Leo una noticia
sobre un señor en la India
de 96 años que se convirtió recientemente en el padre más viejo del mundo. 96 años. Discúlpenme
pero esta noticia no es buena para nadie excepto quizás para la gente que hace
Viagra. ¿Ustedes se imaginan los regaños que va a recibir ese pobre niño? Una
cosa es que mi mamá me haya dicho “que sea la primera y última vez que yo te
vea haciendo eso.” Ese anciano de 96 años le dice eso al hijo y se tiene que poner
a llorar.
Una de las cosas
que yo agradezco de venir de padres que no usaron mi coche como andadera es que
sus regaños fueron producto del desespero y no de la senilidad. Un desespero
que por cierto me hizo cuestionarlos bastantes. Porque no puede ser que compare
respuestas con otros hijos de familias desesperadas y vea que los regaños
fueron los mismos. Como si se hubieran quedado toda la noche pensando “a ver
son las tres de la mañana y no llega, a ver, a ver, ¿con qué frase me la
comería? Ajá llegó. ¡Mira! Esto no es un hotel ¿oíste?” Ajá mamá, qué original.
Lo que me parece
cómico es que mis amigos que ahora son padres sufren de amnesia y los veo
repetir las mismas cosas que todos nos prometimos alguna vez que jamás diríamos.
Sobre todo porque hay regaños que son de épocas. A un niño ya no se le puede
gritar “ATIEEENDE” por la sencilla razón de que esta generación de enjambres
iTouch no tienen idea de cómo levantar un teléfono fijo. Gritarle a un hijo que
atienda el teléfono hoy en día es tener que verlos pasando el dedo por el
auricular diciendo: “pero ¿cómo?... No entiendo… ¿aló?...”
Pero así como
ese regaño pasó de moda, no puedo creer que otros sigan vigentes. ¿Cómo es
posible que no se haya acabado el regaño “es que tú no cuidas las cosas”? Dios,
qué calvario. “Bájame el perro del sofá… que no afinques los marcadores así… es
que ¡claro que no sirve la impresora! si es que tú no cuidas las cosas.” Este
regaño siempre me molestó sobre todo porque ellos tampoco es que eran curadores
de museo. “¿Quién me quitó mis anteojos?” Papá, los tienes puestos encima de la
cabeza…
El tema de los
regaños es que siempre había uno para todo. Si dejaba las luces prendidas me
preguntaban “¿y tú eres Zuloaga?” Si dejaba los zapatos regados mi mamá entraba
en modo Isaura con “claro, como tú juras que tienes una esclava que todo te lo
hace…” Ok, Robotina, cálmate. Y si no hacía algo que me pedían dos segundos
después de la solicitud ya salía con “¡es que hay que ver que tú no colaboras
en nada!” Cosa que siempre me pareció un insulto. Debe ser que ellos
aprendieron a como meter un CD, enchufar el DVD, abrirse un correo, usar
Facebook y tener una cuenta en Twitter solitos… Eso un hijo lo llama ¡colaboración!
Y paciencia que es tácito a la hora de lidiar con padres.
Claro, había
grados de intensidad en los regaños. Si era algo como “¡es que tú lo que
quieres es volverme loca!” no era tan grave. Eso era un reto. El problema venía
cuando me llamaban por mi nombre. Si la cosa era “Toto que te vayas a acostar
ya dije ya”, bueno está bien… Ahora, si venía con mi nombre de tarjeta de
bautizo, olvídense. “Óyeme bien, Juan José, ahora sí vas a saber quien soy
yo...” Eso era horrible. Un Juan José en mi casa equivalía a taparme los oídos,
salir corriendo, agarrar papel y lápiz y sentarme a escribir: “Querido Niño
Jesús, yo necesito URGENTE unos papás de reemplazo.”
Lo mejor de los
regaños era cuando ellos tenían todas las de perder. Que se le volaban todos
los cables y no sabían ni que frase usar. “¡Deja que llegue tu papá de la
oficina para que veas lo que es bueno!” ¿Qué delegación de poder era ese? O
cuando te frenaban como alcabala sin oírte. “Mamá mira que voy a quedarme en
casa de…” NO. Pero mamá que me viene a buscar su mamá para… NO. Anda maaami,
que nos vamos todas después del colegio. Que NO Ene O, NO. Ok, entendido pero
¿por qué el deletreo? ¿Será que había que hablarles “M-A-M-A- C-H-A-O-ooo?” “Ah
sí, si hijo ¡vaya con D-I-O-S!”
No fue fácil eso
de los regaños… Suerte tiene el hijo del papá ese con 96 años. Ese chamo tiene
respuesta a todos los regaños clichés que dicen los padres. A ese niñito le
dicen: “¿y tú crees que yo nací ayer?” Eh no, papá, naciste en la Primera Guerra Mundial… “¡Por
qué todo lo tuyo tiene que ser tan difícil!” Papá, disculpa, ¿te has visto a ti
subiendo una escalera?… Y el que más angustia me da: “No sé que vas a hacer
tú cuando ya yo no esté aquí para ti”. “Pero papá, eso es que si en tres
meses…” Terrible. Por no decir un cliché.-

1 comments:
Ay Scoobs uno cuando es padre le da por ahi y entiende la razon por la cual los padres de uno dicen lo que dicen. Creeme que no estaban tan equivocados!
El otro dia le dijimos a Santiago "deja de hablar y cuentame que fue lo que te paso?"!!! No hay nada mas incoherente que eso, cada vez que me lo decian me daba rabia y ahora lo digo.
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