El segundo día del Concurso
1 Foto Por Día Por 28 días de Roberto Mata, me toca fotografiar un detector de
mentiras. Decido que los soldados que fueron anoche a la fiesta disfrazados de
intestino largo gozaron una pelota porque los gallos cuando están bien
disfrazados siempre gozan.
Pero alguien no gozó.
Llegué a la conclusión de
que el tótem que sale en la primera foto no puede ocultar su cara de que la
fiesta de disfraces quedó malaza y que yo soy un idiota. Por lo tanto he decidido
que mi nueva misión en la vida es fastidiarle la paciencia hasta que seamos
amigos. Así soy yo con la gente que le caigo mal, los jodo hasta que me
quieren. No lo logro pero un inseguro con necesidad de aceptación hace ese tipo
de cosas.
Así que mi primera tarea es
llevarme al tótem que me odia en mi aventura para averiguar qué significa
detectar una mentira.
Las mentiras… Hay un
estudio por ahí que dice que la gente suele decir dos a tres mentiras cada diez
minutos. Cosa que me parece lógica. Las recepcionistas por ejemplo son expertas
mentirosas. Llegas al consultorio y la recepcionista te dice: “qué bueno
verlo”. Mentira. Luego te dicen: “tome asiento que el doctor lo va a atender en
unos minutos”. Mentira. Y diez minutos
después te dicen como para ser panas: “ya vas a pasar, tú tranquilo”. Mentira,
mentira, mentira.
¿Por qué decimos mentiras? Recuerdo
que fui a un psiquiatra al cual le caí a mojones hasta que me di cuenta de que
yo estaba pagando para ser aun más loco. Ahí hice lo más cobarde del mundo: no
volví más al psiquiatra. Lo que he debido hacer es sentarme a contarle mis
verdades para que me recetara una pepa pero no lo hice. Como Pinocho, preferí
vivir en un mundo de narices largas. Y
ahora me pregunto si valió la pena ser un disfraz de intestino por tanto
tiempo, cuando he podido ir a la fiesta vestido de mí e igual gozarme la vida.
Decido consultar el libro
de Pinocho para ver qué decía la Hada
Madrina sobre las mentiras.
“Una mentira crece y crece
hasta que es tan clara como la nariz en tu cara”.
Mientras pienso que yo
tengo la nariz burda de grande pero que ya no digo mentiras, miro los ojos del
tótem que agarro con la mano.
“Eso no se lo cree ni tu
mamá” –pienso que me dice. En mi cabeza, el tótem es súper irónico.
Una hoja cae por accidente
dentro del libro y decido tomar una instantánea del momento. No puedo pensar en
nada que fastidie más a un sabiondo detector de mentiras que tomarle una foto
cliché con filtros Instagram producidos por la accidentalidad de la naturaleza.
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