Saturday, September 1, 2012

Yo juzgué a las Misses (y salí como Gasparín en cámara)

A los ocho minutos de haber comenzado el Miss Venezuela consideré renunciar a ser jurado. Ya había salido en cámara diciéndole a Boris Izaguirre que por esos “cuerpitos” yo les daría a las candidatas unos cuentos de sobremesa. Osmel Sousa, enfundado en una chaqueta verde perico, se había bajado de un piano y las Misses habían salido con vestidos dorados los cuales estoy seguro fueron copiadas del especial “Una Navidad con She-Ra”.

Para alguien que ya hubiera tuiteado no menos de 36 veces desde la comodidad de su casa, esto fue una prueba de fuego. Puesto sobre mi mesa del jurado estaba la tentación de mi celular. A pesar del “Toto tuitea lo que quieras” que me decía la gente de Venevisión, sabía que si lo agarraba, no llegaría ni a juzgar la prueba de traje de baño. Para el momento en que las Misses salieron en mini falda y plataformas, me di cuenta de una cosa: no era autocensura, era que yo me estaba gozando demasiado el show.

La noche empezó con una corredera. Me corté afeitándome en tres partes y me cayó pasta de dientes encima de una corbata finita que había decidido ponerme. Eso hizo que me decidiera por un corbatín negro de Dior(dado)  de mi abuelo que no me servía bien pero me encantaba porque el reverso era blanco. Para solucionarlo, le amarré una liguita debajo del cuello. Una elegancia buhoneril para variar pero creo que me puso en actitud. No iba a pretender yo ser el más elegante de la noche.


Llegar al Hotel Tamanaco con mi date Mónica Sordo, la diseñadora de mis yuntas y de las pulseras que usó Eglantina Zingg, fue una travesía por el tráfico. Con quince minutos para comenzar, corrimos hacia el restaurante donde nos íbamos a reunir con el resto del jurado. Una cosa que no se vio en cámara fue que el hotel estaba decorado con puros maniquíes con los vestidos de las ex Miss Venezuela. Algo que me pareció bien bonito porque le daba un aire de tradición a la celebración de los sesenta años.

Al entrar al restaurante estaba todo el jurado, muy elegante. Todas las cámaras apuntaban a Ismael Cala, pues la gente se quería fotografiar con él. Yo no, yo quería un tequeño. Lo que conseguí fue una copa de vino tinto la cual acepté con gusto, hasta que alguien dijo: “vamos a entrar”. Me empiné la copa. Lo consideré un gesto celebratorio a mi renuncia por cinco horas de algo sólido en mi estomago.

No sé cómo se vio en televisión pero el escenario dentro del Salón Naiguatá se veía sensacional. Algo completamente high-tech dado el espacio en donde estábamos que de por si nunca ha sido un sitio bonito. Una asistente de Venevisión me enseñó mi puesto, el primero de la primera fila lo cual me emocionó pues a mi lado sentaron a Marianella Salazar. Una cosa es ver el show, otra es verla con gente que puedes echar cuentos fantásticos. A su lado estaba Mauro Barazarte y mi único lamento es que no tuviéramos un micrófono de bala para que la gente oyera lo que comentábamos los tres.

Mi date de la noche: Monica Sordo
Yo siempre había pensado que este concurso estaba arreglado. La favorita en prensa siempre era la que ganaba y el jurado estaba ahí como de adorno. Cosa menos cierta pues en ningún momento se me dio indicación alguna salvo: “la que les guste es. Aquí no vale votar por la hija de tal, o la amiga de quien. La que ustedes crean que es la mejor, es la mejor.” Quizás fue por eso que hubo grandes batacazos. Porque en verdad, salvo lo que comentábamos entre el jurado durante los comerciales, nadie sabía por quien votaba el otro.



A mí me gustó desde las entrevistas la niña de Falcón. Me parecía una Lilian Tintori sin el efecto hiperactivo. Ella, Bolívar, Cojedes, Amazonas y Sucre se llevaron mis más altas puntuaciones durante las entrevistas. Le siguieron Yaracuy, Mérida, Guárico, Monagas y Península Goajira. En el mismo opening mi opinión cambió. Aragua resaltaba sobre todas las demás. Quizás era su altura pero verla a ella, era ver a alguien que se comía el escenario.

Y luego posé mis ojos en Guárico. María Gabriela Isler lo había hecho muy bien en las entrevistas. Una niña con una cara sensacional, muy calmada y elegante. Viéndolas a todas de dorado, me dio la impresión que ella no pertenecía ahí sino un poco más adelante que las demás. Falcón, Aragua, Cojedes, Bolívar y Guárico tenían algo que no se veía en las otras: una actitud de gozarse el momento.

Así se vio en el desfile en traje de baño. Es muy difícil juzgar a 24 mujeres cuya dieta por tres meses fue lechuga y nervios. Agradecí mucho que la de Amazonas fuera tan buena porque le subía el nivel a las que le seguían. Para mí, la de Falcón fue la mejor en este segmento. Tenía un caminar sensacional. Sucre me gustó mucho. A pesar de no quedar entre las diez, voté por ella en las dos oportunidades. Era muy buena candidata y desde que la vi sentí la curiosidad de ver cómo le ponían una corona al afro.

Mi foto favorita del 2012
Una cosa que me impresionó de Venevisión fue su inserción en las redes sociales. En mi mesa tenía una pantallita donde veía lo mismo que veían los venezolanos en casa y podía ver cómo calificaba la gente a las Misses. Entiendo que Miranda gustó mucho al igual que Yaracuy y la chica de Mérida. Y ver los puntos aunque no eran definitivos para mi decisión, por lo menos orientaban hacia lo que era un gusto general.

De los shows musicales me gustó mucho el de Karina. A pesar de estar vestida como un Barney Gay, fue una canción que caló bien entre el público, sobre todo las barras en la parte de atrás. Me hubiera gustado que la dejaran cantar más canciones, porque lo de Prince Royce me pareció larguísimo. Olga Tañón insuperable. Ella nos quiere y punto. También fue la prueba de que mientras más sencilla estés, más bonita te ves. Olga Tañón y Eglantina fueron los aciertos de la noche por lo bellas que estaban.

Sobre los animadores, a mí lo que me pasa es que siento que debería haber uno porque si no se cancelan. Leonardo Villalobos fue lo más seguro de la noche, sin un traspiés, como si Emilio Graterón estuviera animando el show. Pero no es Gilberto Correa y eso es una comparación que siempre es terrible. A Mariangel Ruiz la sentí bien dependiendo del vestido que tenía. El que más me gustó fue uno dorado que usó brevemente porque se veía como es ella pero hasta más bonita. Aunque cuando salió con el frac y la crineja quise subirme al escenario, arrancársela y decirle: “¡si nos vamos por el look andrógino, usted se amarra una cola!”

Pero entiendo que con los vestidos, hay que tomar en cuenta que son para un show y no para usarse en una fiesta. Pero eso no quiere decir que lo sencillo no sea memorable. Recuerdo que tenía que votar por el vestido más bonito y estuve tentado a poner: “el segundo de Eglantina Zingg y el que tiene la jurado Yliana Yépez”. Lo que sentí fue que los diseñadores de las Misses se pasaron con el brillantero. Cada niña que pasaba tenía más cristales que una mina y lo impresionante era oír como sonaban cuando caminaban. Por un momento me imaginé a Marianella Salazar con unos audífonos de fiscal de aeropuerto.

Aquí para mí se lo ganó Guárico. No quedaba para más nadie salvo la de Cojedes que caminó como no lo hizo ninguna. Pero lo de Guárico era una elegancia innata. Le han podido poner una bolsa de plástico e igual se lo ganaba. Amazonas y Aragua (sin el botuto en la parte de atrás) fueron otras que me gustaron mucho al igual que Táchira. Aunque sin duda el vestido más bonito lo tuvo la de Península Goajira una vez que dejó de mover el trapo que tenía en la cabeza. Por ese fue el que voté para que ganara el diseñador.

El momento Gasparín

La presentación del jurado fue un desastre jocoso. Como mencioné, yo tenía una televisión en mi mesa. Al anunciar a Boris con una luz más potente que un foco de estadio pensé, "berro se ve viejo". Luego le tocó el turno a Titina y ahí fue cuando me le voltée a Marianella: “¡saca la polvera que nos van a acribillar en Twitter!” La luz hacía que nos viéramos completamente blancos. Y así, mientras alertaba a los de mi mesa lo que iba a suceder, me poncharon en cámara.

No oí nada de lo que dijo Eglantina de mi cuando me presentó. Solo recuerdo que saludé como niño de primaria que ve a su mamá en un acto de fin de curso. Lo que sí recuerdo es que me pareció eterno. Tengan en cuenta, soy yo viendo una cámara y de reojo viéndome en televisión. Gasparín el fantasma era menos blanco que yo en ese momento. Pero a lo hecho, pecho. ¿Cuándo en la vida me van a presentar como jurado de nada? Cuando no hay nada que hacer, lo que queda es gozarse el momento. Aunque la pobre fue la que la presentaron como dama de sociedad. ¡Qué raya! Eso nos valió en Twitter el comentario que más me gustó de la noche: “el jurado no está hecho en socialismo sino en socialité”. ¡Chapeaux!

Las diez finalistas se escogieron con la sorpresiva omisión de Sucre y Mérida quien ganó dos bandas como Miss Fotogenia y Miss Amistad. Cosas que pasan. Ismael Cala tuvo una buena participación aunque lo del arma secreta y los sobres me pareció larguísimo (cuatro horas sin un tequeño a estas alturas). Ahí se me cayeron algunas por sus respuestas y decidí que la corona estaba entre Falcón y Guárico. Esta última con la respuesta más acertada de la noche por supuesto aunque me hubiera gustado más con la espontaneidad de Falcón.

Votamos por la ganadora en un corte comercial que pareció eterno. Mientras estábamos fuera del aire la hacía señas de suerte a las cinco que permanecían petrificadas en el escenario. Casi les doy mi sillita porque en verdad no ha debido ser fácil ese momento. Al salir Irene Esser con el rosetón en el pecho solo podía pensar en cinammon rolls del hambre que tenía. Anunciaron a Guárico como ganadora y el resto es historia. Espero que haya sido acertada la decisión para los concursos internacionales. Para ese momento yo lo único que quería hacer era echarme un palo.


En la fiesta de coronación hablé con los directivos de Venevisión. Estaban muertos de la risa con los pocos tweets que hice, cosa que me hizo pensar que he debido tuitear todo lo que pensaba del show y san se acabó. Felicité a todas las candidatas que me encontré. Las que no quedaron se veían tranquilas aunque imagino no ha debido ser fácil pero las vi contentas bailando con su familia y amigos. Memorable fue una que entre copas me lloró: “¿por qué no quedéeee?” Le dije: “Tenga dignidad. Usted es una reina”. Mentira, le dije otra cosa más políticamente correcta, pero me hubiera quedado sensacional.

No sé si volvería a ser jurado otra vez si me escogen. Me encantó hacerlo pero creo que soy mejor comentándolo. Como le dije a alguien esa noche: los comentarios en Twitter son la prueba de que aquí hay Miss Venezuela pa’ rato. Agallúo el que venga a ponerse frente a una cámara en este evento porque tiene que entender que es un show visto por todos y que lo chévere está en la gozadera de comentarlo como si estuvieras en pijama. Al día siguiente nadie exige la renuncia de la Miss, ni de los presentadores ni de los creativos del show. Lo que queda es el recuerdo de haber gozado en familia y que tenemos que hablar seriamente con la industria publicitaria sobre los comerciales de zapatos.

Miss Guardaespaldas
Ya veremos si me escogen otra vez en un futuro pero lo dudo. Mientras tanto el esmoquin se lo dejo a otro que llene mi puesto de jurado extraordinario. A sabiendas de que su decisión le cambia la vida a una mujer que vivió una noche tan linda como esa. Que pase lo que pase, la mejor recomendación es gozarse el show. Y venirse con una galletica de soda en el paltó.

1 comment:

Julieta Buitrago said...

Toto yo quería que tuitearas más!!! me aburrí sin ti!

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