Tuesday, September 4, 2012

El Curioso Caso de Osvil Ocando


No suelo mencionar a mis amigos por sus nombres en el tea party porque me parece que quien no los conozca no les va a interesar el cuento. Por eso el uso de los sobrenombres que les he inventado. De esa manera cualquiera que lo lea pueda pensar que es un pana más. Pero hoy voy a hacer una excepción porque el cuento lo amerita. Solo tienen que saber que son gente chévere y que si los invitan a sus casas su mamá los amaría. Creo...

Mariana Zubillaga es mi amiga quien todos los lunes se une conmigo en la promesa de pasar una semana sin echarnos un palo. Esta iniciativa surgió una noche de noviembre de 2008. Todavía no la hemos cumplido pero cada lunes hacemos el pacto que de esta semana no pasa.

En un Paseo de Los Palos Grandes que se dio hace un año, nos tomaron una foto para una revista. Posamos como gente que se quiere y presto, pues ninguno de los dos somos ese tipo de personas que le toman una foto y luego le dicen al fotógrafo: “ay, pa’ veee.” Eso es un insulto.

Luego del flash, el fotógrafo nos pregunta nuestros nombres para la leyenda en la foto. Mariana da su nombre completo, “Mariana Zubillaga” y yo hago lo mismo: “es Toto, te o te o, Aguerrevere.” Mariana me ve incrédula y me dice: “ay sí, porque lo complicado de todooo tu nombre es Toto.” Le explico que la gente no entiende mi nombre de buenas a primeras porque en verdad ¿quién demonios se hace llamar Toto?  El fotógrafo anota los nombres y Mariana decide que yo soy un idiota. Cosa que le encanta por lo cual pasa una semana completa echando el cuento de cómo yo deletreo mi apodo pero no mi apellido.

Pasa un mes y el cuento se olvida.

Tres meses después, abro una revista y por casualidad caigo en la página donde está reseñada la fiesta a la cual fuimos. En la esquina de abajo está nuestra foto. Una con gente pana que provoca recortarla y guindarla en un corcho si todavía viviéramos en los noventa. Leo mi nombre, Toto Aguerrevere y luego leo el que debería ser Mariana Zubillaga:


Tukiti.

Pasa un año. Mariana Sevillana todavía no ha podido quitarse el sobrenombre. Mi dignidad de deletreo sigue intacta. Entra en escena mi amigo Carlos Julio Romero mejor conocido como It’s Good to Be. Yo lo llamo así porque es bueno ser él. Se ha recorrido todo el país promoviendo la campaña presidencial (casi se mata y todo pero no se murió porque hasta la Virgen María dice que es bueno ser él). Él es de los que saludan a todo el mundo, desde la barrendera en la plaza Bolívar hasta el cura del confesionario 3 del Don Bosco que no saluda a nadie. Encima lo invitan para todas las fiestas, aperturas de sobres y bautizos de muñecas inclusive. Hay una leyenda urbana sobre los matrimonios la cual dice que él viene incluido en la lista de presupuesto de la Agencia de Festejos Mar. Él lo niega pero yo creo que le pagan por ir a eventos. Y si no es verdad, lo siento, yo ese rumor lo esparcí hace añales.

Dada su alta receptividad social con las masas, es normal verlo retratado en una revista o en algún periódico. Cosa que sucede una mañana cuando en el desayuno abro mi periódico como de costumbre. En la sección de Cultura me detengo en los Sociales porque veo que mi amigo Carlos Julio Romero sale ahí retratado en un evento. Lo que no me espero es que el nombre es el siguiente:



Y yo solo pienso al ver esta foto, el pobre Osvil Ocando. No tengo la menor idea de quién es o si alguna vez le han tomado una foto. Pero que venga It’s Good to Be (que sale más en los periódicos que fábrica de repuestos pidiendo secretaria con buena presencia) a opacar y usurparle el nombre a otra persona es el colmo de las desgracias. Mi meta entonces es no solamente humillar a It’s Good to Be sino implorarle a que escriba una carta pública en defensa de Osvil Ocando que se perdió de un digno momento de estrellato en el periódico, así fuera para que lo recortara su abuela y guardara la foto para el recuerdo. Por supuesto el alter ego de It’s Good to Be pasa a ser Osvil Ocando de la misma manera en que Mariana Sevillana se queda Sevillana de por vida.

Pasan seis meses y mis protestas por la usurpación Ocando se olvidan. No del todo pero se minimiza la búsqueda #osvilalert porque llegamos a un punto en que decidimos que Osvil Ocando lamentablemente no existe.

Ayer llego a un almuerzo/despedida de una amiga que se va a vivir afuera. Como en todas las despedidas están los amigos de la universidad, de la vida y los del verano. Yo soy de los del verano, los que son más nuevos. Eso me da la responsabilidad de presentarme porque estoy de último en los anillos de seguridad de la amiga. Por lo tanto me toca hacer esos saluditos de “hola, encantado yo soy Toto” que se dan balbuceando hasta que llegas a la cava y sabes que ahí sí puedes decir “Yo a ti te conozco” con todas las de la ley.

Mientras doy la mano, cada quien me dice su nombre que como todos sabemos se olvidan al instante. “Mucho gusto Eduardo Arismuñismuñis, ah sí, sí, encantada María Gabriela Ferkamushumuy, hola sí ¿qué tal? Osvil Ocando, ah sí, sí, como no Patricia Ferni…. ¡ya va! Ya va, Patricia muévete… ¡OSVIL OCANDO!

Ahí está el mito urbano en persona. Yo me encuentro frente a frente con el señor que mi amigo It’s Good to Be usurpó malignamente. En vivo y en directo la imagen de la persona que no pudo tener su momento fotográfico por culpa de la prostitución social de mi propio amigo. Osvil Ocando es de carne y hueso. Y yo lo abrazo. Me da como pena, pero es Osvil. Es como cuando rescataron a los uruguayos en la película Alive. A esa gente los abrazó hasta el que no sabía que estaban perdidos.

Pasada la sorpresa de quien aparentemente se presenta como si hubiera conocido a Mister Increíble, léase yo, le digo a Osvil: “Amigo, disculpa tú si quieres me mandas a botar del almuerzo, pero yo tengo un grupo de amigos y mira vale nosotros te queremos. Tú eres un mito urbano y necesitábamos encontrarte para decirte que estamos de tu parte, que fuiste opacado pero por el mejor de todos.” Y luego, porque uno no es lo suficientemente groupie: “disculpa Osvil Ocando, ¿nos podemos tomar una foto porque yo necesito mandar esto a Reuters urgentemente? Sí, yo me tomé mi foto con Osvil Ocando.

¡Osvil ha sido encontrado!

Creo que Osvil Ocando se lo tomó bien. Por lo menos se rió. No debe ser fácil para alguien cuyo horóscopo esa mañana NO decía: “Serás abordado por el desquiciado con el cuento más chimbo de todos los tiempos”. Y lo peor es que le enseño los mensajes de mi grupo de amigos para que vea que no estoy mintiendo:

Toto: Les presento a Osvil Ocando (foto).  

It’s Good to Be: ¡No Nena No!

Nina: NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Akredmond: Nuestro Osvil Ocando ha sido encontrado. Ya puedo apagar la velita. Se hizo justicia.

Livefrommind: Osvil el de verdad?!?!?!?!?

Mariana Sevillana: ¿Quién es Osvil?

Y ahí es cuando me gusta pensar que Osvil Ocando entiende que hay mañanas en las que uno se despierta y no sabe que es famoso. Todo porque su nombre salió en el periódico y alguien le tumbó el puesto. Y que existo yo para hacer justicia.


Gracias Osvil Ocando, nos hiciste el 2012. Prometemos no stalkearte nunca pero estamos agradecidos por haberte encontrado y restituido la justicia social.-

4 comments:

Captain Arepa said...

Dios, no paro de reir con esta historia... es demasiado buena para ser cierta! Pero la foto del final lo corrobora. Existe la justicia! Viva Osvil! Viva Toto! Saludos!

Manuela Zarate said...

Es verdad. Es verdad. En el club de lectura lo llamamos Osvil Ocando. Y yo lo llamé Osvil Ocando. Mis hermanas se van a morir cuando lean esto!!!!!!!!! Jajajaja. (Es que It´s Good to be es como mi morocho de otra barriga). Es decir, Osvil, durante un tiempo fuiste mi morocho de otra barriga...jajajajaa

Valentina said...

Empecé a leer esto y moría de risa porque ayer le escribí a alguien en una agencia de viajes pidiendo una cotización. Escribí desde mi cuenta personal de correo, en la que aparece como remitente "Valentina Tepedino", mi email es valentina.tepedino@... y firmé el mail como... exacto, Valentina Tepedino! por alguna razón que no logro terminar entender, a esta ilustre trabajadora del rubro turismo se le ocurrió rebautizarme como "Teodelina", lo cual superó todos los niveles en cuanto a la confusión con mi complicadísimo (?) nombre (estoy acostumbrada a que me llamen Valeria, Verónica e incluso Vanessa, pero Teodelina is epic).

En fin, también me mató que finalmente encontraras a Osvil. Creo que había que ser Toto para que esto pasara!.

Susana said...

Lo que me he reido con esta historia! Y en plena clase! Mis estudiantes de repente pensaron que estaba loca y les tuve que explicar...como son gringos no entendieron...oh, well! Genial! Claro, que eso le pasa a mi pobre hermano a cada rato; se llama Alberto y lo llaman Roberto, Alfonso, Alvaro, Fernando, etc. Es increíble! Yo, desde que vivo en EEUU asumi que me llamo Suzanna....

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