Friday, November 29, 2013

Firma de Libros Este Fin de Semana

 
Hello (Inserta tu nombre aquí porque no sé quien lee esto pero yo te quiero igual):

Como fundador del movimiento Dile NO a Regalar Bisutería en Navidad, voy a estar vendiendo y firmando mi libro La Hora Loca  mañana Sábado 30 de Noviembre y Domingo 1 de Diciembre en el Bazar de la Fundación de Todo Corazón Richard Gibson. Es en el Hotel Paseo Las Mercedes, ambos días de 10:00 am a 7:00 pm. Un bazar pequeño pero grande de corazón y mi libro es un perfecto regalo porque, a diferencia de la bisutería, no pasa de moda.

¡Te espero! y si no mándame a una tía. (Y si vienes tú, abrázame. Que un hombre pase dos días metido en un bazar es inhumano).

Toto.

p.d. También hay bisutería, pues.

Wednesday, November 20, 2013

Una Invitación A Cenar


Mi abuela es un personaje. Me llamó a felicitarme porque ya pronto va a salir al mercado mi libro La Hora Loca. A la media hora me volvió a llamar para preguntar que dónde lo iba a vender. A los cinco minutos, volvió a repicarme para preguntar que cuánto me quitaban las librerías por cada libro vendido. A los cinco minutos, volvió a llamar a decirme que las librerías eran medio usureras por quitarme real. Le dije que éste no era el caso pero que también estaba la opción de la venta directa donde de verdad nadie me quitaba real. A los siete minutos llamó para preguntarme qué implicaba una venta directa. Le dije: “Familia”. A los quince, envió este correo a cuarenta personas:

Están cordialmente invitados a cenar a mi casa el miércoles 20 a las 7:30, hora inglesa. Prohibido traer objetos tales como regalos o flores. Se sugiere venir con el trozo de papel higiénico que suelen utilizar en este lapso de tiempo. Si se les olvida no se preocupen. En secreto les digo que hay reserva suficiente. No comenten esto. Corro el riesgo de cárcel o asesinato si alguien se entera.

NORMAS DEL EDIFICIO: SUBIR EN EL ASCENSOR DE 2 EN 2. El ascensor es nuevo pero casi se echa a perder tanto o más que el viejo. No le gustan los gordos, por lo tanto le sugiero a (su hermano) que suba solo como lo hago yo.

NORMAS DE LA CENA: límpiese  bien los pies antes de entrar y prepare el cerebro para acostumbrarlo a borrar al innombrable y a sus secuaces. Tengo que pagar 1000 BF cada semana para que la terapeuta desbarate los nudos que se me forman a causa de esos ............ Sorry, NO digo groserías piensen Uds. en las peores. 

En el mueble de la entrada encontrarán un envase con unos papelitos. Tomen uno por persona. Prohibido intercambiarlos. Los puestos de las mesas son de primera, segunda y tercera categoría. Afortunadamente ya yo escogí el mío porque del suelo no me para nadie, tal vez una grúa. La comida es hecha en casa. Las recetas están a la orden y las críticas... negadas. Habrá suficiente licor a pesar de que la dueña que lo odia y solo toma Pepsi ligera. La música está prohibida debido a la falta de aparatos musicales.

Quienes estén interesados en adquirir el  libro LA HORA LOCA por Toto Aguerrevere lo encontrarán aquí sin rebaja, ni siquiera para la abuela. Eso sí, con dedicatoria.”

Espero que disfruten la compañía, el gusto de estar juntos y sobretodo la comida. La casa está abierta los miércoles siempre y cuando los anaqueles de los supermercados nos lo permitan y ustedes, por supuesto, hagan su reservación con cuatro días de anterioridad.

Hasta pronto. Se reserva el derecho de admisión”.

¿Cuál libro mío? Con este correo el libro que yo me quiero leer es el que escribiría mi abuela. Su comedor es de doce personas. Van cuarenta. Gracias, La Gerencia.

Wednesday, November 13, 2013

Al Buen Humor del Venezolano Ni Con Kryptonita


Está de moda estar de mal humor. Eso no solamente es comprensible, es necesario en momentos donde se nos prometen unas “Chavidades Felices” (Maduro dixit) y aquí uno ya discute si es que invierte los reales en un pino canadiense o si dibuja algo que se parezca a un pino en la pared.

Los recientes saqueos (u “organizaciones populares” según Diosdado), amen de la entrada del Diputado 99 por el cual el Gobierno salivó por meses para lograr la Ley Habilitante que le dará más poderes a Nicolás que Napoleón (cosa curiosa, con Chávez lo hubieran tenido al instante), ciertamente son causa para que uno se despierte pensando: “¿Lo soñé?” y se acueste diciendo: “Dios, ¿te costaría tanto ponerme a soñar con Sofía Vergara?”

La causa del mal humor no recae realmente en los precios. Tampoco en la cola que hace una señora cualquiera para llevarse dos miserables kilos de lo que sea. El venezolano es la prueba de que se puede quedar sin papel toilette, sin luz y sin whisky y sobrevive. A mí no me vengan con cuentos que esto es un país de locos. Si ocurre un holocausto nuclear, un venezolano de cajón que se salva. Por deslechado, pero se salva.

No, la causa verdadera del mal humor es que nosotros nos preparamos durante años para algo: salir de Chávez. Desde el año 1999, en mi casa no se habló de otra cosa que “cuando Chávez renuncie”; “cuando Chávez caiga”; “cuando Chávez pierda”; “cuando Chávez se vaya”. Para todos estos escenarios nos preparamos, algunos de manera más inocente que otros. ¿O acaso nadie recuerda aquel diciembre del paro petrolero cuando salíamos a las calles y pensábamos que un presidente que se confesaba democrático iba a renunciar? Ilusos.

Chávez se fue. Se suponía que con su partida por fin viviríamos como se habló durante catorce años cuando lo hiciera. Pero no fue así. Lo que sea que es la Revolución Bolivariana sigue en el poder y nadie, ni ellos mismos, se había preparado para un escenario del cual nunca se discutió. Chávez iba a gobernar hasta el 2021. Pero era Chávez. No otro. Nunca se habló de otro. Nos gobierna otro.

¡De bolas que tenemos que estar de mal humor!

Pero no podemos estar así todo el tiempo. Es fatua mi aseveración y quizás alguien dirá que “estamos como estamos” (frase que detesto) porque nadie se arrecha. Yo no creo que sea el caso. Basta ir a un Banco de Venezuela donde no haya línea y a un supermercado donde haya muchas líneas. Ahí hay una concentración perenne de superhéroes arrechísima. Aquí la lucha por los derechos se hace todos los días. No “estamos como estamos” porque el venezolano no responda a la batiseñal. Aquí el que nunca le para es el Gobierno.

Yo estoy de acuerdo en que la defensa por los derechos civiles, humanos y económicos debe ser todo los días. Lo que no se puede hacer es renunciar completamente al intento del buen humor porque entonces ya no somos venezolanos. Somos unos extraños en una tierra extraña. Y encima atrapados porque no hay pasajes.

Hay que intentar ser feliz sin olvidar lo que tuvimos ni dejar de anhelar por lo que podemos tener. Así sea por media hora al día hay que buscar algo que nos haga estar de buen humor. Hay que apagar la televisión a la hora de la cena y concentrarse en la familia. Contar anécdotas, sonreír, así sea porque el loro se pasó a la casa del vecino y el vecino es alérgico a los loros. Debemos preguntarles a los hijos todos los días qué tipo de país quieren. ¿Los padres siguen preguntándoles a sus hijos qué quieren ser cuando sean grandes? Eso es una pregunta importante.

Por treinta minutos hay que sacar más libros y menos Twitter, hay que oír mucha música y poco discurso. Hay que vivir. Por media hora al día hay que concentrarse en que hay mangos por tumbar en el árbol de la cuadra. Hay que ver el Ávila. Y amarlo u odiarlo (porque el Ávila es medio cursi) pero hay que verlo. No implica hacer tiempo para ser un músico del Titanic, todo lo contrario. Es darse tiempo para recordar por qué es que uno sigue aquí. No conozco a ningún otro superhéroe que luche contra la injusticia las 24 horas al día. En algún momento Batman se debe ocupar de ser Bruce Wayne.

Después de esa media hora o de esa cena, pues con furia. Que se prendan pantallas, radios, cohetones y arrecheras. Que el mal humor entre a esa casa como Maléfica invadió el castillo del Rey Estéfano. Que la rabia los acompañen en su furia y que la cacerola suene como si el tamborero hubiera recibido el mensaje que le diere más duro ahora. Que se hable mal del Presidente, de la señora que hizo una cola por quince horas frente a Daka sin saber qué quería comprar, por la falta de pan o por el vivo ese que se coleó en el hombrillo aquel.

Pero no se puede olvidar una media hora al día del intento al buen humor porque ahí sí estamos perdidos. Somos una gente que directa o indirectamente ha sido atracada, secuestrada, gaseada, multada, botada, pegada, desmoralizada y vejada. Pero también somos los sobrevivientes de un grandilocuente showman reducido a pajarito. Nunca pudo quitarnos el bueno humor del todo. Nunca. El que está montado en su puesto tampoco.  Eso jamás puede olvidarse. A fin de cuentas es nuestro más preciado superpoder. Contra eso, ni kryptonita.-

Tuesday, November 12, 2013

Coming Soon: La Hora Loca


Finalmente, aquí está la portada de lo que será mi segundo libro La Hora Loca. A mí me encanta, es como una copia que hubiera tenido la de Hechizada en su baño. Ya prontamente sale, está justo en este momento en imprenta y si todo sale como quiero que salga, anuncio una sorpresilla para un sneak sale este lunes 18 (pero solo si me sale como quiero). Abajo pongo la descripción de lo que va el libro. ¡No saben lo emocionado que estoy! Por cierto, Cuentos de Sobremesa: lo publiqué online en Lulu y prontamente debería estar en Amazon.  
Aquí la sinópsis de La Hora Loca:
Toda fiesta en Venezuela tiene un momento planificado donde los invitados se ponen un sombrero de goma espuma y bailan desaforados. Se le conoce como la “Hora Loca”. Es lo más ilógico que hay pues los venezolanos viven 24 horas locas al día. Una sociedad que al momento de conocer los resultados electorales no sabe si sacar la champaña o el Valium no puede pretender que le pongan orden a su pea.
En esta colección de cuentos salpicados con humor, el bloguero Toto Aguerrevere narra sobre la dificultad de pasar una hora en el aeropuerto explicándole qué es un mazapán a un Guardia Nacional, el salir en una cita a ciegas con una espía y ver cómo cinco extraños se vienen a beber a su casa solo porque auxiliaron el carro de su hermano en una autopista.
Desde una tía que en un matrimonio ofrece la perfecta receta para las hemorroides, la apología del rabipelado que causó el apagón nacional, las cartas de un niño campista en huelga de hambre, hasta un sicariato en plena luna de miel, estos cuentos son la prueba de que en Venezuela podrá haber escasez, pero horas locas sobran.

Sunday, November 3, 2013

¡Abajo la Bisutería! Se viene el libro de Toto

Foto: Maiskell Sánchez
 
¡Buenas noticias! (Bueno, para mí... van a tener que leer para decidir si son buenas también para ustedes). La ausencia en el blog por un mes probó ser un hit y todo indica que el segundo libro de Toto va a estar en las estanterías de las librerías para diciembre (o antes si no hay golpe, escasez de papel, o un rabipelado que incendie la imprenta). Esto me tiene bastante contento porque me moría de las ganas por sacar un nuevo libro después de Cuentos de Sobremesa. Y ya es un hecho (de nuevo, si no hay golpe, escasez de papel o un rabipelado que incendie la imprenta el día que le den print a mi libro ((o cómo sea que impriman libros)).

El libro se va a llamar “LA HORA LOCA”.

No es un libro de fiestas, son cuentos entre serios y divertidos bajo una premisa lógica: ¿qué demonios hacemos los venezolanos celebrando UNA hora loca cuando nosotros vivimos horas locas VEINTICUATRO horas al día? Aquí dan un resultado electoral y uno no sabe si tiene que sacar la champaña o el Valium. Por ahí van los tiros del libro, el cual está salpicado con anécdotas personales, desde mi mamá desnuda en Abú Simbel (claramente yo estoy desheredado) hasta el día que me exploté la cara con un calentador de gas porque yo soy un menso. Este es un adelanto del libro ya en imprenta (y un sneak peek de la portada):

Aunque hay muchos cuentos que ya vieron luz en este blog, creo que la selección quedó digna de un cassette de remix de canciones de Coldplay (bueno Coldplay versionado por un grupo escolar en Choroní). Mi idea original era hacer 100 cuentos, pero cuando me di cuenta de que 100 cuentos son un libro de 1000 páginas (y el banco me pintó una paloma con el préstamo), pensé que lo mejor era irme por los 30 cuentos que yo quisiera leer tiempo después. Esos son los que están en La Hora Loca.

Ya esta semana me pongo a ver lo de la distribución, hacer los trámites para montarlo online para la gente que vive afuera y comenzar a hacer ruido. Pero lo más importante es que espero de corazón les guste porque a mí me encantó el proceso. Lo mejor es que quedaron por lo menos 25 cuentos por fuera que eliminé a último minuto por cuestiones de espacio. Pobres, todos pusieron cara de cuarta finalista cuando los boté. No importa, eso implica que hay cuentos para rato, ya sea aquí en el tea party o para una próxima aventura literaria de poceta.

Pronto más detalles. Mientras tanto, ¡Abajo la bisutería en Navidad! El regalo es el libro de Toto (y bueno que si un Ponche Crema para quedar estelar con la abuela tradicionalista).

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