Thursday, July 18, 2013

Eterna Marina


Llegué a Marina Abramovic por carambola y ahora estoy obsesionado con esta artista del performance. En sus obras ha explorado la reacción de su cuerpo con los demás, como por ejemplo posicionarse completamente desnuda en la entrada de una puerta estrecha frente a un hombre, también desnudo.  La idea es que el público pase entre ellos y ver cómo reaccionan. ¿Hacia qué lado te volteas, hacia el lado del hombre o el de la mujer?

En Ámsterdam, Marina hizo otra exposición donde se acostó sobre una tabla. Junto a ella habían artefactos que la gente podía tomar y hacerle lo que quisieran. Había una pluma con la cual le podían hacer cosquillas y miel pero también había una fusta, y una pistola con una sola bala. A Marina le pasó de todo, un hombre agarró la pistola y se la puso sobre la cabeza; otro lo detuvo para que no la matara. Le arrancaron la ropa, le escribieron cosas, y le pegaron. Cuando terminó el performance y Marina se levantó, la gente corrió, jurando que Marina cobraría venganza. Nada de eso, lo que probó fue que la gente es buena, pero a la larga pueden llegar a ser brutales.

 

Mi llegada hacia ella se dio cuando me topé con este video de un performance que hizo en una retrospectiva que el MOMA le dedicó en el 2010. Llamada El Artista Está Presente, el acto de Marina fue estar en un amplio salón, sentada a solas en una mesa de madera y completamente en silencio. Cualquiera que quisiera podía sentarse frente a ella y Marina levantaría su mirada para verla a los ojos por un minuto completo.

Viendo el documental que acompañó esta retrospectiva, me dio curiosidad ver cómo la gente reacciona ante este juego. Hay unos que sonríen incómodos; otros que miran en silencio; algunos lloran a mares. En serio, ¿cómo reaccionas cuando una persona extraña te mira fijamente? Yo estoy seguro que jamás levantaría la mirada en todo el minuto de “conversación” con Marina de haber tenido la oportunidad de asistir a esa exhibición.

La sorpresa –incluida en el video que pongo aquí- es que uno de los asistentes a la exhibición causa en Marina una sensación la cual no experimenta con ninguna otra persona. Marina se echa a llorar. La persona frente a ella es el artista Ulay, quien fue compañero artístico y amante de Marina. La manera en cómo terminaron fue bastante emocionante. En 1988, cada uno se posicionó en los dos extremos de la Gran Muralla China y caminaron hasta encontrarse en el medio. Allí se vieron, se abrazaron y se despidieron para más nunca volverse a ver, hasta ahora, veintitrés años después.
 


Este video me ha puesto a pensar en toda esa gente que tengo años que no veo y que son queridas para mí. Ayer me di cuenta que yo hablo todos los días con La Gorda a quien no veo desde el año 2008. Cinco años completos en los cuales el contacto físico de abrazarse no ha existido, y aún así yo siento que vi a La Gorda ayer. Con mis amigos del campamento me pasa lo mismo. Es una relación de Facebook cada día más presente pero son ocho los años en los cuales yo no los he visto. ¿Lloraría al ver a La Gorda o a uno de mis amigos del campamento? No. Pero tampoco estuve enamorado de ninguno de ellos, así que la relación de Marina con Ulay es otro nivel.

Yo creo que más bien es una contemplación silenciosa de algo que fue. Hay personas que terminan  porque ya eso no iba para el baile; porque la relación es imposible; o porque se quisieron demasiado. Algunos quedan amigos, otros no, pero lo cierto es que no se ven todos los días, ni se permiten sentir por esa persona lo que alguna vez se sintió.

Cuando los romances terminan así, siempre hay ese momento de silencio ante un reencuentro. Aunque el saludo es cordial y amable, siempre hay una chispa mínima donde no sabes si apretar la mano o tumbar a esa persona al suelo a caerle a besos, no importa quien te vea, ni donde sea. Es siempre un “qué hubiera pasado si…” que no se dice, y que se borra de la mente tan rápido como se siente. Cada quien en su camino, con el solo pensamiento, de que todo está bien… todo va a estar bien
Hay parejas que son como Marina y Ulay. La digna representación de lo que alguna vez dijo José Ángel Buesa en su Poema de la Despedida: “te digo adiós y acaso, con esta despedida mi más hermoso sueño muere dentro de mí. Pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti”.

Y eso sí es un performance.-

4 comments:

Anonymous said...

No es justo, la nostalgia y el constante saboteo ...

Ora said...

Gracias por enseñar esto, Toto. Por estas cosas, y más, es que tú eres tan genial.

OlgaK said...

Esta es la parte de ti que intui cuando apenas eras un muchachito...
Y tanto como disfruto tu fino humor, tu rol de observador irónico y algo desapegado de tu/nuestro mundo, espero el dia que le des alas a este otro Toto.
In due time
Te abrazo!!! apretaito!!! :)

Anonymous said...

Y lees, y citas a José Ángel Buesa! Eso no se hace Toto!

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