Wednesday, August 22, 2012

Reunir gente intensa tiene que ser un talento


Todo el mundo tiene un talento. Yo creo que el mío es reunir en un mismo salón a gente emocionalmente intensa. Esa es la conclusión a la que he llegado esta mañana del miércoles mientras recojo el último vaso de mi fiesta de cumpleaños. Son las ocho de la mañana y he comenzado a ordenar a las siete. La fiesta se clausuró hace no mucho y fue porque alguien dijo que había que trabajar. Si hubiera sabido que tendría que hacer nueve viajes a la cocina con una bandeja cargada de vasos de vidrio, habría puesto vasos de plástico. Pero llega una edad en la cual los vasos plásticos no pegan. Es como crecer y pretender que Mamma Nostra es la opción lógica para ir a un restaurante con tus amigos.

Lo de la intensidad en las emociones lo pienso porque no puede ser que mi fiesta se haya acabado a esta hora cuando ha tenido que ser cómo es en las demás casas: un “pásate esta noche que vamos a picar una tortica”. A fin de cuentas ese es el plan de un martes. Pero en mi casa la sencillez no existe salvo en el hecho que si se rompe una copa, nadie se estresa. Esto es intensidad. Sin baile porque soy tan niche que yo pongo el canal de DirecTv para amenizar la velada. Contemporary Hits se llama el canal.

Yo le echo la culpa al bar. Mi mamá dice que está obstinada de que esto sea un club pero yo le pongo las cosas en perspectiva: a mí me regalaron un bar. Si me hubieran puesto una piscina pues hubiera sido atleta. No creo que sea una cuestión meramente de alcohol sino de reunirse a conversar. Si tuviera un cuaderno de todo lo que se puede decir en una barra, no tendría más amigos. Aunque sí tuviera un best-seller en mis manos.

Si no, no entiendo. Esto es una mujer en estado que le parece demasiado lógico sentarse toda la noche en el bar con su vaso de soda, en vez de buscarse una silla, porque dice que así se siente en ambiente. A su lado una ex narradora de noticias que habla con una comediante sobre el bronceado mientras un DJ le toma fotos a un cuadro del Ávila que me han regalado hecho con una esponja y un pañito Yes. El político llega con una bolsa de hielo que salió a comprar porque tiene complejo de alcalde mientras que una relacionista pública le pone hielo a su prosecco y el ojo a la gente sin pose.

Esto es la mamá de dos que se desató porque necesita vacaciones, la doña que dice que no viene a mi cumpleaños el año que viene y la divorciada infatuada con el que aun no ha cumplido los treinta. Esto es el que pasea su primera novia, los recién casados y la recién terminada compartiendo historias. La heredera que se excusa de su pronta salida porque dice que alguien la extorsiona. Está el que no habla, la que quiere vivir aquí y la que no tiene idea quien soy yo pero me pide que le sirva más vino en su copa.

Este es un bar donde la que es cocinera ve una torta a lo lejos y pregunta si la Gata Luciani está de vacaciones porque es imposible que no haya torta de la Gata. El que se va a una esquina a hacer sabrá Dios qué y se encuentra conmigo detrás de una pared fumándome un cigarro, completamente colapsado por el “¿habrá más limón?” Esto es un papá que le saca a un cineasta el libro de cocina de Armando Scannone, la que va y viene a la cocina porque la cocina siempre es un lugar chévere, el que va al baño y termina en la puerta y el que viene en moto y se va en taxi.

Esto es el que pide agua, la que sirve whisky y el ex gordo que se quita la faja porque ya ta’ bueno ya. La que vende pulseras con aires sadomasoquistas en la fila para el baño y el que esconde cigarros porque uno nunca sabe cuando se acaban. Las hermanas que se despiden y cinco segundos después se sirven otro trago porque alguien les sacó conversa. La que busca novio y el que busca besos. Esto es la que se va caminando para su casa porque jura que vive en Suiza, la que termina una relación en la puerta y luego en su celular y el que mete las manos en la cava porque sabe que en el fondo queda otra botella para calmar el despecho.

Esto es la gente que me hace bailar al cantar cumpleaños como todo un ridículo porque sabe que no soporto ese particular momento de estrellato. Y esto es la que sopla mis velas antes de que se acabe la canción porque a ella no le cantaron cumpleaños cuando lo celebró en junio y pensó que éste sería un buen momento para sentirse querida.

Esta es la gente emocionalmente intensa. La que se va a las ocho de la mañana “porque hay que trabajar” dejándome recogiendo vasos con servilletas hechas trizas, un gallo que canta en la esquina y un pensamiento que dice: “reunir gente intensa tiene que ser un talento”.-

1 comment:

Messerto said...

Pues bien... Mal se ve que no la pasaste...
Feliz cumple! Atrasado pero mejor que nunca.

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