Thursday, July 28, 2011

Del Otro Lado del Hueco



El problema de las cañerías en las casas viejas es que no están adaptadas para los niveles de agua torrencial que han caído en años recientes. Como tal, es normal que los jardines y corredores se inunden, formando una piscina momentánea donde flotan las hormigas, si encuentran la hoja adecuada para que funja como balsa. Habitante de una casa completamente abierta, me acostumbré hace tiempo a poner paños y cobijas para prevenir que la crecida del agua corra por otras partes más habitables de la casa.

Hace tiempo le pedimos al vecino si no importaba que abriéramos un hueco ínfimo en la pared para que, en caso de una inundación mayor, el agua drenase hacia sus cañerías. No le importó y el hueco se construyó. Lo que no sabíamos era que ese hueco iba a ser el faro de guardia de mis perras y los perros de él. A través de ese hueco, mis perras le ladran todo el día a los suyos, montan guardia por si hay acontecimientos mayores e intentan darse mordiscos para salvaguardar lo que sea que creen los perros que hay que proteger. Es un fastidio chino, pues cada vez que hay movimiento el eco de sus ladridos retumba por el hueco.

Unas semanas atrás llegó lo que presumo es la nieta del vecino. No la he visto pero me la imagino de unos cinco, seis años con vestido rosado de verano y bucles amarillos que le cuelgan por los hombros. En fin, una ladilla de niña. Grita, canta y salta, ese tipo de infantes que le dan una tiza verde y juega rayuela. En el ínterin el ladrido de los perros desde ambos lados de la pared.

Estoy sentado tomándome un café en una silla que queda al lado del hueco de la guardia. Del otro lado, la niña de los bucles imaginarios brinca, cantando una canción ilógica sobre unos elefantes. Una de mis perras decide asomarse y comienza a ladrar por él. Hay silencio del otro lado, lo cual me hace pensar que los perros vecinos deben estar encerrados. Pero, como por arte de magia me viene la imagen visual de lo que realmente sucede. La niña de los bucles dorados decide que está harta, pega sus manos a la pared, mete su boca de fresa por el hueco y, sin enfermera adulta que la regañe, solo se limita a gritar:

-¡CALLENSEEEEEEEE!

Desde hoy soy fan número uno de la nieta del vecino.-

Wednesday, July 27, 2011

Josefa y el inglés


-Don Totín ¿cómo se le dice a este cereal?
-Corn Pops.
-Kor Pos.

Mesa derramada por la lecha que explota de mi boca. Josefa me alegra mi vida.

Tuesday, July 26, 2011

Debe ser que es julio


Tengo un huso horario distinto a los demás. El poder trabajar desde casa me permite estar en pijama a las once de la mañana si me provoca. De ninguna manera quiere decir que duermo hasta esa hora. Si no estoy sentado a las nueve en frente de la computadora, pues no gano real ese día. El día se hace bastante rutinario, con la incomodidad que el timbre, los perros y la aspiradora son ruidos a los que debo adaptarme. Uno nunca se acostumbra al timbre una casa.

Al no tener jefe, ni cafetín, ni gerente de Recursos Humanos a la cual irle a regalarle chupetas, me tengo que valer de Facebook y del Twitter para sentir que estoy con humanos. Es una vida sola pero no solitaria y la verdad es que me gusta, aunque comprensiblemente puede llegar a ser insoportable. Sobre todo el martes. La falta de un horario establecido y la carga de trabajo que cada día incrementa me aleja, al igual que la gente de oficina, de ese gusto por lo que hago y muy de vez en cuando debo sentarme a pensar: «¿realmente estoy haciendo lo que me gusta?» En estos momentos, no.

Me siento atascado la verdad. Debe ser porque es julio. Metido de lleno en traducciones que no se acaban, estoy imposibilitado de sentarme a pensar en escribir, en alejarme a escribir. En tener un día para ojear revistas y recortar fotos que me den ideas. Hay un corcho en mi baño donde una vez puse todas aquellas imágenes notorias que me gustaban. Me ayudó a escribir el cuento Tan Sexy como Rodolfo Valentino. Cuando terminé de escribir el libro, quité las fotos del corcho. Tiene siete meses vacío. Eso me preocupa. ¿Cuándo dejé de escribir? Peor aún ¿fue esto un solo intento y ya?

Vi unas fotos de un apartamento. 65 metros cuadrados de gloria. Cada esquina era mía. Lo único que necesito para ser feliz. Hasta un balcón. El precio no me da. Y me da tristeza. Porque significa que tengo que sentarme de nuevo a repensar mi vida. Esta existencia de bohemio es bella pero no da para hacer un futuro. El número de traducciones que tengo que hacer para llegar a ello implica olvidarme de libros, artículos, la docencia y demás cosas con las que sueño. Con lo que creo me hace feliz.

Desprecio la idea de tener que sentarme nuevamente a ver si me inserto en el mercado laboral como lo hace el resto de la gente. Quince y último, seguro social. ¿Qué haré? No sé. Imagino que no terminaré haciendo nada y que después de escribir esto lo vea como un ejercicio de descarga. Por los momentos estoy en pausa. Me cansé de esperar por las promesas que no vinieron; ofertas inconclusas y las «entre el lunes y el miércoles de la semana que viene me avisan y te digo». No sirvo para eso. Es ya. Lo siento, es ya.

Tuve un affaire. Si tiene novio, eso es un affaire. No me importó. No pregunté. Se acabó. Perdió todo tipo de interés en mí. O de repente se dio cuenta que yo mandaba todo a la mierda en tres segundos con tal de ver qué sucedía, no lo sé. Se acabó. Pero me gustó. Ahora su novio me sigue y me habla por Twitter. Y yo me río. A la final el perdedor soy yo. Los terceros siempre pierden.

Fui al cine solo hoy. Tres años sin hacerlo. Me cansé de jalar bolas, de cuadrar y de «esa la vi en Cuevana». Nunca le he visto la absurdidad al hecho de ir al cine solo. Es una pantalla en un cuarto oscuro donde te sientas a comer cotufas y ver una película. Que no la puedas comentar luego con alguien es el fastidio pero si yo quiero ir al cine y nadie más quiere ir al cine, pues es lógico que me monte en mi carro y vaya al cine, ¿no?

Sí, debe ser que es julio. No estoy donde quisiera estar.-

Monday, July 25, 2011

Tom & Paris un martes cualquiera

Reunidos ayer para ver el final de la Copa América, Daniella salió con una de sus preguntas retóricas. ¿Si pudieras ser una persona por las próximas 24 horas quien serías? Esta es una típica pregunta de entrevista gringa y lo irónico es que la gente se va por lo fácil: dicen Obama o Hillary Clinton. Los más osados, se aventuran a decir Hugo Chávez Frías.

En esos tres casos, raspo al candidato. ¿En medio de la peor crisis electoral y económica vas a escoger a Barrack Obama? Chávez, según dicen los medios oficiales, tiene cáncer. No quiero desprestigiar a ninguna víctima de esta enfermedad pero ¿realmente serías él en las próximas 24 horas? Yo soy Hugo Chávez el 13 de abril del 2002. Ese es posiblemente el mejor comeback luego del protagonizado por Johnny Cash en el 2000. Pero ¿mañana? ¿en mono de trotar ruñido, sometido a radioterapia y viendo a ver de qué fue que mataron a Bolívar? Gracias, pero no.

Yo sería Tom Hanks y Daniella sería Paris Hilton. En verdad, estos dos no pueden tener un mal martes. Consideremos a Tom. Hombre establecido en su estrellato, no tiene que huir de los fotógrafos como Brad y Angelina y casado con Rita Wilson que es lo máximo. Si quiere trabajar, levanta su teléfono y llama a su agente. Si no le da la gana, pues va a jugar golf. Twittea bien, debe ser un tipo que usa kakis y cholas y seguramente se queja del calor. ¿Alguien puede decir algo malo sobre Tom Hanks un martes? No. Lo mínimo que pueden hacer es invitarlo a cenar a su casa. Rita seguro hace un pie de manzana de maravilla. O la Josefa de Rita, eso no lo sabemos.

Con Paris, Daniella no lo tiene fácil pero estamos juzgando a la heredera Hilton por su pasado. Pero a Daniella le gusta trabajar así que eso de montarse en un avión para inaugurar una tienda en Tokio frente a miles de japonesitas llamadas Jet Lag le entusiasma. Cuando toma, a Daniella le gusta posar así que está mandada a poner la cara de gatica en celo de Paris. Que tres tipos de sexualidad dudosa la vistan, la tiene sin cuidado. A Daniella le gusta que la consientan pero solo si le dan champaña. Y si en la noche tiene que ir a una fiesta, pues ella se engalana. Reggateon te baila, mejor que Paris. Y es consciente así que hace lo que Paris no haría: ponerse pantaletas para que no la fotografíen y raye a Paris el día después y pedir un chofer que la maneje para que ella pueda sacar la cabeza y gritar: I’m fuckn Paris, bitches!

Nada mal para un martes ser Tom y Paris. La pregunta es ¿Quién serías tú?



Friday, July 22, 2011

Si crees

Esto lo escribí el año pasado en conmemoración de los cuarenta y un años del aterrizaje del hombre en la Luna. En esa oportunidad lo redacté en inglés pero quiero darle una oportunidad, al celebrar los cuarenta y dos, de ofrecerlo en español. No creo que me quedó muy bien la traducción pero de todos mis escritos, podría seguir trabajando sobre éste por años.

Si crees que pusieron a un hombre en la Luna,
Entonces significa que esta tiene un lado oscuro.
Y si crees que esta tiene un lado oscuro,
Entonces significa que crees en Pink Floyd.
Y si crees en Pink Floyd,
Entonces seguramente crees en Nosotros y Ellos.
Y si crees en Nosotros y Ellos,
Entonces debes valorar al enemigo.
Y si valoras al enemigo,
Has debido leer a Sun Tzu.
Y si leíste Sun Tzu,
Estás de acuerdo con el uso de espías.
Y si estás de acuerdo con el uso de espías,
Entonces crees en Garganta Profunda.
Y si le crees a Garganta Profunda,
Entonces te gusta la pornografía.
Y si te gusta la pornografía,
Significa que te masturbas.
Y si te masturbas,
Quiere decir que imaginas.
Y si imaginas,
Estás de acuerdo con John Lennon.
Y si estás de acuerdo con John Lennon,
Entonces puedes decir que eres un soñador.
Y si sueñas un sueño,
Seguramente te gustó Los Miserables.
Y si te gustó Los Miserables,
Entonces debes haber entendido sobre la injusticia.
Y si entendiste la injustica,
Significa que valoras la libertad.
Y si valoras la libertad,
Entonces estás de acuerdo con George Michael.
Y si estás de acuerdo con George Michael,
Crees que tienes que tener fe.
Y si crees que hay que tener fe,
Entonces vives a través de la religión.
Y si vives a través de la religión,
Entonces has debido oír hablar sobre la tolerancia.
Y si oíste sobre la tolerancia,
Crees en la política.
Y si crees en la política,
Es porque leíste John Stuart-Mill.
Y si leíste a Stuart-Mill
Es porque estás de acuerdo con que mi derecho termina donde el tuyo comienza.
Y si mi derecho termina donde el tuyo comienza,
Significa que somos iguales.
Y si crees en la igualdad,
Entonces apoyas a las Naciones Unidas.
Y si apoyas a las Naciones Unidas,
Es porque crees en la paz.
Y si crees en la paz,
Entonces te gusta Bob Dylan.
Y si te gusta Bob Dylan,
Sabes que la respuesta sopla por los vientos.
Y si sabes que está en el viento,
Admiras a los Hermanos Wright.
Y si admiras a los Wright,
Entonces aprecias el arte de volar.
Y si aprecias el vuelo,
Has debido ver el cielo.
Y si viste el cielo,
Seguramente pestañeaste con el Sol.
Y si pestañeaste con el Sol,
Quiere decir que tienes ojos.
Y si tienes ojos,
Significa que los cierras cuando duermes.
Y si los cierras cuando duermes,
Seguramente has tenido una experiencia R.E.M.
Y si has tenido una experiencia R.E.M.
Seguramente has oído sobre el Hombre en la Luna.
Y si no has oído sobre el Hombre en la Luna,
Entonces debes saber que Andy Kauffman no lo creía.
Y si ahora sabes que Andy Kauffaman no lo creía,
Tienes que decidir si estás de acuerdo con él o no.
Y si tienes que decidir si estás de acuerdo con él o no,
La gran pregunta que tienes que hacerte es:
Si de verdad crees que pusieron un hombre en la Luna.

Al menos, por supuesto, que tú seas Andy Kauffman.-

Wednesday, July 20, 2011

Orgulloso de serlo


"No elegí ser venezolano, simplemente tuve el privilegio"
@isaaccasado. 

Tuesday, July 19, 2011

Los Juegos Nocturnos de Hamparo Muñóz

La reunión entre amigos está en su apogeo, la película por la mitad o la tertulia en su punto más picante. No hay señales de agotamiento por ninguna parte, de hecho los vasos están repotenciados de hielo. Entre risas de los demás e inclusive la mía propia, me sobreviene una extraña sensación en la barriga, mientras acerco el vaso hacia mi boca. Es un secreto callado en las orejas el cual me aturde y que interrumpe mi devoción por la banalidad de la conversa. Ha llegado el momento nocturno de comenzar a pensar que en algunas horas debo despedirme de una casa ajena y emprender el camino de regreso hacia la mía.

Me encantaría poder sentarme en una silla freudiana y explicarle a un psicólogo que dibuja circulitos en su tablita de papel legal amarillo que mis temores son producto de un desprecio hacia la familia; un resentimiento económico al no poder volar del nido en su momento, o el mero cansancio de tener que ser yo. Nada de eso me viene a la mente en esos momentos de reunión entre amigos. Una de las cosas que más detesto de vivir en Venezuela es la sensación de no saber si llegaré a salvo a mi destino.

Nos pasa a todos, la inseguridad ha creado una figura ficticia llamada Hamparo Muñóz la cual acecha las calles. Hamparo representa todos los cuentos de fantasmas con pistola que ya solemos contar a manera de chiste. Es ella la novia de Oriente, la autora intelectual del robo armado en el cine y la que secuestra a los que sacan a sus perros a pasear. Hamparo no perdona locaciones, vive en la curva de la muerte en El Hatillo pero se pasea por Capitolio y toma café en Los Palos Grandes. De horarios, Hamparo ya no cree. El reloj es un accesorio extinto en las muñecas de los caraqueños desde que a Hamparo le dio por ser relojera.

Cada vez que salgo en dirección a mi casa veo a Hamparo. Ella es la imagen en el retrovisor y la figura oscura en una iluminada esquina. Está detrás de mi asiento, apostada a un árbol, adentro de mi casa, en el otro lado de la acera. Hamparo está en cualquier parte y viene por mí y mis precarias posesiones. Nada ven mis ojos pero yo sí la veo. Allí está Hamparo, y ahí también.

Juego en calles vacías a encontrarla. Un fetiche que me he creado ante el reto de volver a vernos. Pienso en módulos policiales cercanos por si Hamparo se aparece y doy vueltas innecesarias a mi manzana porque veo faros en la distancia y sé que Hamparo también maneja. Me cercioro que la calle esté completamente desvaída de almas y de gatos negros antes de comenzar los cinco eternos segundos que miden el tiempo que tarda en abrir mi reja. Pero Hamparo no aparece. Más veces que pocas, Hamparo no llega.

A la mañana siguiente, cuando ya todo ha pasado, leo titulares como «El director de la Policía Nacional Bolivariana, Luis Fernández garantiza que hechos violentos en Caracas han disminuido 56,25%». Prendo un cigarrillo y pierdo la mirada en una de las cuatro paredes de mi gueto amurallado, mientras me retrotraigo a la reunión, película o tertulia picante que anoche tuve con mis amigos. ¿Qué decían? Debo estar loco, pues nada recuerdo. Nada, salvo la amarga memoria de intentar huir de las manos de Hamparo Muñóz aun cuando hacia mí, según garantizan otros, Hamparo no venga.-

Monday, July 18, 2011

El James Bond más chimbo de la historia


Este mes estoy reseñado en la revista Look Caras bajo la sección Genio y Figura. Lo de "genio" me encanta, lo de "figura", pues me peso en la balanza y me da risa. La entrevista quedó genial, muy cándida, como si la hubiera contado para el tea party. La foto sí fue una gozadera. Yo me había tomado otras, como soy: un sifrino zarrapastroso; mi clásico blue jean, zapatos sin trenzas y camisa con el remangado Procter & Gamble. El fotógrafo fue un viejito argentino genial que se enamoró de mi casa pero que me puso en unas poses tipo don, lo cual me pareció “elegante” pero “safe”. La única que me gustó fue cuando le dio por ponerme como El Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci dentro de un arco. Pero, como mi vida seudo famosa es on the D-List, desistió de la idea al decirme: “Ché que tenés las arepas más enormes que he visto”.

No pensé mucho sobre las fotos hasta que un día llamó Roland Carreño a decirme que lo lamentaba pero que me iban a mandar a otro fotográfo porque ese no era yo. Le dije: “A menos que también le hayas tomado fotos a Luis Olavarrieta, sí soy yo”. Se rió pero me dijo que le parecían aburridas y que me quería de smoking. Me quejé. Yo no soy nadie para verse bien en smoking. No le importó. "¡En smoking!" y me trancó (no me trancó pero me entretiene poner a Roland como el malo de la película). Repensar la manera en como me visto me envió en un trance neo existencial con el espejo. “¿Traiciono mi verdadera identidad o me engalano en algo que no soy”, pensé. Ahí decidí que el smoking un carrizo; mi trademark es mi camisita remangada como los que trabajan en Procter.

Así estaba vestido cuando llegaron los fotógrafos para las segundas fotos. Al bajar las escaleras me devolví. En verdad, ¿cuándo en la vida me van a volver a tomar fotos chéveres que no sean las clásicas que se toman en un fotomatón? ¿Cuándo en la vida me van a volver a tomar fotos para una revista? Nunca. Para salir como salgo siempre, me pongo como los insoportables que se fotografían frente al espejo y la subo a Facebook. Hurgué en mi closet y desempolvé el smoking que usó Don Ramón para su matrimonio el cual no me cierra pero que me salva la patria porque me niego a desembolsillar esos reales. Y así bajé, en smoking. Con los zapatos más ruñidos que encontré en el closet porque sé que mi familia no me lo perdonaría cuando viera las fotos.

La sesión fue una gozadera. Este fotógrafo tenía ideas geniales sobre como posar (hubo una como Forrest Gump sentado en el banco que me encantó) y aun cuando la que salió fue la más seria de todas las poses, me gocé mi tarde vestido como el James Bond más chimbo de toda la historia. A Roland le mandé mensajes de víctima: “¡me tienes en un smoking sudado a las tres de la tarde!”. Si me iba a sentir divo, quería hacerlo como los grandes. Al irse los fotógrafos subí a mi cuarto, guindé el smoking y me volví a poner mi camisa remangada. Pa’ gozar es para lo que estamos hechos. Para las fotos clásicas, que me etiqueten en Facebook.-

La revista si la quieren comprar es la que sale Alicia Machado en portada.

Mi señora madre al ver las fotos: "Ayyy pero de haber estado ahí, te hubiera mandado a poner una matica y echado agua y jabón al piso. ¡Qué verguenza". Clásico.-

Sunday, July 17, 2011

10 Cosas que Amé de Harry Potter & the Deathly Hallows (Parte 2)


Es difícil darse cuenta, pero tenemos catorce años en esto. La adicción por todo lo que representa Harry Potter, sus libros y sus películas, lleva catorce años en formación y con la última parte recién salida al cine no es un hasta luego, es una cordial despedida.

Mi emoción por sentarme en el cine a oír las notas de la introducción de la película (tan tararan tan taaan) solo se vio amargada por una muchacha que sentaron al lado mío quien confesó no haber leído los libros y estar perdida. ¡Jeva! ¡Fuera! El resto de la experiencia fue épica. De haber periodistas a la salida del cine me hubiese gustado que me preguntaran: «¿Fue todo lo que esperabas que iba a ser?» para yo responder «Y más».

No fue esta la película que se concentró en el desarrollo de los personajes. La trama era sencilla: Harry debe morir para que Voldemort muera. En el ínterin, todo el mundo se cae a golpes. Fun. Si algo debe reconocerse es la reivindicación de personajes como Neville Longbottom (el verdadero héroe a pesar de lucir como de 32 años), Minerva McGonagall (esa doña es como madre de todos nosotros) y por supuesto la veneración final a Severus Snape. Un aplauso a Snape. Haberlo odiado por seis libros para adorarlo en las últimas páginas del séptimo es como para dedicarle una fecha patria.

Los esperados besos entre Ron y Hermione y Ginny y Harry fueron de pasada. Pero era de esperarse pues estaban en plena guerra. No fue esta la película en donde detienen la trama solo porque Russell Crowe y Angelina Jolie se tienen que quitar la camisa para darse un beso. Ya habíamos tenido nuestras dosis de celos entre los personajes cuando Hermione se empinta para ir al baile con Viktor Krum. Esta fue una película de guerra entre el bien y el mal. Una en la cual aplaudimos al terminar porque a Harry no le había dolido su cicatriz en 19 años. Todo está bien en el mundo de los magos.

Las diez cosas que amé del final de Harry Potter

1. Los pelos de Ginny Weasley 19 años después. Aparentemente los ochenta vuelven en el futuro. Ron y Hermione se ven exactos, a Harry se le nota la edad cuando le acercan la cámara pero es Ginny la que se lleva el premio con su peinado Christine Baranski.

2. La totuma de Justin Beiber de Albus Severus Potter. Odio a Justin Beiber pero es inevitable negar que para allá irán los pelos de nuestros chamos.

3. La quemada de la retina en Kings Cross. Gracias al mundo del cine por reproducir exactamente lo que todos teníamos en la imaginación sin ponerle más nada que la blancura del Reto Ace que se merecía la escena cuando Harry se larga al Limbo.

4. Los Malfoy que piran al final de la película y se largan a Miami.

5. El hecho que olvidé por completo la existencia de Helena Ravenclaw. Cuando Luna Lovegood manda a Harry a buscar a alguien muerto yo daba por sentado que Harry iba a bajar a los baños y gritar: “MYYYRTLEEE!!!”

6. Minerva McGonagall encargada de proteger a Hogwarts cuando dice: “Siempre quise intentar ese hechizo”.

7. La blancura de los protagonistas cuando se cambian de ropa. La prueba de que Hogwarts podrá ser una maravilla pero nosotros tenemos playa.

8. Neville Longbottom. La prueba de que se puede ser más gallo que Harry Potter y robarse el show.

9. El pensieve cortesía de Bo Concept. Ese platón de acero no estaba en mi imaginación.

10. La reivindicación de Severus Snape. Un aplauso a Snape. Que una culebra te mate de esa manera merece que te monten en una estatua. Más cuando todo se revela y vemos que Snape en verdad era lo máximo. Si a Snape no lo nominan a un Oscar por interpretar fielmente a un personaje en estas últimas siete películas, pierdo la fe en el mundo de la celuloide.-

Saturday, July 16, 2011

Una Estrella de Word

Una tremenda entrevista que me hicieron para Código Venezuela. Agradecido con su autora Viviana Rocco Lo Presti por la interpretación de un café conmigo.-

Una Estrella de Word

Acostumbrados durante demasiado tiempo a las murmuraciones, algunas personas tienen por rutina realizar afirmaciones que nacen al margen de la verdad consabida. Las causas más huidizas y remotas son las que, con incongruente fe por lo que escuchan, los mueven a establecer juicios de valor. A veces, una taza de té sirve de excusa para saborear con rara hosquedad la desgracia del ausente. Estos episodios -recurrentes por demás- derrochan levedad, el mismo detalle que caracteriza al sombrerero loco, personaje ficticio de Las Aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Sentenciado a muerte por matar el tiempo, logró escapar de la decapitación pero no de la condena impuesta por el señor tiempo de quedar atrapado para siempre en la hora del té. Metáfora de la irreversibilidad del tiempo y del estancamiento producto del no hacer nada (il dolce far niente), a diferencia de la continua labor de escritura que realiza,el tan mentado en los últimos años, Juan José Aguerrevere.

Mestizaje de testimonios, picardías y conjeturas, así es el blog de Aguerrevere. Titulado Conversations overheard at the madhatter’s tea party (Conversaciones oídas por casualidad en la fiesta de té del sombrerero loco), este espacio virtual representa al doble evanescente del autor: el acucioso y el crítico. Conocido como Toto por sus más allegados y seguidores en Twitter, este comediante de 31 años de edad se define como un buhonero intelectual. Abogado y licenciado en Estudios Liberales, comenzó su etapa como bloguero el 30 de junio del año 2008. Siendo testigo de vehemencias comenzó a redactar crónicas sociales para sus amigos y luego las compartió en la red. De esos segmentos autobiográficos que redactaba periódicamente, seleccionó las 50 mejores historias para así publicar su primer libro titulado Cuentos de sobremesa.

Toto, coleccionista de soldados de plomo, es una mezcla heterogénea entre irreverencia bien pensada y timidez bien llevada. “No hago stand-up. Yo no soy cómico en la versión tridimensional”, declara el humorista quien es colaborador para las revistas Clímax, Entre Socios, y Urbe Bikini. Su vocación nace por las ganas de “producir dinero haciendo algo que no fuera tan serio. La generación de nuestros padres nació con la fórmula grabada de estudiar, graduarse, casarse y tener hijos. A nosotros, esa fórmula nos quedó corta”, agrega Aguerrevere quien declara que uno de los privilegios de ser escritor es el poder trabajar en piyamas.

“El humor criollo es hacer de la más grande de las tragedias la más placentera felicidad para no derrumbarte”, comenta el también traductor de documentos legales y patrocinante de su propio libro. Caracterizado por su secular desconfianza a las reglas, la manera de redimir su frivolidad es hacer de ella un tema de conversación jocosa. A través de esa pluma tan particular, en el primer mes de la publicación de su libro logró vender 1000 copias; y hasta el momento, su blog cuenta con más de 420 mil visitantes. Espero, con mucha expectativa, la publicación de su segundo libro.-

La entrevista aquí 

Friday, July 15, 2011

Paco Insolado


Una cosa curiosa en los Municipios Chacao y Sucre son los policías hechos de cartón piedra que están puestos en algunas esquinas. La idea es que los conductores los vean y piensen que son humanos de verdad. Pero, ya esto es el colmo. Sé que los muñecos están expuestos al sol todo el día pero ¿insolados? Definitivamente vivimos en Macondo. Ahora hay que ponerle protector a los policías de mentira.-

Happy Harry Potter Day


Esta noche me voy a sentar a ver la última parte de Harry Potter en el cine. Espero que sea todo lo que creo que va a ser. Y que no me asalten en el cine. Por lo pronto, gracias por todos estos años en Hogwarts y aplausos a Emma Watson por haberse puesto tan buena.-


Thursday, July 14, 2011

Esta era una vez un bar

Esta era una vez un bar.


En ese bar se empató gente y terminó gente pero lo importante es que se rascó gente.

Un día el bar se vino a menos.

Y ahora encontró una nueva casa.

Como le explico yo a la gente que más NUNCA me voy de aquí. Me acaban de regalar Le Club.-

Wednesday, July 13, 2011

¿Dónde estabas tú cuando leías a Potter?


La gente grande siempre comenta sobre el lugar donde estaban cuando asesinaron a Kennedy. Recuerdan exactamente quien se lo contó y donde estaban parados. A nuestra generación nos tocará por siempre ser la que recuerda donde estaba cuando el Presidente Chávez arremetió su tanque contra el Palacio de Miraflores o cuando Osama Bin Laden dio órdenes de bombardear las Torres Gemelas en Nueva York.

La lástima de los recuerdos importantes es que casi siempre son fatalistas. Ahora a la mente me viene el día en que murió la profesora Christa McAuliffe a bordo del transbordador Challenger en 1986. Fue la primera vez que supe lo que era hacer un minuto de silencio por alguien. Tengo una imagen de un televisor la noche que cayó el Muro de Berlín pero recuerdo siempre que el 15 de enero de 1991 fue el ultimátum dado por la ONU para que Hussein retirase sus tropas de Kuwait. Nos cuesta recordar momentos felices.

El viernes veré la última parte de la saga de Harry Potter, mi amigo. Es un momento agridulce pues con esta película se cierra un ciclo en la infancia de todos. Yo no puedo hablar de infancia propiamente, tenía 20 años cuando comencé a leer las aventuras del niño con la cicatriz de rayo. Pero esa es la maravilla de los libros. No tienes que ser un niño para rezar para que alguna noche llegue un búho con una carta de invitación a la escuela de Hogwarts.

Comencé a leer a Potter por carambola. En una Semana Santa me fui con mis amigos Relax Just Relax, la Catira Tropical y la Super Trooper a acampar en la Gran Sabana. En ese tipo de viajes tienes que salir a las tres de la mañana por lo cual esa noche decidí no dormir. Mi familia se había ido de viaje a alguna parte y estaba solo en mi casa. Acostado en la cama de mis papás vi un libro que se estaba leyendo Alejandro mi hermano en la mesa de noche. Harry Potter and the Sorcerer’s Stone. Me encantó el dibujo de la portada, odié las primeras páginas del libro.

Cuando regresé de viaje, volví a agarrar el libro. Me encantó todo el tema de las escuelas y la explicación ilógica de Quidditch. Pero no fue un amor instantáneo con la serie. Mi adicción comenzó en un viaje con seis amigos del campamento por New Hampshire. Con 18 días vagando por carreteras sin destino fijo, mi amigo Vinny, que en aquel entonces debía tener unos 31 años, se quejó de que todo el mundo leía a Harry Potter y no entendía la fascinación. Así que decidimos comprarnos Harry Potter and the Prisoner of Azkaban en un pueblo Amish que visitamos en Vermont. La tragedia es que había una sola copia, por lo cual nos teníamos que turnar con acuerdos de límites de páginas para poderlas comentar luego. Recuerdo que no lo terminamos de leer pero cuando llegué a Caracas, el libro apareció en mi maleta como recuerdo del viaje. Fue un tremendo regalo.

Esa fue la maravilla de Potter, el poder de sentir que los libros eran un regalo entre gente. Sobre todo el poder sentarse a conversar sobre la serie, algo inaudito dado que ninguno de mis amigos o mis primos leíamos los mismos libros. Me encantó que todos entendiésemos lo sagrado que era no revelar el final. Toda conversación comenzaba con «¿por dónde vas?». Si se había llegado a un punto seguro se podía sentar a echar cuentos, si no se esperaba. Era una camaradería literaria.

Harry Potter and the Goblet of Fire llegó por Amazon justo el día en que me iba de viaje. No podía creer el tamaño del libro. Estaba demasiado feliz de que fuese tan largo para así poder disfrutarlo. No tengo tantos memorias de The Order of the Pheonix, el libro que menos me gustó de la serie, salvo de estar en otro avión pero sí de Harry Potter and the Half Blood Prince. Fue mi último año como guía en el campamento en 2005.

Todavía recuerdo cuando llegó ese camión de UPS. No menos de ochenta cajas de Amazon fueron bajadas. Pero en aquel entonces yo estaba metido de lleno con el Código Da Vinci por lo cual decreté que no se podía hablar de Harry dentro de la cabaña. No fue hasta que me regresé a Venezuela, cuando el avión se tuvo que desviar a Chattanooga, Tennessee por dos días donde comencé a leerme el que más me gustó de toda la serie. Es la única razón por la cual le tengo aprecio a Chattanooga, Tennessee. Lo terminé en Margarita donde le agarré todo respeto a Severus Snape (aun cuando por razones comprensibles lo volví a odiar al final).

The Deathly Hallows fue comprado el día en el que llegó a Tecni-Ciencia en Venezuela. Junto a Rollito, Alejandro y Cookie, hicimos una cola enorme donde nos dieron hasta varas mágicas. Fue una tarde sensacional en el Centro San Ignacio. Por fin nos íbamos a enterar que iba a ser de Potter. Me fui directo a mi casa y lo abrí. Y no lo cerré hasta que me lo terminé. Recuerdo que Alejandro llegó a mi casa a las 5:30 de la mañana y yo seguía ahí. Cuando lo terminé a las 9 de la mañana, colapsé. Era lo mejor que había leído en mi vida. Aún cuando todavía insisto que no entendí nada de lo de King’s Road.

Me parece irónico que no recuerde fechas pero sí recuerde aviones. Harry aparentemente estuvo presente en todos mis viajes. Recuerdo hasta el asiento donde estaba cuando leía sobre la profecía. ¿Era el elegido Harry o era Neville Longbottom? Ese avión se ha podido caer en ese momento y yo no me iba sin la respuesta. Fue una aventura sensacional. Lo mismo con las películas. Cada cual con la particularidad de escoger personas especiales para verla. Harry no se ve con cualquiera. Es el único esnobismo que nos podemos permitir en esta era de pelazón.

Nos falta hacer este tipo de ejercicios. Saber donde estábamos en momentos en los cuales fuimos felices. La gente grande siempre comenta sobre el lugar donde estaban cuando asesinaron a Kennedy. La gente chiquita, gracias a Dumbledore, podemos decir donde estábamos cuando leímos a Harry Potter. A fin de cuentas, fue un tremendo viaje que bien merece la pena recordar.-

Tuesday, July 12, 2011

Nana en el jardín de una casa que ya no es mía


Es cómico como ciertos tesoros que parecen imprescindibles en su momento pasan a ser meras baratijas en un futuro. Boletas, medallas, invitaciones a fiestas, cartas de gente especial, todo revolcado en cajas que cada día agarran más polvo. Yo tengo cuatro cajas, llenas hasta el tope. Cada vez que las veo digo que un día me voy a sentar a hacer un gran álbum donde pegaré lo que fue, es y será mi vida. Pero es un fastidio tener que sentarse a recordar cuando estás demasiado ocupado viviendo el presente.

Es distinto cuando los recuerdos no caben en cajas. Por ejemplo, las casas. Todo el mundo tiene una casa, sea la suya propia u otra que le huele a infancia, a Navidad, a buenos momentos. Las casas de las abuelas por ejemplo, con su decoración intacta año tras año, esas de las que uno dijo alguna vez que iba a fotografiar para no olvidarla nunca. La cámara tomó otros momentos, usando a la casa de fondo pero nunca a ella como protagonista. Hoy nada queda salvo espacios vacíos. Muebles que salieron a poblar otras casas donde quizás nadie sabrá que alguno de ellos fue usado para jugar al barco de piratas o al fortín en una juerga de vaqueros.

Me tengo que despedir esta semana de otra casa. Es una de las cosas más difíciles el saber que en la próxima no seré yo quien mire a los aviones pasar, me siente acobijado entre sus muebles o queme gallinas de mimbre en la chimenea porque no había más nada que hacer ese día. No seré yo quien cuente estrellas. Otros a quien no conozco, poblarán la casa de nuevos recuerdos, completamente ignorantes de los míos. La vida pasa y hay etapas que se cierran, pero a veces provoca retroceder el tiempo para saber con certeza la fecha en que muere la gozadera y comienza a imperar la nostalgia.

Una noche el Sr. Darling anunció que Nana dormiría en el jardín. Y eso, cambió todo...

Monday, July 11, 2011

Invasión a mi Feng Shui

Lo venía venir, el horóscopo de la revista dominical dice: «Reaccionarás ante cambios fuertes pero son necesarios». No creo en la astrología pero cuando la pega, pues la pega. Los Picapiedra han vuelto tempranamente de su año sabático. A mí se me había informado que serían 365 días de Skype pero, dado el calor europeo, terminaron siendo 182. Esto, debo decir, no me ha caído del todo bien. Me dieron una casa completa para regentar, fue mía y de mis silencios. Ahora, es un tractor a toda máquina.

Esta mañana recibo un memo por debajo de la puerta de la oficina donde se escribe el tea party. Dice textualmente lo siguiente:

Atención, Sr. Toto Aguerrevere
Considerando tus malos humores, por favor toma nota de los siguientes cambios que sucederán a partir de hoy:
  1. Mañana vienen a tumbar una pared porque se va a empotrar el bar que nos vamos a traer de casa de tu abuela. Esta construcción va a durar un mes. Va a haber ruido. Mucho.
  2.  La televisión la van a mudar PROVISIONALMENTE. Si ya sé que no hay cable directo para ver Inter pero todos tenemos que hacer el sacrificio.
  3. Esta tarde van a subir todas las muñecas larenses y los presidentes de madera que están encima del bar a tu oficina. Esas se van a vender en algún momento pero aquí no hay espacio. También van a subir unos cuantos libros así que por favor deja a la gente pasar.
  4. Vendimos Galipán ayer.
Atentamente,
Tu mamá.

Por primera vez voy a revelar en el tea party mi puesto de trabajo y yo quiero que a mí se me diga, ¿no es esta una invasión? Hagan clic en la foto:


¿Es una invasión o me quedo callado? Entiendo que soy más nulo que el tipo de Failure to Launch al no haberme ido de mi casa antes de que los Picapiedra se fueran. Pero hice mi oficinita aquí, no jodo a nadie y es un espacio cerrado que da para escribir a mis antojos sin que nadie me interrumpa. Puerta abierta porque aquí se atiende a todo el mundo (de vez en cuando).

Ahora tengo un mamotreto de muñecas que me dan más miedo que la película The Others, más libros de los que puedo meter en mi biblioteca y gente entrando y saliendo con un «Disculpe, Don Totín párese un momentico para montar unas cosas encima de usted». Es una invasión al Feng Shui de mi desorden. Ni a Galipán me puedo ir a escribir por un mes porque «ah no, eso se vendió».

Cambios, not a big fan.

Cualquier queja si no escribo por aquí en los próximos días, favor contactarme y les mando el Twitter de mi señora madre para que protesten.-

Sunday, July 10, 2011

No eres tú, es tu urbanización


Hace tiempo pedí en Twitter que me dijeran las peores excusas para terminar. En su honor, este artículo que salió en UB en mayo.

Hace tres semanas que conozco a Verónica. Es periodista, flaquita, baila como las diosas, toma a la par que yo y lo mejor de todo es que se lleva bien con mis panas. Desde que nos presentaron en una fiesta, la química entre nosotros fue instantánea y cada vez que estamos juntos, le pongo más soda a mi vida. El único problema es que Verónica vive lejos de mi casa. Mentira, eso es subestimar la distancia. ¿Saben dónde queda Mordor en El Señor de los Anillos? Ok, crucen a la izquierda.

Buscar a Vero para salir a rumbear significa montarme por dos autopistas, cruzar tres túneles y pasar urbanizaciones completas donde las casas no tienen ni rejas. Ya va, que falta. Luego, tengo que subir dos colinas, toparme con un Bambi descarriado, prender las luces altas de mi carro, pasar por una especie de campo guerrillero y ahí, en la última de las casas –por supuesto- vive Verónica.

Ella sale regia por la puerta y se monta en mi carro. Ignorante de que mi pie derecho está completamente dormido de tanto pisar el acelerador. Las primeras semanas me quejaba en tono de burla y ella me hacía cariñitos en el pelo diciéndome «¿Viste, que no es tan lejos?». Pero a medida que pasa el tiempo ya se me ha ido escapando alguno que otro comentario pesado. Sobre todo cuando llego y no está lista. El hashtag en mi Twitter mental cuando eso pasa es #sumadre.

Con ella a bordo, repito todo el proceso de regreso hacia mi casa. Yo vivo a un escupitajo de todos los bares que valen la pena en esta ciudad. Los de moda, los de antaño, los de mala muerte y los que están abiertos así haya golpe de estado. Con mis palenques encima llego a mi casa por osmosis. Ahora, con Vero es otra historia. Estoy de alcoholímetro, de estampitas y de sleeping bag en la maleta del carro por si no me deja dormir en su casa. No quedarme dormido al manejar de vuelta a mi casa es un calvario. En la madrugada, la radio es tan patética que lo único que ponen es ¿Por qué se fue y por qué murió? ¿Por qué el Señor me la quitó? ¡Guillo!

Con el dolor de mi alma, he decidido que tengo que terminar con Verónica. Aunque siento que ella es la mujer para mí, no estamos en un momento en que podamos cambiar las cosas. No tengo tanto tiempo saliendo con ella para pedirle que se arrejunte conmigo, por ejemplo. Ponerle un chófer es efímero. Primero, porque ya me veo yendo al matrimonio de Verónica con el chófer. Segundo, porque eso es el equivalente a darle real para un por puesto. ¿Cómo hago para que me entienda que entre ella y yo lo que hay es tráfico?

He pensado en decirle la verdad. Pero hacerlo me va a costar meses de sexo. Es cuestión de tiempo para que se riegue por todas las peluquerías de la ciudad de que yo fui el hombre que le dijo a una mujer en su cara: «No eres tú, es tu urbanización». Prefiero decirle que me fui a Yemen con Chandler Bing. Eso de «te adoro pero la distancia puede más que nosotros» sólo le ha funcionado a Jean Carlos Simancas en la novela de las nueve. En 1985.

¿Por qué somos tan malos a la hora de terminar una relación? Entiendo a los que recurren necesariamente a la mentira cuando la tipa es burda de fea. «Es que mírate» es la manera más fácil de mandar a una mujer por la borda. Pero parece que no hay una fórmula correcta para salir liso de este paquetón sin que nadie salga herido. Las mujeres prefieren una mentira bien fabricada antes de tener que oír el muy verdadero «no eres tú, soy yo». Ni siquiera sus variaciones. Pancho mi pana, acorralado por terminar, le salió a su jeva con un «No eres tú, es el tsunami». Ninguna mujer se le ha acercado desde hace dos meses.

He pensado huirle a Verónica por la izquierda y hacerme el loco. No llamarla más. Si me la encuentro por la vida y me dice algo, puedo jugar a ser el abogado del Diablo y responderle: «Disculpa pero no recuerdo haberte pedido el empate». Pero eso es de adolescente con frenillos. Si voy a quedar como hombre prefiero volverla loca diciéndole «No eres tú, es mi ex».

Todas las demás excusas que me he jugado en la vida no me sirven en estos momentos. No conozco formalmente a mi suegra así que tampoco puedo decirle «No soporto a tu mamá». No quiero tener a Verónica como amiga; no me siento confundido sino que me siento autobusero; no necesito enfocarme en mi carrera y no creo que se merezca algo mejor que yo. Ninguna de estas tácticas me ha servido en mis relaciones anteriores pero las he dicho en un momento u otro para salir del paso. Suficientes «tenemos que hablar» me he pegado yo como para no tener mis armas de defensa.

No necesito un tiempo, necesito una Verónica que viva más cerca. Así tenga que decirle a la Vero «de repente en cinco años veremos». Esa tampoco sirve pero por lo menos crea expectativa. Lo cierto es que si termino con ella, estoy decidido a no tener que perder mujeres en el futuro por cuestiones de distancia. Luego de las presentaciones iré directamente al grano con un «¿dónde vives?». La que me responda que vive en una urbanización aledaña a la mía será mi nueva Verónica. Por lo menos esta vez los potenciales problemas serán de ella y no de su urbanización.-

Saturday, July 9, 2011

Beyoncé, unas palabras mamita

Acaba de salir el nuevo video de nuestra Beyoncé Knowles. Es nuestra porque la verdad ella nada malo puede hacer en la vida. Este tea party tiene en un pedestal a tres personas famosas que no pueden hacer el mal: Kevin Bacon, Beyoncé Knowles y Pac Man. El video es sobre una canción llamada Best Thing I Never Had, en la cual la otrora cantante de Destiny’s Child le dicea un hombre que ella está feliz de no haber terminado pasando el resto de su vida con él. «Eres lo mejor que nunca tuve» es el título de la canción en español.

El video que acompaña la canción muestra a nuestra Beyoncé vistiéndose para casarse con otro hombre. Y mamita, disculpa que te lo diga yo que nada tengo que ver en tu vida salvo mirar demasiado tus caderas: con razón te dejaron. Es tan cursi el video que uno termina aplaudiendo a tu ex novio y queriendo darle una palmada en la espalda al esposo con que te casas como diciéndole: «suerte». Te lo explicamos paso a paso.

Paso 1: El lingerie


Hasta aquí vas bien. Te has debido quedar así todo el video. En todas tus apariciones en público deberías salir así. Estás más buena que Tyra Banks en cualquier desfile de Victoria´s Secret. Nadie te va a juzgar, créeme nadie. El Papa seguro te dispensa porque nadie puede decir que Beyoncé Knowles no va directo al Cielo.

Paso 2: La carita de gata en celo


Es cierto que esta movida es un copyright de Jennifer López. La bronxera esa no sale ni para un 7-11 sin poner su cara de gatica en celo. Pero a ti te queda bien. Es como celebrar una boogie night contigo y eso nos hace feliz.

Paso 3: El Princesa Leia.


El problema es cuando te volteas. No nena no. ¡Qué hiciste! Carrie Fisher en bikini metalizado es la única que puede lanzarse dos moñitos de cinammon roll. Ni por más bella que seas tú puedes creerte que se te ven bien los moñitos. Más allá de pararle a la canción lo que comienza es una soberana burla pues el único que podría excitarse es Jabba the Hut.

Paso 4: La coronita de Miss Teen Centro Comercial Los Alamos


Really? ¿Tanto pedrero que hay en Los Angeles y tienes que lanzarte una corona que fue rechazada hasta por La Sirenita?

Paso 5: El atardecer llanero


Faltan las gaviotas y un Bambi de fondo pero te lo perdonamos porque no se te ve más que tu escote y haces lo que haces mejor que es soltar el vozarrón.

Paso 6: Video retro de 1998


Beyo, una pregunta. Ahí sales llegando al prom con el tipo al que le estás cantando. Es 1998. William Hung es lo único famoso en este momento por cantar She Bangs de Ricky Martin. En el video casero, el tipo te monta cachos descaradamente. ¿Y tú nos estás diciendo que trece años después es que lo dejas?

Paso 5: The Hills Are Alive with the Sound of Niche


Aquí es cuando todo se va por la borda. María Von Trapp en las colinas, con corona de She-Ra la princesa del Poder y con lo que podemos presumir es la colcha de la cama de María Antonieta de Francia en un momento Gloria Gaynor. Beyo, ningún hombre, ninguno te ve llegando a una iglesia así y no se arrepiente.

Conclusión:
Beyoncé: bella tú, bella la canción pero lamentamos decirte que te dejaron por niche. Acéptalo. Y te lo decimos porque te amamos.-

Friday, July 8, 2011

La peor canción que puede salir en tu Ipod durante el sexo


Has tenido suerte esta noche con una chama en una discoteca. La convences para regresar contigo a casa «y que» a tomar un último trago antes de terminar la noche. Esa idea claramente se fragua en el ascensor donde la recuestas contra el espejo para darle un beso y confirmar que ella también quiere sexo. Ambos entran al apartamento. Mientras ella se va al baño, tú decides servirle el trago.

Por no dejar, decides prender el Ipod para darle un ambiente musical. Nuestro deseo innato de ser estrellas del porno casero siempre viene con música. ¿Cerati o Sting? No, Barry White. Can’t Get Enough of your Love, Babe es la alfombra roja de todas las tiradas mundiales. Cambias la canción. Barry es como obvio. Ella regresa del baño y se sienta en el sofá. Wicked Game de Chris Isaack para comenzar. Nunca falla.

La ropa cae en el piso a cuentagotas, mientras te revuelcas con ella entre los cojines del sofá. Las canciones pasan y es Angel de Massive Attack la que los conduce a ambos al sexo. Las notas que suenan desde las cornetas intensifican el ritmo. Pero el shuffle del Ipod te juega un coitus interruptus. No puedes creer lo que oyes. Coleado, nadie sabe cómo, suena el tema del Llanero Solitario.

Tratas de hacerte el loco y continúas con tu cometido. Pero nada dice «acaba tan rápido como puedas» como la introducción del cabalgante de Silver. Naturalmente la chica finge un repentino dolor de cabeza y te pide que la lleves a casa. Ni tratas de convencerla para que se quede.

Esta última escena se la oí a un standup cuyo nombre no recuerdo y aun pienso en la vergüenza. No hay nada peor que ser sujeto de críticas durante el sexo, sobre todo si son externas. Letras de canciones como «tu reputación son las primeras tres letras de esa palabras» del fatídico Ricardo Arjona hasta «Mami llegó tu papi con el funkete» de El General pueden constituir un suicidio sexual que no termina acabando en orgasmos. Termina con la frase «Mejor te llamo yo» dicha por ella.

Como no eres DJ pero sí amasador de música de todos los géneros en cantidades preocupantes, tienes que tener muy en claro de que el accidente de una canción inesperada puede ocurrir si te lanzas a la merced del shuffle en tu Ipod. Mi recomendación es que revises tus listas de canciones y que pongas las más problemáticas en un archivo separado.

Comienza por botar temas infantiles. El intro a El Chavo del Ocho fue genial oírlo en esa fiesta donde todos dijeron: «¡Berro! ¿Te acuerdas?». Estar encima de una mujer con esta canción durante el sexo es suficiente para considerar vivir en un barril de vergüenza por el resto de tu soltería. Si sale Supercalifragilistiexpialidocio, retírate del sexo. Las relaciones públicas del derrame petrolero de la British Petroleum se arreglan más fáciles que eso.

Debes tener cuidado también con los himnos. Separa todas las canciones oficiales del Mundial de Fútbol. Tranquilo. Al igual que tú, todos tenemos estipulado en nuestro testamento el deseo de ser enterrados con el himno Un’estate italiana del Mundial Italia ’90 sonando de fondo. Pero que salga durante el sexo te va a hacer pensar en anotar un gol y eso es demasiada presión junta. Con respecto al Himno de Acción Democrática, estemos claros: nada alienta más a una cuerda de espermatozoides que la letra: «¡Adelante a luchar milicianos!». A menos de que estés buscando ser papá o seas Henry Ramos Allup, descartala.-

Continúa tu edición y bota cualquier canción que una novia tuya (o tú mismo, sin pena) te ha convidado a tener en tu Ipod. Macho que se respeta no se va a la cama con Luis Miguel o Alejandro Fernández. Por forfait hay que botar la canción Sin Pensarlo Dos Veces de Guillermo Dávila. Ninguna mujer quiere oír el cuento de cómo se violan a otra mientras tiene sexo contigo. La única excepción para tener a Dávila en el Ipod es que estés con una cougar pegada en los años ochenta. Pero hasta ahí. Si tienes Hacer el Amor con Otro de Alejandra Guzmán, te lo buscaste tú solito.

Elimina la debacle española de Como los Gorilas de Melody y Aserejé de Las Ketchup. Es por tu bien. El Ipod no existía cuando salieron esas canciones. Tenerlas ahora que puedes tener sexo es una patada al gallo niño/adolescente que fuiste en esa época. Con respecto a Pluma Gay de Los Morancos, es más fácil decirle a una mujer: «me fascinan tus zapatos» antes de tener que humillarla desnuda a responder «Marica ah-ha» al «Marica tú, Marica yo» que va a sonar del Ipod.

Archiva en una carpeta cualquier canción con un coro de iglesia en el fondo. Eso da como culillo. Por último, santifícate «en el nombre del Ipod, de Steve Jobs y de Apple, Amen» la próxima vez que vayas a tener sexo con la música prendida. Si has hecho un buen trabajo de edición, jamás sonará Experiencia Religiosa de Enrique Iglesias mientras estás en la cama con ella. Por lo menos el Llanero Solitario era ateo.-

Revista UB - Junio 2011.

Thursday, July 7, 2011

Canaima para los Expats!

Como para guindar un chinchorro y ponerse a escribir. Enjoy!
Foto: D. Portagnuolo.

Nadie goza como Estelita

El problema del buen gusto es que uno se pierde de una vida social en donde las quinceañeras hacen su entrada triunfal desde una ostra. Me doy cuenta de esto al ver reseñado el sarao de una simpática adolescente llamada Estelita en un portal Web dedicado a los quehaceres sociales de la capital. Estelita sale radiante. Una diminuta tiara adorna su testa y sus bucles escarchados caen risueños sobre su espalda. Uno pensaría que el tutú lila que ha optado para lucir como atuendo sería suficiente para delatar que éstos son unos quince años diferentes. Sin embargo, no es éste el caso.

La primaveral cumpleañera ha entrado a su fiesta embutida en una caja de muñeca como una bailarina de ballet. Un papel celofán protege el dorso frontal de la caja donde el público presente puede apreciar a nuestra protagonista haciendo el mejor de sus arabescos. Encima de la caja, hay un cartelón que emplea el mismo tipo de letra que utiliza Mattel para señalar a la muñeca más famosa de toda su gama de producción. Sólo que éste no dice: «Barbie Bailarina». Esta muñeca se llama: «Estelita».

Las fiestas como las de Estelita han pasado a ser la norma en una «zoociedad» que esconde su capitalismo en horario de Aló Presidente pero lo olvida al momento de celebrar los aniversarios importantes de su prole. En una era de reality shows predominados por el Quiero Mis Quince de MTV, el deseo de diferenciarse de los demás, ha hecho que los padres de las quinceañeras boten la casa por la ventana para que sus hijas tengan una fiesta apoteósica que nada tiene que envidiarle, salvo en ciertos casos el gusto, al Baile de la Rosa en Mónaco.

Yo me he perdido de todo eso. Crecí en una época donde las fiestas de quince años a las que fui invitado eran todas exactas. La protagonista era una pobre pelo secado con frenillos, vestida de blanco Colgate que no conocía a nadie porque su mamá había hecho la lista con todos los hijos de su gente «de toda la vida». Abría la fiesta bailando «El Danubio Azul» con su papá, su tío, su abuelo moribundo en silla de ruedas y un noviecillo inseguro. Nada de bailes con cuadrillas disfrazadas del Fantasma de la Ópera. La única excentricidad permitida, de haber real, era un grupo de tambores al final de la noche, cuando se servía un chupe.

Los saraos que se ven ahora no son así. La extravagancia en lo que se supone son tiempos austeros está de moda y eventos como el de Estelita son difíciles de olvidar. Las tarjetas de invitación ahora son interactivas, con imágenes de la agasajada vestida como si Hannah Montana invadiera el closet de las chicas de la mansión Playboy.

La entrada a la fiesta se hace por alfombras atigradas y la niña sale de un cohete, llega en carroza o en góndola para el deleite de sus familiares. Cierto, en mi época hubo una que otra que llegó en moto. Otra, la más nouveau, se apareció en elefante. El mal gusto no es un producto originario de la V República. Lo que pasa es que con las reseñas sociales publicadas por Internet, de todo uno se entera.

¿Se goza más? Pablo Picasso dijo una vez que el principal enemigo de la creatividad es el buen gusto. Pero el artista no vivió para conocer a los que viven según los dictámenes de Paris Hilton. El in your face de las Hummers, los rayos laser, tequileros y una foto de la homenajeada en la torta, crea el consenso de que si falta el cotillón, la fiesta queda piche.

Atrás quedaron los tiempos donde la mejor de las fiestas era la sencilla. Lo sencillo ahora hiede a pobreza. Una lástima creer tener buen gusto. Con él nos perdemos de la dicha de recibir invitaciones para comprobar si es verdad que nadie goza como la muñeca Estelita.-

Revista Climax - junio 2011
Ilustración: Irene Pizzolante.

Wednesday, July 6, 2011

@odioamishijos


Me encontré en un matrimonio a una valenciana con quien solía gozar en el Fashion Boulevard de la Universidad Católica Andrés Bello hace una chorrera de años. No recuerdo cómo fue que terminamos siendo amigos pero me gustó porque es acida. Una de esas que entra a una iglesia y las aguas benditas se prenden en fuego. El tema de la conversa fue sobre mis tweets y como la hacían reír. «Es una de las pocas cosas que me hace feliz, Toto» –me dijo. «Mi vida es una tragedia, dejé de fumar, odio a mis hijos y no hago nada sino hacer transporte y actualizar el botón de Twitter».

Eso me causó risa. Yo vivo por la gente que es así de honesta. Nos pusimos a hablar sobre sus hijos. Como toda madre hizo la aclaratoria que los adoraba pero que le fastidiaba el mono tema, la recogedera de peroles y el tener que vestirlos para un cortejo donde ni de casualidad iban a caminar el ala entera, etc. Eso me puso a pensar en todo lo que mis amigos padres detestan de sus hijos.

Verlos llegar a una parte es cómico. Cargados de pañaleras, columpios y coches como si se estuvieran mudando. Verlos desesperarse con los infantes: «Ya va que tu papá está hablando con la gente grande» es como para escribir un libro. Mi parte favorita es verlos intentar darles de comer a un niño que se tarda tres horas en comerse un nugget. Se irritan tan fácilmente. Ellos, no los niños. Solo la orden «hazle el avioncito» es como para que me vean con cara de odio y desearme sextillizos en un futuro.

En la fiesta, le sugerí a mi amiga que se abriese una cuenta en Twitter llamada @odioamishijos. Se paralizó en shock pero a mí me pareció apropiado. Hay páginas y cuentas sobre como no desgraciarle la personalidad a los retoños, la mejor manera de cuidarlos y ejercitarlos y hacer que sean buenas personas. No hay sin embargo una parte que sirva como un bar. Un cuartico de reunión social donde alguien explique de manera divertida todo lo que detesta de ser padre.

La paternidad no es un trabajo fácil pero tiene que haber alguien que se descargue y que ponga a reír a los demás sobre aquellas cosas que hacen los hijos que son una molestia. Gus mi primo y yo eramos chamos que nos despertábamos a las seis de la mañana. Y Gustavo se le montaba en la cama a su mamá con un reloj despertador de Mickey Mouse que sonaba como las campanas de los bomberos. Se lo ponía en la oreja. Le gritaba «DESPIERTAAAATE». Si mi tía hubiese tenido Twitter en esa época, con seguridad le hubiere escrito a @odioamishijos. Y fue la mejor mamá del mundo. Pero no a las seis de la mañana.

Yo no lo puedo hacer porque no tengo hijos pero sería tremenda iniciativa. La madre o el padre que con sentido del humor y sin temor al qué dirán afronte todo aquello que la desespera en su relación con los cachorritos que los hacen feliz, aun si se hace de manera anónima, se harán famosos. Vamos, que no todos nos creemos el cuento de la calcomanía en la parte trasera de la camioneta familiar: «mi hijo es un estudiante de primera». Hace falta añadir: «…y a veces no lo soporto por sabiondo».-

Tuesday, July 5, 2011

Yo estuve en el Bicentenario (y no fue como Woodstock)


Querido hijo(s) futuros de Toto:

A estas alturas de mi vida no los concibo en mi cabeza pero en la casualidad de que lleguen a existir, pues les escribo. Hola ¿qué tal?. Yo soy su papá. A menos de que uno de ustedes nazca pelirrojo. Más adelante les escribiré sobre como poner vasitos de plástico en las ruedas de las bicicletas para que suenen como motos, como se prepara un Toddy y como no hay que pedir la bendición si no se quiere. Por ahora, solamente les escribiré para contarles que yo estuve vivo en el Bicentenario de la república donde me imagino nacerán.

Me encantaría contarles que fue como Woodstock. Busquen Woodstock. Sí, yo no estuve ahí. Pero siempre me ha parecido que todos hemos tenido que estarlo. Woodstock fue un concierto de paz y amor. Donde más gente se drogó y tiró que nunca al compás de beats de Janis Joplin, The Who y Creedence Clearwater Revival. Qué es drogarse y qué es tirar no es para que ustedes lo sepan. Y si lo saben no es para que lo hagan hasta que sientan que me lo pueden contar. Pero fue una manifestación de vida en la cual humanos que no se conocían celebraron una sola verdad: la música une a las almas de aquellos que están dispuestas a oírla.

¿Ya buscaron Woodstock? Ok, obviamente su papá está loco y no entienden porque los lleva a esta metáfora al hablar de una república. Les cuento. Un Estado, el cual conforma a una república, es un ente organizativo creado por el hombre para regular el territorio, la población y el gobierno de unas personas unidas únicamente por cuestiones de ciudadanía. Su funcionamiento depende de una constitución la cual dictamina lo que esas personas tienen derecho a hacer y a ser.

En teoría su aplicación debería ser siempre la misma, sin importar el gobierno de turno que ejerza la administración de ese Estado. La música del Estado, muy como Woodstock, es la comunión con la veneración de una historia multicolor y el respeto inequívoco de esos derechos y deberes en el transcurso del tiempo. Sin importar las diferencias o los gustos musicales, el Estado es la venia de un gran concierto donde todos están invitados a participar. Las entradas a ese concierto se llaman impuestos. Y aun cuando la música cambie en el transcurso de gobiernos o del tiempo, la gente siempre espera oír aquella maravillosa canción titulada Verdad.

El 5 de julio de 2011, hubo un Woodstock en esta república donde imagino nacerán hijos míos. Fue un gran despliegue de hombres y mujeres vestidos en regios uniformes de gala quienes desfilaron ante presidentes de naciones contiguas celebrando 200 años de plena independencia. Volaron aviones y helicópteros, y se desplegó la bandera por todas las esquinas de la república. Pero no fue Woodstock.

Cuando el pensamiento de un solo hombre decide cuales son las notas que se cantan, las consignas que se gritan y los ciudadanos que pueden presenciar los desfiles, no es Woodstock. Cuando soldados armados gritan consignas mono partidistas, no es Woodstock. Cuando se desdibuja la historia para contar solamente lo que nos ha traído hasta aquí, no es Woodstock. Cuando solo se muestran tanques y bayonetas para afirmar que somos una república basada en la paz y el amor a la justicia social pero que tenemos arsenal como para alienar a las guacamayas, no es Woodstock.

Woodstock es una celebración de la historia a través de la música que nos hace libres. 200 años de independencia plena para poder gozar bajo el canto de las notas que nos unen. De desfiles de ciudadanos ilustres, reinas de pueblo y serpentinas. Muchas serpentinas. Woodstock es charlas en plazas públicas sobre la importancia de ser libres. De continuar siendo libres. De honrar lo bueno y lo malo pues de eso estamos hechos los que comulgamos con la república. De cantos gloriosos de aquellos que se inflan el pecho para contar las verdades más nobles sobre héroes que no quisieron más que el poder ser libres. De ciudadanos pintados en colores. El color que uno escoja. El color que a uno le dé la gana. De unirse de manos con algún desconocido, pero compatriota al fin, y decir: «que divina esta sensación de estar como en Woodstock».

Nada de esos pasó hijos míos del futuro. Yo estuve en el Bicentenario de la República de Venezuela. Fui la persona afortunada de vivir la conmemoración de los 200 años de la independencia de una república donde imagino nacerán. Tuve la oportunidad de vivir una versión de Woodstock. Y lamento decirles que nunca me he sentido menos libre.

Toto, su futuro papá.-

Monday, July 4, 2011

Happy Independejos Day


El Gobierno Nacional ha decretado que hoy es un día no laborable. Poco entendible dada la conmemoración de la independencia de los Estados Unidos pero bueno, si el chavismo quiere celebrar el Día del Pitiyanqui, sus razones tendrán. Me parece más acertado sin embargo apodarlo el Happy Independejos Day. Porque eso es lo que somos, unos pendejos.

Salvo los inteligentes que sí lo hicieron, nadie se agarró el puente completo porque tenían que trabajar hoy. Como consecuencia de esta medida a destiempo pues nos apendejeamos. Llamar el viernes, cuando dictaron la medida, a una agencia de viajes para pedir un pasaje para Margarita seguramente provocó risas. Como consecuencia nos obligaron a todos a quedarnos en nuestras casas. Dándole a la ruedita del celular para ver contactos mudos y actualizando el Twitter para ver qué se podía hacer en una ciudad cerrada.

A los pendejos nos confundieron. Tanto como cuando cambiaron a Darren 1 por Darren 2 en Hechizada y creyeron que no nos íbamos a dar cuenta. Como consecuencia vivimos cuatro días de domingos. Completamente aislados y quejándonos de los pocos planes. La arribada sorpresa del Enfermo de Oro a su tierra, de noche como los vampiritos, añadió más pesar al letargo. Encima de estar echados, había que ver cadenas de la Familia Real venezolana en el balcón del pueblo. Uno no se muere de rabia en un puente. La verdad es que se muere de fastidio.

Happy Independejos Day por no habernos dejado trabajar. O planificar a tiempo la escapada.-

Sunday, July 3, 2011

Con cara de Charlene


En casa de It´s Good to Be siempre lo han dicho: más pavoso que un Kennedy es un Grimaldi. El matrimonio de Charlene Wittstock, la ex nadadora sudafricana con el príncipe Alberto II de Mónaco este sábado pasado contribuyó a mantener viva la llama de la loquera monegasca. Aunque no tan célebre como la boda de Kate –Moss, Middleton ya pasó al archivo de la memoria- la boda prometía. Ver imágenes de la despampanante Carlota Casiraghi siempre vale la pena.

Lo que vimos en televisión fue una tragedia. Una ola de rumores no confirmados sobre un posible tercer hijo de Alberto, amén de otros chismez que habrían asegurado de que la ahora princesa se hubiese fugado del Principado días antes del connubio no ayudaron. La pantalla dividida en dos para mostrar los rostros de los novios fue la confirmación que estos dos o no comparten cama o tienen una peculiar visión sobre el amor.

La cara de Charlene durante toda la ceremonia fue lo que nos marcó. Cierto, hay algo de nervios en casarse frente a millones de personas. Pero evocar a la reina Catalina de Aragón cuando se enteró de que Ana Bolena andaba rizándole la pluma a su marido ya no pega en este siglo. O te quieres casar o no te casas. Charlene estaba al borde del llanto hasta que no pudo contener más cuando fue a depositar su ramo en la iglesia de la Santa Devota. Poco ayudó Alberto para calmarla. Ni siquiera un abracito, nada. Solamente un secreto en donde probablemente le dijo: «No seas niche. Las princesas no lloran en cámara».

Charlene (futuras madres de Venezuela: Charlin no es un nombre digno) no la tenía fácil. Acabar con los 53 años de soltería de un calvo a quien se le ha dicho desde homosexual hasta mujeriego no es precisamente una unión hecha en el Cielo. Pero sea por amor o sea por contrato, hay que alegrarse manquesea un poquito. ¡Andrea Boccelli cantó en tu matrimonio, por Dios! No pega la cara de Amish cuando te mandan a brindar con champaña de 900 Euros o te montan en un Lexus que le dice "pendejo" a las carrozas británicas. Cierto, el dinero no compra la felicidad. Pero una sonrisita por tu futuro sí.

Yo me anoto al replay de la boda. Llamamos a todos los invitados, incluyendo a un muy sudado Giorgio Armani, a que se reúnan de nuevo para hacer la segunda toma del sarao. Por lo menos para el recuerdo. Por lo menos para creernos el cuentico de la felicidad. Pues lo que quedó de la boda en Mónaco es que toda cara de tragedia que se ponga ante una noticia fatal, una cola en el banco o en una elección política será disipada con «Quita esa cara de Charlene».-

Friday, July 1, 2011

Seudo Rock Star Moment: Toto by Rayma


Uno de los placeres que tengo al escribir en revistas es la ilustración que acompaña mi texto. Soy extremadamente visual. Me puedo pasar horas en Getty Images y Life viendo fotos de archivo o en vi.sualize.us/ observando fotos que me inspiran. Con la ilustración me pasa lo mismo. Me encanta la interpretación que una persona da sobre la realidad mediante el dibujo. Dicen mucho sobre el artista y su manera de ver la vida. Creo fielmente en eso que decía Saint-Exupéry: hay gente que dibuja sombreros y otras que pintan serpientes boas con elefantes en la barriga.

Los editores me regañan cuando opino que la ilustración debe ser más grande. «Lo importante es el texto» me dicen pero yo veo a ambos como complementarios. No hay nada más aburrido que un libro sin dibujos, así sea uno en la portada. Una de mis metas no cumplidas con Cuentos de Sobremesa fue precisamente el hecho que yo quería que cada cuento tuviese un dibujo o una foto al principio. No se dio por razones de tiempo pero espero que algún día cuando se vuelva a reeditar poder cumplir ese sueño.

Esta foto que pongo arriba es uno de esos momentos por los cuales me emociona escribir. En marzo me llamó Angela Oráa, una relacionista pública irreverente en Caracas, para pedirme una colaboración con la revista Etiqueta. Le dije que no porque me parecía que era sobre lo mismo que estaba escribiendo para otra revista. «Te va a ilustrar Rayma», me dijo. Más nada necesité para sentarme a escribir. Fue una crónica sobre como Bogotá es la nueva tú no eres nadie si no has ido a xxx. Como yo nunca he ido a Colombia me pareció propicio burlarme de eso.

Cuando abrí la revista y vi mis letras junto a la ilustración tuve uno de mis momentos seudo rock star. Junto al característico dibujo de Rayma estaban mis letras. O es ¿junto a mis características letras estaba el dibujo de Rayma?  Uno no se las debe echar y ser todo formaloide a la hora de mostrar sus talentos pero pero whatever:  Do the hustle!

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