A mí me da miedo
quedarme encerrado dentro de un freezer. No sé cómo carrizos podría suceder
pero por lo menos ha evitado que sea carnicero. Un lago lleno de cocodrilos
me aterra también. Y hay días en los que pienso que sería malísimo que me
cayera el ventilador del techo encima. Pero nada me da más miedo que la aduana
de un aeropuerto. Hay gente
que tiene FOMO (fear of missing out), yo padezco de FOAS (fear of airport
security).
No sé porque me pasa pero me
siento terrorista y medio cada vez que paso por un aeropuerto. Le temo al cuarto de revisión y a que me pregunten algo que no sepa contestar.
Alejandro mi hermano me contó que cuando se regresó de vivir en Milán vía
Ámsterdam, lo metieron en el cuarto junto con unos iraquíes porque pensaron –erróneamente-
que se había quedado de más. Han pasado tres años y yo que no estuve ahí no supero
el cuento. No me gusta la autoridad. Si alguna vez me mandan a la cárcel,
moriré de la depresión en el carro policial. "¿Dónde está el acusado?" "Ah no, ese se cagó con la sirena." Por ahí van los tiros.
Este síntoma lo sabe toda mi
familia. Cuando digo toda es que hasta la tía abuela del ex esposo de una prima
que vive en Minneapolis seguramente lo sabe. Yo he explicado hasta la saciedad
que no llevo encargos al exterior por esta razón (y también porque soy un
antipático) y –salvo un episodio donde tuve que llevar un neceser con bombillos eléctricos- la gente me lo ha respetado. Pero cuando se trata de
encargos para la familia, a mi mamá les saben a ñoña mis pendejadas.
Para el matrimonio que fui la
semana pasada, la madre de las novias, pidió que por favor le lleváramos los
“mazapanes de Mechita Baldó”. Mechita Baldó es una señora que hace unos
mazapanes sensacionales que se ven en todos los bautizos, matrimonios, primeras
comuniones y todo evento donde pegue una almendra y un lazo vino tinto. Son de
todos los colores y en verdad si no están los mazapanes de Mechita, esa fiesta
quedó piche.
El problema surge cuando a mi
se me notifica que hay que llevar 300 mazapanes de Mechita Baldó dentro de mi
maletín de mano porque no caben en otra parte. Imaginen la aguja de un carro
recalentado para que entiendan mi nivel de FOAS cuando
mi mamá me dijo eso.
Le explico a ella que con todo
gusto lo meto en mi maleta pero que en el maletín de mano no lo puedo llevar.
Mi mamá me regaña y me dice que los postres son delicados y que se tienen que
llevar en la mano porque si se aplasta uno entonces el matrimonio no va (a mi mamá le encanta un drama). Nuevamente le ofrezco a sacar hasta los calzoncillos de
mi maleta, y que si quiere metemos hasta a Mechita adentro pero que si los llevo en
la mano nos van a parar inmediatamente.
-¿Cómo nos van a parar si
vamos a un matrimonio?, me dice mi mamá.
-¿Y el Guardia está invitado
al matrimonio acaso?, le respondo yo.
-¡Ah no seas ridículo, chico!
No digo más nada. Toda
conversación con mi familia donde yo tengo razón se termina con “ah no seas
ridículo, chico!” Una vez busqué la palabra ‘ridículo’ en el diccionario. “Que
por su extravagancia produce risa” Ahí concluí que mi familia jura que yo lo
que soy es una piñata.
El día antes de nuestra
partida, los mazapanes de Mechita llegan a mi casa y son depositados a la
fuerza en mi maletín de mano. 300 mazapanes metidos en cajas de pizzas, forrados
hasta la medula en papel Envoplast:
Veo las cajas de pizzas y digo lo inevitable:
-Nos van a parar…
-¡Ah no seas ridículo, chico!
Fast forward al aeropuerto… en
una caja meto mis zapatos, la correa, el celular y las llaves. La hago rodar
por la máquina de rayos X. Respiro profundo, volteo a ver a mi mamá, me despido
de ella y meto el maletín de mano. Comienzo a contar. 1… 2… 3… 4…
-Amigo disculpe, ¿qué lleva
usted ahí?
¿Quién es el ridículo ahora?
En la mesa de revisión de las
maletas (En Venezuela no hay cuartico privado y la humillación es pública) le
hago señas a mi mamá para que se mantenga alejada. Si voy a ser declarado
terrorista tampoco es que voy a ser el terrorista que vino con la mamá, nada de
eso. Pero por supuesto la madre que me parió no se aguanta y comienza a hablar
como Parlanchina en Sonatina.
Su primera frase es épica:
“Señor, estos son unos mazapanes hechos por la Señora Mechita Baldó que van
para un matrimonio en el exterior”. Esto se lo dice a un Guardia
Nacional trajeado de verde oliva con un metro ochenta y dos de humanidad y
ochenta y tres de musculatura. Hago lo único que queda por hacer en esos casos:
-Señor, le presento a mi
madre. Mamá, el Guardia.
El Guardia intenta balbucear
alguna palabra pero no puede. Este es un señor cuya educación se basó en manejo de rifles
y en detección de drogas y aquí viene una señora a hablarle sobre Martha Stewart. Decido
intervenir como traductor. “Amigo, lo que la señora quiere decir es lo
siguiente: estos son unos chicles comestibles que los estamos llevando a una
fiesta”.
-¿Y qué es ‘Mechita’? me pregunta
el Guardia.
-La señora que los hace señor,
responde mi mamá. Usted se muere con lo que hace Me…
-Mamá por los clavos del
mazapán cierra el pico, le imploro.
El Guardia voltea una de las
cajas de pizza una y otra vez. “Pero disculpa es que los tengo que abrir”,
dice, más resignado a la curiosidad de ver qué es un mazapán que a seguir
cuestionándonos.
Mi mamá le dice: “ay señor,
tan bien que están forrados…” A mi mamá le fascina un forro.
El Guardia me entrega una
navajita pequeña verde y me pide que corte una de las cajas.
-Con cuidado, Toto con cuidado,
me aconseja mi mamá. Mira que después ¿cómo hago yo para forrar eso tan bien
como lo forró Mechita?
Gracias a Dios el Guardia
interrumpe: “Ciudadano disculpe. En serio, ¿quién es Mechita?”
Le quito el Envoplast a la
caja y se la entrego. Adentro hay mazapanes en formas de pera perfectamente
ordenados por colores verdes y anaranjados. El Guardia no sabe qué hacer. Yo
tampoco la verdad. ¿Qué hace uno con un mazapán terrorista?
El Guardia decide echar un
cuento. No hay nada más que le guste a
un guardia que un cuento. Ahora que lo pienso, mi mamá ha debido ser Guardia.
-Es que no saben, esta mañana
paré a un tipo con cocaína dentro de una guitarra. La cosa está difícil y esto
es comida…”
Mi mamá le interrumpe: “no
señor esto es una delicia. ¿Cómo va a haber cocaína aquí adentro si estos son
los mazapanes de Mech…. Es más pruébelo, pruebe uno, pruebe que le estoy
diciendo que se va a morir.”
Cocaína. Comer. Morir. Grandes
palabras mami, grandes.
Dudando, el Guardia comienza a
tocar uno de los mazapanes anaranjados.
-Ay no señor, ese no. El verde
es más rico.
Suficiente. Agarro un mazapán
y le digo al Guardia: “mira cómo es imposible que esto tenga perico”. Comienzo
a masticar. El Guardia me ve incrédulo.
“Uhmmmm” dice mi mamá como si esto fuera un
comercial de espagueti.
Y el Guardia, con toda la
seriedad del mundo, me dice: “¿en serio te lo tragaste?”
Y yo, con toda la seriedad del
mundo, le abro la boca para que me vea hasta la campanita de la garganta y le digo: “AAAHHHHHHH”
-Pasen señores, que tengan buenas
tardes.
Le tengo un absoluto miedo a
la autoridad. Absoluto. Pero que nadie diga que un Guardia Nacional no aprendió
esa mañana sobre mazapanes. Y que mi mamá no tiene peros para contarle a quien
sea de qué trata un encargo de Mechita Baldó.-
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Cinco horas después.
Aeropuerto de Tocumen, Panamá. Interior de un cuarto de revisión.
Guardia: ¿Lleva alimentos en
esta maleta?
Mamá: NOOOOOOOOOO
Guardia: ¿Y qué son estas
cajas de pizzas?
Mamá: Ah no señor, eso son
mazapanes. Eso es otra cosa distinta. Venga que le echo el cuento del
matrimonio de mis sobrinas…
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Los mazapanes yacen en todo su
esplendor sobre unos árboles en miniatura. Mientras mi mamá dice “qué bellos…
es que Mechita se botó…” yo hago un minuto de silencio por los cuatro mazapanes
que ya no están con nosotros. Uno que fue consumido en Maiquetía y tres en
Tocumén. Paz a sus restos. Murieron por una causa noble.-
Por cierto, los mazapanes de
Mechita son solo parte de los postres que vende con su compañía Le Petit Four. Su
página web es: Le Petit Four y también está en Facebook.



14 comments:
Jajaja, Dios, cómo pude morir de la risa con este cuento! "Mazapanes terroristas"! Jajaja! Ya sé para cuando vaya a Europa, le encargaré 500 a Mechita. Excelente historia, saludos!
Totin de los mejores cuentos de hace meses lloré de la risa imaginándome a Mari .... que risa. Pero ando esperando la foo tuya con Cuquita !!!!!
Amo estos cuentos en los que tu mamá es protagonista. ¡Genial!
¡Abrazo pa´ella!
toto eres demasiado bueno gracias por hacerme reir! y no hay duda la mejor propaganda para la amiga Mechita!
Dios mio! Mi madre y yo, hemos llorado de la risa, excelente cuento!
Jajaja! Que buena la historia. Para el próximo libro obligada!
Totalmente de acuerdo con Ora, los cuentos con tu mamá son LOS MEJORES!!!!! jajajaja!
Toto, es lo mejor que se ha escrito sobre mis mazapanes. Seguir la odisea con tu mama por el celular fue como un cuento de suspenso....puedes jurar que no te considerare entre "las mulas" ....jajajaja. Demasiado bueno. Espero que te hayan gustado las Trufas de Chocolate ....avisame cuando viajes para mandarle unas al Guardia y así darle otra clase.
Mil gracias por la reseña y por tu cariño, ademas del favor!!!!!!
Excelente historia, solo me permito hacerte una corrección. A riesgo de ser linchado por tu club de fans.
En el primer párrafo debería ser "ha evitado que sea carnicero".
Muchos saludos,
Corregido antociano! Gracias!
Esto es Genial!!! me recuerda un poco a las imprudencias de mi madre que no cree en nadie en cuanto a la autoridad se refiere
q cuento TAN autentico!!
demasiado comico!!!
MEGA like !!!
BTW, que quiere decir #plo-plo??
gracias !
MM
Hola Toto, mi hijo Santiago Perez me ha hablado mucho de tu blog. Te felicito, me rei demasiado!!!!
Un abrazo
Leonor Henriquez
(en mi blog Calle del Eco) firmo como Natalia H. Fontijn , es una larga historia, pero te invito a que lo conozcas, es medio divertido o depresivo jaja, depende)
"tampoco es que voy a ser el terrorista que vino con la mamá"
Jajajajaja
Lo que me he reído con este post! jajaja
Hace rato que no me encontraba un blog tan bueno.
Un saludo!
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