Friday, October 25, 2013

¡Dos Por Persona!



Llego del supermercado que queda al lado de mi casa. Salvo a las nueve de la mañana cuando las amas de casa hacen sus compras, o temprano en la noche cuando la mayoría de los oficinistas hacen las suyas, el super es un lugar tranquilo. Aquí ni siquiera hay promotoras con muestras de galletas. A mi supermercado eso le parece niche.

La dueña del establecimiento es amabilísima y sabe que al verme cada quince días debe sacar la llave del estante donde están guardados los licores para sacarme una botella de White Label. El carnicero se burla de mí porque yo no sé ni comprar jamón, los “se lo llevo” ya saben que yo me voy con una bolsa de hielo y las cajeras son esas mujeres que concuerdan conmigo que la gente no puede tirar su carrito a la deriva cuando termina de descargar sus compras en la cola para pagar.

Hoy he ido a una hora inusual para mí pues le he prometido a una amiga que Josefa le va a hacer sus famosos brownies para la primera piñata de su chamo. Solo debo comprar una barra de chocolate Savoy y una caja de huevos por lo cual estimo que no duraré más de diez minutos allí. El problema es que en esta ocasión me encuentro con que el supermercado tiene una novedad: no hace menos de una hora ha llegado un camión con una carga de azúcar.

Entrar allí es como entrar a un mercado persa y pronto veo que de manera inconsciente agarro mi teléfono y coloco mi dedo índice sobre la tecla 7. Ese es el speed dial para llamar a mi mamá. No está en la ciudad pero no importa, hay momentos en los que uno necesita seguridad en caso de tener que solicitar un helicóptero o camión de bomberos para su rescate.

El bululú es total y la gente en fila acapara la mayoría de los pasillos. Hacer una compra implica tener que atravesar carritos con muchos “permisos”, “disculpe” y “no, señora, no me estoy coleando”. Ubico mi chocolate Savoy y voy por los huevos. Allí están, puestos junto a un afiche de Pantene donde sale Érika de la Vega. Con lo caro que están los huevos, pienso que su ubicación es un privilegio. En Venezuela ya se llegó al punto donde los huevos son tan exclusivos como la imagen de Érika de la Vega para Pantene.

Con mi compra en mano, camino hacia la fila con menos gente para esperar por pagar. Allí es el pandemonio. Desde la caja se oye a la cajera, María, una señora normalmente tranquila, convertida en mapanare. “¡Dos por persona, señor! ¡Por favor colabore!” Esto se lo dice a un señor que veo carga cuatro paquetes de azúcar. Pronto miro a mi alrededor. Todos los carritos están vacíos con excepción de dos paquetes de azúcar. Un carro de mercado completo es inexistente. La amarga realidad es que todos están aquí por el dulce.

Converso con la gente de mi fila. Uno es obrero en Chacaíto que es primo de uno de los montacargas del supermercado. Se trajo a toda la obra para adquirir azúcar. Otra es una señora que se vino de Prados del Este. El resto es de la zona. Todos con el monto exacto en billetes para dos bolsas, 12,22 Bolívares, pues María en la caja ya ha gritado: “Por favor colaboren, ¡no tengo sencillo!” Es la fila de la escasez. Tanto de azúcar, como de sencillo y de dignidad. Ni siquiera la señora, muy elegante ella, escapa de ser indigna. Se ha traído a la muchacha de servicio, al jardinero y al chofer para que todos compren azúcar para su casa. Es lo que se conoce como una acaparadora encopetada.

El tiempo para pagar es largo y la impaciencia apremia. En cualquier momento se acaba la azúcar y la gente entra por montones a buscar los dos kilogramos que se les permiten. No hay arañazos ni golpizas como he oído de otros supermercados, pero el mal humor es latente. Eso no es verdad, este país ya no está de mal humor. Lo que está es resignado.

Con tres personas en frente de mí para cancelar, miro mis compras. Chocolate y huevos para hacer un frívolo postre. Cómo si a mí no me afectara lo que me rodea. Por alguna razón me avergüenzo de mi compra. Sobre todo cuando en la caja veo montones de paquetes de azúcar. Uno apilonado sobre otro. Mercancía devuelta porque algunos “vivos” intentaron comprar de más. ¿Y si uno de ellos fuera pastelero de profesión? ¿Qué se hace en esos casos?

Cuando llego a la caja agarro uno de esos paquetes por instinto y lo paso. “No sea bruto”, me dice María la cajera. “Llévese los dos porque después no hay más”. Así me voy del supermercado, con un chocolate, unos huevos y dos kilos de azúcar que pienso no necesito pero que son recibidos ya en casa por una Josefa que se maravilla como si le hubiera traído trufas. Soy un acaparador bendito.

La cocina huele a chocolate horneado mientras escribo estas letras pero no puedo dejar de pensar que el país no huele así. Hiede más bien a desespero. Cuando me fui del supermercado le pregunté a María: “¿Hoy acaban con toda la azúcar?” María me vio como el gafo que soy y me contestó: “Ya se acabó”.

Un niño comerá brownies esta tarde en una piñata y otro tomará café con azúcar, quién sabe hasta cuándo… Esa es la amarga realidad de vivir en un país que era de a dos porque estaba barato y hoy es una tierra de dos por persona. Y con la imágen de gente en fila para llevarse dos kilos de algo cuando pudieran ser cien si quisieran, yo no puedo dejar de pensar en una sola cosa:

¿Dónde carrizos estoy?

Wednesday, October 23, 2013

Días de Natilla o Cheesecake


Hay una escena en la película Juno donde Jennifer Garner se le voltea al marido (el que no es Batman) y le pide que escoja entre dos colores para pintar la pared del cuarto de su nuevo bebé. “¿Natilla o cheesecake?”, le pregunta. Ahí el esposo (el que no es Daredevil) se da cuenta de que ella es una de las personas más aburridas del mundo. Alguien que tenga que preguntar si una pared debe ir pintada de color “tía que preguntó si en la Primera Comunión pusieron almendras” se merece que San Pedro la reciba con un bostezo cuando llegue a las Puertas del Cielo.

Hoy me decidí a tener un día Natilla o Cheesecake.

No sé por qué lo hice, pero quise averiguar qué implica ser una persona absolutamente aburrida. Quise saber qué hace una persona que no hace nada un miércoles. Cierto, hay días en los que no hago nada. Se llama estar enratonado. Pero esto fue una decisión completamente sobria… Me acabo de dar cuenta de que almorcé pollo al vino. Está bien, una decisión moderadamente sobria.

Desde que llegué de viaje no he dejado de trabajar en el nuevo libro (ya contaré sobre eso en otra entrada). Quité cuentos, agregué cuentos, luego me arrepentí de un cuento y busqué en Google: “¿Qué pasa cuando le diste a vaciar papelera y te arrepentiste?” Lo revisé para ver si tenía errores y luego decidí que todo el libro era un error y que no debería enseñárselo a nadie por lo cual tomé la decisión más sabia: lo envié a la imprenta.

Y hoy, cuando en mi computadora hay un archivo con el nombre del libro del cual ya no queda más nada por hacer (salvo que la imprenta se incendie y haya que enviarle el archivo a otra imprenta), pensé que solo por hoy me podía dar el lujo de ser como ese archivo. No hacer nada con mi vida de manera consciente durante un día.

Por eso decidí tener un día Natilla o Cheesecake.

Mi día fue como sigue:

Despertarme a las 8:47 a.m. con la terrible sensación de que no puse la alarma. Darme cuenta de que no puse la alarma. Darme cuenta de cuenta de que yo nunca pongo la alarma.

Cantar la estrofa de Highway to Hell de AC/DC en camino hacia el baño. Rematar con Applause de Lady Gaga mientras me cepillo los dientes. Salir del baño. Prender el iPad y constatar que se fue el Internet. Preguntarme cómo funciona Internet. Decidir que Internet lo hacen unos duendes en Ostergundesrtadt, Noruega.

Desayunar un pan tostado con queso derretido. Abrir el periódico. Ver que explican el SICAD. Decidir que no entiendo el SICAD y que esa será la noticia que voy a leer. Pasar olímpicamente toda la explicación sobre el SICAD por encontrar una nota donde Marc Anthony afirma que “está loco” por leer el nuevo libro de Jennifer López.

Sentarme en la terraza a leer Twitter en mi teléfono. Cerrar Twitter porque me llaman sobre un trabajo. Decirle que lo llamo en veinte minutos por encontrarme en un estacionamiento. Volver de nuevo a Twitter. Llamar a persona sobre el trabajo.

Bañarme. Cantar Informer de Snow Patrol. Pensar en el miedo que me daría si Tilda Swinton entrara a mi baño en este instante cantando Informer de Snow Patrol. Vestirme. Sentarme frente a la computadora. Decidir que hoy por fin voy a limpiar todos mis archivos de la computadora.

Veinte minutos después… Crear una carpeta llamada “Documentos Varios” y arrastrar todos los documentos de mi computadora hacia ella.

Resetear Internet. Revisar mi cuenta bancaria. Decidir que no me puedo dar el lujo de tener un día de Natilla o Cheesecake. Tomar la sabia decisión entre trabajar o abrir Instagram. Abrir Instagram. Darle Like a fotos de una niña en una montaña en Nepal. Pensar que me gustaría visitar Nepal. Llegar a la conclusión de que no sé exactamente dónde queda Nepal en el mapa. Pensar que Tilda Swinton seguro sabe dónde queda Nepal.

Googlear Tilda Swinton.

Almorzar pollo al vino. Darme cuenta de que estoy realmente aburrido. Paliar el aburrimiento en YouTube. Ver el tráiler de Tom Hanks sobre la nueva película Finding Mr. Banks. Caer en un video de Julia Roberts. Llegar al video donde Julia Roberts es sorprendida en el show de Ellen. Voltear hacia la ventana y ver que llueve. Decidir queJulia Roberts seguro dormiría una siesta si tuviera un día de Natilla o Cheesecake. Dormir siesta. Despertarme. Lamentarme que no puedo llamar a Julia Roberts a decirle que dormí una siesta.

Sentarme en un sofá. Pensar en qué estarán haciendo los chinos. Pensar en palmeritas. Decidir que las palmeritas son más interesantes que los chinos. Ir a la cocina a comer palmeritas. Decidir que no sé exactamente cuál es el color de las palmeritas. Recordar la frase de Jennifer Garner en Juno dónde le pregunta al marido sobre si la pared la deberían pintar de natilla o cheesecake.

Llegar a la conclusión de que no hacer nada conscientemente durante todo un día es igual a ser el marido de Jennifer Garner (el que no es mejor amigo de Matt Damon) cuando ella le hace esa pregunta en la película. Ser feliz que son las seis de la tarde y que ya mañana comienzan mis días de ajetreo de nuevo. Decidir escribir todo esto en el blog para anunciar mi regreso del retiro personal al que me sometí para terminar todo lo que quería terminar para noviembre.   

Pensar que Jennifer Garner y su marido (el que sí fue ex de J-Lo) seguramente son amigos de Julia Roberts. -

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