Tuesday, November 20, 2012

Doppelgangers Part II - Uno Revolucionario


Siempre hay espacio para más doppelgangers. Este nos viene desde el aeropuerto de Maiquetía donde nuestra corresponsal @akredmond alias la Doppelpolice ha pillado in fraganti a quien parecería ser el ex Vice Presidente José Vicente Rangel pero que no es más que un ciudadano con el mismo bigote de Got Milk?  Seguimos en la búsqueda de más doppelgangers en la Ciudad donde Rosita es la Reina de los Mangos.

Thursday, November 15, 2012

Los Doppelgänger en Mi Vida



 Yo a Katy Perry la saludaría como "mira, ahí está la niñita Deschanel"

Soy la persona menos ducha para los nombres. Es antipático admitirlo lo sé, pero para mí fue un shock enterarme que Hannah Barbera eran dos personas distintas. Por ende, La Humanidad de mis conocidos debe sufrir las consecuencias de mi despistaje.
Lo peor es que igual saludo a la gente. Puedo hablar tres horas con alguien y jamás decirle su nombre y la persona no se da cuenta. Pero es que me parece que si ya la he visto más de diez veces es corta nota preguntarle así descaradamente. Eventualmente me lo sabré… y se me olvidará. A menos que me digan: “¿a ver cómo me llamo yo?” Ahí no solamente se me olvidará, es que me encargaré de que nadie más salude a esa persona por insoportable.
Juraba que este era mi único problema social en la vida hasta anoche cuando me di cuenta de que no solamente ignoro el nombre de la gente, también los confundo. Han llegado los “doppelgängers” a mi vida. Según la Wiki, “Doppelgänger” es el vocablo alemán para definir al doble fantasmagórico de una persona viva. Con los gemelos ni me molesto en saber cuál es cuál. Mi problema es cuando la gente es totalmente distinta y yo insisto en que son una misma persona. Como Katy Perry y Zooey Deschanel que no me canso de decir que son hermanas y el mundo me lo niega.
Leonel el DJ. Todos lo conocemos y si no aquí está su música. Estoy en un evento de White Label anoche y se me acerca Leonel a saludarme. “Hola, Toto ¿cómo estás? Qué tal, bla, bla, bla.” Seguimos hablando y le pregunto si va a la fiesta de Chivas en La Esmeralda.
-No, qué va. Eso es un ruido insoportable.
(Si esto me lo dice un DJ  ¿qué quedará para nosotros los campesinos?)
-Pero va a estar chévere, dicen que la música va a ser genial.
-Es que a mi no me gusta mucho la música.
(Entiendo el dicho “en casa de herrero cuchillo de palo” pero que esto lo diga un DJ es el colmo).
Conversamos un rato más y me despido para irme a la otra fiesta. Busco a Nina mi editora (y ahora mi esposa porque francamente esto ya es un matrimonio) y nos enrumbamos hacia La Esmeralda. Todo está genial, el ambiente fenomenal y la música como para echar un pie. En la pista me vuelvo a encontrar a DJ Leonel.
-¿Y tú y no es que no venías?
-¿Cómo?
Ahí me fijo que Leonel no solamente no me entiende, es que está vestido de manera completamente distinta. Jennifer López y Lindsay Lohan son las que se cambian entre eventos, Leonel y yo no. Y es ahí cuando me cae la locha. Yo nunca hablé con Leonel en la primera fiesta. Conclusión: yo estoy loco y Leonel tiene un gran “Doppelgänger” suelto en Caracas.
Se lo comento y llegamos a la conclusión de que mi despiste es genial para conseguir gente alterna. Porque si a Leonel le da fastidio venir a mezclar a un matrimonio o a una rumba, puede mandar a su “Doppelgänger” con un iPod para que se pare en frente de la consola y eso está listo. Si Leonel se despierta de mal humor puede llamar al “Doppelgänger” para contratarlo. Que viva su día completo y al final Leonel lo llama para saber cómo le fue.
El cuento no termina. En la misma fiesta.
12 de la noche. Converso con un médico sobre un dolor que tengo en la pierna.
2:30 de la mañana. Le pregunto al médico que cuál fue la pastilla que me mandó a tomar porque no la terminé anotando.
Médico de las 2:30 de la mañana: “¿!?!?!?!?!”
Yo estoy mal de la vista. O de repente es que estoy rascado. Pero si quieren saber cuál es su “Doppelgänger” avísenme que aparentemente yo soy bueno para eso.-

¿Ven que es confuso?
 

Wednesday, November 7, 2012

Las Frases Sueltas Que Olvidan Su Nombre


 
A veces leo frases sueltas por ahí que me hubieran encantado escribirlas. O por lo menos pensado. Una frase como “las piñatas promueven la violencia contra animales extravagantes” es algo genial. Alguien que piense así tiene que ser amigo mío. Pero cuando voy a buscar quien lo dijo me encuentro con que lo ha dicho todo el mundo y nadie a la vez. Es una de esas frases que ha quedado bajo la categoría “dichas por Anónimo.”
Qué chimbo es ser anónimo. A menos que seas un alcohólico pues. Sería terrible encontrarte a tu tía Esther en una reunión de Alcohólicos Anónimos y que te dijera de buenas a primeras: “Juancito Tucupéeeee! ¿Y qué haces tú por aquí?” Yo no tengo una tía Esther por si acaso pero hay gente así que inventa sobrenombres en frente de gente anónima y que provoca detonarlas.
(Momento para sacarse de la mente a la tía Esther. ¿Verdad que se la imaginaron gorda?)
Ahora cuando uno dice o hace algo estelar, lo mejor es que le sea reconocido. Es como si en cien años la Humanidad pase por un momento Wall-E y vea una obra de Jeff Koons firmada “Anónimo”. No  es: “ay, qué bello el perrito inflable” sino “Anónimo”. Bueno también puede darse el caso que Jeff Koons tenga un tataranieto llamado Anónimo Koons que haya decidido continuar su legado. Eso tendría total sentido.
Digo esto porque ando tras la búsqueda de una cita perfecta para algo que escribo y me topo con lo mismo. Millones de frases atribuidas a gente anónima las cuales no aseguraron su puesto en el firmamento de las frases. Por ejemplo el primero que dijo: “por eso estamos como estamos.” Esa es la frase más mentada en Venezuela y uno no tiene idea quien la dijo. ¿Qué pasaría si él que la dijo era un bonachón y no una doña del Cafetal? Siempre oímos esa frase en negativo pero ¿y si el que la dijo fue un fisicoculturista feliz por su entrenamiento?  ¿O un heredero brindando por su calidad de vida? ¡Qué triste no saber su intención!
Pienso que eso me va a pasar a mí, y bueno a todos. Nuestras frases en Twitter se las va a llevar el viento, o Sandy o lo que sea que se come el Internet y un día alguien la va a tuitear y poner "dicha por Anónimo". No me preocupa el plagio sino que yo me pasé demasiado tiempo aprendiendo a pronunciar las erres de mi apellido como para que me vengan a matar con "Anónimo". Sin erres. Ahora que lo pienso, debería escribir un libro de poceta con mis tweets para que eso no me pase.  Por lo menos para probar que eso lo dije yo y no Anónimo. Pero mientras tanto se me ocurre atribuir algunas frases anónimas que me he encontrado por ahí. Darles un nombre o un contexto del porqué se dijo. Por lo menos para que tengan identidad. Y bueno porque no tengo nada mejor que hacer.
  1. “La esclavitud no se abolió, se cambió a ocho horas diarias.” –Un pasante de escritorio de abogados que en diez años estará escribiendo un blog desde la comodidad de su hogar.
  2. “Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe.” –Concursante de Quién Quiere Ser Millonario en la pregunta seis.
  3. “El que sabe, sabe. Y el que no sabe es jefe.” –Un guevón que se acostó primero que nadie en el colegio y cuya frase favorita antes que ésta fue: “10 es nota y lo demás es lujo.”
  4. “Cuando un hombre le abre la puerta del carro a su esposa, usted puede estar seguro de una cosa: o el carro es nuevo o es una nueva esposa.” –La divorciada que sale a un bar y te saca a bailar cuando tú no quieres. 
  5.  “El arte de conversar no es decir cosas ingeniosas, sino aprender a escuchar estupideces.” –Alguien que claramente no es Leo. Los Leo no conversamos.
  6. “Dime con quién bebes y te diré quien paga.” –Alguien que claramente necesita dos rones más.
  7. “Sonreír cuando las cosas van mal quiere decir que ya tienes a quien echarle la culpa.” –Armando Briquet cuando dijo: “tenemos buenas noticias”.  Y Jorge Rodríguez tres segundos después.
  8. "El tercer mundo se muere de hambre, mientras que el primero y el segundo de colesterol.” –La cuarta frase dicha para romper el hielo en una tormenta de ideas de publicistas para una campaña de McDonalds.
  9. "Aquellos que no estudian su historia están condenados a repetirla.” –Los países. Y también padres que metieron la pata y deciden tomarse una segunda luna de miel tres años después.
  10. “No te preocupes. El peor día de tu vida solo durará 24 horas.” –Un optimista que no sabe que el tráfico de mañana siempre es peor que el de ayer.  

Monday, November 5, 2012

El Padre Más Viejo del Mundo No Puede Regañar



Leo una noticia sobre un señor en la India de 96 años que se convirtió recientemente en el padre más viejo del mundo. 96 años. Discúlpenme pero esta noticia no es buena para nadie excepto quizás para la gente que hace Viagra. ¿Ustedes se imaginan los regaños que va a recibir ese pobre niño? Una cosa es que mi mamá me haya dicho “que sea la primera y última vez que yo te vea haciendo eso.” Ese anciano de 96 años le dice eso al hijo y se tiene que poner a llorar.
Una de las cosas que yo agradezco de venir de padres que no usaron mi coche como andadera es que sus regaños fueron producto del desespero y no de la senilidad. Un desespero que por cierto me hizo cuestionarlos bastantes. Porque no puede ser que compare respuestas con otros hijos de familias desesperadas y vea que los regaños fueron los mismos. Como si se hubieran quedado toda la noche pensando “a ver son las tres de la mañana y no llega, a ver, a ver, ¿con qué frase me la comería? Ajá llegó. ¡Mira! Esto no es un hotel ¿oíste?” Ajá mamá, qué original.
Lo que me parece cómico es que mis amigos que ahora son padres sufren de amnesia y los veo repetir las mismas cosas que todos nos prometimos alguna vez que jamás diríamos. Sobre todo porque hay regaños que son de épocas. A un niño ya no se le puede gritar “ATIEEENDE” por la sencilla razón de que esta generación de enjambres iTouch no tienen idea de cómo levantar un teléfono fijo. Gritarle a un hijo que atienda el teléfono hoy en día es tener que verlos pasando el dedo por el auricular diciendo: “pero ¿cómo?... No entiendo… ¿aló?...”
Pero así como ese regaño pasó de moda, no puedo creer que otros sigan vigentes. ¿Cómo es posible que no se haya acabado el regaño “es que tú no cuidas las cosas”? Dios, qué calvario. “Bájame el perro del sofá… que no afinques los marcadores así… es que ¡claro que no sirve la impresora! si es que tú no cuidas las cosas.” Este regaño siempre me molestó sobre todo porque ellos tampoco es que eran curadores de museo. “¿Quién me quitó mis anteojos?” Papá, los tienes puestos encima de la cabeza…
El tema de los regaños es que siempre había uno para todo. Si dejaba las luces prendidas me preguntaban “¿y tú eres Zuloaga?” Si dejaba los zapatos regados mi mamá entraba en modo Isaura con “claro, como tú juras que tienes una esclava que todo te lo hace…” Ok, Robotina, cálmate. Y si no hacía algo que me pedían dos segundos después de la solicitud ya salía con “¡es que hay que ver que tú no colaboras en nada!” Cosa que siempre me pareció un insulto. Debe ser que ellos aprendieron a como meter un CD, enchufar el DVD, abrirse un correo, usar Facebook y tener una cuenta en Twitter solitos… Eso un hijo lo llama ¡colaboración! Y paciencia que es tácito a la hora de lidiar con padres.
Claro, había grados de intensidad en los regaños. Si era algo como “¡es que tú lo que quieres es volverme loca!” no era tan grave. Eso era un reto. El problema venía cuando me llamaban por mi nombre. Si la cosa era “Toto que te vayas a acostar ya dije ya”, bueno está bien… Ahora, si venía con mi nombre de tarjeta de bautizo, olvídense. “Óyeme bien, Juan José, ahora sí vas a saber quien soy yo...” Eso era horrible. Un Juan José en mi casa equivalía a taparme los oídos, salir corriendo, agarrar papel y lápiz y sentarme a escribir: “Querido Niño Jesús, yo necesito URGENTE unos papás de reemplazo.”
Lo mejor de los regaños era cuando ellos tenían todas las de perder. Que se le volaban todos los cables y no sabían ni que frase usar. “¡Deja que llegue tu papá de la oficina para que veas lo que es bueno!” ¿Qué delegación de poder era ese? O cuando te frenaban como alcabala sin oírte. “Mamá mira que voy a quedarme en casa de…” NO. Pero mamá que me viene a buscar su mamá para… NO. Anda maaami, que nos vamos todas después del colegio. Que NO Ene O, NO. Ok, entendido pero ¿por qué el deletreo? ¿Será que había que hablarles “M-A-M-A- C-H-A-O-ooo?” “Ah sí, si hijo ¡vaya con D-I-O-S!”
No fue fácil eso de los regaños… Suerte tiene el hijo del papá ese con 96 años. Ese chamo tiene respuesta a todos los regaños clichés que dicen los padres. A ese niñito le dicen: “¿y tú crees que yo nací ayer?” Eh no, papá, naciste en la Primera Guerra Mundial… “¡Por qué todo lo tuyo tiene que ser tan difícil!” Papá, disculpa, ¿te has visto a ti subiendo una escalera?… Y el que más angustia me da: “No sé que vas a hacer tú cuando ya yo no esté aquí para ti”. “Pero papá, eso es que si en tres meses…” Terrible. Por no decir un cliché.-

Sunday, November 4, 2012

Las Serpentinas

 
La vida te prepara para todo lo bueno. Si estudias, sacas veinte. Si trabajas, te puedes mudar de tu casa. Si te fajas, consigues a la mujer. Si te propones ser feliz, puedes lograrlo. Así de sencilla es la vida. Pero el problema es que la vida no te prepara para lo malo. Mucho menos para lo peor.
 
Comprender un accidente, incluso la muerte, es algo que no se estudia. Se vive y se aprende. Y es difícil, quizás lo más difícil que pueda aprender el hombre. Porque no hay acción previa a la consecuencia. Recibes el coñazo y la vida continúa. Punto.
 
Para el que se va ahí quedó su vida. Una historia que amarró sus lazos para hacer un círculo perfecto. Pero para los que se quedan, esa misma historia queda en serpentina. Comienzan las preguntas, las dudas, y el inevitable cuestionamiento sobre los componentes de la rueda de la fortuna. Dicen que el aleteo de una mariposa es capaz de crear un tsunami. ¿Dónde estaba esa mariposa y por qué ese día no voló?
 
Yo creo que no se aprende del todo. Uno vive con esa tara y la hace parte de su historia hasta que un día decide dejar quieta la serpentina. Jamás la olvida pero la deja quieta. La vida continúa… Inevitablemente. Y para comprender la muerte, uno tiene que prometerse vivir. Así vuelen por mucho tiempo las coloridas serpentinas.-

Friday, November 2, 2012

Un Vampiro en Plena Crisis

 
 
El disfraz más barato de toda mi vida. Un paraguas cortado por la mitad y cosido por mi editora Nina porque ella es niña Mater y sabe hacer esas cosas más Pintadedos para la cara cortesía de Zubi e It's Good to Be quienes no se podían poner de acuerdo en si yo era un pájaro guarandol de luto, el Zorro rascado o un Batman en plena crisis económica. Nos fuimos por la tercera opción. Y me lo gocé. Que entres a una fiesta y te pregunten: "Who you wearing?" y que contestes: "Un paraguas de Farmatodo" es priceless.-

Thursday, November 1, 2012

Aplausos desde el Silencio

Ni las amenazas al Circuito Gran Cine, ni el hackeo a la página Web del Trasnocho Cultural pudieron hacerle frente a un pequeño documental que llevó tres años en hacerse y se convirtió luego de su estreno en el fenómeno cultural más comentado y taquillero de Venezuela. La obra Tiempos de Dictadura, del cineasta Carlos Oteyza, ha llevado a la gente al cine nacional en oleadas, algo que solo se ha visto recientemente con la película Er Conde Jones de Benjamín Rausseo.

Es inaudito que una sociedad que responde a la pregunta deportiva en Quien Quiere Ser Millonario pero raspe la de historia se interese por eventos de nuestro pasado inmediato. Cierto, Diego Rísquez nos ha traído a Miranda y a Reverón al cine pero nadie aquí se había atrevido a llevar la gestión del gobierno de Marcos Pérez Jiménez a la gran pantalla. Quizás sea su legado de obras o de repente es porque muchos lo vivieron, pero lo cierto es que sesenta años después, todavía podemos catalogar a Pérez Jiménez de alguien moderno. Por lo menos no es Manuelita Sáenz.
Yo me inclino a pensar que la asistencia al cine para ver un documental -¿de cuándo acá?- tiene mucho que ver con ese tufo a régimen militarista cercano a nosotros. Sobresaturados de un gobierno unipersonal, amparado en la figura de Bolívar y que ha banalizado el proceso electoral para justificar su permanencia en el poder, nos vemos obligados a sentarnos para saber cómo terminó otro que estuvo dotado de las mismas características. Quizás esa entrada al cine sea la confirmación de que en dictadura no queremos vivir. O de repente es que no había otra función en cartelera.

Me voy por lo primero. En una “democracia” que se ha encargado de censurarnos cuarenta años del siglo XX pero no los otros sesenta, es un fresquito sentarse a ver algo en lo que todos estamos de acuerdo: Marcos Pérez Jiménez no es santo de devoción de nadie. Los testimonios de héroes comunes recopilados por Oteyza, en lo que podría ser el más completo registro fílmico de la Venezuela de los años cincuenta, así lo confirman.

Mientras Laureano Márquez, narrador del documental, fluctúa la voz entre la alegría de las carrozas de Carnaval y las fechorías de Pedro Estrada, me pongo a pensar en los elementos de una dictadura. ¿Están en Tiempos de Dictadura? Sin duda. Lo que pasa es que los venezolanos de la época pagaron un precio: calidad de vida a cambio de silencio.
Para mí eso es difícil de comprender en estos tiempos de otros silencios. Los inmigrantes que llegaron con Pérez Jiménez hace mucho se devolvieron. Las reinas que vestían de Dior ahora usan Traki y los ingenieros y arquitectos con sueños de autopistas, puentes y teleféricos, tienen que ver con horror que el único legado de Chávez es la construcción –inacabada- de un mausoleo.

Nosotros no recibimos calidad de vida a cambio de un silencio. Y ahí está la diferencia con nuestra “democracia”. De nosotros se encargó el hampa que nos dejó callados sobre calles hechas durante Pérez Jiménez y ahora vueltas mierda. Y cuando no, de nuestro silencio se ocuparon las cadenas. Oposición o no al Gobierno.
Por eso me conmueve el final de Tiempos de Dictadura el cual termina de una manera muy sencilla. Simón Alberto Consalvi, Teodoro Petkoff, Yolanda Moreno, Isabel Carmona y otros dicen su número de cédula. Luego silencio. Ante ese mutismo, la gente de este siglo, que no sabemos lo que es un nuevo teleférico ni lo que ha podido significar la inauguración de una ciudad universitaria, aplaudimos. Los que nunca pegamos la pregunta de historia en Quien Quiere Ser Millonaria gritamos consignas de “¡qué viva la democracia!”, “¡bravo la libertad de expresión!” a una pantalla gris que ya ni imágenes enseña.

Aplaudir es una cosa de niches. Pero también lo es de gente que no tiene razón alguna para vivir en silencio. A fin de cuentas, los errores y aciertos del pasado también son nuestros.-

Happy Halloween! Ecce Homo




Decidimos anoche que la Duquesa de Alba fue la que arruinó la restauración del Cristo. Licencia artistica que nos tomamos por ser Halloween. Un éxito de disfraz, super sencillo de hacer y con el bonus  que nadie sabe quien eres así que no tienes que saludar a nadie sino gozarte la fiesta. ¡Happy Halloween!

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