Tuesday, July 16, 2013

El Espía Que Me Habló


En los Carnavales de este año se organizó para los caraqueños que nos resistimos a abandonar la ciudad, una gran fiesta en los jardines de la Quinta Samambaya. Allí, entre actores, disc jockeys, escritores y modelos me fue presentado un americano de 35 años el cual para ese momento no podría ni imaginar la fama que le vendría en este país incierto, cuyas políticas y fantasías regentan.

El cineasta hablaba español entrecortado pero sin tapujos. Uno de esos personajes con actitud sobrada que de pena nada conoce. Pero conmigo prefirió hablar en inglés. Un simple “yo soy documentalista” de su parte y otro “yo soy de todo” de la mía bastó para entablar una conversación que duró cuatro idas a la cava para repotenciar el whisky.

El estadounidense tenía tiempo en el país. Se había interesado en captar imágenes para un documental acerca de la Revolución Bolivariana. A Hugo Chávez todavía le quedaban 45 días de vida pero ninguno de los dos, ni nadie en Venezuela salvo quizás un puñado de poderosos, tenía manera de saber que el hijo de Sabaneta, pupilo de Fidel, moriría. El Presidente seguía en Cuba recuperándose “exitosamente” según el Gobierno lo cual el cineasta aprovechó para dedicarse a filmar ambos lados de una Revolución sin Comandante.

Además de conversaciones con la oposición, me contó que había logrado entablar una cándida amistad con miembros de las filas bolivarianas. Ahí se adentró al Barrio 23 de enero, se fascinó con Humberto López, mejor conocido como el “Che Guevara venezolano”, y palpó un lado humano del chavismo al que detractores no tienen acceso. Sin embargo, su real preocupación era que el país –sobre todo el sector opositor- no estaba preparado para lo que posiblemente podía convertirse en realidad: ¿qué pasa si el Comandante se muere?

Para él, la inconcebible decisión sobre la continuidad del mandato emanada por el TSJ; los confusos partes médicos del Alto Gobierno, amen de un derrotado Henrique Capriles, no daban para que la oposición tuviese una respuesta sólida y un plan de acción ante esa inquietud. You’re pretty much fucked”, me dijo despidiéndose. “And yet you’ll have a fucking good film”, le respondí yo. Se  rió.

Un mes después Hugo Chávez entraría a un féretro. En un tris se celebraron unos comicios, aún cuestionados, que dieron ganador a Nicolás Maduro y lo atornillaron en el poder. En el ínterin, el Gobierno, con la quema de unos CDI que hasta el sol de hoy nadie ha visto incendiar, desvió la atención de un supuesto fraude electoral. Pero más atónito fue el conocimiento a la opinión pública de una operación pagada por una agencia de inteligencia extranjera, aún no identificada, cuyo máximo tarifado tenía como tarea crear una guerra civil en Venezuela. Ese espía era Tim Tracy, el cineasta con el cual conversé en aquella fiesta.

Jamás se probó nada sobre él. El Ministro de Interior y Justicia que lo apresó, por “propiciar el caos para abrir las puertas a una intervención”,  nunca pudo explicar cómo sabía desde octubre –cuando Chávez todavía creía en el 2021- que habría una revuelta en abril. El caso fue tan balurdo que el cineasta languideció en la cárcel por más de un mes con solo breves notas de prensa como “Cineasta al Sebin”; “supuesto espía trasladado al Rodeo”. ¡Hasta Rosita tuvo más tráfico!

En junio, casualmente el mismo día en que Elías Jaua logró una ansiada reunión con John Kerry, el cineasta fue deportado a los Estados Unidos. Y yo me pregunto ¿acaso los espías terroristas son canjeables por un café?

Tim Tracy me demostró a mí en una conversación de cuatro whiskys que su interés era mostrar a la “Revolución”.  Lo que nunca supo es que él sería su propio protagonista. Ahora yo saco las cotufas y espero por su cintal. Cómo El Poder Judicial Más Corrupto de América Latina Metió Preso a un Cineasta Por No Saber Explicar Sus Propias Ficciones es digno de un Oscar. No importa que los 500 videos que grabó en Venezuela le hayan sido incautados, su sola historia basta. A fin de cuentas, el verdadero espía de esta Revolución, Mario Silva, lo hizo con tan solo un audio y eso causó más zozobra nacional que cualquier 007 descarriado que haya inventado este régimen.

Revista Climax | Edición Julio

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