Tuesday, February 14, 2012

Amor Es... Cursi

No puede existir fecha más cursi que el Día de los Enamorados. Es un día en el cual todos de alguna manera u otra pasamos a ser barajitas del álbum “Amor Es…”, sucumbiendo a una noche plagada de sacarina entre promesas de amor dignas de Doña Florinda y el Profesor Jirafales con mñusica de Ricardo Arjona en el iPod. Los novios lo odian porque no saben qué comprarle a la novia sin que el regalo diga “haz dieta”. Los solteros lo detestan porque les recuerda a todas las ex parejas que seguramente andan en una de romance tropical.

Ahora, no por ello el Día de los Enamorados deja de tener sus anécdotas. Los intentos de caballerosidad, muestras de celos y compromisos de matrimonio no escapan de tener su momento marca ACME. Por eso no desprecio totalmente al catorce de febrero. Al día siguiente siempre hay alguien con un cuento sensacional para contar.

Un catorce de febrero, Erika se arregló para celebrar el Día de los Enamorados con su novio de tres meses. Él la había invitado a cenar en el Caracas Country Club. Lo que jamás imaginó fue que el novio no llegó en carro a buscarla a su casa sino en una carroza blanca tirada por un caballo con su respectivo cochero.

Muerta de la vergüenza, Erika subió a la carroza y comenzó a rezar para que nadie conocido la viera durante el trayecto desde su casa en Los Chorros hasta el Country Club. Sus plegarias fueron en vano. Una espontánea cadena telefónica, iniciada seguramente por su papá, hizo que todo aquel que viviera cerca de la ruta saliera a vitorear a los tortolos en su momento Kate Middleton. A las pocas semanas, Erika le terminó al novio por cursi.

Un catorce de febrero, Patricia descubrió una carta abierta en la laptop de su novio, un escritor amateur. Era la carta más bella que había leído en su vida donde el novio le hacía promesas de amor eterno, diciéndole que conversar con ella era más genial que la firma de Walt Disney. El problema es que la carta no estaba dirigida a Patricia sino a una mujer con otro nombre. El zafarrancho que se armó en la cena esa noche fue apoteósica donde Patricia le lanzó el ramo de flores, la caja de chocolates de La Praline y hasta el salero para que le diera mala suerte por traidor. Su novio rió durante toda la cena. Tres meses después, la llevó al Paseo Trasnocho donde salió al escenario como finalista en el Concurso de Cartas de Amor de Montblanc a leer su carta de amor a la anónima ficticia.

Un catorce de febrero, Julia se sentó a comer con su novio de toda la vida en un restaurant en Las Mercedes. Él había insistido en celebrar el Día de los Enamorados junto a sus tres mejores amigos con sus respectivas parejas. A la hora del postre, Julia decidió hacer una competencia con otros dos para ver quién se devoraba el fondant de chocolate más rápido. El novio no estuvo de acuerdo pero a Julia no le importó.

Al ganar ella, lamió gustosamente la cuchara en señal de triunfo. Su novio la miró horrorizado. “Si me vas a decir gorda te lo reservas”, le dijo. El novio le dijo: “Julia, adentro del postre había un anillo… ¡te lo tragaste!”. Nueve años de matrimonio después, la radiografía que muestra el anillo dentro de Julia, y con la cual su novio por fin le pidió matrimonio, cuelga enmarcada en el salón de su casa. La prueba perfecta de que hay cosas cursis sobre el Día de los Enamorados pero nada es más longevo en la relación de pareja que un cuento cómico para compartir sobre ese día.-

Revista Clímax - Febrero 2012.



2 comments:

EmeJota said...

Amo las historias de compromiso que terminan con la novia tragándose el anillo!

La verdad es que este día nunca me había gustado, pero tienes razón, salen historias increíbles! La mejor que he escuchado le pasó a los amigos de un ex-novio quienes después de cenar e ir a bailar se montaron en un taxi y le pidieron que los llevara a un hotel "barato".

El taxista respondió que casualmente tenía uno y la pareja en cuestión aceptó la proposición. Al llegar, el señor los hizo subir unas escaleras y los condujo por un pasillo lleno de puertas hasta que se detuvo en una, miró el reloj y tocó fuertemente para luego decir: Salgan, se les acabó el tiempo.

Como no recibió respuesta, entró, los sacó envueltos en paños e invitó muy amablemente a los nuevos huéspedes a pasar, quienes por miedo aceptaron la oferta y estuvieron todo ese tiempo escuchando a la pareja de la habitación de al lado tener sexo.

Romántico, verdad?

Daniel Centeno said...

"Un catorce de febrero, Patricia descubrió una carta abierta en la laptop de su novio, un escritor amateur. Era la carta más bella que había leído en su vida donde el novio le hacía promesas de amor eterno, diciéndole que conversar con ella era más genial que la firma de Walt Disney. El problema es que la carta no estaba dirigida a Patricia sino a una mujer con otro nombre. El zafarrancho que se armó en la cena esa noche fue apoteósica donde Patricia le lanzó el ramo de flores, la caja de chocolates de La Praline y hasta el salero para que le diera mala suerte por traidor. Su novio rió durante toda la cena. Tres meses después, la llevó al Paseo Trasnocho donde salió al escenario como finalista en el Concurso de Cartas de Amor de Montblanc a leer su carta de amor a la anónima ficticia."

¡Esto me pasó a mi! Respetando las distancias, claro. Mi novia encontró una carta que no era pa' ella, se enfureció. Luego gané, con esa carta problemática, el concurso cartas de amor de mi universidad. XD

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