Saturday, July 13, 2013

Cómo Conquistar Ibiza a Pie y Luego Destrozarte Los Pies Rumbeando


Uno siempre jura que va a llegar a la isla de Ibiza con esta actitud:


La realidad es muy diferente. Cuando se tienen cinco días montados en un barco sin señal de Internet, la verdadera actitud ibicenca es esta:
 

Y esta foto fue tomada después de conquistar el casco histórico de Ibiza a pie. Para ser una isla mal comportada, la misma tiene sus sitios PG-13 como es el caso de las fortalezas y catedrales que implican subir cerro arriba, en sandalias por supuesto, porque ante todo turista pero tampoco como si fueras a hacer el camino de Santiago.

Lo mejor de llegar a estas islas es perderte a ver qué encuentras. A fin de cuentas, como dice Leo de Complot, siempre vas a perder cuando llegues a tu casa a contarles a tus amigos lo que hiciste. Según él, uno se va de viaje a la Cochinchina y se mata recorriendo iglesias, santuarios, tiendas y museos varios. Cuando llega a su casa sintiéndose todo viajado siempre sale alguien que te da preguntar: “¿y no fuiste a las ruinas de Rodas?” No, no fui. “Ay, pero tenías que haber ido a las ruinas de Rodas”. Ahí te sientes como si tu viaje a la Cochinchina fue un fracaso. #malditasruinasderodas.
Yo vestido como Kurt en La Novicia Rebelde en mi idea de La Cochinchina. Para que después no me digan "¿Y no estuviste en una calle de pedras sin una Pitufina de azul detrás?
 

A Ibiza se le entra por el puerto y vas recorriendo calles. Todo el mundo está buenísimo. Y cuando digo todo el mundo es que el basurero tiene más músculos de los que tiene Arnold Schwarzenneger en una pierna. Pero eso es lógico, cuando el casino del puerto dice: “sociedad cultural” ya sabes que aquí la intelectualidad no la vas a encontrar. Esto es rumba, tragos y perruquerías. Así mismo, perruquerías.

 

El sol es de esos que decidió temprano en la vida que vacacionar en Ibiza era lo máximo y de ahí no se va. La mínima es 31. Algo dantesco cuando comienzas a subir calles de piedras y sientes que te vas a derretir. Cuando llegas al tope de, a ver la bahía la brisa te echa una mano. A veces demasiado como sucedió cuando llegamos a la catedral.

No voy a decir nombres so pena de ofender pero fue cómico el episodio. Una de las chicas me pidió que si por favor le podía tomar una foto en el muelle. Llevaba un vestido corto y la verdad es que la brisa estaba en su punto. Cual turista japonés me agaché para hacer la toma y gritar el consabido: “A ver, 1… 2… di Cheese”. Justo en el momento en que apreté el botón vino un ventarrón que la dejó a ella como Marilyn Monroe en La Picazón de los Siete Años. Suficiente con decir que esa foto tuvo que ser borrada en el acto.

De ahí queda bajar sin zapatos porque con las piedras te resbalas y eso de desnucarse en Ibiza es muy Duquesa de Alba con fractura de cadera pero no es lo recomendable. Nuestro próximo destino es caminar hasta llegar al Blue Marlin, para ver a los 16 bármanes del Diageo World Class Reserve en su penúltimo reto antes de la eliminación final.
El Blue Marlin queda en un acceso cerrado donde no te dejan ni siquiera pararte en la sombra de la vitrina de las tiendas “porque estamos vendiendo”. #ilogico. Y aunque los bármanes están haciendo un trabajo increíble, las cámaras de televisión nos opacan la vista. Antes de que un miembro del equipo de TV nos venga a decir el acostumbrado “sorry guys, could you move?” decidimos mejor echarnos una escapidta y montarnos en taxis hacia la playa Es Cavallet. No ir a la playa en Ibiza es como no ir a las ruinas de Rodas en la Cochinchina. Hay que ir.

Llegamos al Chiringuito, un lugar fenomenal al borde de la playa donde tomas vino helado con los pies metidos en la arena. Todo el mundo está bellamente relajado pues la vista así lo amerita. Tanto, que en la playa somos los únicos que andamos vestidos. El resto anda felizmente desnudo. A Mark nuestro fotógrafo lo paran y le preguntan que si es paparazzi. Súper tranquilo y relajado el lugar. Pero la mitad del grupo no llega y después nos enteramos que están en La Escollera, un restaurante en el otro lado de la playa donde ya han pedido tinto de verano y paella. Bueno, a comer se ha dicho para allá.



Comemos fenomenalmente bien y luego partimos hacia el barco para prepararnos para la noche. Hoy vamos al Hotel Ushuaia a un coctel de Cîroc. El hotel nos cuentan, no daba pie con bola pero decidieron crear el Ushuaia Tower con una vista impresioannte en la terraza del PH y ahora es fenomenal. Tan fenomenal que al llegar, miro hacia un lado del balcón y veo una piscina gigante con un mar de gente brincando. Abajo toca nada más y nada menos que David Guetta. It’s Good to Be Toto en este momento.
Arriba Don Totin


Abajo David Guetta
 
La fiesta está decorada como un avión. Los mesoneros todos de sobrecargo y las modelos cada una más espectacular que la otra de aeromozas con sombreritos tipo Britney en Toxic (o Russell Crowe en Los Miserables). En el medio de la terraza hay una gran pasarela por donde pasan los invitados modelando. Por encima pasan aviones ya que el aeropuerto de Ibiza está relativamente cerca. Los cocteles son una delicia, sobre todo considerando que son las 10 de la noche y el sol nada que se escapa. Insisto, el sol es ibicenco.

Foto: Mark Tomaras

Allí nos enteramos de los ocho grandes clasificados a la final del Diageo World Class Reserve: España, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Suiza, Australia, Noruega, Japón y Puerto Rico. Los brindis por nuestro latino son en exceso. Podrá no ser de nuestro país pero la camaradería con el puertorriqueño Mario Seijo se siente en toda América Latina (y también porque a los periodistas latinos nos encanta agarrarnos de un bonche).

Tarde en la noche bajamos hacia donde está David Guetta cerrando el concierto. La nota en el Ushuaia es alquilar las casas que dan para la piscina porque puedes festejar desde tu balcón. Para todos los demás lo que queda es una tremenda olla donde sencillamente brincar y brincar hasta que tengas los pies destrozados. Ahí se ve de todo, gente en tanga, gente en vestido, globos que vuelan por los cielos como si fuera una Campanita alcoholizada y sobre todo euforia. Eres amigo de todo el mundo, a tal punto que cuando regresas al barco te das cuenta que alguien te pintó la cara de neón y tú ni te diste cuenta.

Foto: Mark Tomaras
 
Ese nivel de euforia se repetirá todas las noches hasta agosto.  Y vaya que vale la pena lanzarte esa rumba por lo menos una vez en la vida.-

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