Esto de pensar en una foto por día es un tema difícil. Estoy en lo que quizás sean las mejores dos semanas en cuanto a trabajo de mi vida y no puedo dejar de apartar una hora o dos para tomar la foto. Hay diez carpetas de traducciones al lado de mi escritorio, un manuscrito sin terminar, cinco llamadas sin contestar y no me interesan. Tomar esa única foto es lo que más placer me da de todo mi día.
Soy malo haciéndolo. No sé tomar una buena foto, amén de que mi cámara es la que usaría para tomarme fotos con el Pato Donald. Pero me encanta toda la conceptualización, el momento antes de tomar la foto. La idea me viene al instante de recibir la asignación y solo es cuestión de correr para encontrar los materiales y armar el escenario. Reducir mi idea exagerada de una mujer con billetes en mano dentro de una catedral prendida en velas por una toma cerrada de una plañidera con un manojo de billetes alumbrados por un bombillo de rabo de cochino cuesta, pero se hace lo que se puede para gozarse el resultado.
El concurso llama a buscar un hilo conductor y el mío ha fluctuado a medida que pasan los días. Me ha entrado la idea de la tristeza y de la opresión en la cabeza como concepto. La ironía es que no veo lo triste sino hasta que cargo la cámara a la computadora y mira las fotos. No sé si se vea pero me gusta; adentrarme en la tristeza es algo que nunca he hecho como ejercicio.
Día #1 – Un Mamífero Volador
Poco preparado para este concurso, confieso que le tomé una foto a mi loro con mi celular hasta que Manuela Zarate me alertó que los loros no son mamíferos. Asumida mi brutalidad, y revisado el concepto de mamífero, me puse a pensar en piñatas. Una de mis frases favoritas es “Creo fielmente que las piñatas promueven la violencia en contra de los animales exóticos”. De niños le caemos a palos a nuestros héroes o algún animal hecho de cartón y papel y no lo pensamos dos veces lo que eso conlleva. Yo estoy a favor de la piñata, cáiganle a pedradas todo lo que quieran, eso nos cansa como niños pero en verdad es un tema de opresión. Es una de las pocas instancias en donde el humano siempre le gana al súper héroe. ¿Quién es el bueno? ¿A quién pertenece la bota entonces?
Día #2 – Una Patilla Suicida
Cuando recibí la asignación pensé en Alberto Federico Ravell. Me imaginé una foto cinco años más adelante, donde la hegemonía comunicacional sea más boli-victoriana que nunca. A tal punto que es mejor permitir que los propios censuradores pasen a ser los narradores de las noticias para evitar un cierre. Me gustó la idea de hacer una foto en donde alguien acaba de leer la noticia por Internet y se levanta, prende el televisor para ver si es verdad. Allí está el canal del Estado confirmándolo. Todo es hegemónico, no hay ni una sola verdad más que un título de comunicador pegado a la pared que ya no sirve. No sé si es Ravell la figura que se lanza por la ventana. Yo confieso que me monté ahí porque sentí curiosidad en saber lo que se sentía llegar a ese punto donde no hay más camino posible.
Día #3 – Una Compra Nerviosa
Nuevamente jugué con la soledad del día anterior. La caja de aceite llega a la casa anunciando buenas nuevas por lo menos para un mes de cocina pero no hay nada alegre en eso. Hasta los santos y el perro lo saben. La figura que sale del cuadro la deja ahí de momento. Pronto la vendrá a buscar para guardarla pero está llegando a casa y ahora no quiere saber más nada sobre eso. Lo que busca es ver un sol que ya pronto se va. Viéndola unos días después no es mi foto favorita pero me gustó el concepto en su momento, donde el perro es protagonista de una cosa que los hombres necesitan y que no encuentran. Muy canino eso de la escasez, donde hay que escarbar para encontrar.
Día #4 – Una Plañidera
Después del “niñooo ¿cómo no vas a saber lo que es una plañidera?” de mi mamá cuando la llamé a preguntarle por el concepto, Wikipedia me ayudó a entender que una plañidera es una señora a quien se le paga para que llore en los entierros. Antiguamente llevaban un vaso donde derramaban sus lágrimas y lo enterraban con los muertos para mostrarles a los dioses que habían sido llorados, un privilegio solo de ricos.
Mi idea inicial fue hacer una foto de Josefa viendo el desfile del 4 de febrero. Para ella, no poder ver Sábado Sensacional porque hay cadena es un entierro. Pero no me provocó convencerla por lo que decidí hacer una toma cerrada como si una plañidera estuviese saliendo a trabajar. El fruto de los entierros de ayer está sobre la mesa y con el periódico ya tiene visteado a los nuevos que va a llorar. A la izquierda su vestido y a la derecha su manto, en el medio sus rosarios. Un desastre tomar esta foto por el tema de la luz que la quería oscura pero me gusta como quedó el color de los billetes.
Día # 5 – Un Diente de Leche

En mi computadora yacen no menos de dos mil fotos de mi sobrina con sus dos dientes de leche. Unas fotos lindísimas de alguien que se ríe sin parar y que más mona no puede ser. Pero a mí me molesta encasquetarle una foto de un bebé ajeno a otro. A todos nos parece que nuestros bebés son cuchis y los demás no. Entonces mi foto no iba a ser linda por lo cual descarté a mi sobrina y me fui por lo horrendo, mis propios dientes de leche. Yo no sé el por qué demonios guardé mis dientes en una caja pero el hecho es que los guardé. Es lo más mórbido que tengo pero si la Plañidera llora por los muertos pues a mí en algún momento me pareció propio recordar mis dientes. Lo puse un poco fúnebre para jugar con la tristeza nuevamente pero después vi que mi reflejo podía salir y decidí enseñar mis dientes de ahora. La foto es fea pero me da risa. Cuando vi que captar mi reflejo involucraba ponerme la cámara en la oreja para tomar la foto, me reí y no me vencí hasta conseguirla.
Día # 6 – Un Derecho de Admisión

De todos los derechos del mundo, hay unos que te admiten solamente porque tú eres un nombre, eres hijo de alguien, eres amigo de alguien, pagaste una membresía para ser alguien o mira, eres pana y te invitan pa’ todas partes. Quise jugar con eso, con la identidad en esta foto. Yo soy admitido a un sinnúmero de fiestas por una tarjeta que llega a mi casa metida en un sobre color hueso. Esa tarjeta implica mi derecho de admisión a un lugar. Pero ese derecho también lleva a una perdida completa de mi personalidad. Esa admisión me quiere en letras cursivas y en tinta china, sin apodos pero con apellidos. Visto en múltiples tarjetas, donde ninguna se diferencia de la otra, la opresión se hace mayor. Esas tarjetas me dicen ¿quieres ser admitido a un mundo? Asume la caligrafía con la que se escriben las normas de esa sociedad que te invita a entrar. Es una foto aburrida pero me recuerda mucho al Juan José Aguerrevere que se moría por ser tan elegante como los sobres de todas esas fiestas y al Toto que un buen día hace tiempo dijo “¿y cómo pa’qué?”.
Día # 7 – Un Ataque de un Tiburón

Le menté la madre a Roberto Mata cuando leí la asignación. Pero así son los retos, los ves imposibles y de repente llegas a un cuadro sensacional. Mi primera idea fue tomarme una foto en flux con chapaletas y mascarilla todo mojado con parte del pantalón mordido. Pero algo me llevó a este baño de esta casa en particular y pensé en Marat. El mayor tiburón sangriento de todos que denunció a un sinfín de franceses en la época del terror, murió metido en una bañera. Mi composición cambió cuando encontré el gorro de baño y pensé a manera de chiste, ¿en verdad qué harías si encuentras un tiburón metido en tu bañera? Pues lo matas. Uno se tiene que defender de la opresión del otro, por más fuerte que parezca y si éste tiene el tupé de bañarse con un gorro de baño estrafalario, pues con más razón todavía. En la foto, el ataque del tiburón ya pasó, y aunque ignoramos lo que hizo, ahora es el turno del oprimido para atacar (con bellos pantaloncitos chupi chupi arremangados sin razón alguna pero es su turno igual).
Espero que pueda continuar este reto por 22 días más. Seguro mañana me pelo, pero me parece un ejercicio sensacional de introspección. Ahora me da pena publicar todo esto pero uno, dos, tres.. váyalo! Critiques welcome, pero por ahora las de "Toto abre el foco más y desintegra el diafragma de exposición" no me sirven porque mi camarita Sony es como todo regalo que Japón le ha dado al mundo: "aprieta el botón y listo".-