Debo tener bastante tiempo que no cruzo por Las Mercedes un sábado en la
noche. Son demasiados los cuentos de inseguridad como para apartarse del gueto
en el cual me he amurallado para vivir una vida “normal” en Caracas. Y si bien
no me impresiona que el bullicio de los locales siga intacto, el punto de
control policial en plena avenida principal no deja de impresionarme. Sobre
todo porque ahora viene hasta con cartelón impreso que dice eso: “punto de
control”.
No es la policía de Baruta la que realiza las revisiones, es la Guardia Nacional.
Incluso son dos los puntos, uno detrás de Recordland y otro en la avenida. Cosa
que está bien, imagino. Pero el problema es que aquí tener todos los papeles en
regla y tu carro en buen estado no te eximen del miedo perenne de pasar por
estos controles. Como si fueras a cruzar la frontera en la Polonia del comunismo. Aquí
lo único que impera es sentarse recto, pasar por los conos y rezar para que tu
cara más seria -labios fruncidos y mirada al horizonte- sea la indicada para
que la Guardia
piense que tú eres un idiota imitando tu foto de pasaporte.
Hago una retrospección y llego a la conclusión de que toda la vida le he
huido a los puntos de control. Por años crucé en El Mundo del Pollo en La Castellana hacia mi
casa porque sabía que habría un punto de control frente al León. Lejos de
sentirme seguro, toda la vida me he sentido ladrón. A tal punto que cuando me
agarran de sorpresa los puntos de control, bien sea porque es imposible verlos
desde lejos o porque, como los de Las Mercedes no hay atajos ni sobriedad que
valga, esto es estrés en las rocas.
En los puntos de control del aeropuerto ya me he resignado: soy un terrorista
encubierto con dediles de cocaína metidos hasta en las cutículas de mis dedos. Ya
ahí ni trato de poner cara de idiota. Viajar solo es de idiotas, punto.
Aunque es necesaria la presencia policial en las calles, pensar que hay que crear una política
de humanización policial es irrisoria. Sobre todo cuando “le cayeron a 60 tiros
al salir del funeral de su mejor amigo” es la noticia que menos causa escándalo
en el periódico. Pero también hay que reflexionar que nos hemos convertido en
ciudadanos que le huyen tanto al hampa como a la guardia. Y eso es lo más idiota de todo.-

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