo de los que saben entrar solos a lugares ajenos. De los que se les espicha un caucho y utilizan el comodín de llamar a un amigo. Soy amigo de aquellos que twittean lo que les viene en gana. De los que ríen a carcajadas. De los que siempre lloran de la rabia y no de tristeza. Soy amigo de aquellos que visten de blanco en una noche de negro. De los que jamás irían disfrazados solamente con alitas de ángel o una camisa de fútbol. Soy amigo de los que cantan. De los que tocan guitarra en una fiesta de cuatro. Soy amigo de los que se pican al jugar Papelitos. Soy amigo de los que no se van.

Soy amigo de la gente insoportable. De los impertinentes. Son las personas que me hacen reir. ¿No es tan distinto a los anillos de otra gente? ¿O sí?

Hoy vi


Una ciudad empapelada con mensajes de prohibición. Una librería que ya no existe. Una fe de bautismo. Una casa demolida. Una factura que sirve como boleto único para entrar a un cine. Una calle que ahora irá en un solo sentido. Unos libros que se agotaron. Un cheque. Una frase estúpida. Un papel de recordatorio. Una llamada de esperanza holística. Una invitación. Una exigencia de respeto que no entiendo. Un tweet tras bastidores. Una mujer carcomida por la duda. Una hamburguesa. Una amenaza de artefacto explosivo. Una película. Una oportunidad. Un hombre que no sabe qué hace aquí. Una ciudad que cambió.

Quizás para siempre.-

Tuesday, May 24, 2011

El Tea Party ahora es un Ambiente 100% Libre de Humo


El jueves en la noche fui a Lola a tomarme un trago. Al entrar, me topé con un cartelón de 80 cm. de ancho por 50 cm. de largo que decía: «Este es un Ambiente 100% Libre de Humo de Tabaco por Resolución del Ministerio del Poder Popular para la Salud». Abajo el símbolo internacional de prohibición de fumar. «Wao –pensé- se pusieron duros con la Ley».

No me importó mucho. Me extrañó estar en un sitio normalmente lleno de humo y me divertí saliendo del local a fumar con otros fumadores. El sábado, luego de una misa fui a almorzar a Il Grillo. Allí también estaba el cartelón. Grande. Enorme. Como para que hasta el yesquero sepa que no debe ser prendido. Tampoco me importó mucho. Total, me gusta sentarme afuera donde sé que no molesto a nadie.

Esta tarde bajé a EntreLibros a entregar unas facturas. Allí estaba el cartelón. Bajé al Edificio Tecoteca a mandarme a hacer otras facturas. Allí estaba el cartelón. Entré a Atlantique a saludar a mi amigo Lalo que tiene una exposición este sábado Allí estaba el cartelón. Entré al Centro Plaza y allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón.

Me tuve que sentar un momento. No estoy en contra de la prohibición de fumar. Jamás lo he estado. He estado en países en donde tengo que salir a la calle en temperaturas de menos 0 grados para prender un cigarro. Pero nunca me había sentido tan invadido por una prohibición. Tan discriminado. Entiendo el mensaje pero ¿me lo tienen que repetir cada tres pasos? ¿Tienen que ser tan extraordinariamente grandes los cartelones?

Caminé hacia mi casa. Prendí un cigarro en la calle. No me provocaba pero cuando a uno le prohíben algo, tiene que irse al único sitio donde es verdaderamente libre. Mientras estaba detenido en la acera esperando la luz para el paso peatonal observé el comportamiento de mis vecinos. Tres se lanzaron a correr fuera del paso peatonal aun cuando los carros estaban pasando. Una doña paseando un perro dejó que hiciera sus desechos en la acera y siguió de largo. Otro se terminó de tomar un jugo y puso el vasito en una esquina como si nada. Tomé una bocanada y pensé: el cartelón de no fumar está errado.

El cartelón está errado porque no nos importa. Decimos que nos importa pero en realidad no es así. Manifesté mi desaprobación del cartel en Twitter y la respuesta más común fue «¿qué se le va a hacer?». Esa fue la de los fumadores. La de los no fumadores fue –la más bonita- «¡por fin! Es por culpa de gente como tú que yo no pueda respirar aire 100% puro». Pero una cosa son nuestras opiniones y otra nuestro comportamiento ante una prohibición. El «NO» para nosotros es el «ya te llamo que estoy en el banco» y «señor deme cinco minutos que ya yo le muevo el carro». ¿Sirve entonces, un cartelón para una sociedad que tiene la viveza de irrespetarla así sea por cinco minutos?

Tiene que haber una forma en la cual el mismo mensaje repercuta de una manera interactiva, eco-amistosa y didáctica. Hubiera sido interesante que el Gobierno hubiese sido permisivo en las dimensiones del cartel (la permisividad es que el cartel sea más grande de 80cm x 50 cm, no menos). Hubiera sido interesante dejar que las gobernaciones y alcaldías o los locales mismos llamasen a concurso con artistas alternativos para diseñar cartelones que tuviesen una repercusión positiva en el público. Que fuesen a tono con el diseño interior del local. Es un adefesio entrar a una librería y que te reciba un cartelón genérico de no fumar. Es una lástima que un restaurante no te reciba con un cartel que diga «Bienvenidos» sino con un mamotreto de no fumar.

Diseños alternativos hubiesen creado un boca a boca. «¿Viste el cartelón que diseñaron para St. Honoré? ¿Viste el de la Alcaldía? ¿Viste el de Suka? Hubiera sido una propuesta interesante y generado trabajo, ideas artísticas y mensajes positivos para la población. Por sobre todas las cosas, hubiera dejado claro que Venezuela le dice que no al cigarrillo y que alienta a su pueblo a hablar de la prohibición de una manera positiva a través de un arte que embellece sus ciudades. Este no es el caso.

El empeño de decretar a una ciudad –un país de hecho- como no fumadora para estar a la vanguardia de los Objetivos del Milenio 2015 se aplaude. Fumar es malo. Pero empapelarla de pies a cabeza con cartelones nada discretos es señalar al enemigo: el fumador. El tamaño de los cartelones hace pensar que el fumador es el culpable de todos los males en el país. Pero no es el que pierde. Perdemos todos. El único que sale ganando es el señor que tiene una imprenta de cartelones genéricos que prohíben fumar con las dimensiones exactas que pide el Gobierno. A él mis respetos. A sus millones, mi denuncia.

Apago mi cigarro en el suelo y camino hacia mi casa para escribir estas letras. Sí en el suelo. Porque los cartelones me han echado a una calle donde lamentablemente no hay ceniceros.-



Monday, May 23, 2011

Cómo Lidiar con el Peor Juicio Final de Todos los Tiempos


A mí me han invitado para eventos malos pero debo decir que el sarao de la muerte colectiva inventada por un grupo de evangélicos para este sábado 21 de mayo fue el peor de todos. ¡No nos morimos! Es duro no haberse ido pero nuestras dudas teníamos. Aún así, el chasco mayor se lo llevan los seguidores de Harold Camping, profeta del cataclismo.

¿No se los imaginan? Todos sentados en círculo –como suelen hacer todas las sectas de la imaginación- rezando por una muerte súbita. En el medio, Harold Camping echando canticos dignos de Tacupay jalándole mecate a Maniña Yerichana. Llega la hora del Juicio Final. Nada pasa. Es sólo cuestión de tiempo hasta que salga la primera guarimbera fanática a preguntar «¿y ahora?». En mi cabeza Camping corre por su vida.

Pensando en ellos, esta mañana me he sentado a leer la Biblia (es mentira que me la leí; lo que viene a continuación me lo estoy plagiando de una página porque me dio flojera) y he caído en cuenta de que esta profecía establece que el Día del Juicio Final comenzó el 21 de mayo pero el mundo se acaba el 21 de octubre de 2011.

Eso quiere decir que el sábado pasado, Jesús se llevó a todos los bienaventurados para el Cielo. Los demás –devotos de otras religiones y católicos insolentes como yo- no entramos en la lista del VIP celestial. Nos han dejado aquí por cinco meses más para sufrir todos los horrores hasta que Dios aniquile el mundo por completo el 21 de octubre de 2011. ¿Cómo termina Dios con el mundo? Le da Manzanita Quit a su Macbook Pro.

Según la Biblia, esos cinco meses estarán llenos de terremotos, tsunamis y grandes incendios. Amigos bíblicos –y mi abuela angustiada-, mis respetos pero ¿no tenemos como siete años en esto? ¿Que si el tsunami en Indonesia, el terremoto en Chile y el incendio en el Rey David en Los Palos Grandes?

SI ya se llevaron a los creyentes y nos dejaron aquí para sufrir los horrores, bring it on pues. La paciencia de Job se queda pendeja al lado de nosotros. ¿Qué le van a mandar a Miami? ¿Otro huracán que no han visto? ¿Qué le van a mandar a Malasia? ¿Más suéteres de Gap para coser? ¿Qué nos van a hacer en Caracas? ¿Más tráfico? Por Dios, Dios. Lánzanos algo que Hollywood no haya inventado primero.

Si la lucha apocalíptica continúa por cinco meses más, tenemos que invertir en la tragedia de haber quedado rezagados en el Planeta Tierra. Lo primero, es mantener una actitud de calma y cordura. Si ya se fueron los fanáticos religiosos, esto quiere decir que sólo quedan los fans de Justin Bieber y nosotros. Por eso, hay que tomarse cada semana con soda hasta finales de Octubre. Si no nos asaltan, no morimos por viejos o no tenemos que armar una carpeta CADIVI esta semana, estamos –como diría Teodoro- mal pero vamos bien.

Lo segundo que hay que hacer es averiguar quien murió efectivamente el fin de semana del 21 de mayo por bienaventurado. Primero para darle el pésame a la esposa que siempre creyó que el marido bueno era medio pendejo. Segundo, para saber si dejó un apartamento de tal magnitud que nos permita seducir a la viuda para gozarnos el fin del mundo con todas las comodidades.

Si por casualidad se erradicó una iglesia completa, hay que pensar en términos de bienes y raíces. De repente montar La Iglesia de los Rechazados a la Buena Aventura de Dios o abrir un bingo allí. Si nos vamos para el Infierno, por lo menos procuremos matar en tierra al que se levanta contento cuando una voz promiscua dice «han cantado línea».

El mejor consejo, sin embargo, es mantenernos ocupados. Si la profecía se cumplió, hay un gentío que se largó dejando puestos vacantes. Por ejemplo, la sociedad de sordos que toca el timbre pidiendo real para prepararse para el fin del mundo: fuera. El buhonero profeta del cartelón en la esquina de Capitolio y el que hace las calcomanías que dicen «Cristo viene» seguro se largaron.

Alguien tiene que ocuparse de tocar el timbre a horas disimiles, hacer cartelones con mensajes fatídicos e inventar una calcomanía que diga: «Cristo vino». Es un trabajo temporal de cinco meses antes del Apocalipsis pero es necesario si queremos continuar con normalidad dentro del caos.

Lo que sí emociona es que tenemos cinco meses para rumbear. Hay que acabar los trapos –literalmente- para que no nos amargue el hecho de que no fuimos escogidos para ser salvados. Hay que compensar que pasamos el Peor Día del Juicio Final de Todos los Tiempos con una buena rumba.

Pero hay que hacerla aquí en Tierra antes de que sea demasiado tarde. Nadie nos garantiza que en el Infierno haya promotoras o vendan entradas para el catamarán rumbero. Por eso es mejor hacer nuestros saraos del fin del mundo aquí con lo que sabemos funciona: mucho hielo y actitud. Después que nos juzguen en Facebook.-

Tuesday, May 17, 2011

La Ira del Tráfico en un País de Vivos

Estuve esta mañana en el programa Par de Dos con Elizabeth Fuentes y Rafael Romero. Esta semana andan en una nota de celebrar los Pecados Capitales y a mí me tocó ir junto a un psicólogo experto para hablar sobre la soberbia y la ira cuyo audio pueden oir haciendo clic en este link.

Aunque fui invitado para hablar sobre la echonería como forma de soberbia moderna, nos concentramos más en la ira. Una ira que me dio a mí al ser soberbiamente opacado por el psicólogo que hablaba con la más serena de las calmas. ¡Mentira, mentira! En verdad fue una conversación divertida sobre ese mal iracundo que nos azota ya sea con nosotros mismos, nuestra familia o –lo que yo insistí- la calentera de estar en un tráfico rodeado de idiotas que bajan la ventana para saciar el hambre con unos tostones vendidos por los buhoneros.

La ira país -como la llamé- nos viene a nosotros de forma directa en el tráfico. Conocido es mi cuento de que no manejo distancias largas porque creo que es de mala educación vivir tan lejos. La verdad, es que no soporto estar sentado en un mismo sitio sin hacer nada. Por eso, camino. Por lo menos la causa de mi tráfico es culpa de mis pasos cortos. Y el de la vieja con siete bolsas que camina en frente mío y que no me deja pasar.

Uno de los cuentos que eché fuera del aire lidió precisamente con esa ira ocurrida en el tráfico y que tiene que ver como producto de la rabia causada por la viveza de otras personas. Spoiler: es la versión criolla de Bastardos Sin Gloria y no deja una lección bonita. Mucho menos debe ser intentado (y menos sin supervisión). Pero a mí me dio risa.

Hace tiempo un karateca estaba manejando para su universidad. Como sabemos, en la universidad se forman unas trancas enormes para entrar porque aquí nadie cree en el cuento de los empleados de Ikea que se estacionan lo más lejos posible si llegan temprano en respeto a los que llegan tarde. La viveza nos ha llevado a montarnos en islas, a estacionarnos en puestos para minusválidos y, porque nunca se es demasiado vivo, lanzar el carro por la montañita del Cincuentenario de la UCAB. (Ver foto):


El karateca de mi historia venía haciendo una cola eterna en su carrito cuando uno de estos raticas con un carro tipo el Pussy Wagon de Uma Thurman en Kill Bill se le coleó descaradamente. A las seis de la mañana una injusticia se cobra de la mejor manera que se puede hacer: un cornetazo pegado. Ese cornetazo hizo que el vivo de la Pussy Wagon se detuviera, pusiera el freno de mano y se bajase con actitud de «¿Bueno y a ti que es lo que te pasa, mariquito?». Pobre. No sabía lo que le esperaba. 

El karateca se volteó hacia el asiento trasero de dónde sacó un bate. Se bajó del carro. El coleador comenzó a burlarse de él diciéndole que los verdaderos machos pelean con las manos. El karateca le respondió: «No, no. El bate es tuyo. Para que te defiendas de la rolitranca de golpiza que yo te voy a dar». El karateca jamás ha visto a alguien correr tan rápido en su vida.

La ira. El psicólogo en la entrevista dijo que lo más sensato cuando sientes ira es cerrar los ojos, respirar y calmarse para entablar una conversación. Yo opté por echar este cuento. Nada fácil manejar la ira en estos tiempos de vivos.-

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Una leyenda urbana del pasado como ñapa que bien tiene que ver con el tema de la ira:

Anoche, entre el ir y venir de los vinos, salió a relucir este cuento. Un Don de unos setenta años esperaba diligentemente en el estacionamiento del Centro San Ignacio a que uno de los carros saliese para él tomar su puesto. Ya preparándose para estacionar, una de esas mamirruquis abusadoras se aprovechó de la lentitud del viejo y flagrantemente le robó el puesto.

El señor bajó su ventana con cara de incredulidad mientras la señorita se bajaba de su carro. Al ver que el don estaba molesto, la señorita se le rió en su cara y le dijo “Ay papá, bienvenido al país de los vivos”. El viejo, ni corto ni perezoso, adelantó, puso su Mercedes en retroceso y con todas las ínfulas de Rambo aceleró, chocándole el carro a la señora. Volteando a ver la cara de quinta finalista de la abusadora, el señor le dijo: “Se equivoca, Señora. Bienvenida al país de los ricos.”

Santo Tomás de Aquino decía que sólo los virtuosos podían sentir ira. No sé pero pecado o no pecado, yo quiero ser como el don chocón cuando sea grande.-

Foto: http://armandosotillo.blogspot.com/

Monday, May 16, 2011

Four Weddings and a Urinal



Este fin de semana lo he pasado en Margarita para celebrar los cuatro días del matrimonio de mi amiga Sandy Lane. Si nos ponemos a pensar, un sarao nupcial en Margarita es lo mismo que la película Mamma Mía. Con la única diferencia de que las Meryl Streep criollas van con el pelo secado. En guayabera (pero no enguayabado) me siento en la iglesia mientras el cura casa a la nueva pareja mediante el rito express: «Buenas; en el nombre del Padre; ¿tú la quieres a ella? ¿Tú lo quieres a él? Beso; foto con el cura, chao. ¡Que pase la próoooxima sifrina caraqueña que se vino a la isla a casarse!». Tiene que ser eso. No he visto al primer cura que haga una misa corta por «la calol» de los trópicos.

En defensa del Vaticano, este cura ha dado las primeras palabras que se me han quedado grabadas en una misa. Ya en la última parte cuando los novios están de salida, el cura se aparta del mensaje apocalíptico: «sólo tiren para concebir cristianos» y ofrece una muy buena metáfora sobre el amor y la religión. Explica que cuando Dios hizo a Eva, le quitó a Adán la costilla que resguarda el corazón. Eso ha hecho que los corazones de los hombres revoloteen como locos. «El corazón del hombre -le dice el cura al novio- sólo descansa cuando encuentra la costilla que le quitó Dios para crear a su mujer». Si fuera el padre Pablo, más de una lasciva se hubiera montado un velo ahí mismo y corrido hacia el altar.

Ya en el bonche de los paganos, sufro una experiencia que me ha dejado pensando en lo bajito que soy. Explico mi rutina fiestera. Soy de una champañita en la entrada por cortesía y luego a mi me aquietan en el rinconcito donde funjo mi papel de barra de los novios –para eso nos invitan ¿no?- con mis traguitos de whisky que una mesonera muy gentilmente se encarga de traerme. Como todos los humanos sabemos, los tragos traen dos cosas a la mesa: incontinencia verbal sobre como bailan algunas personas y ganas de hacer pipí.

Pido permiso en mi mesa para levantarme y le pregunto a mi mesonera gentil que me indique donde queda el baño de la casa de festejos. Haber llegado a esa casa fue complicado. No espero menos de la ubicación del baño. Verán, la casa donde estoy es muy buena para hacer una fiesta pero con el detrimento de que para llegar hacia ella tienes que manejar por varios caminos de tierra sin señalizaciones. La dirección de la tarjeta bien ha podido decir: «Cuando digas: “No sé donde coño estoy”, cruza a la derecha. Ahí es». El baño, en respaldo a mi vejiga, no tiene una ubicación tan compleja.

Entro al baño de hombres. Me miro de reojo al espejo como solemos hacer los egocéntricos y giro sin ver hacia los urinarios. Viendo al techo porque ya uno tiene el postgrado, me abro la bragueta y… «Demonios, ¡este urinario es altísimo!» Por lo general –explicación para el público femenino- el urinario comienza a la altura del pecho y baja hacia un poco menos de las rodillas. Uno se mete ahí, hace su cosa, shake it, shake it, y se va.

Yo mido 1.70. Lo admito, fui siempre el más chiquito de mi clase aún cuando sea el más alto de mi casa. Allí «abajo» no tengo problemas, si me entienden. Pero este urinario lo han puesto a una altura en donde tengo que pararme de puntillas e intentar hacer un géiser para lograr mi cometido fisiológico. ¡Yo sé que las conserjes se quejan de que uno manche el piso pero señora, présteme el tobo para montarme que así no se puede!

Logro mi hazaña –no splashing- y me voy. Sintiéndome discriminado por el arquitecto, ingeniero y el albañil que seguro miden tres metros y les pareció lógico poner un urinario a su altura. Pero no estoy solo. A medida que la noche avanza, la conversación entre hombres es: «¿Pana, el urinario está como difícil, no?» . Eso me contenta. Podré ser un Oompa Loompa pero por lo menos no soy el único con el problema. Las mujeres se podrán quejar con aquello de sentarse en trono comunitario pero los hombres nos vemos en aprietos si nos mandan a mear en el palomar.-

Thursday, May 12, 2011

Piropos Chimbos según Jegny Carolina


¿Se acuerdan de mi amiga Jegny Carolina? Ella fue la porrista principal de Los Azulejos del Pastor cuando estudiaba en el Liceo Pastor Bueno. Ahora vive en Londres donde anda tras la caza de un novio que la mantenga. Jegny ni loca se regresa a Venezuela. Le ofrecieron ser Miss Alba Caracas y dijo que no.

Keider, su novio de bachillerato le mandó un mensajito de texto a ver como andaba. Eso emocionó a Jegny, cosa que me escribió en Facebook. O por lo menos eso creo. No entendí el mensaje con el poco de corazones que tenía. Pero después se enteró de que el Keider era papá de tres y lo mandó a darse unfollow con su Twitter. Así que Jegny se ha tomado la tarea de salir por la ciudad de Londres a ver si consigue a alguien que le haga el favorcito.

El problema, me escribe Jegny, es que Londres podrá ser muy catira pero ahí lo que ha conseguido es puro bagre. «Yo sé que a mí me ven distinta, Totín. Nadie se gasta este cuerpo, pero es que cada piropo que se han hechado [sic.] pa’ levantarme es como para decirle lo que le dijo la Reina al primer ministro cuando le preguntó si iba a ir al funeral de Diana: “o sea, hello?”. Me hace falta mi Caracas vale, por lo menos los obreros eran originales. Aquí ni un soldado de Buckingham te dice pero ni pio [No tengo coraje para contarle a Jegny sobre los soldados del palacio].

Jegny me cuenta que le ha pasado de todo. Mientras le enviaba un mensaje de texto a su amiga Maricruz, un inglés se le paró al lado y le dijo: «Hey, deja de buscarme en Facebook. ¡Aquí estoy!». Otro se le quedó viendo en el gimnasio por horas lo cual emocionó un poco a Jegny. Sólo que al final, saliendo de los cambiadores, el tipo abordó a nuestra criolla. «¡Amo tu trasero!» -le dijo. Jegny estaba a punto de pegarle con su bolso cuando el hombre le explicó: «Sí, yo sólo quisiera que el mío fuese más redondo, ¿sabes?».

Así ha ido por la vida. Un mesonero que le estaba haciendo ojos le preguntó de la nada si había visto la película Ghostbusters. Jegny le dijo que sí. El mesonero le preguntó su opinión a lo cual Jegny le respondió que no le parecía gran cosa. En tres minutos ya tenía la cuenta frente de ella. «Debo decir que tienes un pésimo gusto en las películas».

El viernes pasado se topó con uno que le preguntó si ella era de Londres. Jegny le respondió que no. El tipo le dijo: «eres muy bonita para ser de aquí». Jegny no reaccionó y él se alejó. Cinco minutos después, Maricruz la mejor amiga de Jegny llegó con el mismo tipo: «Jeeegny te presento a XXX imagínate que me acaba de decir que era muy bonita para ser de aquí». Jegny no tuvo corazón para arruinarle la noche a Maricruz.

Suerte Jegny. Intenta con Harry. Si no, regrésate que aquí se te decimos lo tuyo.-

Wednesday, May 11, 2011

La Inviabilidad de Salir con una Estrella del Porno

Revisando mi lista de 100 Cosas Que Hacer Antes de Morirme, me doy cuenta de que «Salir con una estrella del porno» corresponde más a los caprichos de mi adolescencia tardía que a un objetivo viable a futuro. No es fácil decir esto.

Coleccionista – ¿Quién no?– de una vasta biblioteca pornográfica, soy de la opinión de que todas las fibras ópticas de la Internet inevitablemente llegan a Jenna Jameson. Renunciar a ese sueño es duro pero hay que hacerlo en algún momento. De presentarse la posibilidad de ser novio de una estrella del porno, mi vida seguramente sería un calvario.

Vamos a suponer que conocí a mi estrella del porno por los medios convencionales. Alondra se llama, una catira despampanante con el cuerpo de Dayana Mendoza. Desde el mismo momento en que me declaro su novio, comienzan los problemas. Conmigo no. Si ella me escogió a mí es porque la trato bien y le soy una montaña rusa en la cama. Al menos eso es lo que me digo a mi mismo. El problema es con Ustedes.

Si considero que el 100% de nosotros vemos pornografía, tengo que asumir que el 100% de Ustedes ha visto a mi Alondra desnuda. Eso desencadena la paradoja del «si te he visto teniendo sexo puedo hacer lo que quiera contigo». Al ver a Alondra tener sexo de todas las formas posibles, el desenfreno cachondo de sus mentes pensará que ella puede ser suya y que yo simplemente soy un guevón de referencia, fácilmente reemplazable.

Eso conllevará a una golpiza con alguno de Ustedes en todos los lugares a los que yo lleve a Alondra para así proteger lo que es mío. En un restaurante le tendré que dar un empujón al mesonero por rozarle la camiseta al momento de poner su daiquirí sobre la mesa. Al comensal de la mesa de al lado le tendré que gritar: «¿Qué ves?» cada cinco minutos. Me sabe a bola si está sentado con su familia. Sé lo que está pensando porque yo pensaría lo mismo de él si su esposa estuviese igual de explotada que mi novia porno.

Es triste pero me tendré que convertir en el guardaespaldas de Alondra. Tendré que entrar con ella al confesionario, acompañarla al mecánico y hasta en su visita al ginecólogo. Si algo sabemos del porno es que cada vez que una mujer acude a un médico, éste la termina poniendo en cuatro. No habrá momento en el cual alguien no le diga algo inapropiado o le pida un autógrafo, en un intento fantasioso de bajarse los pantalones ahí mismo. Caerme a golpes será la rutina para proteger a mi Alondrita.

El problema está en que el porno –gracias al Cristo pero una tragedia para mi relación con Alondra– no se desvanece. Donde quiera que vaya habrá fotos o películas de Alondra, páginas Web dedicadas exclusivamente a ella. Incluso, un club de fans. Ustedes siempre van a estar allí. Me la puedo llevar a la frontera, cambiarle el nombre a María Magdalena y comenzar de nuevo. Pero la fama –sobre todo la desnuda– tiene su forma de penetrarse en los rincones más oscuros. Si la Internet llega hasta el Amazonas, no tengo escapatoria. Hasta en ese pueblo del coño voy a tener que tapar a Alondra con una burka para que nadie ande buscándole bulla.

Mis conversaciones privadas con ella tampoco serán del todo agradables. Con una novia normal, me tengo que abstener de hablar perdidamente sobre fútbol cuando quiera porque sé que ella no entiende mucho. Preguntarle a Alondra: «mi vida ¿cómo te fue hoy en el trabajo?» es tener que calarme una perla como: «¡Lo máximo! Hoy me acosté con todo un equipo de fútbol para una escena». Joder. Acompañarla a ella a su lugar de trabajo será peor. Ahí no sólo veré al equipo de futbol repetir lo suyo con mi Alondrita. También estará el vaquero, el ejecutivo, el astronauta y el profesor que han lamido el mismo pubis que yo lamo por las noches.

Si Alondra se llega a ganar un premio, la acompaño con gusto pues ir a una entrega de premios de la industria del porno es como los Premios Oscar pero con tetas. Aun así es inevitable que su discurso de aceptación sea catastrófico para mí: «Gracias a Rocco Vergadura por todo su apoyo en una escena tan larga. Y a Toto mi novio cuchi, te amo mi gusanito lindísimo». La ecuación no está bien.

Puedo si quiero mantener a Alondra en cautiverio y recrear las escenas más memorables de sus películas en mi Jacuzzi, mi calabozo y mi cama de agua giratoria. Pero hay que verle el sentido a la economía y a la realidad del espacio. Meter un Jacuzzi en mi apartamento de 50 mts.2 es tener que mudar todas mis pertenencias al pasillo. Tampoco es que puedo pedirle al conserje que me preste el maletero del edificio para recrear un calabozo lleno de látigos, cadenas y potros de gimnasio.

Es inevitable. Ni en público ni en privado puedo conservar a mi novia porno. Ha llegado la hora de despedirme de mi ilusión de Alondra y tacharla de la lista de cien cosas que quiero hacer antes de morirme. Está bien para la fantasía pero en la vida real es un desastre. Nadie quiere presentarle una mujer a su familia cuyo papá salga a decir: «Oye, yo te conozco de alguna parte y no sé de dónde». Menos, si Alondra le da por reírse y responderle: «Ay, suegrito ¡Estás pillao!». Adiós Alondra mi reina del porno. Espero que seas tan feliz como en tus películas.-

Revista UB - Abril 2010.

Tuesday, May 10, 2011

El Remedio Asesino


La Tía Helen, madrina de It’s Good to Be, es –sin serlo- la favorita de las tías. Cuenta que uno de sus hijos tenía un problema bolístico cuando era chiquito. Lo llevó a casa del Dr. Luis Miguel Raga –nuestro médico de cabecera- quien le recetó un remedio para solucionar el problema caballeroso. La Tía Helen fue a la farmacia a comprar el remedio y comenzó a dárselo esa misma noche, siguiendo las indicaciones del medico: dos veces por día.

El problema era que cada vez que le metía la cuchara a la boca, el niño se venía en vómito. Le decía a la tía Helen que el remedio sabía horrible pero, como toda madre graduada en La Escuela Wampole Emulsión de Scott, la tía insistía en dárselo. Pasaron cuatro días y la situación no mejoró. Se lo intentó dar por todos los medios comunes: “anda miamor”, el “avioncito” hasta que optó por el formato guerrillero: “¡Qué te lo tomes, dije!”. Cada vez, el niño arqueaba cuando se lo tragaba. Finalmente optó por esconderse a la hora de tomar su remedio pero la tía Helen lo conseguía.

Una mañana, en la cual no había mejoría de la enfermedad, la tía Helen le dio el remedio a su hijo y decidió probarlo. Sabía a rayos y centellas. Levantó el teléfono para llamar al médico a explicarle la situación.

-Luis Miguel, mira ese remedio que le mandaste sabe horrible.
-¿Cómo que sabe?
-Bueno yo lo acabo de probar y eso es como tragarse un riñón de mapurite.
-Helen, ¿Cuántas veces le estás dando el remedio?
-¡Bueno, dos veces al día como me recetaste!
-Helen… el remedio era untado.

La tía Helen colgó el teléfono. El mismo volvió a sonar repentinamente. Contestó.

-Señora Azpúrua, es aquí del colegio de su hijo.
-Ajá, dígame.
-El niño no se siente bien. Ha vomitado cuatro veces ya y dice que no siente el brazo derecho.
-¿No siente un brazo?

Lección para todas las madres de Venezuela: lean las indicaciones del médico.

Nota cursi: el niño sobrevivió.

Sunday, May 8, 2011

El "After School Special" en el Día de la Madre


La televisión por cable en mi casa tiene todos los canales abiertos. Mis papás son ese tipo de personas que no tienen idea de cómo prender el DVD, así que esos controles paternos para vigilar el contenido de programación jamás fue un tema en mi casa. No porque existiera la preocupación, sino porque no sabían cómo hacerlo.

Se viene el Día de la Madre. De visita en Caracas, mis padres organizan un almuerzo de esos que son una patada a las cenas de Navidad. La casa está repleta de sobrinos, todos menores de cuatro años, lo cual infarta un poco a mi señora madre. Solo tenemos una sobrina/nieta de verdad, verdad por lo cual la reunión de enanos Von Trapp es mucho para ella.

Decide reunirlos a todos frente a la televisión para ponerles algún canal de infantes. Como toda señora de su casa, solamente sabe el canal de Globovisión. Los demás lo ignora por lo cual tiene que pasar por todos los canales antes de llegar a Nickolodeon. Comienza a darle al control remoto y se va por todos los canales que ponen música.

De repente, aparece una señorita en una pose sugestiva y mi mamá comienza a gritar “Ay, ay, no vean, no vean”. Eso sería el final de un buen cuento. Ella aprieta el botón con más fuerza para seguir bajando canales. Lo que ignora es que por obra y gracia del señor, las baterías del control remoto mueren en el mismo momento en el cual ella pasa por el canal gay.

Esta es la historia de cómo siete infantes tuvieron su primer contacto con el bondage homosexual un Día de la Madre en mi casa.-

Saturday, May 7, 2011

Guilty Pleasures

Acabo de grabar una entrevista para el Canal-I acerca de los guilty pleasures. Había entendido que yo tenía que decir mis placeres culposos pero fue más como un formato de VH-1 donde ellos me iban preguntando y yo contestaba. Dije mis verdades salvo que me gusta el reguetón. Me pasa eso a veces, hablo de la tapa de la boca. No me gusta el reguetón. Mentira, me gustó la canción del perreo intenso.

Los placeres culposos son aquellos gusticos que te das cuando nadie te ve. O crees que nadie te está viendo. Mi papá es de esas personas que se compra una caja de Chiclets Addams, rompe el celofán y se mete los doce chicles de una. Qué demonios hace con tanta glucosa en la boca no sé pero le gusta. Algunos llegan a ser manías como las mujeres y las cremas. Me gusta no ser mujer por eso. Odio una crema. Tengo los labios siempre rotos porque detesto el chap stick.

Estos son mis top guilty pleasures:

  1. Cantar. Soy adicto al canto. Canto cuando me despierto, cuando me baño, en el carro, cepillándome los dientes. Si veo que alguien más canta, se me pega su canción y le varío la melodía. Mando voice notes de canciones sin importar que algún día sean usadas en mi contra. Lo que más me duele es que 9 de cada 10 de mis amigos dice que canto malazo. Yo, que quiero ser el próximo American Idol, canto mal. Pero no me interesa. Soy de esa gente que va con los cuatro vidrios abajo, echando notas a todo pulmón. La versión hombre de Nina, la jeva del solsito (y mi editora).
  2. Los Torontos: No puedo con ellos. Es el mejor invento venezolano que existe y me parece que los debemos declarar patrimonio para la Humanidad. Si alguien me quiere ver feliz, solamente me tiene que regalar una bolsita de estos chocolates. Si me quieren jalar bolas, yo me vendo por una caja.
  3. Bañarme: Soy la causa por la cual no hay agua en Caracas. Soy de esos que no puede esperar a que el agua se caliente, razón por la cual hay baños en mi casa que están vetados. Donde me baño, sale instantáneamente y ahí me puedo quedar por horas.
  4. Ver bloopers en You Tube: mi favoritos son los de las noticias y  los matrimonios. Ver como a un cura se le cae la hostia dentro de los nobles pechos de la novia, y encima mete la mano para recogerla, es suficiente para que yo duerma contento. Puedo pasar horas en eso.
  5. Hojear revistas: soy una jeva en peluquería. No hay nada que me de más placer que acostarme en un sofá con diecisiete revistas al lado mío. Los estudios de mercadeo no sabrían como clasificarme: me siento con la Esquire, la Hola!, la National Geographic, Climax, UB, y Architectural Digest y me las gozo todas. No me la compro pero Vanity Fair online es mi santuario. Tienen los mejores portafolios de Annie Leibovitz. And we love Annie Leibovitz.
  6. Fumar: Una desgracia porque está pasado de moda pero en verdad me encanta fumar.
  7. Dormir en el medio de mi cama: Descubrí que nunca voy a poder estar con una pareja el día que me di cuenta que yo no tengo un lado preferido de la cama. Lo mío es como el Rey Sol: en el mero medio. Ahí con cuatro almohadas para mi solo. Eso de estar robando sabana es un desastre. Cuando duermo con alguien, soy un caso de estudio. Me hago un nicho en una esquina y no me muevo. Arisco o inseguro pero lo cierto es que cuando estoy solo en mi sabana de sábanas, soy absolutamente feliz (ojo: esto obviamente cambiará en algún momento).
  8. Los infomerciales: Nunca en mi vida me he comprado algo por televisión pero me entretiene como alguien pueda hacer que todos nosotros sintamos que necesitamos un determinado producto. Las traducciones son tan risibles –“de reprontooo”- que es muy difícil que yo cambie de un canal. Mi favorito hasta ahora era un artefacto que picaba ajos. El comercial comenzaba: “Attention garlic lovers!” ¿Quién demonios es un garlic lover?
  9. La Coca Cola: El otro día le twittée a la Coca Cola Company de Venezuela para decirle que yo era su fans. Fue el momento más groupie que he tenido en mi vida. Cuando me respondieron, dormí feliz ese día. No hay whisky que le gane a una Coca Cola bien servida. Mucho hielo y una rodaja de limón (picada por Josefa porque ella dice que soy un lerdo).
  10. Twittear: es enfermizo lo mucho que adoro el Twitter. En mi casa están preocupados. Me llaman “El Niño Tecla”. Es mi escapatoria preferida el poder comentar en vivo una situación tipo los Oscar, la Boda Real, un partido o una entrega de premios. Eso es una de las desventajas del blog. Para el momento en que voy a escribir una nota sobre algo actual, ya lo dije en Twitter. Por eso es que es perfecto. Stalkeo a gente como un terrorista, porque me gusta como piensan algunos que no necesariamente sigo. A veces es más rico leer un Time Line como un blog que esperar a ver que se le ocurre a otra persona.-

Thursday, May 5, 2011

Toto de Arrocero


La Revista Complot me ha coleado muy amablemente en una lista de 100 personas que conocer en Caracas para celebrar su llegada a la publicación de 100 ediciones. Se los agradezco. Cuando me lo dijeron, juraba que me habían metido en la lista de las 100 Personas Más Calvas en Caracas. A mi edad, eso sí es un privilegio. Sumíto, como siempre me ganaría. Sumíto siempre gana. Pero en todo caso, el estar en esa lista es un pequeño tributo a todos los que me visitan en el tea party o se han comprado mis Cuentos y les han gustado. Son Ustedes los que me han metido en este paquetón de salir en revistas al lado de gente que, francamente, les pediría un autógrafo si me los llego a encontrar. Lo bueno es que de las 100 personas por conocer, ya todos pueden hacer: Toto. Ahora por Gaby Espino.-

Wednesday, May 4, 2011

Maite y Toto se largan a la Isla de La Totona


Uno de los privilegios de ir a la radio a conversar sobre mi libro es conocer a las caras que están detrás de las grandes voces en los micrófonos. Llego todo fanático por supuesto. Estar al lado de Marianella Salazar o Alonso Moleiro es como para hacer barras de Sábado Sensacional y pedirle autógrafos. Gracias a Dios, me he comportado. Esto, hasta que recibo una llamada de que Maite Delgado quiere grabar un micro conmigo sobre mi cuento La Isla de La Totona.

No sé Ustedes, pero uno escoge su farándula. Maite Delgado está en mi álbum de barajitas. Junto a Gilberto Correa y Amador Bendayán, que en paz descanse. Es algo de la animación, de entretener a un público lo que siempre me ha llamado la atención. No me interesa conocer actores. En serio. Catherine Fullop se tomó unas fotos en la reja de mi casa cuando yo tenía 12 años y hasta el Sol de hoy ha opacado todos mis deseos de conocer a otras actrices del pabellón local.

Ir a esa entrevista con Maite Delgado sí me emocionó porque fue como ir al Poliedro, a la Feria de San Sebastián y a los estudios de Venevisión. Fue ver en persona a alguien que siempre ha estado en los momentos más chéveres de la televisión. Exceptuando que nunca dijo los números del Kino que yo me había comprado. Que ella quisiera viajar conmigo hacia la Isla de La Totona, pues bienvenida. Yo soy un pasajero que no hace discriminación sobre quien se sienta a mi lado. La entrevista fue muy relajada –con “¿cómo están esas barras?” de mi parte incluido, uno no se pierde ese bonche-. Aunque censuramos el nombre, me encantó conversar sobre ese cuento en particular porque fue –y es- mi historia favorita de todo el libro.

Ella, un encanto de persona. Se lo conté a Josefa y no me habló durante toda la tarde. Cuando por fin pudo emitir palabra me dijo: “Don Totín, la próxima vez que Usted vea a la Señora Maite ¡Usted me lleva!” No creo volver a verla, pero de todas estas experiencias sortarias en la radio, fue una de las más ricas que he tenido. Sobre todo porque no se trató de vender un libro. Más bien de vender un país. Eso es Totona. Una isla donde Toto se puede largar con Maite Delgado, así sea por unos minuticos.-

Aquí pueden descargar el audio para oír la entrevista: Onda La Súperestación.

Sunday, May 1, 2011

Sometimes


...we never know which side is up. But we figure it out. Eventually. -

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