A
las cinco de la tarde el único pájaro que volaba en un cielo sin nubes decidió
que a mi impoluta guayabera azul le faltaba un poco de decoración por lo cual
procedió a dejarme una manchita sobre el hombro. Hacía cinco minutos que me
había puesto la camisa y decidido que estaba listo para bajar al matrimonio de
mis primas hermanas. Pero cuando el pajarraco decidió bajar la palanca y
apuntarme con más precisión que una búsqueda en Google Earth, lo consideré un
buen presagio. Aunt Claire, alias la Tía Terrorista
estaba ocupada haciendo sus labores de madre de las novias pero por lo menos ya
me había mandado a su emisario.
Lo
bueno de tener una camisa semi-manchada es que significaba que el pájaro no
volvería. Ahí entendí que mi función de primo-que-está-muy-grande-pal-cortejo-pero-es-como-si-lo-estuviera
era esa: yo contribuí a que la única mancha posible que empañaría la perfección
del matrimonio no cayera al suelo. “I took it for the team”, como se dice. Pues
todo lo demás fue así: simplemente perfecto.
El
setting: la fachada de una iglesia blanca cerca de la orilla de una playa
forrada completamente de flores. En frente, una flota de blancas sillitas
arropadas por cuatro palmeras. La caminería de ladrillos flanqueada a los lados
por un cúmulo de margaritas. Dos bancos de madera frente al altar: una para
cada uno de los novios. Dos parejas.
Se
sabía iba a ser importante. La emoción de casar a una persona es genuina pero
casar a dos ya es como para decirle a las hermanitas Kardashian: “reinas,
siéntense y aprendan cómo se hace”. Comprometiéndose casi en la misma fecha,
Clarita y Mónica mis primas decidieron que lo mejor era hacer un matrimonio en
combo. Tal era la emoción con este evento que las mujeres no solamente metieron
pintura de boca en sus carteras y los hombres tabacos en sus bolsillos. También metieron un chip de memoria extra para
la cámara de It’s Good To Be –cronista no oficial del evento-. Esto no fue un
matrimonio de “apunta y toma la foto”. Esto fue de turista japonés en concierto
de Lady Gaga.
Pero es que así debería ser. Pocas veces he conocido yo a una familia que sea tan querida por
tanta gente (mi Auntie Claire podrá ser terrorista por las bromas que me gasta
pero el consenso nacional es que lo de ella es una hemorragia de simpatía). Ahí
las sillas de la iglesia se quedaron cortas, si tú no llegabas como en Camurí
que tienes que tirar un paño a las cinco de la mañana para reservar tu toldo,
olvídate.
Y no fue para menos. Un cortejo de hombres en guayabera azul y
sombreros de Panamá agarrando por el brazo a mujeres vestidas como si la
alfombra roja del Oscar hubiera sido ahí mismo, dio inicio a la entrada de dos
mamás que llevaban a Víctor y a Roger, los novios, a la entrada de la iglesia,
seguidos por Auntie Claire. Generalmente esto es un momento donde mi mamá dice:
“ay que bello Víctor… tan orgulloso Roger… mírame a Clara que bella de azul…”
Pero esto no fue así. Aquí la gente se emocionó tanto que comenzaron a aplaudir
y a vitorear como si hubiera entrado Aladino a la ciudad de Agrabá. Hasta el
cura aplaudía.
Y
luego entraron Mónica y Clarita con su papá. Todas las novias del mundo van en
un carro conducido por un chofer con su papá en el asiento de atrás. Pero
cuando dos hijas se casan lo mejor es alquilar una carreta y que el papá sea el
chofer. Así entraron las novias. Mi tio Ignacio de cochero y Mónica y Clari de
velo y corona en la parte de atrás. Fue un momento mágico. Tan mágico que hubo
un silencio como si nadie pudiera creer lo que estaba ocurriendo. ¿Dónde estaba
Martin Scorsese? Y luego, cuando ambas bajaron y cada una se puso de un lado de
su papá, los aplausos no cesaron. Si hubo música, nadie la oyó. Esto fue como
recibir a Miss Mundo en Maiquetía. Por unos momentos todos fuimos mi tío
Ignacio entregando a sus dos hijas a los hombres más felices del mundo. Más
orgullo que eso no podía haber.
Mónica
me agarró al salir de la iglesia y me dijo: “la carroza cursi te la pusimos
especialmente para ti porque sabíamos que te burlarías”. Pero cuando todo sale
tan perfecto –estas son niñas que se casaron con “In My Life” de Los Miserables
de fondo- aquí no caben burlas blancas. Lo que cabe es el tremendo privilegio
de ser la barra de no uno sino dos cuentos de hadas modernos. Eso y el estar
parado en el lugar preciso para que un pájaro no empañara ni de casualidad todo
aquello que fue bello.-
Congrats Clari & Roger y Monica & Víctor,
from Totie Dear aka “The Poop Sweeper.”-
Fotos: FabiK.


3 comments:
Dios me hiciste llorar!!! Que emocion! Me imagino a todos. Mandales besos a Ignacio y Clara y por supuesto a los novios. Lastimas que mis papas no pudieron ir :(
Que bonita historia! y el concurso??
Loved it!!!! Que linda boda y muy lindo el post. Tacho, jajajaj, me dio mucha risa lo de turista japonés en concierto de Lady Gaga.
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