El tercer día del Concurso
1 Foto Por Día Por 28 días, me mandan a tomarle una foto a un pony varonil.
Este tipo de retos me encantan por su dualidad. La razón por la cual no hay
ponys varoniles es por culpa de los humanos. Un pony vivirá toda su vida oyendo
a la gente decirle: “ay que cuchi el pony”.
Que desde el día en que naces hasta el que te de despaches te digan que
eres cuchi es suficiente como para que le tengas rabia al mundo.
Por cuestiones de la vida
me surge la idea de un carrusel. Los caballos de madera de un carrusel son
mariquisimos. A todos los pintan con plumas rosadas y tienen más lazos
amarrados que un San Antonio. Se me ocurre la idea de fotografiar eso: un pony
varonil que le dijo “basta” a la conformidad de un carrusel de vueltas.
Aquí anda corriendo pitado
el pony rebelde:
Pero por alguna extraña
razón no me gusta. El tótem ese con ojos que detectan mentiras anda viendo la
escena como si le dijera al pony: “no huyas de la verdad”. Pero mi idea en las
fotos es volver leña al tótem ese, no al pony que acabo de liberar. Así que
meto al tótem en mi lonchera de cosas inútiles que pienso usar para mis fotos y
me largo a pensar en qué exactamente es un “pony varonil”.
La respuesta está en la
lonchera.
Ahí tengo metido todo lo que no es importante para el mundo pero importante
para alguien que disfrazaría a sus soldados de intestino. Es la lonchera de un
niño que sale a jugar con lo que tiene y que jamás se va a aburrir porque tiene
todo lo posiblemente imaginable para entretenerse. No puede haber nada más
varonil que un niño u hombre que sabe exactamente lo que necesita para no aburrirse.
Y encima hay dos ponys
adentro.
Y el tótem ese malhumorado
está bien abajo. #bienhecho

1 comments:
¡Toto, tú eres lo máximo!
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