Thursday, December 26, 2013

Y por esto es que amamos a la gente honesta


Lamentándolo mucho, no todo el mundo tiene vacaciones colectivas después de Navidad. Y aun cuando NADIE quiere trabajar, lo cierto es que muchos de nosotros debemos hacerlo. Podemos pensar en miles de excusas para no ir, inventar un cuento chino sobre un fuego artificial o que un tipo disfrazado de San Nicolás entró a la casa y se llevó hasta el bombillo de la nevera, pero por lo general estamos todos en la oficina o en el trabajo.
Excepto esta señora.
El siguiente mensaje de texto le fue enviado a mi amiga la Cookie Monster. Es de parte de la señora de servicio de su casa y yo he decidido que uno tiene que ser como ella en esta vida. Este es el mensaje más honesto, más sincero y más elocuente del mundo y si la Cookie Monster prescinde de sus servicios yo contrato a esta señora en el acto. Por estas cosas es que amamos a la gente honesta en este tea party:
Cookie Monster: Mira lo que me pone: “Buena noche sra. [Cookie] mire le quería pedir disculpa pero me estoy acostando vien tomada xq estaba selebrando la navidad y estoy muy tomada y no estoy segura q le valla manana xq no s a q hora valla a recordar asi que si no voy disclPe  de verdad.
Toto: Ok, ¡La amo!
Cookie Monster: Ya va, esperate… le pregunto luego que si la espero mañana viernes y ésta es su respuesta: “Hola buenos días si me estoy parando con un dolor de caveza y unas tremendas ganas de bomitar  Yo no yego mas nunca”.
Toto: Cookie, esa tipa es mi nueva mejor amiga. La amo darks!
Gente honesta... te somos fans.

 

Tuesday, December 10, 2013

Carta de Toto al Niño Jesús


Querido Niño Jesús o en su defecto San Nicolás o en su defecto quien quiera que sea que reciba estas cosas… Querido pasante en el Polo Norte:
Buenas. No te he escrito desde el año 1989 cuando tuve esa conversación con mis papás que nadie debe tener… No es la que piensas, esa fue en 1994… Tampoco la otra, esa creo que fue el año pasado. Te escribo porque tengo tiempo que no me siento a escribir una lista de deseos y tú eres la persona más indicada para hacerlo. Lo haría frente a un pozo y lanzaría una moneda pero la última vez que yo vi un pozo fue en una granja y qué fastidio manejar hasta allá. Así que tú eres mi mejor opción.
LISTA DE REGALOS QUE TOTO AGUERREVERE QUIERE PARA NAVIDAD
(Aquí iba un párrafo sobre cómo he sido un niño bueno este año, pero vamos a estar claros, eso no sucedió. Por lo cual si este año me quieres traer carbón, adelante. Me provoca hacer parrilla y si tú pones el carbón, eso en la vida adulta ya no se llama castigo. Eso es un pana).
  1. Quiero un par de zapatos, un recordatorio en el celular que me diga cuándo es que me debo ir a cortar el pelo e interiores. Me explico, el problema de un hombre es que un día te despiertas con zapatos que ya dan pena, un Miguel Moly en la nuca y unos interiores que tienen más huecos que una calle cualquiera en El Hatillo. Si puedes ir a Movistar a activarme el recordatorio y a Bahías a comprarme los interiores y los zapatos te lo agradecería. Talla… ya va… bueno al zapato que tengo puesto se le borró la talla pero yo digo que un 41. Te puedes quedar con el caramelito que dan a la salida de Bahías. No hace falta medias (ver punto 13).
  2. Quiero plumas en cantidad. Nada de un bolígrafo Kilométrico. Yo quiero una jarra llena de plumas y marcadores (finos y gruesos) que esté justo al lado de mi computadora. Siempre tengo que anotar cosas y nunca tengo plumas y me la paso rayando circulitos con bolígrafos que no tienen tinta. Por eso no escatimes en el número de plumas.
  3. Una jarra para llenar con plumas tengo. Pero gracias.
  4. Ya que estamos en artículos de oficina, quiero que a Maxi Papel la dotes de tinta HP 670 NEGRA. Esa gente nunca tiene mi tinta y eso para mí es un desastre.
  5. Es más, si me puedes regalar una planta de tinta te lo agradecería. Sé que es un poco heredero adolescente de mi parte pedirte esto pero quien quita. A mi vecino le trajiste un carro una vez. Que eso sea una lección para mí, apunta a lo alto.
  6. Quiero entrar a mi baño un día y que haya todo ese tipo de algodones, Q-Tips, champús que huelen rico, corta uñas, Advil, afeitadoras, preservativos, Kleenex e hilo dental. Sé que te estoy enviando a Farmatodo pero cuando yo entro a Farmatodo la cosa es más: “Buenas, Festal. Chao”. Si tú me pudieras ayudar con tener un baño tipo niña te lo agradecería. Mientras más viejo uno se pone se da cuenta que más cosas necesita. Ese es el problema de no ser niña.
  7. Señal de Internet ilimit… Ok, eso es mucho pedir.
  8. Quiero un Club de Cine. Yo tengo amigos chéveres y sería bueno no hacer un plan de tomar una vez a la semana sino más bien sentarse a ver pelis viejas que valgan la pena para cuando salga alguien a decir: “¿Tú no has visto esa película? ¿¡Cómo es posible que no hayas visto esa película!?” Bueno, pendejo porque no tengo un Club de Cine. Eso sería genial.
  9. Me encantaría un BlackBerrry. Como perdí el mío, sucumbí a la tecnología touch y mira, a mi eso no se me da. La gente me dice que un día me voy a acostumbrar pero yo necesito mis teclas y mi único botoncito que cuando diga “vibrar” pues vibre. Ese día no ha llegado. Sé que esto es un regalo imposible pero yo lo lanzo. No puedo ser el único en esta vida que esté en desacuerdo con que Steve Jobs es Dios…. Por cierto, si allá arriba está Dios y ES Steve Jobs, hey Steve. What up?
  10. Quiero la idea para el próximo libro. Sé que eso no te corresponde a ti sino a mí pero esta es mi amenaza: Si el Niño Jesús existe y San Nicolás también ¿se dividen el trabajo tipo pitufos comunistas? ¿Quién se rasca las pelotas? ¿Quién explota a quien? El Behind The Scenes del Polo Norte no se ha escrito… Listo, no necesito la idea.
  11. Una foto de Sandra Bullock autografiada. Tú tienes contactos y Sandra es que si la menos diva en Hollywood así que eso debe ser más fácil que conseguirle Botox a Nicole Kidman. Puedes usar una de las plumas que me vas a dar para que Sandra me dedique su foto. (Pero que diga “Sandy loves Toto”, tampoco es que va a ser una cosa toda majunche ahí que La Bullock firmó saliendo de un taxi).
  12. Que la gente que compre mi libro “La Hora Loca” se lo goce de corazón. Y que no lo presten para que así más gente me lo compre. Es medio capitalista pero es Navidad.
  13. No quiero medias. Tú me regalas medias y en serio escribo la biografía no autorizada del Polo Norte (Capítulo 9: La Señora Claus se Consuela con Un Reno).
  14. Que si World Peace… no, mentira, una botella de White Label mejor.
Gracias Querido Niño Jesús o en su defecto San Nicolás o en su defecto quien quiera que sea que reciba estas cosas… Querido pasante en el Polo Norte. Sé que a estas alturas de la vida, nada de esto viene ni solo ni gratis. Pero si te sirve ya yo soy grande y tengo chequera. Lo que no tengo son plumas para esciribir el monto .
Bendición,
Toto, Age 34.
P.D. Te iba a pedir inclusión política y abundancia económica para mi país pero después te tachan de invasor extranjero y pinga.

Friday, December 6, 2013

En La Isla de Toto: Belleza en Entredicho


—Toto vas a entrevistar a una Miss.
—Qué bien.
—Y también vas a hablar con la mujer que se montó en una bicicleta el día del Miss Venezuela y se fue a protestar en frente del Poliedro.
—Mucho mejor.
Esta fue mi tarde de ayer. Para el programa de La Isla de Toto en el Circuito Éxitos, a Luisana mi productora se le ocurrió invitar a Andrea Mattheis, popular animadora de Televen y Sony, quién participó en el Miss Venezuela 2007 para que hablara con María Eugenia Acero, una integrante del Movimiento Revolucionario de Ciclismo Urbano. El 10 de octubre de este año, María Eugenia, junto con otros militantes del movimiento, se puso una banda identificada como Miss Envidia y pedaleó en bicicleta hacia las puertas del Poliedro de Caracas donde se celebraba el Miss Venezuela para protestar contra el capitalismo y el consumismo de la belleza.
¿Alguien dijo catfight?
Las dos mujeres llegaron a la entrevista, cada una más nerviosa que la otra. Por más que uno lea, Miss es Miss y Andrea Mattheis es alta. Mínimo un coscorrón se podía llevar mi otra invitada. Pero María Eugenia tenía sus guantes bien puestos. Y las dos no podían ser más simpáticas. Aunque antes del programa ambas confesaron su miedo de venir a la entrevista, la misma se dio como si se hubieran conocido de toda la vida (lo juro, no les di whisky).
En La Isla de Toto del Circuito Éxitos pueden oír todo lo que tuvieron que decir estas dos mujeres que fueron al Poliedro de Caracas en una noche tan linda como ésta por dos distintas razones. Por supuesto, también averiguo cómo llegó María Eugenia en bicicleta a La Rinconada (hazaña que insisto debería ser una categoría adicional en el concurso del año que viene).
Puedes oír la entrevista haciendo click aquí:

Tuesday, December 3, 2013

Cómo Vender en un Bazar (Y No Morir en el Intento)



Vengo de tres días seguidos de bazar donde he vendido mi libro La Hora Loca. Si alguien está pensando en auto-publicarse y vender en un bazar para que el de boca en boca incremente tus ventas en las librerías, éstas son las diez cosas que deben saber:

  1. NO llamar tu libro La Hora Loca. Primero, porque yo me adelanté. Segundo porque te puede pasar este episodio. Señora, 47 años. Se acerca a la mesa y levanta el libro. Le echa un ojo a la contraportada. Pone el libro sobre la mesa y dice: “Buenas, ¿tendrán el sombrero de goma espuma para el novio y la novia?” Una cosa es escribir un libro. Otra muy distinta es hacerle creer a la gente que uno es una empresa de cotillón, que tiene la mercancía debajo de la mesa y que los libros son solo de exhibición.
  2. Estar preparado para decir muchas veces: “Usted me trae la factura y yo se lo firmo aquí”. La manera en cómo funcionan los bazares es la siguiente: el comprador ve una mercancía que le gusta y le dice: “quiero uno”. El vendedor anota su nombre y número de teléfono y le pregunta: “¿solo uno?” porque no es que sea sordo, sino porque es capitalista. Mientras se aleja, el comprador dice: “Mira, me firmas por favor el libro para Maigualida Claribel, con mucho cariño de su tía”. Y uno abre su librito y le echa a Maigualida Claribel tremenda dedicatoria sin sospechar que al comprador le dio fastidio pagar y se largó del bazar. Así, uno se queda con un libro firmado para Maigualida Claribel sin poderlo regalar porque no hay más NADIE en este mundo que se llame Maigualida Claribel.
  3. Estar preparado para el rechazo: Hay tres tipos de personas en un bazar. La mamá en mono Juicy Couture que JAMÁS va a bajar la mirada para ver tu libro porque ella está buscando bisutería. La recién divorciada que JAMÁS va a bajar la mirada para ver tu libro porque ella está tras la mamá que vino en mono Juicy Couture para ver si tiene un marido que está tumbable; y la que te dice: “¿De que se trata este libro?” se ríe con lo que comenta, y dice: “voy a dar una vueltica y ya vengo”. Esa es la que vino sin el marido y sin real. Todas estas son formas de rechazo. Atiéndelas pero no confíes en ninguna.
  4. Tener una sillita extra para el marido que arrastraron al bazar. El solo vino a pagar. Tú eres su mejor aliado porque le ofreces compañía, cigarros y café. Él es la persona que te va a comprar el libro y decirte, como me dijo uno: “dedicado a mi señora esposa… si le puedes poner, EL CDTM por traerme a este bazar te lo agradezco”.
  5. Jamás interrumpir cuando una persona recomienda tu libro así nunca la pegue. “¿QUEEEEE? ¡La Hora Loca! Amiga, tú te tienes que comprar este libro YA. Este libro es de Toto Aguerrevere que tú no sabes lo cómico que es ese tipo. Yo lo oí en César Miguel Rondón, el libro es sobre todo lo que pasa en una hora loca en un matrimonio. ¡¡¡Lo tienes que comprar ya!!!!”. Yo vendí esa vaina. La señora nunca se enteró de que Toto Aguerrevere soy yo, que jamás me ha entrevistado César Miguel Rondón por mi libro y que NO trata sobre todo lo que pasa en una Hora Loca en un matrimonio.
  6. No inflar los precios de tu mercancía. Por más que te duela, estás yendo a un bazar a contribuir con una causa. Vendes lo mismo que venderías en un mes en una librería. Contribuye a la fundación que auspicia el bazar. Después llegas al Cielo y Dios te cobra la comisión por miserable. Mi libro cuesta 420 en todas partes (salvo en Mercado Libre que cobro el despacho).
  7. Clávale toda la mercancía a tu familia. Que vengan a decirte: “yo te los compro después mi amor” no va contigo. Mete tres libros en una bolsa así solo te pidan uno. Esa gente se pasa de miserable.
  8. Metete en todas las rifas que haya en un bazar. Eventualmente te ganarás algo, así sea un pan de jamón. Pero si la organizadora del bazar agarra el micrófono para decir: “Y ahora, procedemos a rifar un periquito”, huye. Tú no quieres llegar a tu casa con tres cajas que no vendiste y un pájaro al que tengas que alimentar.
  9. Dedica todos los libros, tómate fotos con la gente y oye todo lo que te tengan que decir. Cuando llegues a tu casa en la noche a nadie le va a importar quién eres tú. Vive tu momento rock-star y déjalo en el bazar.
  10. No dejes las facturas en el bazar. Después no te pagan y calarte nueve horas sentado en una silla de piñata que te marca las nalgas es demasiado cargadora como para no cobrar por tu férreo intento de vender el máximo número de libros en el menor tiempo posible.

Monday, December 2, 2013

Perder un Celular Da Liberación



El lunes pasado perdí mi celular. Estaba en el bar de Favola en una fiesta, me dio calor y me pareció lógico quitarme la chaqueta y dejarla sobre un piano. En mi casa no hay piano así que esa movida me pareció novelera. El problema es que mi celular estaba en el bolsillo de la chaqueta. A otra persona también le pareció novelero sacar el celular y llevárselo a su casa.

Al día siguiente volví al bar para reportar el hurto (no lo llamo robo porque después de catorce años de inseguridad, dejar tus pertenencias rueda libre es de amateur) y me atendieron de maravilla, pero igual di el aparato por perdido. Lo mejor es que no me importó. Perder el celular en ese momento fue lo mejor que me habría podido pasar.

Recuerdo que sentí un absoluto estado de liberación y rebeldía. Ese día yo tenía siete entregas, tres reuniones, dos entrevistas, un interés romántico que atender y un agente de cobranzas persiguiéndome. El no poder ser contactado por nadie porque vivimos en una era en la que si te sabes el celular de tu mamá debes considerarte afortunado, fue como quedarte solo en la isla de Tom Hanks. A Tom Hanks le pareció una ñoña quedarse Cast Away. A mí me pareció lo máximo quedarme Cell-Phone Away.

De todas maneras debía perder el celular. Lo mío era un BlackBerry cuya rueda dejó de funcionar hace tres meses. Para escribir en Twitter debía meter el pulgar adentro de mi camisa y sobar las teclas para poder tuitear. Solo podía hablar por cuatro minutos cuarenta y tres segundos porque el celular se reseteaba y la cámara ya me decía: “No es que te falte memoria, es que en serio me da flojera tomarle una foto a una paloma persiguiendo un Cheez-Tris”.

Y es cierto, por un lado me puse a pensar que ya no tenía el teléfono de tal persona que en su vida me lo iba a volver a dar, o el pin de tal modelo que cambiaba de foto cada cinco minutos y eso era como un calendario Polar. Por otro, estaba la foto aquella donde estoy montado encima de la estatua esa, y de esa donde salgo abrazado en esa fiesta que fue lo máximo. Pero como yo lo veo, no he ido a imprimir una foto desde el año 2009. El que se quedó con mi celular que se goce mis selfies y mis momentos estrella. Si es que puede dominar la técnica de meter el dedo pulgar adentro de la camisa para hacer rodar las ruedas.

Al superar mi momento de liberación, decidí que debía embarcarme como Pi en su bote e ir hacia la civilización. Me fui a comprar un celular. Nuevamente soy el esclavo de un aparato el cual está condenado a vivir en el bolsillo trasero de mi pantalón. No me siento triste por su condena. A fin de cuentas, éste se venga sonando cada cinco segundos con piticos, timbrecitos y cohetones para decirme que tengo un nuevo mensaje. Con los contactos, llegan los que de verdad importan y uno que otro random. Los mensajes anónimos tipo: “¡Toto! ¿Qué más? Salgamos esta noche!”, siempre se responden con: “De bolas, sí qué buen plan. Por cierto, ¿quién es?”

Pero tener un nuevo celular también conlleva a  la crítica. Perder un teléfono es una tragedia, pero comprarse el celular que NO es, es peor. No importa que por fin me haya divorciado de la compañía BlackBerry (que por cierto, amé y fui fan. LQQJ siempre pero en mi país no te hay blasberies). Tampoco que por primera vez tengo Instagram en mi celular. La crítica viene porque mi teléfono es más chiquito y me lo he debido comprar estándar, que no tiene flash y eso es como de Pedro Picapiedra, que no tiene para activar no sé qué aplicación en no sé dónde porque aparentemente eso es importantísimo y no soy nadie sin eso.

Total es que no la pegué con el aparato pero no me importa. Por lo menos no fui el insoportable ese que puso en todas sus redes sociales: “ME ROBARON EL CELULAR. POR FAVOR ELIMINARME… RECUPERÉ EL CELULAR… NO MÁS PIN, SOLO WHATSAPP FAVOR AGREGARME”. Lo mío no fue un robo, fue un hurto que me dio liberación. Muchas gracias al que se lo llevó encima del piano. Eres un cursi porque hurtar un celular de esa forma es de Raúl Amundaray. Pero te quiero.  Estoy en los contactos bajo "Toto" (porque nunca me acuerdo de cuál es mi número telefónico). Cuando te provoque, nos tomamos un whisky.

Friday, November 29, 2013

Firma de Libros Este Fin de Semana

 
Hello (Inserta tu nombre aquí porque no sé quien lee esto pero yo te quiero igual):

Como fundador del movimiento Dile NO a Regalar Bisutería en Navidad, voy a estar vendiendo y firmando mi libro La Hora Loca  mañana Sábado 30 de Noviembre y Domingo 1 de Diciembre en el Bazar de la Fundación de Todo Corazón Richard Gibson. Es en el Hotel Paseo Las Mercedes, ambos días de 10:00 am a 7:00 pm. Un bazar pequeño pero grande de corazón y mi libro es un perfecto regalo porque, a diferencia de la bisutería, no pasa de moda.

¡Te espero! y si no mándame a una tía. (Y si vienes tú, abrázame. Que un hombre pase dos días metido en un bazar es inhumano).

Toto.

p.d. También hay bisutería, pues.

Wednesday, November 20, 2013

Una Invitación A Cenar


Mi abuela es un personaje. Me llamó a felicitarme porque ya pronto va a salir al mercado mi libro La Hora Loca. A la media hora me volvió a llamar para preguntar que dónde lo iba a vender. A los cinco minutos, volvió a repicarme para preguntar que cuánto me quitaban las librerías por cada libro vendido. A los cinco minutos, volvió a llamar a decirme que las librerías eran medio usureras por quitarme real. Le dije que éste no era el caso pero que también estaba la opción de la venta directa donde de verdad nadie me quitaba real. A los siete minutos llamó para preguntarme qué implicaba una venta directa. Le dije: “Familia”. A los quince, envió este correo a cuarenta personas:

Están cordialmente invitados a cenar a mi casa el miércoles 20 a las 7:30, hora inglesa. Prohibido traer objetos tales como regalos o flores. Se sugiere venir con el trozo de papel higiénico que suelen utilizar en este lapso de tiempo. Si se les olvida no se preocupen. En secreto les digo que hay reserva suficiente. No comenten esto. Corro el riesgo de cárcel o asesinato si alguien se entera.

NORMAS DEL EDIFICIO: SUBIR EN EL ASCENSOR DE 2 EN 2. El ascensor es nuevo pero casi se echa a perder tanto o más que el viejo. No le gustan los gordos, por lo tanto le sugiero a (su hermano) que suba solo como lo hago yo.

NORMAS DE LA CENA: límpiese  bien los pies antes de entrar y prepare el cerebro para acostumbrarlo a borrar al innombrable y a sus secuaces. Tengo que pagar 1000 BF cada semana para que la terapeuta desbarate los nudos que se me forman a causa de esos ............ Sorry, NO digo groserías piensen Uds. en las peores. 

En el mueble de la entrada encontrarán un envase con unos papelitos. Tomen uno por persona. Prohibido intercambiarlos. Los puestos de las mesas son de primera, segunda y tercera categoría. Afortunadamente ya yo escogí el mío porque del suelo no me para nadie, tal vez una grúa. La comida es hecha en casa. Las recetas están a la orden y las críticas... negadas. Habrá suficiente licor a pesar de que la dueña que lo odia y solo toma Pepsi ligera. La música está prohibida debido a la falta de aparatos musicales.

Quienes estén interesados en adquirir el  libro LA HORA LOCA por Toto Aguerrevere lo encontrarán aquí sin rebaja, ni siquiera para la abuela. Eso sí, con dedicatoria.”

Espero que disfruten la compañía, el gusto de estar juntos y sobretodo la comida. La casa está abierta los miércoles siempre y cuando los anaqueles de los supermercados nos lo permitan y ustedes, por supuesto, hagan su reservación con cuatro días de anterioridad.

Hasta pronto. Se reserva el derecho de admisión”.

¿Cuál libro mío? Con este correo el libro que yo me quiero leer es el que escribiría mi abuela. Su comedor es de doce personas. Van cuarenta. Gracias, La Gerencia.

Wednesday, November 13, 2013

Al Buen Humor del Venezolano Ni Con Kryptonita


Está de moda estar de mal humor. Eso no solamente es comprensible, es necesario en momentos donde se nos prometen unas “Chavidades Felices” (Maduro dixit) y aquí uno ya discute si es que invierte los reales en un pino canadiense o si dibuja algo que se parezca a un pino en la pared.

Los recientes saqueos (u “organizaciones populares” según Diosdado), amen de la entrada del Diputado 99 por el cual el Gobierno salivó por meses para lograr la Ley Habilitante que le dará más poderes a Nicolás que Napoleón (cosa curiosa, con Chávez lo hubieran tenido al instante), ciertamente son causa para que uno se despierte pensando: “¿Lo soñé?” y se acueste diciendo: “Dios, ¿te costaría tanto ponerme a soñar con Sofía Vergara?”

La causa del mal humor no recae realmente en los precios. Tampoco en la cola que hace una señora cualquiera para llevarse dos miserables kilos de lo que sea. El venezolano es la prueba de que se puede quedar sin papel toilette, sin luz y sin whisky y sobrevive. A mí no me vengan con cuentos que esto es un país de locos. Si ocurre un holocausto nuclear, un venezolano de cajón que se salva. Por deslechado, pero se salva.

No, la causa verdadera del mal humor es que nosotros nos preparamos durante años para algo: salir de Chávez. Desde el año 1999, en mi casa no se habló de otra cosa que “cuando Chávez renuncie”; “cuando Chávez caiga”; “cuando Chávez pierda”; “cuando Chávez se vaya”. Para todos estos escenarios nos preparamos, algunos de manera más inocente que otros. ¿O acaso nadie recuerda aquel diciembre del paro petrolero cuando salíamos a las calles y pensábamos que un presidente que se confesaba democrático iba a renunciar? Ilusos.

Chávez se fue. Se suponía que con su partida por fin viviríamos como se habló durante catorce años cuando lo hiciera. Pero no fue así. Lo que sea que es la Revolución Bolivariana sigue en el poder y nadie, ni ellos mismos, se había preparado para un escenario del cual nunca se discutió. Chávez iba a gobernar hasta el 2021. Pero era Chávez. No otro. Nunca se habló de otro. Nos gobierna otro.

¡De bolas que tenemos que estar de mal humor!

Pero no podemos estar así todo el tiempo. Es fatua mi aseveración y quizás alguien dirá que “estamos como estamos” (frase que detesto) porque nadie se arrecha. Yo no creo que sea el caso. Basta ir a un Banco de Venezuela donde no haya línea y a un supermercado donde haya muchas líneas. Ahí hay una concentración perenne de superhéroes arrechísima. Aquí la lucha por los derechos se hace todos los días. No “estamos como estamos” porque el venezolano no responda a la batiseñal. Aquí el que nunca le para es el Gobierno.

Yo estoy de acuerdo en que la defensa por los derechos civiles, humanos y económicos debe ser todo los días. Lo que no se puede hacer es renunciar completamente al intento del buen humor porque entonces ya no somos venezolanos. Somos unos extraños en una tierra extraña. Y encima atrapados porque no hay pasajes.

Hay que intentar ser feliz sin olvidar lo que tuvimos ni dejar de anhelar por lo que podemos tener. Así sea por media hora al día hay que buscar algo que nos haga estar de buen humor. Hay que apagar la televisión a la hora de la cena y concentrarse en la familia. Contar anécdotas, sonreír, así sea porque el loro se pasó a la casa del vecino y el vecino es alérgico a los loros. Debemos preguntarles a los hijos todos los días qué tipo de país quieren. ¿Los padres siguen preguntándoles a sus hijos qué quieren ser cuando sean grandes? Eso es una pregunta importante.

Por treinta minutos hay que sacar más libros y menos Twitter, hay que oír mucha música y poco discurso. Hay que vivir. Por media hora al día hay que concentrarse en que hay mangos por tumbar en el árbol de la cuadra. Hay que ver el Ávila. Y amarlo u odiarlo (porque el Ávila es medio cursi) pero hay que verlo. No implica hacer tiempo para ser un músico del Titanic, todo lo contrario. Es darse tiempo para recordar por qué es que uno sigue aquí. No conozco a ningún otro superhéroe que luche contra la injusticia las 24 horas al día. En algún momento Batman se debe ocupar de ser Bruce Wayne.

Después de esa media hora o de esa cena, pues con furia. Que se prendan pantallas, radios, cohetones y arrecheras. Que el mal humor entre a esa casa como Maléfica invadió el castillo del Rey Estéfano. Que la rabia los acompañen en su furia y que la cacerola suene como si el tamborero hubiera recibido el mensaje que le diere más duro ahora. Que se hable mal del Presidente, de la señora que hizo una cola por quince horas frente a Daka sin saber qué quería comprar, por la falta de pan o por el vivo ese que se coleó en el hombrillo aquel.

Pero no se puede olvidar una media hora al día del intento al buen humor porque ahí sí estamos perdidos. Somos una gente que directa o indirectamente ha sido atracada, secuestrada, gaseada, multada, botada, pegada, desmoralizada y vejada. Pero también somos los sobrevivientes de un grandilocuente showman reducido a pajarito. Nunca pudo quitarnos el bueno humor del todo. Nunca. El que está montado en su puesto tampoco.  Eso jamás puede olvidarse. A fin de cuentas es nuestro más preciado superpoder. Contra eso, ni kryptonita.-

Tuesday, November 12, 2013

Coming Soon: La Hora Loca


Finalmente, aquí está la portada de lo que será mi segundo libro La Hora Loca. A mí me encanta, es como una copia que hubiera tenido la de Hechizada en su baño. Ya prontamente sale, está justo en este momento en imprenta y si todo sale como quiero que salga, anuncio una sorpresilla para un sneak sale este lunes 18 (pero solo si me sale como quiero). Abajo pongo la descripción de lo que va el libro. ¡No saben lo emocionado que estoy! Por cierto, Cuentos de Sobremesa: lo publiqué online en Lulu y prontamente debería estar en Amazon.  
Aquí la sinópsis de La Hora Loca:
Toda fiesta en Venezuela tiene un momento planificado donde los invitados se ponen un sombrero de goma espuma y bailan desaforados. Se le conoce como la “Hora Loca”. Es lo más ilógico que hay pues los venezolanos viven 24 horas locas al día. Una sociedad que al momento de conocer los resultados electorales no sabe si sacar la champaña o el Valium no puede pretender que le pongan orden a su pea.
En esta colección de cuentos salpicados con humor, el bloguero Toto Aguerrevere narra sobre la dificultad de pasar una hora en el aeropuerto explicándole qué es un mazapán a un Guardia Nacional, el salir en una cita a ciegas con una espía y ver cómo cinco extraños se vienen a beber a su casa solo porque auxiliaron el carro de su hermano en una autopista.
Desde una tía que en un matrimonio ofrece la perfecta receta para las hemorroides, la apología del rabipelado que causó el apagón nacional, las cartas de un niño campista en huelga de hambre, hasta un sicariato en plena luna de miel, estos cuentos son la prueba de que en Venezuela podrá haber escasez, pero horas locas sobran.

Sunday, November 3, 2013

¡Abajo la Bisutería! Se viene el libro de Toto

Foto: Maiskell Sánchez
 
¡Buenas noticias! (Bueno, para mí... van a tener que leer para decidir si son buenas también para ustedes). La ausencia en el blog por un mes probó ser un hit y todo indica que el segundo libro de Toto va a estar en las estanterías de las librerías para diciembre (o antes si no hay golpe, escasez de papel, o un rabipelado que incendie la imprenta). Esto me tiene bastante contento porque me moría de las ganas por sacar un nuevo libro después de Cuentos de Sobremesa. Y ya es un hecho (de nuevo, si no hay golpe, escasez de papel o un rabipelado que incendie la imprenta el día que le den print a mi libro ((o cómo sea que impriman libros)).

El libro se va a llamar “LA HORA LOCA”.

No es un libro de fiestas, son cuentos entre serios y divertidos bajo una premisa lógica: ¿qué demonios hacemos los venezolanos celebrando UNA hora loca cuando nosotros vivimos horas locas VEINTICUATRO horas al día? Aquí dan un resultado electoral y uno no sabe si tiene que sacar la champaña o el Valium. Por ahí van los tiros del libro, el cual está salpicado con anécdotas personales, desde mi mamá desnuda en Abú Simbel (claramente yo estoy desheredado) hasta el día que me exploté la cara con un calentador de gas porque yo soy un menso. Este es un adelanto del libro ya en imprenta (y un sneak peek de la portada):

Aunque hay muchos cuentos que ya vieron luz en este blog, creo que la selección quedó digna de un cassette de remix de canciones de Coldplay (bueno Coldplay versionado por un grupo escolar en Choroní). Mi idea original era hacer 100 cuentos, pero cuando me di cuenta de que 100 cuentos son un libro de 1000 páginas (y el banco me pintó una paloma con el préstamo), pensé que lo mejor era irme por los 30 cuentos que yo quisiera leer tiempo después. Esos son los que están en La Hora Loca.

Ya esta semana me pongo a ver lo de la distribución, hacer los trámites para montarlo online para la gente que vive afuera y comenzar a hacer ruido. Pero lo más importante es que espero de corazón les guste porque a mí me encantó el proceso. Lo mejor es que quedaron por lo menos 25 cuentos por fuera que eliminé a último minuto por cuestiones de espacio. Pobres, todos pusieron cara de cuarta finalista cuando los boté. No importa, eso implica que hay cuentos para rato, ya sea aquí en el tea party o para una próxima aventura literaria de poceta.

Pronto más detalles. Mientras tanto, ¡Abajo la bisutería en Navidad! El regalo es el libro de Toto (y bueno que si un Ponche Crema para quedar estelar con la abuela tradicionalista).

Friday, October 25, 2013

¡Dos Por Persona!



Llego del supermercado que queda al lado de mi casa. Salvo a las nueve de la mañana cuando las amas de casa hacen sus compras, o temprano en la noche cuando la mayoría de los oficinistas hacen las suyas, el super es un lugar tranquilo. Aquí ni siquiera hay promotoras con muestras de galletas. A mi supermercado eso le parece niche.

La dueña del establecimiento es amabilísima y sabe que al verme cada quince días debe sacar la llave del estante donde están guardados los licores para sacarme una botella de White Label. El carnicero se burla de mí porque yo no sé ni comprar jamón, los “se lo llevo” ya saben que yo me voy con una bolsa de hielo y las cajeras son esas mujeres que concuerdan conmigo que la gente no puede tirar su carrito a la deriva cuando termina de descargar sus compras en la cola para pagar.

Hoy he ido a una hora inusual para mí pues le he prometido a una amiga que Josefa le va a hacer sus famosos brownies para la primera piñata de su chamo. Solo debo comprar una barra de chocolate Savoy y una caja de huevos por lo cual estimo que no duraré más de diez minutos allí. El problema es que en esta ocasión me encuentro con que el supermercado tiene una novedad: no hace menos de una hora ha llegado un camión con una carga de azúcar.

Entrar allí es como entrar a un mercado persa y pronto veo que de manera inconsciente agarro mi teléfono y coloco mi dedo índice sobre la tecla 7. Ese es el speed dial para llamar a mi mamá. No está en la ciudad pero no importa, hay momentos en los que uno necesita seguridad en caso de tener que solicitar un helicóptero o camión de bomberos para su rescate.

El bululú es total y la gente en fila acapara la mayoría de los pasillos. Hacer una compra implica tener que atravesar carritos con muchos “permisos”, “disculpe” y “no, señora, no me estoy coleando”. Ubico mi chocolate Savoy y voy por los huevos. Allí están, puestos junto a un afiche de Pantene donde sale Érika de la Vega. Con lo caro que están los huevos, pienso que su ubicación es un privilegio. En Venezuela ya se llegó al punto donde los huevos son tan exclusivos como la imagen de Érika de la Vega para Pantene.

Con mi compra en mano, camino hacia la fila con menos gente para esperar por pagar. Allí es el pandemonio. Desde la caja se oye a la cajera, María, una señora normalmente tranquila, convertida en mapanare. “¡Dos por persona, señor! ¡Por favor colabore!” Esto se lo dice a un señor que veo carga cuatro paquetes de azúcar. Pronto miro a mi alrededor. Todos los carritos están vacíos con excepción de dos paquetes de azúcar. Un carro de mercado completo es inexistente. La amarga realidad es que todos están aquí por el dulce.

Converso con la gente de mi fila. Uno es obrero en Chacaíto que es primo de uno de los montacargas del supermercado. Se trajo a toda la obra para adquirir azúcar. Otra es una señora que se vino de Prados del Este. El resto es de la zona. Todos con el monto exacto en billetes para dos bolsas, 12,22 Bolívares, pues María en la caja ya ha gritado: “Por favor colaboren, ¡no tengo sencillo!” Es la fila de la escasez. Tanto de azúcar, como de sencillo y de dignidad. Ni siquiera la señora, muy elegante ella, escapa de ser indigna. Se ha traído a la muchacha de servicio, al jardinero y al chofer para que todos compren azúcar para su casa. Es lo que se conoce como una acaparadora encopetada.

El tiempo para pagar es largo y la impaciencia apremia. En cualquier momento se acaba la azúcar y la gente entra por montones a buscar los dos kilogramos que se les permiten. No hay arañazos ni golpizas como he oído de otros supermercados, pero el mal humor es latente. Eso no es verdad, este país ya no está de mal humor. Lo que está es resignado.

Con tres personas en frente de mí para cancelar, miro mis compras. Chocolate y huevos para hacer un frívolo postre. Cómo si a mí no me afectara lo que me rodea. Por alguna razón me avergüenzo de mi compra. Sobre todo cuando en la caja veo montones de paquetes de azúcar. Uno apilonado sobre otro. Mercancía devuelta porque algunos “vivos” intentaron comprar de más. ¿Y si uno de ellos fuera pastelero de profesión? ¿Qué se hace en esos casos?

Cuando llego a la caja agarro uno de esos paquetes por instinto y lo paso. “No sea bruto”, me dice María la cajera. “Llévese los dos porque después no hay más”. Así me voy del supermercado, con un chocolate, unos huevos y dos kilos de azúcar que pienso no necesito pero que son recibidos ya en casa por una Josefa que se maravilla como si le hubiera traído trufas. Soy un acaparador bendito.

La cocina huele a chocolate horneado mientras escribo estas letras pero no puedo dejar de pensar que el país no huele así. Hiede más bien a desespero. Cuando me fui del supermercado le pregunté a María: “¿Hoy acaban con toda la azúcar?” María me vio como el gafo que soy y me contestó: “Ya se acabó”.

Un niño comerá brownies esta tarde en una piñata y otro tomará café con azúcar, quién sabe hasta cuándo… Esa es la amarga realidad de vivir en un país que era de a dos porque estaba barato y hoy es una tierra de dos por persona. Y con la imágen de gente en fila para llevarse dos kilos de algo cuando pudieran ser cien si quisieran, yo no puedo dejar de pensar en una sola cosa:

¿Dónde carrizos estoy?

Wednesday, October 23, 2013

Días de Natilla o Cheesecake


Hay una escena en la película Juno donde Jennifer Garner se le voltea al marido (el que no es Batman) y le pide que escoja entre dos colores para pintar la pared del cuarto de su nuevo bebé. “¿Natilla o cheesecake?”, le pregunta. Ahí el esposo (el que no es Daredevil) se da cuenta de que ella es una de las personas más aburridas del mundo. Alguien que tenga que preguntar si una pared debe ir pintada de color “tía que preguntó si en la Primera Comunión pusieron almendras” se merece que San Pedro la reciba con un bostezo cuando llegue a las Puertas del Cielo.

Hoy me decidí a tener un día Natilla o Cheesecake.

No sé por qué lo hice, pero quise averiguar qué implica ser una persona absolutamente aburrida. Quise saber qué hace una persona que no hace nada un miércoles. Cierto, hay días en los que no hago nada. Se llama estar enratonado. Pero esto fue una decisión completamente sobria… Me acabo de dar cuenta de que almorcé pollo al vino. Está bien, una decisión moderadamente sobria.

Desde que llegué de viaje no he dejado de trabajar en el nuevo libro (ya contaré sobre eso en otra entrada). Quité cuentos, agregué cuentos, luego me arrepentí de un cuento y busqué en Google: “¿Qué pasa cuando le diste a vaciar papelera y te arrepentiste?” Lo revisé para ver si tenía errores y luego decidí que todo el libro era un error y que no debería enseñárselo a nadie por lo cual tomé la decisión más sabia: lo envié a la imprenta.

Y hoy, cuando en mi computadora hay un archivo con el nombre del libro del cual ya no queda más nada por hacer (salvo que la imprenta se incendie y haya que enviarle el archivo a otra imprenta), pensé que solo por hoy me podía dar el lujo de ser como ese archivo. No hacer nada con mi vida de manera consciente durante un día.

Por eso decidí tener un día Natilla o Cheesecake.

Mi día fue como sigue:

Despertarme a las 8:47 a.m. con la terrible sensación de que no puse la alarma. Darme cuenta de que no puse la alarma. Darme cuenta de cuenta de que yo nunca pongo la alarma.

Cantar la estrofa de Highway to Hell de AC/DC en camino hacia el baño. Rematar con Applause de Lady Gaga mientras me cepillo los dientes. Salir del baño. Prender el iPad y constatar que se fue el Internet. Preguntarme cómo funciona Internet. Decidir que Internet lo hacen unos duendes en Ostergundesrtadt, Noruega.

Desayunar un pan tostado con queso derretido. Abrir el periódico. Ver que explican el SICAD. Decidir que no entiendo el SICAD y que esa será la noticia que voy a leer. Pasar olímpicamente toda la explicación sobre el SICAD por encontrar una nota donde Marc Anthony afirma que “está loco” por leer el nuevo libro de Jennifer López.

Sentarme en la terraza a leer Twitter en mi teléfono. Cerrar Twitter porque me llaman sobre un trabajo. Decirle que lo llamo en veinte minutos por encontrarme en un estacionamiento. Volver de nuevo a Twitter. Llamar a persona sobre el trabajo.

Bañarme. Cantar Informer de Snow Patrol. Pensar en el miedo que me daría si Tilda Swinton entrara a mi baño en este instante cantando Informer de Snow Patrol. Vestirme. Sentarme frente a la computadora. Decidir que hoy por fin voy a limpiar todos mis archivos de la computadora.

Veinte minutos después… Crear una carpeta llamada “Documentos Varios” y arrastrar todos los documentos de mi computadora hacia ella.

Resetear Internet. Revisar mi cuenta bancaria. Decidir que no me puedo dar el lujo de tener un día de Natilla o Cheesecake. Tomar la sabia decisión entre trabajar o abrir Instagram. Abrir Instagram. Darle Like a fotos de una niña en una montaña en Nepal. Pensar que me gustaría visitar Nepal. Llegar a la conclusión de que no sé exactamente dónde queda Nepal en el mapa. Pensar que Tilda Swinton seguro sabe dónde queda Nepal.

Googlear Tilda Swinton.

Almorzar pollo al vino. Darme cuenta de que estoy realmente aburrido. Paliar el aburrimiento en YouTube. Ver el tráiler de Tom Hanks sobre la nueva película Finding Mr. Banks. Caer en un video de Julia Roberts. Llegar al video donde Julia Roberts es sorprendida en el show de Ellen. Voltear hacia la ventana y ver que llueve. Decidir queJulia Roberts seguro dormiría una siesta si tuviera un día de Natilla o Cheesecake. Dormir siesta. Despertarme. Lamentarme que no puedo llamar a Julia Roberts a decirle que dormí una siesta.

Sentarme en un sofá. Pensar en qué estarán haciendo los chinos. Pensar en palmeritas. Decidir que las palmeritas son más interesantes que los chinos. Ir a la cocina a comer palmeritas. Decidir que no sé exactamente cuál es el color de las palmeritas. Recordar la frase de Jennifer Garner en Juno dónde le pregunta al marido sobre si la pared la deberían pintar de natilla o cheesecake.

Llegar a la conclusión de que no hacer nada conscientemente durante todo un día es igual a ser el marido de Jennifer Garner (el que no es mejor amigo de Matt Damon) cuando ella le hace esa pregunta en la película. Ser feliz que son las seis de la tarde y que ya mañana comienzan mis días de ajetreo de nuevo. Decidir escribir todo esto en el blog para anunciar mi regreso del retiro personal al que me sometí para terminar todo lo que quería terminar para noviembre.   

Pensar que Jennifer Garner y su marido (el que sí fue ex de J-Lo) seguramente son amigos de Julia Roberts. -

Tuesday, September 17, 2013

Blog en Abandono (Temporal)


 
Siempre he dicho que todo blog merece un final. Éste no es el final del tea party, pero sí una bajada temporal de su santa maría, la cual he debido bajar antes… ¿Por qué se le dirá santa maría a la reja? ¿Qué le pasó a la Niña y a la Pinta que no tuvieron una puerta nombrada en su honor?
También he pensado siempre que la Pinta fue un terrible nombre para un buque.
Me largo un tiempo y no voy a poderme sentar a escribir en el blog por lo cual lo mejor es pasarle la llave con la promesa que pronto volveré. Mientras tanto: las noticias.
Escribí un libro.
En verdad escribí dos. Uno para chamos y uno para gente como tú y como yo. El primero no tengo idea cuando sale, el segundo espero y me encomiendo a la Pinta, la Niña y la Santa María que lo pueda sacar para diciembre. A mi modo de ver no vamos a tener plata ni para comprar un pino de Navidad, por lo cual un libro de cuentos es la segunda mejor opción. “¿No hay pinos? Ven que yo te echo un cuento…” Por ahí va la cosa.
No he sacado ni costos de cuánto me va a salir la gracia pero yo quiero que la gente lea mis cuentos como se leyeron de Cuentos de Sobremesa. Tanto, que considero ponerle Cuentos de Sobremesa Volumen II porque a fin de cuenta eso es lo que son y esto es lo que es este blog. Hay cuentos nuevos, cuentos viejos, cuentos contados por otros y cuentos de toda la vida.
Lo que más me aterra es que a mi me encanta como quedó.
Al volver, me encargaré del negocio. Ahí espero contar que sí, que el libro es un hecho y no que no hay papel, no hay real o que quemé el manuscrito en un estado de ira en el medio de un viaje en tren (lo cual sería una tremenda historia).
Mientras tanto me despido de este hogarcito para el cual cada vez le tengo menos tiempo pero no menos cariño. Apagando la luz y cancelando el periódico. Esperando volver porque alguien tiene que llegar a contar´el porqué se le dice santa maría a la reja.-

Friday, September 6, 2013

En venta, zapatos de bebé: nunca usados

III Concurso de Microcuentos #C140 de Banesco


“Me imaginé mi vida contigo. Vamos a tener un divorcio sensacional”. Esto fue un microcuento que escribí en Twitter y que ha gustado lo suficiente como para hacerme pensar que aquí la gente es fatalista. El arte del microcuento es narrar en unas pocas oraciones lo que otros tardarían mil páginas en decir. Es el pin, pun, pan y el vine, vi, vencí sin tener que pasar por decir que te calzaste las botas. Las botas están implícitas.
 
Hay ocho mil versiones de microcuentos a lo largo de la historia pero la anécdota que más me gusta a mí fue la atribuida a Ernestico Hemingway. Cuentan que al escritor lo retaron para escribir una novela de seis palabras. El de los suéteres tejidos y el dry Martini respondió: “For sale, baby shoes: never worn” ("En venta: zapatos de bebé, nunca usados"). Probablemente no lo escribió él y sea solo una leyenda pero el cuento es genial porque se abre a interpretaciones. De repente es que el baby se despachó; o de repente a la mamá le parecieron niches los zapatos, uno nunca sabe.
 
Con el Twitter y la limitación de los 140 caracteres, el microcuento ha ganado relevancia porque no hay para donde más agarrar, uno debe ser breve y punto. Apoyando esta iniciativa, durante los últimos tres años Banesco ha lanzado su Concurso de Microcuentos #C140 a través del Twitter. En su primera edición, Juan Carlos Carreño Serrano se ganó el concurso con este cuento:“140 fueron demasiados: con 5 caracteres, me dijo adiós #C140”. El año pasado Alba Codutti se llevé el premio con este tweet: “#C140. Harta del peso de los elefantes, la araña cortó la tela y se marchó a tejer a otro lado. @Banesco”.
 
Hoy se lanza la convocatoria para la tercera edición del Concurso de Microcuentos #C140 de Banesco que se va a llevar a cabo desde el 16 de septiembre hasta el 30 de octubre. Este concurso está abierto para todos aquellos tuiteros mayores de 18 años de edad y residenciados en Venezuela que tengan algo que contar. Y aquí está el detallito, el jurado soy yo.
 
Me escogieron junto a Fedosy Santaella; Luis Yslas; y Lenin Pérez Pérez. Me siento como importante en esa lista, pero la verdad es que los cuatro tenemos un trabajón enorme por delante. Nuestra misión es leer todos los microcuentos que nos envíen, escoger a los mejores 100 y de ahí seleccionar el tweet ganador.
 
Aquí están las bases:
El twittero debe ser mayor edad y residenciado en Venezuela; seguir el perfil @Banesco y escribir desde su cuenta microrrelatos que no excedan los 140 caracteres, incluyendo la mención a @Banesco y el hashtag #C140.
Solo serán considerados los tweets que estén redactados del modo siguiente: #C140 + [microcuento] + @Banesco y que sean recibidos los días hábiles entre el 16 de septiembre y el 30 de septiembre entre las 8:00 a.m. y las 5:00 p.m.

El concurso consta de dos etapas:
Etapa 1: Recepción de los tweets concursantes. Cada twittero podrá participar publicando los microrrelatos en su cuenta que respeten las condiciones fijadas. Fecha: 16 al 30 de septiembre, de lunes a viernes en el horario comprendido entre 8:00 a.m. y 5:00 p.m.
 
Etapa 2: Evaluación del jurado calificador. Publicación del veredicto con el nombre del ganador: 5 de octubre. El ganador se lleva una tarjeta TodoTicket con un monto de Bs. 30.000. Todos los detalles están en el Facebook de Banesco. Leer aquí.
 
Yo estoy muy emocionado con este concurso porque espero leer microcuentos sensacionales. Estoy abierto a todo: algo romántico, algo trágico o algo cómico aunque mi consejo para los que se atrevan (que espero sean todos) es que traten de pensar en un cuento que tenga algo de ironía y humor. Por lo general esos son los que más se recuerdan. Ojo, esto es lo que haría yo si participaría pero el criterio es de cada quien. Lo que  busco como juez es el elemento sorpresa. “Me enamoré de ti un martes y al día siguiente fue viernes”, fue otro microcuento que escribí. Algo que me dé ganas de marcarlo como favorito, pues.
 
Abierto a cualquier pregunta a través de mi cuenta @totoaguerrevere (claro tampoco es que si:“Ola que ase, mira tú me puedes ayudar a escribir el cuento”) pero para aclarar dudas, háceme mention.

Qué gocen, qué piensen y ¡gaceta microcuentera a partir del 16 de septiembre!

Thursday, September 5, 2013

El Verdadero Manual de Instrucciones Para Solicitar CADIVI


A la atención de los ciudadanos y ciudadanas residentes en Venezuela. Lo siguiente constituye un manual de instrucciones detalladas para solicitar su cupo y cupa de moneda extranjera ante la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI). Tenga en cuenta que para poder completar con éxito estas instrucciones, usted necesitará tener a la mano los siguientes recaudos: 
  1. Paciencia
  2. Una tarjeta de crédito activa
  3. Acceso a Internet
  4. Carpetas (NO color carne imperialista)
  5. Papel
  6. Impresora
  7. Tinta
  8. Bolígrafo
  9. Goma de pegar Pritt
  10. ¿Le mencionamos paciencia?

No, esto no es una lista escolar. Con toda la seriedad del mundo le notificamos que esto es lo que necesitará para acceder a sus reales en el extranjero.

La  primera indicación que debemos darle es la siguiente: No viaje. En serio. Las trabas para solicitar cupos de moneda para utilizar en el exterior son tan engorrosas que es mejor que usted empaquete a toda su familia en la camioneta y se vaya a pasar su temporada vacacional en Carora donde lo atienden de maravilla. Si decide tomar esta precaución lo felicitamos. Nos ahorra a nosotros trabajo y a usted arrechera. En Carora pregunte por la señora Sonia que prepara un conejo que es la gloria.

Si decide continuar con su viaje al exterior (o es un ciudadano de Carora o es la señora Sonia) adelante. Pero no diga que no se lo advertimos.

Lo primero que tiene que hacer es soñar con un viaje al exterior. Algo con palmeras, cocos, tragos con paragüitas y tiendas con cartelones que digan “SALE”. Una vez que se dé cuenta que eso que usted quiere hacer es carísimo, deberá comprarse un pasaje de avión a una localidad en la que le cuadre la insólita cifra pichirre que nosotros le otorgamos. Porque así somos en CADIVI, le limitamos sus reales para que después no llegue de viaje diciendo que está pelando. Considérelo un servicio social a su cochinito.

Con su boleto aéreo y pasaporte en mano, diríjase a una computadora de su confianza y acceda a Internet. Sí, es una tragedia, nosotros tampoco tenemos Internet en estos momentos. Esperaremos.

¿Le llegó la señal? OK, menos mal. El otro día a una prima le pasó que no le llegó el Internet en seis días. A continuación ingrese en el portal web de CADIVI y haga clic en “registrarse”. Es como Facebook pero aquí nadie quiere ser su amigo porque usted no nos invitó a su viaje. Luego registre los datos requeridos por el Sistema de Administración de Divisas, ingresando un correo electrónico de su confianza. Déle clic a aceptar y minimice la ventana. Sí, entendió bien, sálgase de la página. No, no le estamos diciendo chao.

Ahora, abra una nueva ventana e ingrese en su correo electrónico. Revise que tenga un you’ve got mail de nosotros. Si no ve que no le ha llegado, tranquilo. No se asuste ni llame a un miembro de su familia a decir cosas como: “Por eso estamos como estamos. Yo sabía que esto iba a ser dificilísimo”. Si en verdad no le llega, revise Spam. Y si ahí tampoco está, usted no necesita CADIVI, usted necesita clases de cómo rellenar datos en Internet porque ese correo le llega a todo el mundo en menos de cinco minutos.

Asumimos que ya le llegó el correo (si no, váyase a la primera parte de estas instrucciones). Ahí va a ver una clave larguísima que usted luego tiene la opción de cambiar por una que en verdad recuerde pero estamos seguros que le dará flojera. Ingrese de nuevo a la página de CADIVI y ahora haga clic en el botón “Usuarios Registrados” (¿no le emociona que ya usted es parte de nuestro club?)

Seleccione la opción para realizar trámites por concepto de viajes al exterior e inicie su sesión con la clave esa larguísima que le dimos. Ahí va a llenar, anote ahí: nombre, apellido, cédula, número de pasaporte y nombre de su banco donde le vamos a mandar los billullos. Luego con su pasaje anote cómo se va, adónde va y cuánto tiempo se larga. Una vez que esté listo eso, déle clic a “generar solicitud” e imprima la planilla. ¡Ojo! Hay escasez de tinta en el país, le lanzamos ese dato para que se prepare antes de considerar irse de viaje.

Completado este paso, hágase un examen de conciencia bien honesto y pregúntese: ¿tengo tiempo para armar una carpeta en estos momentos? Por lo general usted va a decir que sí puede. A fin de cuentas está en la mitad de su trámite. Pero se lo advertimos porque no queremos que nos mente madre. Si usted tiene hijos que corren por la casa, no haga carpeta. Si está en el trabajo y espera una llamada importante, deje la carpeta para otro momento. Si algo pasó en la Asamblea Nacional y los canales de noticias andan pegando alaridos, no haga carpetas. Nada peor que andar con los dedos pegados con goma para que reciba una llamada de su madre guarimbera diciéndole: “¿Supiste?”

Está bien comencemos. La carpeta que debe utilizar es una de color marrón y de tamaño oficio. Por color marrón queremos decir marrón tirando a afro descendiente, nada de eso de la carpeta color carne. No sabemos la razón pero nos contaron que el señor que hace estas carpetas se volvió millonario y bueno, hay que apoyar el talento nacional.

En la cubierta de la carpeta pegue con goma un papel que detalle su nombre, cédula de identidad y el número de solicitud. La identificación debe ser manuscrita o impresa y pegada en la parte central de la carpeta. Por central queremos decir en el mero medio. Si usted no tiene visión espacial culpe a su colegio, no a nosotros. Échele goma a la parte de atrás del papel y péguelo. Si quedan burbujas de goma, no importa.

Abra la carpeta y comience a meter sus papeles. No utilice clips ni grapas. ¿Usted quiere sus reales a tiempo? No nos haga buscar un saca grapas en la oficina. Meta la planilla que imprimió, y luego un separador del color y papel que usted quiera, pero no se pase de niche poniendo papel lustrillo. Esto es como primaria pero tampoco es pa’ tanto. Utilice un separador para cada documento que introduzca.

Luego meta la copia del pasaje aéreo de ida y vuelta (o bueno si usted solicitó CADIVI porque se larga a hacer su Plan B en el exterior, hasta luego). También va el pasaporte vigente y una copia de su cédula de identidad. Esta debe ir ampliada con un porcentaje de 150 a 300 por ciento. Lo entendemos, nadie sale bien en la foto de la cédula y ampliarse es como meter el dedo en la llaga. Prometido que no nos burlaremos… bueno OK, un poquito nada más.

Una vez que tenga todo en orden, agarre un lápiz o bolígrafo y folie las páginas en la parte superior derecha. El acta de consignación es el único documento que no se enumera pero cuéntela. Esa es la página uno pero no lo anote en ninguna parte porque nos vamos a volver locos. Hágase como si eso fue su primera vez en la cama, se cuenta pero es como si no existió.

Terminado respire, tómese un trago y felicítese: usted pasó el curso CADIVI Cree Que Estamos en Maternal.

Ahora vaya al banco y entregue su carpeta. Y por favor no insulte a su operador cambiario si le dice que le faltó un sello, una firma, o puso una grapa en una hoja cuando le dijimos por las buenas que no nos gustan las grapas. Ellos no tienen la culpa de que nosotros seamos tan burocráticos. Luego rece, haga su maleta y espere a que le mandemos un correo para que vaya a buscar sus reales en el banco. Si Dios y los nuevos horarios en la Ley del Trabajo lo permiten, antes de que se vaya al aeropuerto.

Feliz viaje les deseamos todos los que laboramos en la Comisión de Administración de Divisas CADIVI. Tráiganos algo.-


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