Sunday, September 23, 2012

La Pava Eléctrica



Hace un mes me eché en mi cama para ver una pelíucla con la laptop montada sobre el pecho. Al ver que me quedaba poca pila agarré el cable y enchufé la computadora a la pared. Continué con mi peli cuando sentí un sonido que me parecía extrañamente familiar. No venía de la película sino del aire acondicionado el cual intentaba prenderse. No le di mucha importancia en su momento. Solo pensé que la computadora tenía calor y le andaba enviando señales subliminales al productor de frio.

Craso error.

Tres días después mi cuarto dejó de prender. Ni el aire ni la luz sirven. Solo un enchufe que da corriente y un bombillo de cochinito en el baño el cual se quemó al cuarto día. Ese el comienzo de lo que yo llamo una pava eléctrica.

Tengo un corto circuito en el cuarto el cual no se puede solucionar sin romper la pared completa. El electricista viene un día sí y un día no. Prende el interruptor como si esperara un milagro y se larga. Suficiente con decir que no solamente no tengo luz, también tengo un electricista amateur.

Ojalá la pava eléctrica quedase allí.

Dos semanas después mi computadora comienza a echar chispas. El voltaje de la caja en rojo hace que la computadora se apague cuando le da la gana. Sé que debo apagarla completamente pero tengo siete entregas que no puedo postergar. Se lo comento al electricista amateur quien jurunga un cable. La computadora muere. Dentro están todos mis escritos desde el 2007. Me siento como Wall-E sin Eva. El electricista no ha vuelto más. Yo me he contentado al recibir todos esos cariñosos mensajes que dicen: “¿pero cómo no tenías un backup?” #mascuchi.

Ayer tuiteo fenomenal. En serio, hay días en los que no te puedes creer tus tweets. Que la gente piense lo contrario y no retuitee ya es otra cosa pero yo me gozo mis tweets del día. ¿Cómo demonios soborna Wilmer Ruperti a Juan Carlos Caldera en unos muebles de mimbre tan feos, por Dios? Como me quedo sin pila, decido enchufar el cargador a mi celular. Este se vuelve lento en cuestión de minutos hasta que sencillamente no prende más. Solo una pantalla en blanco que dice App Error 602. Lloro. En mi celular tenía el teléfono de mi electricista.

Esta mañana me levanto con la acostumbrada picada de mosquito en el cachete. A falta de luz, duermo con las cortinas abiertas como en la selva. No hay plaquetas que prevengan la rumba de insectos que vuelan sobre mi cabeza. A un mosquito en particular le fascino yo. Ya nos hemos hecho amigos y todos. La llamo “Talullah”. La Talu viene todas las noches a besarme en el cachete.

Rascándome la mejilla, me dispongo a resolver lo del celular como sea. Estar sin computadora es una cosa pero sin celular es como estar sin cocaína. Nunca he hecho cocaína pero me imagino que así debe ser la sensación. “Su dispositivo no puede ser conectado” es el primer mensaje. No puede ser, no puede ser que esté más salado que el sostén de La Sirenita. Lo intento siete veces más porque yo soy ese tipo de gente que hace una cosa una y otra vez. ¡Shazám! ¡Funcionó! (pausa para burlarse de que Toto escribió Shazám).

El teléfono se restaura, sin la ayuda de mi electricista. Pero mis contactos no. La foto idiota frente al espejo donde se ve la papelera, ah esa sí está pero mis contactos: MISSING. Y no puede ser que tenga que sucumbir al fatídico caso de “Se me perdieron todos mis contactos. Por favor agréguenme”. Eso es tan 2009.

Logro restaurar mi celular a mayo del 2010. Eso me da una lista de contactos con gente que ya no tengo idea de quien es. Las fotos de sus avatares son puros bebés que seguro ya están en el Kínder o saben fumar. Algo es algo. Por lo menos eso es lo que me digo cuando me convenzo de que mi celular me dio un chance para retroceder dos años de mi vida. Así lo veo. Eso sí, todos mis one night stands no están en la lista de mi celular. Es una manera bonita de borrar el ratón moral.

Pero insisto, estoy salado. La Electricidad: 4, Toto: 0 (bueno, 1 porque restauré el celular a medias) y el Electricista de Toto: Menos 20.  En verdad, lo único que me falta para tener una semana sensacionalmente electrizante es meter el dedo en un enchufe y quedar como el pelo de Mónica Geller en Bárbados. Yo no sé si alguien me montó una brujería (amig@ pero por lo menos devuélveme la luz del cuarto), si es una conspiración de Talullah el mosquito o si en verdad me tocaba vivir como un damnificado eléctrico por culpa de un electricista amateur. Pero quiero todos mis artefactos de vuelta. Porque vivir sin luz es la tragedia del Siglo XXI. Es extremadamente cursi andar por la noche con una vela como si yo fuera Ebenezer Scrooge. Y más aun con contactos de gente que ya ni me habla.

Así no se puede.

Mientras escribía esto me salió catorce veces el siguiente mensaje en la laptop: McAfee ha bloqueado un virus potencial de sobrecapacidad de información. El que quiera sal que me lama.-

Friday, September 14, 2012

Celebradores del Destino

 
Me encanta que mis amigos sean creativos. Son gente que despega su cara de la almohada en la mañana y salen por ahí a hacer cosas inusuales que los motivan. En una era de oficinas, es rico saber que hay personas que andan por la calle en la búsqueda de una foto, un ritmo musical o un momento qué pintar. A fin de cuentas ellos son los verdaderos intérpretes de la belleza.
 
Daniel y Marienna son dos amigos míos que andan tras esa búsqueda. Arqueólogos de destinos, unieron su pasión por la fotografía para fundar una empresa dedicada a retratar momentos especiales de nuestras vidas. En mi caso particular, fotos para una revista. Marienna es como yo, inventora. Y como ambos sabemos que de esta nariz y calva no hay mucho que sacar, pues inventamos fotos chéveres para mandar. Gozamos un mundo tomándome fotos y con ella y con Daniel he aprendido la importancia de la luz y que trabajar con gente profesional que sean panas a la vez, no solamente es lo máximo. Es que así debería ser.
 
Los dos tienen una empresa llamada OS Studio, la cual está dedicada a los videos de momentos especiales, como las piñatas, primeras comuniones y matrimonios. A mí lo que me gusta de estos videos es que cuentan la historia de dos personas con sus papás y sobre todo con los amigos que los acompañaron ese día. A fin de cuentas somos nosotros los que nos vamos a tener que calar el “ay vengan para que vean mi video”. Los que he visto de OS Studio me encantan porque son completamente documentales, concentrándose en la espontaneidad sin tanta posadera.


 
 Marienna me cuenta que OS Studio ofrece el servicio de contar una historia, bien sea un matrimonio o una piñata en HD con dos cámaras impecablemente editados y con la energía que cada pareja le de a su momento. En fotos hacen muchas sesiones en pareja pero como me dice ella “CERO cursis, Toto porque no hay nada peor que te anden criticando después”. Son más relajadas. Y en video “hacemos algo que llamamos el ‘día extra’. Además del día de la ceremonia y fiesta, en el video aparecen otras imágenes de los novios que puedan ser de otros días, ya sea para anunciar la fecha o porque se quisieron volver a vestir de novios para tomarse fotos más relajados. Esa parte nos lo han agradecido un montón”.
 
Aquí les dejo su página de videos y los contactos. “Y ojo, cero careros” me dicen. Que sean caros o no, a mí no me importa. Lo que me interesa es que sigan siendo tan creativos y simpáticos como siempre lo han sido Marienna y Daniel. Y que incentiven a la gente a hacer videos de sus cumpleaños en un futuro cercano. Está bien casarse y piratear, pero ya basta de no celebrarse a si mismo.-

 
Los videos los pueden ver aquí: http://vimeo.com/channels/393515
Página en Facebook: http://www.facebook.com/OrangeSkiesStudio
Las fotos de Marienna las pueden ver aquí:

Monday, September 10, 2012

Almas en Desnivel


Las luces del edificio se apagan lentamente
hasta que solo brilla la del hombre que escribe una carta de amor
y la de la solitaria que desea leerla.

Sunday, September 9, 2012

Mi Conclusión

Mi conclusión es que te di miedo. Te parecí alguien que podrías presentar perfectamente en tu casa sin necesidad de un pretexto. La perfecta mezcla entre la banalidad, la genialidad y la locura. Una persona a quien echarle cuentos que de ninguna otra manera sabría. Alguien con quien pelear porque, francamente, ganar siempre cansa. Fui ese a quien le confesarías tus miedos pero jamás tus pecados. Pero mi conclusión es que te di miedo. Porque no sabes quién hubieras sido conmigo. Y eso te enferma. 

Mi otra conclusión es que no te gusté.

Y esa segunda, donde ambos callamos y dejamos que el viento cumpla el necesario cometido del olvido, siempre parece ser la más aceptable cuando de tu boca no termina de salir lo que yo ahora sé.-

Friday, September 7, 2012

Las Verdades Que Te Entierran


Hoy me pasó algo desagradable: dije una verdad. Y descubrí que cuando uno dice las verdades, ni siquiera se da cuenta. Son los otros los que se percatan de ellas. Mi día pasó como cualquier otro, una agenda por cumplir sin el tiempo suficiente para gozarme el Sol. Ignorando que en ese mismo momento alguien le contaba a otra mi verdad y ésta pasaba a convertirse en una gran mentira.

Cuando uno se entera de que alguien habla mal de otro, lo lógico es levantar el teléfono. Pero eso no sucede. Nos gusta jugar al telefonito como cuando éramos chamos. Un secreteo al oído cambia palabras y de repente el emisor de mensajes se encuentra bajo tierra. Porque eso hacen las verdades mal contadas. Te entierran y te hacen misa pero no te guardan luto.

Y lo que más aprecio de mi día es que la persona afectada haya tenido la cortesía de llamarme en el mismo momento en que yo dejaba un mensaje. De explicar lo que le habían contado y de oír lo que yo había dicho. De entender el porqué dije la verdad y de estar de acuerdo conmigo. A sabiendas de que hay plañideras que les gusta entumecer lo que en piedra nunca fue escrito.

Hay gente noble en este mundo. Y yo no soy una de ellas. A pesar de que digo la verdad. Duélale a la plañidera.-

Let it go, let it go. This water lives in Mombasa anyway. (Out of Africa)



Tuesday, September 4, 2012

El Curioso Caso de Osvil Ocando


No suelo mencionar a mis amigos por sus nombres en el tea party porque me parece que quien no los conozca no les va a interesar el cuento. Por eso el uso de los sobrenombres que les he inventado. De esa manera cualquiera que lo lea pueda pensar que es un pana más. Pero hoy voy a hacer una excepción porque el cuento lo amerita. Solo tienen que saber que son gente chévere y que si los invitan a sus casas su mamá los amaría. Creo...

Mariana Zubillaga es mi amiga quien todos los lunes se une conmigo en la promesa de pasar una semana sin echarnos un palo. Esta iniciativa surgió una noche de noviembre de 2008. Todavía no la hemos cumplido pero cada lunes hacemos el pacto que de esta semana no pasa.

En un Paseo de Los Palos Grandes que se dio hace un año, nos tomaron una foto para una revista. Posamos como gente que se quiere y presto, pues ninguno de los dos somos ese tipo de personas que le toman una foto y luego le dicen al fotógrafo: “ay, pa’ veee.” Eso es un insulto.

Luego del flash, el fotógrafo nos pregunta nuestros nombres para la leyenda en la foto. Mariana da su nombre completo, “Mariana Zubillaga” y yo hago lo mismo: “es Toto, te o te o, Aguerrevere.” Mariana me ve incrédula y me dice: “ay sí, porque lo complicado de todooo tu nombre es Toto.” Le explico que la gente no entiende mi nombre de buenas a primeras porque en verdad ¿quién demonios se hace llamar Toto?  El fotógrafo anota los nombres y Mariana decide que yo soy un idiota. Cosa que le encanta por lo cual pasa una semana completa echando el cuento de cómo yo deletreo mi apodo pero no mi apellido.

Pasa un mes y el cuento se olvida.

Tres meses después, abro una revista y por casualidad caigo en la página donde está reseñada la fiesta a la cual fuimos. En la esquina de abajo está nuestra foto. Una con gente pana que provoca recortarla y guindarla en un corcho si todavía viviéramos en los noventa. Leo mi nombre, Toto Aguerrevere y luego leo el que debería ser Mariana Zubillaga:


Tukiti.

Pasa un año. Mariana Sevillana todavía no ha podido quitarse el sobrenombre. Mi dignidad de deletreo sigue intacta. Entra en escena mi amigo Carlos Julio Romero mejor conocido como It’s Good to Be. Yo lo llamo así porque es bueno ser él. Se ha recorrido todo el país promoviendo la campaña presidencial (casi se mata y todo pero no se murió porque hasta la Virgen María dice que es bueno ser él). Él es de los que saludan a todo el mundo, desde la barrendera en la plaza Bolívar hasta el cura del confesionario 3 del Don Bosco que no saluda a nadie. Encima lo invitan para todas las fiestas, aperturas de sobres y bautizos de muñecas inclusive. Hay una leyenda urbana sobre los matrimonios la cual dice que él viene incluido en la lista de presupuesto de la Agencia de Festejos Mar. Él lo niega pero yo creo que le pagan por ir a eventos. Y si no es verdad, lo siento, yo ese rumor lo esparcí hace añales.

Dada su alta receptividad social con las masas, es normal verlo retratado en una revista o en algún periódico. Cosa que sucede una mañana cuando en el desayuno abro mi periódico como de costumbre. En la sección de Cultura me detengo en los Sociales porque veo que mi amigo Carlos Julio Romero sale ahí retratado en un evento. Lo que no me espero es que el nombre es el siguiente:



Y yo solo pienso al ver esta foto, el pobre Osvil Ocando. No tengo la menor idea de quién es o si alguna vez le han tomado una foto. Pero que venga It’s Good to Be (que sale más en los periódicos que fábrica de repuestos pidiendo secretaria con buena presencia) a opacar y usurparle el nombre a otra persona es el colmo de las desgracias. Mi meta entonces es no solamente humillar a It’s Good to Be sino implorarle a que escriba una carta pública en defensa de Osvil Ocando que se perdió de un digno momento de estrellato en el periódico, así fuera para que lo recortara su abuela y guardara la foto para el recuerdo. Por supuesto el alter ego de It’s Good to Be pasa a ser Osvil Ocando de la misma manera en que Mariana Sevillana se queda Sevillana de por vida.

Pasan seis meses y mis protestas por la usurpación Ocando se olvidan. No del todo pero se minimiza la búsqueda #osvilalert porque llegamos a un punto en que decidimos que Osvil Ocando lamentablemente no existe.

Ayer llego a un almuerzo/despedida de una amiga que se va a vivir afuera. Como en todas las despedidas están los amigos de la universidad, de la vida y los del verano. Yo soy de los del verano, los que son más nuevos. Eso me da la responsabilidad de presentarme porque estoy de último en los anillos de seguridad de la amiga. Por lo tanto me toca hacer esos saluditos de “hola, encantado yo soy Toto” que se dan balbuceando hasta que llegas a la cava y sabes que ahí sí puedes decir “Yo a ti te conozco” con todas las de la ley.

Mientras doy la mano, cada quien me dice su nombre que como todos sabemos se olvidan al instante. “Mucho gusto Eduardo Arismuñismuñis, ah sí, sí, encantada María Gabriela Ferkamushumuy, hola sí ¿qué tal? Osvil Ocando, ah sí, sí, como no Patricia Ferni…. ¡ya va! Ya va, Patricia muévete… ¡OSVIL OCANDO!

Ahí está el mito urbano en persona. Yo me encuentro frente a frente con el señor que mi amigo It’s Good to Be usurpó malignamente. En vivo y en directo la imagen de la persona que no pudo tener su momento fotográfico por culpa de la prostitución social de mi propio amigo. Osvil Ocando es de carne y hueso. Y yo lo abrazo. Me da como pena, pero es Osvil. Es como cuando rescataron a los uruguayos en la película Alive. A esa gente los abrazó hasta el que no sabía que estaban perdidos.

Pasada la sorpresa de quien aparentemente se presenta como si hubiera conocido a Mister Increíble, léase yo, le digo a Osvil: “Amigo, disculpa tú si quieres me mandas a botar del almuerzo, pero yo tengo un grupo de amigos y mira vale nosotros te queremos. Tú eres un mito urbano y necesitábamos encontrarte para decirte que estamos de tu parte, que fuiste opacado pero por el mejor de todos.” Y luego, porque uno no es lo suficientemente groupie: “disculpa Osvil Ocando, ¿nos podemos tomar una foto porque yo necesito mandar esto a Reuters urgentemente? Sí, yo me tomé mi foto con Osvil Ocando.

¡Osvil ha sido encontrado!

Creo que Osvil Ocando se lo tomó bien. Por lo menos se rió. No debe ser fácil para alguien cuyo horóscopo esa mañana NO decía: “Serás abordado por el desquiciado con el cuento más chimbo de todos los tiempos”. Y lo peor es que le enseño los mensajes de mi grupo de amigos para que vea que no estoy mintiendo:

Toto: Les presento a Osvil Ocando (foto).  

It’s Good to Be: ¡No Nena No!

Nina: NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Akredmond: Nuestro Osvil Ocando ha sido encontrado. Ya puedo apagar la velita. Se hizo justicia.

Livefrommind: Osvil el de verdad?!?!?!?!?

Mariana Sevillana: ¿Quién es Osvil?

Y ahí es cuando me gusta pensar que Osvil Ocando entiende que hay mañanas en las que uno se despierta y no sabe que es famoso. Todo porque su nombre salió en el periódico y alguien le tumbó el puesto. Y que existo yo para hacer justicia.


Gracias Osvil Ocando, nos hiciste el 2012. Prometemos no stalkearte nunca pero estamos agradecidos por haberte encontrado y restituido la justicia social.-

Saturday, September 1, 2012

Yo juzgué a las Misses (y salí como Gasparín en cámara)

A los ocho minutos de haber comenzado el Miss Venezuela consideré renunciar a ser jurado. Ya había salido en cámara diciéndole a Boris Izaguirre que por esos “cuerpitos” yo les daría a las candidatas unos cuentos de sobremesa. Osmel Sousa, enfundado en una chaqueta verde perico, se había bajado de un piano y las Misses habían salido con vestidos dorados los cuales estoy seguro fueron copiadas del especial “Una Navidad con She-Ra”.

Para alguien que ya hubiera tuiteado no menos de 36 veces desde la comodidad de su casa, esto fue una prueba de fuego. Puesto sobre mi mesa del jurado estaba la tentación de mi celular. A pesar del “Toto tuitea lo que quieras” que me decía la gente de Venevisión, sabía que si lo agarraba, no llegaría ni a juzgar la prueba de traje de baño. Para el momento en que las Misses salieron en mini falda y plataformas, me di cuenta de una cosa: no era autocensura, era que yo me estaba gozando demasiado el show.

La noche empezó con una corredera. Me corté afeitándome en tres partes y me cayó pasta de dientes encima de una corbata finita que había decidido ponerme. Eso hizo que me decidiera por un corbatín negro de Dior(dado)  de mi abuelo que no me servía bien pero me encantaba porque el reverso era blanco. Para solucionarlo, le amarré una liguita debajo del cuello. Una elegancia buhoneril para variar pero creo que me puso en actitud. No iba a pretender yo ser el más elegante de la noche.


Llegar al Hotel Tamanaco con mi date Mónica Sordo, la diseñadora de mis yuntas y de las pulseras que usó Eglantina Zingg, fue una travesía por el tráfico. Con quince minutos para comenzar, corrimos hacia el restaurante donde nos íbamos a reunir con el resto del jurado. Una cosa que no se vio en cámara fue que el hotel estaba decorado con puros maniquíes con los vestidos de las ex Miss Venezuela. Algo que me pareció bien bonito porque le daba un aire de tradición a la celebración de los sesenta años.

Al entrar al restaurante estaba todo el jurado, muy elegante. Todas las cámaras apuntaban a Ismael Cala, pues la gente se quería fotografiar con él. Yo no, yo quería un tequeño. Lo que conseguí fue una copa de vino tinto la cual acepté con gusto, hasta que alguien dijo: “vamos a entrar”. Me empiné la copa. Lo consideré un gesto celebratorio a mi renuncia por cinco horas de algo sólido en mi estomago.

No sé cómo se vio en televisión pero el escenario dentro del Salón Naiguatá se veía sensacional. Algo completamente high-tech dado el espacio en donde estábamos que de por si nunca ha sido un sitio bonito. Una asistente de Venevisión me enseñó mi puesto, el primero de la primera fila lo cual me emocionó pues a mi lado sentaron a Marianella Salazar. Una cosa es ver el show, otra es verla con gente que puedes echar cuentos fantásticos. A su lado estaba Mauro Barazarte y mi único lamento es que no tuviéramos un micrófono de bala para que la gente oyera lo que comentábamos los tres.

Mi date de la noche: Monica Sordo
Yo siempre había pensado que este concurso estaba arreglado. La favorita en prensa siempre era la que ganaba y el jurado estaba ahí como de adorno. Cosa menos cierta pues en ningún momento se me dio indicación alguna salvo: “la que les guste es. Aquí no vale votar por la hija de tal, o la amiga de quien. La que ustedes crean que es la mejor, es la mejor.” Quizás fue por eso que hubo grandes batacazos. Porque en verdad, salvo lo que comentábamos entre el jurado durante los comerciales, nadie sabía por quien votaba el otro.



A mí me gustó desde las entrevistas la niña de Falcón. Me parecía una Lilian Tintori sin el efecto hiperactivo. Ella, Bolívar, Cojedes, Amazonas y Sucre se llevaron mis más altas puntuaciones durante las entrevistas. Le siguieron Yaracuy, Mérida, Guárico, Monagas y Península Goajira. En el mismo opening mi opinión cambió. Aragua resaltaba sobre todas las demás. Quizás era su altura pero verla a ella, era ver a alguien que se comía el escenario.

Y luego posé mis ojos en Guárico. María Gabriela Isler lo había hecho muy bien en las entrevistas. Una niña con una cara sensacional, muy calmada y elegante. Viéndolas a todas de dorado, me dio la impresión que ella no pertenecía ahí sino un poco más adelante que las demás. Falcón, Aragua, Cojedes, Bolívar y Guárico tenían algo que no se veía en las otras: una actitud de gozarse el momento.

Así se vio en el desfile en traje de baño. Es muy difícil juzgar a 24 mujeres cuya dieta por tres meses fue lechuga y nervios. Agradecí mucho que la de Amazonas fuera tan buena porque le subía el nivel a las que le seguían. Para mí, la de Falcón fue la mejor en este segmento. Tenía un caminar sensacional. Sucre me gustó mucho. A pesar de no quedar entre las diez, voté por ella en las dos oportunidades. Era muy buena candidata y desde que la vi sentí la curiosidad de ver cómo le ponían una corona al afro.

Mi foto favorita del 2012
Una cosa que me impresionó de Venevisión fue su inserción en las redes sociales. En mi mesa tenía una pantallita donde veía lo mismo que veían los venezolanos en casa y podía ver cómo calificaba la gente a las Misses. Entiendo que Miranda gustó mucho al igual que Yaracuy y la chica de Mérida. Y ver los puntos aunque no eran definitivos para mi decisión, por lo menos orientaban hacia lo que era un gusto general.

De los shows musicales me gustó mucho el de Karina. A pesar de estar vestida como un Barney Gay, fue una canción que caló bien entre el público, sobre todo las barras en la parte de atrás. Me hubiera gustado que la dejaran cantar más canciones, porque lo de Prince Royce me pareció larguísimo. Olga Tañón insuperable. Ella nos quiere y punto. También fue la prueba de que mientras más sencilla estés, más bonita te ves. Olga Tañón y Eglantina fueron los aciertos de la noche por lo bellas que estaban.

Sobre los animadores, a mí lo que me pasa es que siento que debería haber uno porque si no se cancelan. Leonardo Villalobos fue lo más seguro de la noche, sin un traspiés, como si Emilio Graterón estuviera animando el show. Pero no es Gilberto Correa y eso es una comparación que siempre es terrible. A Mariangel Ruiz la sentí bien dependiendo del vestido que tenía. El que más me gustó fue uno dorado que usó brevemente porque se veía como es ella pero hasta más bonita. Aunque cuando salió con el frac y la crineja quise subirme al escenario, arrancársela y decirle: “¡si nos vamos por el look andrógino, usted se amarra una cola!”

Pero entiendo que con los vestidos, hay que tomar en cuenta que son para un show y no para usarse en una fiesta. Pero eso no quiere decir que lo sencillo no sea memorable. Recuerdo que tenía que votar por el vestido más bonito y estuve tentado a poner: “el segundo de Eglantina Zingg y el que tiene la jurado Yliana Yépez”. Lo que sentí fue que los diseñadores de las Misses se pasaron con el brillantero. Cada niña que pasaba tenía más cristales que una mina y lo impresionante era oír como sonaban cuando caminaban. Por un momento me imaginé a Marianella Salazar con unos audífonos de fiscal de aeropuerto.

Aquí para mí se lo ganó Guárico. No quedaba para más nadie salvo la de Cojedes que caminó como no lo hizo ninguna. Pero lo de Guárico era una elegancia innata. Le han podido poner una bolsa de plástico e igual se lo ganaba. Amazonas y Aragua (sin el botuto en la parte de atrás) fueron otras que me gustaron mucho al igual que Táchira. Aunque sin duda el vestido más bonito lo tuvo la de Península Goajira una vez que dejó de mover el trapo que tenía en la cabeza. Por ese fue el que voté para que ganara el diseñador.

El momento Gasparín

La presentación del jurado fue un desastre jocoso. Como mencioné, yo tenía una televisión en mi mesa. Al anunciar a Boris con una luz más potente que un foco de estadio pensé, "berro se ve viejo". Luego le tocó el turno a Titina y ahí fue cuando me le voltée a Marianella: “¡saca la polvera que nos van a acribillar en Twitter!” La luz hacía que nos viéramos completamente blancos. Y así, mientras alertaba a los de mi mesa lo que iba a suceder, me poncharon en cámara.

No oí nada de lo que dijo Eglantina de mi cuando me presentó. Solo recuerdo que saludé como niño de primaria que ve a su mamá en un acto de fin de curso. Lo que sí recuerdo es que me pareció eterno. Tengan en cuenta, soy yo viendo una cámara y de reojo viéndome en televisión. Gasparín el fantasma era menos blanco que yo en ese momento. Pero a lo hecho, pecho. ¿Cuándo en la vida me van a presentar como jurado de nada? Cuando no hay nada que hacer, lo que queda es gozarse el momento. Aunque la pobre fue la que la presentaron como dama de sociedad. ¡Qué raya! Eso nos valió en Twitter el comentario que más me gustó de la noche: “el jurado no está hecho en socialismo sino en socialité”. ¡Chapeaux!

Las diez finalistas se escogieron con la sorpresiva omisión de Sucre y Mérida quien ganó dos bandas como Miss Fotogenia y Miss Amistad. Cosas que pasan. Ismael Cala tuvo una buena participación aunque lo del arma secreta y los sobres me pareció larguísimo (cuatro horas sin un tequeño a estas alturas). Ahí se me cayeron algunas por sus respuestas y decidí que la corona estaba entre Falcón y Guárico. Esta última con la respuesta más acertada de la noche por supuesto aunque me hubiera gustado más con la espontaneidad de Falcón.

Votamos por la ganadora en un corte comercial que pareció eterno. Mientras estábamos fuera del aire la hacía señas de suerte a las cinco que permanecían petrificadas en el escenario. Casi les doy mi sillita porque en verdad no ha debido ser fácil ese momento. Al salir Irene Esser con el rosetón en el pecho solo podía pensar en cinammon rolls del hambre que tenía. Anunciaron a Guárico como ganadora y el resto es historia. Espero que haya sido acertada la decisión para los concursos internacionales. Para ese momento yo lo único que quería hacer era echarme un palo.


En la fiesta de coronación hablé con los directivos de Venevisión. Estaban muertos de la risa con los pocos tweets que hice, cosa que me hizo pensar que he debido tuitear todo lo que pensaba del show y san se acabó. Felicité a todas las candidatas que me encontré. Las que no quedaron se veían tranquilas aunque imagino no ha debido ser fácil pero las vi contentas bailando con su familia y amigos. Memorable fue una que entre copas me lloró: “¿por qué no quedéeee?” Le dije: “Tenga dignidad. Usted es una reina”. Mentira, le dije otra cosa más políticamente correcta, pero me hubiera quedado sensacional.

No sé si volvería a ser jurado otra vez si me escogen. Me encantó hacerlo pero creo que soy mejor comentándolo. Como le dije a alguien esa noche: los comentarios en Twitter son la prueba de que aquí hay Miss Venezuela pa’ rato. Agallúo el que venga a ponerse frente a una cámara en este evento porque tiene que entender que es un show visto por todos y que lo chévere está en la gozadera de comentarlo como si estuvieras en pijama. Al día siguiente nadie exige la renuncia de la Miss, ni de los presentadores ni de los creativos del show. Lo que queda es el recuerdo de haber gozado en familia y que tenemos que hablar seriamente con la industria publicitaria sobre los comerciales de zapatos.

Miss Guardaespaldas
Ya veremos si me escogen otra vez en un futuro pero lo dudo. Mientras tanto el esmoquin se lo dejo a otro que llene mi puesto de jurado extraordinario. A sabiendas de que su decisión le cambia la vida a una mujer que vivió una noche tan linda como esa. Que pase lo que pase, la mejor recomendación es gozarse el show. Y venirse con una galletica de soda en el paltó.

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