Wednesday, April 25, 2012

¡No te juntes con esta chusma!



Todos los libros de negociación dicen que al momento de abordar una confrontación, es recomendable atacar el problema y no a la persona. Eso es cierto. También es cierto que la mayoría de esos libros son traducciones de textos en inglés que usan personajes llamados “Bob” y “Mary-Anne” para ilustrar sus ejemplos. He ahí el problema. Como en Venezuela nadie se llama ni Bob ni Mary-Anne, es difícil relacionarnos con la recomendación.

En las últimas semanas hemos sido expuestos a una serie de insultos que lejos de confrontar el problema, lo han aderezado. Desde los ataques homofóbicos del Canciller de la República hasta la comparación de la oposición con las ratas que ha hecho el Diputado Serra, los venezolanos hemos sido tildados de majunches, fariseos, pitiyanquis, pelo ‘e cojón, y un largo etcétera de epítetos que no salen precisamente del Manual de Carreño sino del Manual de Chávez.

Como los Bob jamás llamaron “pitiyanqui” a las Mary-Anne, no puedo recurrir a los libros de negociación para entender la posición oficial del Gobierno. Por eso me he volcado a estudiar al Chavo del Ocho. El niño huérfano que vive en un barril junto a particulares vecinos es quizás quien me pueda ayudar a entender lo que es vivir en un país que se gobierna como vecindario.

En el Chavo del Ocho jamás se atacaba el problema. Ni siquiera sabían cuál era el problema. Doña Florinda lo único que creía era que Don Ramón era un bueno para nada y le propinaba una zurra por haberse metido con su hijo Quico. Yo nunca he oído a Hugo Chávez decir “vámonos tesoro, no te juntes con esta chusma” pero a juzgar por los insultos que da Robert Serra en la Asamblea Nacional, son bastantes los seguidores del Presidente que han repetido la versión criolla de “chusma, chusma, pfft…”

Insultar es el arte de los que carecen de argumentos. El Chavo siempre lo dijo: “es que no me tienen paciencia”. Aquí no hay paciencia para escuchar opiniones contrarias. Lo único cierto es que el SENIAT le da una morena al Señor Barriga en recolección de rentas. Pero en ningún episodio del Chavo hubo cortes de luz o escasez de tortas de jamón. El pozo de los deseos siempre tuvo agua, hasta el Chavo fue para la escuela y la Chilindrina no tuvo que usar CADIVI para irse de vacaciones a Acapulco.

Entonces, ¿se puede vivir en un país-vecindario a base de insultos? Sí. Pero nadie quiere vivir en un barril. Y he ahí la diferencia del Chavo con Venezuela. Se puede culpar siempre a Don Ramón pero eso no resuelve la ignorancia de Quico. Se puede decir que la Bruja del 71 es una lanza rumores pero eso no soluciona la desaparición de Ñoño en ciertos capítulos. Se pueden pintar las aceras para cuando llegue el Profesor Jirafales pero eso no resuelve el problema de la vivienda. Vivir en un país-vecindario como el del Chavo del Ocho no soluciona ni uno solo de nuestros problemas.

Así que tenemos una diatriba como ciudadanía que debería exigir más de sus funcionarios públicos. Comenzar a leer lo que le dice Bob a Mary-Anne en los libros de negociación sobre los ataques al problema y no a la persona o seguir viendo insultos en cadenas como capítulos repetidos del Chavo del Ocho hasta que se cancele la programación. A estas alturas de este juego de niños, no sé cual sea la mejor solución.

4 comments:

Anonymous said...

¡Excelente post!

Ley said...

Fabuloso!
Nunca lo había relacionado con el Chavo... con cualquier otro programa de chistes si, pero nunca con el Chavo.

Lourdes said...

EXCELEEEEEEENTE!......Genial Toto!....

Valentina said...

Sencillamente brillante, mi Tots.

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