Wednesday, January 11, 2012

Las Aventuras del Primo Fantástico


Hay una ley no escrita la cual dice que todo cuento que comienza con «el primo de un amigo mío» siempre termina con alguna variación genial tipo «rumbeó con Gustavo Dudamel», «se ganó un Ferrari en Las Vegas» o «reconoció la voz de su secuestrador en un club». Siempre me han parecido un fastidio las personas que echan este tipo de cuentos. ¡Al que yo quiero conocer es al primo! Ese sí que es una persona interesante.

El primo anónimo siempre es el protagonista de unos cuentos fantásticos que se entretejen hasta alcanzar proporciones épicas. La figura del primo puede variar con el tiempo, cambiando de sexo, edad, e idioma pero siempre pasa a formar parte de una leyenda urbana sensacional, el origen de un cuento de sobremesa o una epopeya digna de un espía internacional.

A ese primo o le pasan las cosas más ilógicas o está conectado con las 100 personas que hay que conocer. El primo es el que sabe cuál Miss es la que va para el baile; los resultados electorales a las nueve de la mañana y el caballo que gana el clásico. En algún momento dado se empató con una Chica Polar, llevó a Boris Izaguirre de copas a Entre Hojas y si bien no ganó Quién Quiere Ser Millonario, fue el que se ganó la lotería el día después.

En la Inglaterra de principios del siglo XX había un refrán relacionado con Eduardo, el entonces Príncipe de Gales que decía: «bailé con un chico que bailó con una chica que bailó con el Príncipe de Gales». Nuestra versión criolla no es tan de sangre azul pero nos gusta agarrarnos de ese cambur. Todo el mundo tiene un primo que se montó en el mismo avión que Edgar Ramírez. Mientras a nosotros nos toca sentarnos al lado de un bebé, ese primo come maní y comparte apoyabrazos con las estrellas.

El primo de los cuentos es así, un todo terreno. No hay nada que no le haya pasado. Él fue el niño que se quedó guindado en los rieles de la montaña rusa del gusanito en Bimbolandia; el que estuvo bailando con Norelys Rodríguez y el que se quedó atrapado encima de un tepuy en el Roraima con solo una bolsa de Torontos y un yesquero. Ese primo es un Where’s Waldo criollo que sabe exactamente donde está Carmen San Diego. La tiene en el pin de su BlackBerry.

Hay que conocer a ese primo, insistir a que salga del anonimato porque lo queremos invitar a comer a Aprile para que nos cuente sobre su vida. Saber si todos los cuentos son buenos o si también es el primo que comienza las cadenas moradas que dicen «lo paso tal cual me llegó» y al que lamentablemente sufre la calumnia de no ser nombrado porque la gente se toma en serio el mantra guarimbero de «Borre el Remitente».

Queremos vivir aventuras con el primo fantástico, decirles a los demás entre tragos que él es nuestro amigo. No puede ser que uno llegue a viejo y no termine de conocer al que le creció una mata en la barriga porque una vez cuando era chiquito no se le ocurrió mejor cosa que tragarse un chicle.-

Revista Etiqueta - Septiembre.



1 comment:

Karla said...

Creo que todos tenemos un poco de ese primo. Siempre hacemos una que otra cosa "sensacional" que a los demás les asombra. El problema del venezolano es que nunca aclara que no siempre es el mismo primo el de todas las hazañas; yo solita tengo más de 30 primos (sumando las familias) y siempre cuento "un primo mío..." asumiendo que la gente sabrá que cada vez que lo digo no tiene que ser la misma persona, pero sin aclarar que no es el mismo de la otra vez y así se va creando el mito del "primo fantástico de Fulana".

A veces pienso que esa "prima fantástica" puedo ser yo y es divertido. Ojalá lo sigan pensando para así, al menos, conocer a la gente interesante que seguramente mis primos conocen sin saber. Gracias por tu post, me hizo sonreír mucho!

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