Tuesday, June 26, 2012

Si no es chavista, no es venezolano


Hoy me he pasado la mañana mirando mi cédula de identidad. No la he visto con detenimiento desde que me la saqué por primera vez a los nueve años. Ese acto marcó mi vida pues no solo me dio un número de identificación, también me obligó a meterme una cartera en el bolsillo trasero de mi pantalón. La ciudadanía hace eso, te regala identidad y una nalga más acolchada que la otra.

Miro el papel plastificado y solo pienso en una cosa: Dios qué sexy es mi huella dactilar. Veo mi foto y confirmo que no es casualidad que el “SOLTERO” vaya en mayúsculas. Compruebo mis nombres, mi fecha de nacimiento y opino que mi firma es más de autógrafo que la del director del SAIME. Sí, todo está normal, hasta la identificación del país al cual pertenezco y más abajo la nacionalidad que ostento. “VENEZOLANO”, dice, así en letras negritas como para que no se me olvide jamás.

Volteo la cédula para ver si por ahí está lo que busco pero no encuentro nada (mentira, hay una calcomanía de Badtz-Maru que me pegó mi sobrina y me parece lo máximo). La pongo a contraluz para ver si hay una marca de agua, un holograma o algún mensaje oculto que excitaría a John Nash. Pero nada sale. En mi cedula de identidad no dice que yo soy chavista.

En el aniversario de la Batalla de Carabobo, el Presidente de mi país dijo: “si no es chavista, no es venezolano”. Una frase que no la inventó él pero que manda a gente como yo a sacar su cédula. Hace dos mil años Jesús patentó el cartelón que dice: “el que no está conmigo, está en mi contra”. Luego inventaron el micrófono y Lenin lo aprovechó para gritar: “cada hombre debe elegir si está de nuestro lado o en el otro lado”. Y en una galaxia muy, muy lejos de aquí, Darth Vader se lanzó entre alientos: “si no estás conmigo, entonces sois mi enemigo”. En conclusión, el Presidente es medio copioneto pero se le perdona porque La Guerra de las Galaxias tiene una cita pa’ todo.

Esa frase me inquieta. Si mi cédula dice que soy venezolano pero el Presidente dice que no lo soy porque no creo en el chavismo, ¿quién tiene la razón? Me voy a la Constitución para que me aclare la pregunta pero entre la maraña de “serán venezolanos y venezolanas los y las nacidos y nacidas dentro y dentra del territorio y territoria”, ¿quién entiende si ahí dice que hay que ser chavista y chavisto también?

Decido darle el beneficio de la duda al Presidente por un momento. Está bien, como no soy chavista no soy venezolano. Pero si eso es así, creo que me tiene que aclarar algo que no entiendo: ¿de dónde soy entonces? Yo tengo un acta de nacimiento, una cédula de identidad, una licencia de conducir y un pasaporte que dicen “Venezuela” por todas partes. Pero si eso no queda en la misma Venezuela que se profesa chavista, entonces yo estoy perdido.

El problema con una frase como esa es que no da una dirección. No es como cuando la gente te dice: “No mi rey, usted está en el piso 8. Tiene que subir al piso 9 pero suba al 10 y baje porque el ascensor está malo”. Ahí yo sé como es la guarandinga. Pero si el Presidente no se lanza una de P. Sherman, Calle Wallaby 42, Sydney, si aquí no hay una Oficina del Ministerio del Poder Popular para la Gente Desubicada, entonces yo tengo que asumir que soy venezolano y quepo en este país a pesar de no ser chavista.

Espero que las palabras dichas por el Presidente se las lleve el viento. No solo porque nadie me puede decir cómo debo pensar, sino porque en verdad no tengo a donde ir. Mi familia llegó a Venezuela cuando los Aeroexpreso Ejecutivos se manejaban a lo Picapiedra. Me entiendo con la gente que dice “buenas” y me encanta vivir en un sitio donde solo uso suéter cuando Pacheco me sigue en Twitter. No tengo problemas con una Constitución Nacional que valora el pluralismo político y la democracia por igual. Si yo creo en todo eso, Presidente, ¿cuál es su problema con que yo me niegue a usar su apellido?

No quiero ser chavista, ni tampoco caprilista o norkisbatista. Yo solo quiero ser lo que dice mi cédula: “venezolano”. Y odiaría pensar que un día me digan que si no acepto las condiciones de un partido me tenga que largar de Venezuela. Me moriría tener que entregar mi cédula de identidad en una puerta de embarque y decir afuera que vengo de la Nada solo porque un Presidente decidió que yo no tengo nacionalidad. Lo que quiero es contar con un mandatario que diga “tú eres tan venezolano como yo”. Porque eso es lo que hacen los líderes modernos, incluyen por sobre todas las cosas a todo aquel que llame a una nación su país. Sin importar cómo piense.-

Wednesday, June 20, 2012

¿Dónde c@$% está Matt?



Matt es un gringo de 35 años que baila malísimo. Demasiado mal. Y un día se le ocurrió ir por todas partes del mundo a bailar mal. Esto lo ha hecho recorrer cientos de países con la esperanza de que otra gente loca como él se anime a salir en uno de sus videos titulados “Where the Hell is Matt”. Ya salió la versión del 2012 con la suerte de que Venezuela está incluida por primera vez. Fue grabado el año pasado en los predios de Parque del Este en Caracas donde unas cien personas se animaron a bailar El Meneito con Matt.  Enjoy! Su página es una maravilla, tiene el mapa que dice dónde está para que la gente se anote a encontrarse con él para bailar… mal.

Tuesday, June 19, 2012

A escabullirse al ático



Lo bueno de tener esta edad es que uno va por la vida con pocos peroles. Pero a veces, ya sea porque te mudas solo o arrejuntado, necesitas muebles. Nadie puede vivir dentro de un hueco de concreto cual tiburón en acuario porque es mentira que un chinchorro todo lo arregla. Mi amiga Queen Zubi me dejó el pelero como socia para concentrarse en su sueño: una venta de garaje online donde la gente pueda comprar y vender sus muebles con la comodidad de un click (frase cliché pero queda sensacional aquí). Se llama En El Ático. Yo le dije que era mejor "En el Depósito" porque ático suena a Heidi pero Zubi me dijo que yo era un idiota.

El mecanismo es sencillo: en vez de irte a Bo Concept y empeñar a la suegra, tú te metes en enelatico.com y buscas lámparas, mesas, sillas o camas que te gusten. Lo mejor que tiene la Zubi es que no acepta cachivaches sino muebles en buen estado que ya sus dueños no quieren (no sé porque no los quieren pero puedo preguntar, esas dudas siempre son chéveres). Compras tus cosas por Internet y presto. En menos de una semana te las puedes echar que tienes una silla para ver Sony.

Lo mismo ocurre a la inversa, si quieres vender cosas porque te mudas, te vas del país o porque te dio una de Salvador Dalí y tapizaste toda la casa de relojes menopáusicos y tus muebles ya no te pegan, pues subes tu foto en enelatico.com y le rezas a las siete vírgenes que la gente se haya entusiasmado con el párrafo anterior que acabo de escribir para que te los compren. En el Atico es fácil, sencillo, confiable. Y lo mejor de todo es que no me gano comisión por esta pu-bli-ci-dad porque la Zubi me trata como un ex-marido.

Enjoy! No puedo insistir más en que tenemos que rescatar los muebles viejos de las casas de nuestros papás/abuelos y reusarlos. Cada vez más estoy yendo a visitar a mis amigos y si no fuera por los marcos con la foto clásica de la novia que dura hasta que se pone gorda, no sabría en qué casa estoy. Y eso es un error porque no podemos vivir como catálogos.  En cuarenta años cuando nos toque vender el mismo sofá ultramoderno que nos compramos todos al mudarnos, la gente nos va a ver con esta misma cara:

A Maléfica nunca le enviaron una participación


Disney acaba de publicar la primera imagen de Angelina Jolie como Maléfica en la película del mimso nombre que se estrenará en el 2014. El parecido es increíble con el dibujo animado de 1959, lo cual abre una gran expectativa ya que Jolie es perfecta para el papel. Yo no sé la razón pero toda la vida me ha parecido que Maléfica está buena. Ahora, también tengo que ir al oculista pronto porque no veo de lejos así que de repente estoy equivocado.

Lo que sí me gusta de Maléfica es que lleva la personalidad, además de la razón más cool para volver ñoña a un reino: no la invitaron a un bonche. Eso no lo tenían los otros villanos, quienes sufrían de un complejo o tenían una necesidad. Por ejemplo, la bruja de Blanca Nieves quería ser bella sin Botox y la madrastra en Cenicienta estaba urgida de una muchacha fija. En cambio Hades, Scar, Úrsula y Jafar solo querían gobernar a punta de un golpe de Estado. Lo único que no he descubierto todavía es ¿qué demonios quería el Capitán Garfio?

Maléfica no era así, ella no necesitaba nada pues era todo lo que podía ser: una emperatriz del mal con un gusto preocupante por el polvo de cara verde. Tenía una legión de trolls, una vara con WiFi y un cuervo que le podía ir a buscar un Kentucky Fried Chicken cuando le provocara. Si me preguntan a mí, la relacionista pública del Rey Estéfano se peló. La primera en mi lista de invitados hubiera sido la Señora Maléfica Gutiérrez. ¿Saben lo difícil que es vivir en el siglo XIV y conseguir recepción de señal para esa vara?

He estado pensando en Maléfica porque a mi casa ha llegado una tarjeta de participación. Eso es cuando no te invitan a una fiesta pero te participan que la van a hacer para que no te sientas. Aparentemente es una costumbre elegante que ya no se usa. Pero me gusta pensar que es la manera más bonita que tiene la Papelería Crane para decir: “no te vistas que no vas”.

Me ando debatiendo sobre la tarjeta pues una cosa es que te inviten y otra es que no lo hagan. A Maléfica no le dieron ese término medio. Ni siquiera la opción para que pusiera “Maybe Attending” en Facebook. A mí sí. Una persona se tomó la molestia de imprimir una tarjeta, mandarle a escribir mi nombre en letra Vivaldi y traérmela a mi casa a una hora fantasmal para no toparse conmigo. Me parece un buen gesto aunque considerando el trajín y el tráfico (amén de que no soy tan amigo aparentemente), yo me hubiera hecho el loco.

Lo que yo me pregunto es: si te mandan una participación ¿hay que enviar regalo? Cuando te invitan de verdad, verdad es educado reciprocar el gesto. Pero cuando te invitan pero no te invitan ¿no sería lógico enviar una tarjeta que dijera: “te participo que no te voy a comprar nada”? Esto es lo que pasa cuando Disney no te enseña todo lo que tienes que saber en la vida. Si a Maléfica le hubieran enviado una participación se hubiera vuelto un culo.

La verdad es que hubiera preferido que no me mandaran una tarjeta aunque estoy agradecido igual. Todo lo que implique no ponerse un flux es bueno. O quizás hubiera preferido que me enviaran una tarjeta que dijera: “Te participo que puedes colearte a mi fiesta a partir de las 12 de la noche”. ¿No es genial? Cuando la gente se casa se ven obligados a invitar a 777 viejos de la tercera edad que se comen todos los arruchaditos y se van a las 9:30. Esos los tienes que invitar. No por obligación sino porque son la gente que te regala cuadros.

Pero la gente que consideras tus amigos (los tipo Facebook, los amigos “amigos” de cajón que están invitados) se quedan por fuera. Y eso es porque nadie participa que pueden venir cuando el último viejo ya bailó el pasodoble y saludó a la novia diciéndole “¿y ésta quién es?” Así sí vale la pena una participación. Uno no va a los eventos donde no está invitado, pero si te participan que te puedes colear, es un insulto decir que no.

Yo lo voy a dejar de ese tamaño. O de repente les mando una cajita de Valium como la que le dio Maléfica a la Princesa Aurora por picada. Considerando estos tiempos de crisis, regalar una pastilla para dormir tiene que ser lo máximo. No estoy invitado a la fiesta pero por lo menos nadie puede decir que mi participación en la escogencia del regalo no fue memorable.

Monday, June 18, 2012

¡Cállate Sicilia!


El problema con el Día del Padre es que después del ritual de entregar un regalo inútil y comer parrilla, en verdad no hay mucho que hacer. Es un domingo en el cual nada interesante sucede por lo cual muchos recurrimos al Twitter de la misma manera en la que Tom Hanks se metía en Internet para ver si Meg Ryan le había escrito un correo. Esto se llama “actualizar la ladilla”.

Por lo general encontramos dos tipos de tweets. El primero es: “Darth Vader se cambió al Mal el día que recibió la cajita pegada con pasta que decía ‘Para el Mejor Papá’”. Luego está el segundo: “Cárcel YA para Ricky Martin y su pareja y para toda pareja gay que obligue a un hijo criarse de ESE modo. ¡CARCEL YA!”

El primero lo escribió una persona que vio como su tweet pasó al cementerio de pensamientos no retwitteados. El segundo lo escribió el comediante Carlos Sicilia en su cuenta @siciliastandup. Ya venía de lanzarse otros comentarios bajo esa misma premisa. El primero fue: “Yo solo acepto los derechos gay hasta el poder vivir y casarse. Lo de Ricky Martin viola los derechos de esos niños”.

Luego escribió: “Nadie le consultó a los hijos de @RickyMartin si querían tener unos padres gay. Ricky y su pareja deberían ir PRESOS”. Continuó con: “Acepto que seas gay y vivas y te cases con otro gay adulto de mutuo acuerdo. Pero FORZAR niños a vivir ESO es CRIMINAL!” Y finalmente, porque uno no es humorista hasta que no se lanza un chiste: “Un hijo de @RickyMartin: “¿Qué es eso?” “El pene de tu papá!” “Pero es MUY grande!” “No. Y deja que veas EL DE TU MAMÁ”.

Digamos que después de esos tweets, el Día del Padre se puso un poco más interesante.

Si algo aprendimos del Atlas de Alicia Machado es que hay que pensar si lo que vas a twittear tiene sentido. Nadie lo cumple por supuesto pero hay una delgada línea entre lo cómico y lo estúpido. Con el perdón del Sr. Sicilia, a quien no conozco, esto no es estúpido, es sencillamente retrogrado.

Es cómico pensar que el Sr. Sicilia ignora que la gran mayoría de los homosexuales fueron criados por dos heterosexuales. Y nadie quiere que su hijo sea gay. Lo que quieren es que sea feliz. Asumir que un padre va a corromper a su hijo solo porque él tiene una orientación sexual distinta a la que ha existido desde que Adán descubrió que podía metérsele a Eva no explica entonces cómo es que hay padres heterosexuales que mantienen relaciones sentimentales con sus hijas o hijos.

Sí, Sr. Sicilia, es cierto, nadie consultó a los hijos de Martin si querían tener unos padres gay. Pero nadie le consultó a la austríaca Elisabeth Fritzi si quería que su papá la encerrara en un sótano por 24 años y la embarazara con siete hijos. Nadie le consultó a Kevin, un niño de ocho años, si quiere vender rosas por los predios del Centro San Ignacio a medianoche. Nadie le consulta a los hijos si quieren tener unos padres homofóbicos o xenófobos o antisemitas. Como verá Sr. Sicilia, es una cuestión de perspectiva.

¿Qué tiene de malo ser hijo de Ricky Martin? Ser perseguido por la prensa el día que tienes la pepa más grande en la cara es lo único. De resto, eres hijo de un padre que trabajó lo suficiente como para que tú no tengas que preocuparte sobre las finanzas del hogar. Que te ofrece casa, educación, oportunidad de viajar y sobre todo tolerancia. Disculpe Sr. Sicilia, pero yo vengo de un hogar heterosexual y eso fue lo mismo que me dieron a mí en casa. Lo único que no me dieron fue un corte de pelo demasiado cool.

Vivimos en tiempos en donde la homofobia no tiene sentido. Tarde o temprano nos tenemos que sentar como sociedad a admitir que todo el mundo que quiera casarse con quien lo hace feliz pueda hacerlo. Que todo aquel que desee formar una familia tenga los mecanismos garantizados para lograrlo. Hay demasiada violencia doméstica en este país como para no apostar por los hogares felices. Hay demasiada polarización de pensamiento como para también meterse con gente cuyos derechos no están reconocidos en la Constitución.

Yo no espero Sr. Sicilia que se retracte. A pesar de vivir en un país de censuras, usted todavía puede decir lo que piensa y yo aún puedo escribir estas letras. Pero no juzgue homofóbicamente a unos niños que seguro están haciendo el mismo dibujo de carritos que hacen los hijos de Chuck Norris. No pida cárcel para los que solo intentan ser felices. Más bien pida cárcel para los que no los dejan ser. Y si eso no le place, entonces creo que es momento de leer las menciones que le hacen en su cuenta de Twitter. Sobre todo mi favorita la cual dice: “Cállate Sicilia”.-

Thursday, June 14, 2012

Pa' Flaquito, Yo


Henrique Capríles Radonski
Alguna casa por ahí en Venezuela
Ciudad.-

Estimado Candidato Capríles alias “El Flaquito”:

Como muchos, yo fui parte de esa gran masa de gente que lo acompañó a inscribirlo como candidato presidencial ante el CNE. Según Mario Silva no fuimos tantos, pero si hay que ir a probar ante el Tribunal del YSEA (“Yo Si Estuve Ahí”), yo tengo un bronceado en los brazos tipo portu que puede servir como prueba.

Yo no sé si es que teníamos una energía atracada en el cuerpo o si es que estamos hartos de ser gobernados por gente que niega existimos. Pero lo cierto es que los ciudadanos no habíamos estado tan ansiosos de salir a apoyar una causa desde que McDonald’s sacó su Combo del Día.

Lo acompañamos hacia Plaza Caracas como quien va pa’ la esquina. Ahí no hubo miedo, ni consignas negativas, ni esposa insufrible que dice cosas como “ay pero esto sí es lejos”. Llegar hacia esa tarima donde usted se montó más sudado que asiento de taxista fue la prueba de que no se trata de conquistar espacios. Se trata de conquistar futuro.

“Como te quiero Venezuela”. Mire, con esa sola frase usted logró que hasta mi abuelo, un macho vernáculo que no cree en pitillos, se le aguara el guarapo. Esa sola frase bastó para que la franela Ovejita se abrazara con la camisa Columbia y probó que usted es un líder que no solo transmite pasión por la Nación sino que nos recuerda lo mucho que nos gusta ser venezolanos. Y encima se lleva bien con su ex. En serio, ¿quién es usted?

Ahora bien, si todo eso fue lo máximo y los que estamos montados en el autobús creemos en usted como los chamos creen en el que termina de romper la piñata, me puede explicar a mí, un homo sapiens de 65 kilos cuya única grasa es la capilar, ¿qué demonios hace usted, maratonista y visitante casero, apodándose “El Flaquito?”

Está bien, el origen del cuento es burda de cuchi. Pero a mí me parece que si se va a unir a esta secta de hombres que todavía caben en la molécula del Museo de los Niños y compran en Graffiti Kids, usted tiene que cumplir con una serie de parámetros antes de hacerse llamar flaquito. Por ejemplo, si usted llega a una parte y le dicen “qué flaco estás”, usted no entra. Si a usted le dicen: “beeeeerro, cómete algo”, bienvenido a mi mundo.

Ojo, flaco sí, eso lo es usted. Pero flaquito somos los que nos mandamos dos pizzas en una sola sentada y a nuestro metabolismo le da flojera (Misses, discúlpennos). Flaquitos somos aquellos cuya mamá le intentó dar Emulsión de Scott sabor naranja para que engordara y hoy en día tenemos sesiones dos veces por semana con el psicólogo sobre como nuestra madre nos desgració la naranjita para siempre.

Le digo esto porque ‘pa flaquito, yo. Y si usted es el estándar de flaco entonces yo lo que soy es un código de barras. Así que me va haciendo el favor y se quita el “ito”. Quédese en flaco. Porque en la carrera del flaquito, no compite precisamente con el gritón de la verruga. Ahí la cosa es conmigo.

Gracias. Mi papá le manda a decir que tiene a una hija a la que puede divorciar en un dos por tres si le interesa.

Atentamente,

Uno más flaco que usted.

Thursday, June 7, 2012

Holly 20-Twelve


Si no fuera tan ajustado, el vestido que carga podría perfectamente ser aquel que se vio recientemente en el maniquí de la vitrina de Custo Barcelona. Los tacones de negro patente la hacen parecer más alta de lo que es pero de estar en la playa, sería catalogada como mediana. Sus ojos achinados están enmarcados por una pollina cortada al ras como La Chica del Dragón Tatuado y su boca no tiene nada que buscar en el consultorio de un experto en colágeno.

Nadie la voltearía a ver en un restaurante entre la 53 y Lexington. Pero esto no es Nueva York. Esto es Caracas. Donde las mujeres se arreglan para salir pero no con este esmero para una cena sencilla de un miércoles de lluvia. La boliburguesía habrá podido causar estragos en nuestros estilos de vida pero la caraqueña que conoce de elegancia sabe que los miércoles son de pantalones de cigarrillo, no de vestidos de escote.

Hay algo en esta mujer que no cuadra. De repente es la manera como camina con desenfado hacia su mesa. No voltea porque no conoce a nadie o tal vez conoce a demasiados. Quizás sea su pareja, un hombre maduro que pertenece menos al Diner’s Set y más a la sección Economía y Negocios del periódico. Los años de diferencia entre ellos se notan a leguas. Su esposa no es, hija menos. Quizás una sobrina recién egresada del Istituto Marangoni. Pero no puede ser. Ninguna mujer regresa de vivir en Milán portando un Custo.

Es su opción de trago lo que da indicios del secreto de esta camelia. Una botella de champaña no dice gran cosa, de hecho pasaría desapercibida en ágapes de aniversario o en cenas donde está presente un mocoso con medalla de graduación sobre su pecho. Pero esta botella de espumas, rosadas no más, es solamente para el deleite de la mística Gatúbela. Un discreto whisky sour en las manos de su veterano acompañante así lo confirman. Las celebraciones espontaneas no son comunes en una sociedad que ha aprendido a brindar económicamente con prosecco.

Al ser testigos del campaneo de un brindis con una risa de laringe ahumada y un juego de roces entre manos nada discretos, las mesas ajenas comienzan silenciosamente a hacer apuestas. ¿Es o no es?, se preguntan. El rumor de que han sido vistas en restaurantes de lujo y discotecas de moda no deja duda. La comensal no puede ser más que una joven sumada al arte de la prostitución high-end. "Una pre-pago", como la llaman en una mesa y "puta" los que no andan con rodeos.

Hay demasiado hombre solitario, que no es limitante, con real en este país como para no apreciar la oportunidad de negocio. No son mujeres de presentarlas en casa y eso ellas lo saben. Pero una pasión de una hora en cama ajena escondidas del mundo se puede hacer con cualquiera. Estas Holly Golightly ofrecen el combo: cena y conversa en público, cogida en privado.

Ya no es la cougar, el socio “casualmente” gay ni el cuarteto de solteras los que desafían la moral de aquellos que se vuelven victorianos al ver amenazado su entorno. Son estas, las nuevas cocottes con criollos cocoteros, las que levantan las suspicacias de comensales que se beben el juicio con sus tragos y se comen su morbo con el postre. ¿Es o no es? Solo lo sabe quien contrata el servicio.

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