La vida te
prepara para todo lo bueno. Si estudias, sacas veinte. Si trabajas, te puedes
mudar de tu casa. Si te fajas, consigues a la mujer. Si te propones ser feliz,
puedes lograrlo. Así de sencilla es la vida. Pero el problema es que la vida no
te prepara para lo malo. Mucho menos para lo peor.
Comprender un
accidente, incluso la muerte, es algo que no se estudia. Se vive y se aprende.
Y es difícil, quizás lo más difícil que pueda aprender el hombre. Porque no hay
acción previa a la consecuencia. Recibes el coñazo y la vida continúa. Punto.
Para el que se
va ahí quedó su vida. Una historia que amarró sus lazos para hacer un círculo
perfecto. Pero para los que se quedan, esa misma historia queda en serpentina. Comienzan
las preguntas, las dudas, y el inevitable cuestionamiento sobre los componentes
de la rueda de la fortuna. Dicen que el aleteo de una mariposa es capaz de
crear un tsunami. ¿Dónde estaba esa mariposa y por qué ese día no voló?
Yo creo que no
se aprende del todo. Uno vive con esa tara y la hace parte de su historia hasta
que un día decide dejar quieta la serpentina. Jamás la olvida pero la deja
quieta. La vida continúa… Inevitablemente. Y para comprender la muerte, uno tiene
que prometerse vivir. Así vuelen por mucho tiempo las coloridas serpentinas.-

1 comments:
Loved it!
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