Saturday, July 6, 2013

Montecarlo: ¿Cuál es la clave del WiFi de los Grimaldi?



Con la maleta arrastrada, nos trasladamos hacia el puerto de Niza listos para abordar el crucero Azamara Journey, el cual sería nuestro hogar/bar/discoteca/sanatorio por cinco días mientras cubríamos la competencia Diageo Reserve Worldclass Bartender of the Year. Una cosa es ser recibido en un barco con un coctel de fruit punch con paragüitas. Otra muy distinta es que te den la bienvenida los mejores 44 bármanes del mundo. Y en el barco, Diageo no escatimó para hacernos sentir una experiencia sensorial. De proa a popa el logo de la competencia estaba presente y todos los rincones del barco habían sido cambiados para reflejar las marcas de la empresa como para hacerte sentir en casa cada vez que dijeras "¡salud!" (el cual se decía cada cinco minutos claramente).

En un bar interno estaba el Bar Don Julio, donde podías tomarte un tequila reposado con unos tacos mexicanos. Al Tanqueray Bar solo le podías entrar con una contraseña, 1830, año en el cual Charles Tanqueray comenzó a destilar ginebra. Cirooc se agarró el cabaret para hacer una experiencia hawaiana; el Salón Zacapa estaba decorado con todas las distintas barricas que utilizan para el añejamiento del  ron y arriba al aire libre el Ketel Bar con sus teteras de vodka.


Esa misma noche arrancamos con una gran fiesta hacia la costa de Montecarlo. Como el sol en Europa le da flojera irse a dormir, la travesía fue deliciosa. Mónaco me impresionó, una vista sensacional cuajada de carreteras (“¡la pobre Grace!” pensaba yo), edificios emblemáticos y, como principado no es principado sin yate, estaba anclado el Topaz, uno de los yates más largos del mundo. Arriba en el Ketel Bar, los latinos celebramos con vodka nuestra llegada, intentando buscar señal para subir fotos al Instagram. “¿Cuál será la señal de los Grimaldi?” preguntaba Pedro de Complot. “Escandalo1" si es Carolina, decía otro. “Escandalo56 si es Estefanía”, decía yo.

En el barco había periodistas de todas partes del mundo aunque nuestro grupo se veía más cohesionado que el resto. Ahí tuvimos la oportunidad de conocer a varios bartenders, entre ellos David Ríos de España, un tío fenomenal y Mario Seijo de Puerto Rico, un chamo coolisimo preparado para los retos que comenzarían al día siguiente.
Parte del grupo de bartenders. Señalando el español David Ríos. A su derecha Mario Seijo de Puerto Rico.
 

Los 44 bartenders no la tenían fácil. Esto es como el Mundial. Debían medirse en ocho retos con dos eliminatorias. En la primera pasarían solo 16 clasificados, en la segunda 8 para luego premiar a 4 campeones regionales y escoger a solo 1 como el Mejor Bartender del Año. Esta era la quinta vez que se realizaba la competencia y a bordo del barco se encontraban los ganadores de ediciones pasadas, listos para contar sus experiencias y servir uno que otro old fashioned.

Esto sí digo, uno no se ha tomado un mojito hasta que no te lo sirve un Bartender del World Class.-
Fotos: Mark Tomaras y Shelby Soblick.

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