Tuesday, May 7, 2013

Confesiones de un Apátrida


 
 
Me gustaría que nos volviéramos a llamar República de Venezuela. No estoy en contra de los ideales bolivarianos pero me parece que es más fácil simplificarnos la existencia. Escribir “Ministerio del Poder Popular para los Asuntos Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela” cuando simplemente se puede decir “Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Venezuela” es cónsono con la modernidad de una era Twitter que solamente nos permite 140 caracteres. La solemnidad no implica progreso.
Para calmar la lucha entre los llamados “siete-estrellistas” y los “ocho-estrellistas”, yo le cosería 23 estrellas a nuestra bandera. Somos una nación retrasada y debemos adaptarnos finalmente a la idea de que somos un cúmulo de estados federales y no provincias rodilla en tierra. La única bandera por la cual los venezolanos debemos estar en desacuerdo es la cubana que ondea sin razón en el Panteón Nacional junto a las otras de aquellas naciones que liberó Simón Bolívar.
Me encantaría que el Estado venezolano le diere un reconocimiento a la suspicacia infantil de Rosinés Chávez. Solo una niña puede dar cuenta que los caballos no corren con la cabeza hacia atrás. Pero en todo caso, los que tienen que tener la cabeza hacia adelante somos nosotros los ciudadanos, y no un caballo blanco. Ahí radicó el error del Presidente Chávez. Cambió el pasado para que le sirviera a su presente. La imagen del nuevo Bolívar es irreconocible. El Gobierno lo sabe, el buhonero lo sabe, Bolívar lo sabe.
Cambiaría el horario. A nadie en Venezuela le benefició tener un reloj que apuntara sus flechas hacia las 5:30 de la tarde cuando el cielo estaba más oscuro que la ficha policial de un pran. Me sinceraría con el Bolívar y admitiría que jamás fue fuerte. Casi diez años de CADIVI para terminar en un SICADiato así lo comprueban. No tiene nada de malo admitir los errores del pasado. Por eso dejaría la consigna “no volverán”. Lo que no tiene que volver son errores que fueron malos desde un principio. No volverá el hacer mercado en siete sitios solo porque no se consigue harina. No volverá el conformismo.
Le daría las gracias a Jacqueline Farías por llevar su corona en un cargo caprichoso y dejaría que Antonio Ledezma tomara las riendas de la capital. Caracas necesita con urgencia un plan serio de seguridad y tránsito. Jacqueline Farías no lo logró. Me encantaría que le dieran la oportunidad –y los reales- a la persona que fue elegida por los votos del pueblo para hacerlo. Eliminaría también todo tipo de cadenas. Es mentira que si no se encadena el pueblo no se entera. El Presidente Obama anunció la muerte de Osama Bin Laden sin encadenarse y hasta el primo de Bin Laden escondido debajo de una piedra se enteró. Cuando es relevante, los medios siempre cubrirán la noticia.
En vez de un par de tetas nuevas o un celular, le regalaría un buen libro de Educación Familiar y Ciudadana a cada uno de mis compatriotas. Llegamos a un punto en que no nos podemos echar que estamos orgullosos del Metro de Caracas. La pregunta de si es más fácil pedir permiso o pedir perdón es incontestable hoy en día porque nos acostumbramos a empujar y a oír cosas como “te vas a tener que calar tu cola”. Si acaso nos tenemos que calar algo es el respeto. Es completamente rescatable, por cierto. Solo es cuestión de no tolerar que alguien nos diga “chico” o “papi” o “mi rey”.
Son éstas las confesiones de un apátrida. Alguien que piensa que lo peor que se le puede hacer a un colectivo es quitarle su identidad, su horario y sus valores y que aún no es muy tarde para su enmienda. Me hará menos venezolano el admitirlo pero quien no señala los errores sencillamente no progresa.-

No comments:

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...