Hoy el tótem no se quiso
tomar la foto. Le parece nichisima la asignación que me han mandado en el
Concurso de Fotos y dice que ni de broma va a participar. Tomarle una foto a un
lujo tercermundista no va bien con un tótem estadounidense. Cosa que me parece
ilógica porque en verdad un tótem es más socialista que yo.
A mí me confunde la idea de
llamarnos tercermundistas porque yo nunca he considerado que lo seamos. Pero
dada la concentración fascista en la conmemoración del 4 de febrero el día de
ayer, me doy cuenta no solamente que somos tercermundistas, es que encima somos
retrógrados. Me cuesta reconocerlo pero yo jamás había visto un acto público
donde sintiera tanta vergüenza de ser venezolano. Así que encima de excluido
ahora también confieso que soy tercermundista.
Ahora bien, la idea de un
lujo tercermundista es contradictoria. El agua potable puede ser el mejor
diamante del mundo para alguien en Darfur, mientras que para nosotros en
Venezuela lo es tener Internet todo el día. Encuentro que para el tercermundismo los
lujos son las cosas pequeñas, esos que toda la gente en Suecia diría “beeee,
eso no es un lujo” (en sueco claro, pero yo no hablo sueco). Ahora que lo
pienso de repente mi tótem es más sueco que gringo.
Para mí un lujo
tercermundista es el Cerro Ávila.
Aquí todos los días alguien
se para a decir que el Ávila está bellísimo. Los que no viven aquí ven una foto
del cerro y les da nostalgia. Es un lujo el cual contradictoriamente es lo más democrático
que hay: el Ávila es de todos para todos y se ve en cualquier lugar. Mi amiga
Valentina detesta el Ávila porque dice que es demasiado tercermundista que
todos estemos cegados por una montaña como si fuéramos Heidi o Pedro el Cabrero.
Pero es que ella está más interesada en el desarrollo de la metrópoli. O de
repente es que le da fastidio subir cerro, nunca le he preguntado.
Para mi cumpleaños, It’s
Good To Be me regaló un cuadro del Ávila hecho por el artista Hayfer Brea. El
cuadro me parece lo máximo particularmente porque mezcla el lujo con el
tercermundismo: es arte hecho con una esponja Scotch Brite que sirve de montaña
y un pañito Yes que es el cielo. Más tercermundista que eso no se pude ser. O
de repente es que a mi me gustan las cosas sencillas.
No sé tomarle fotos a
cuadros y por eso la imagen es nefasta. Pero me gusta pensar que el tótem posó
diez minutos esperando a que yo resolviera cómo hacer para que no saliera mi
reflejo en el vidrio y se fastidió. Este es el momento donde me dice: “tu idea
es demasiado estúpida. Me largo a almorzar.”
Está bien tótem, este
tercermundista te agarra mañana.-

0 comments:
Post a Comment