Thursday, December 26, 2013

Y por esto es que amamos a la gente honesta


Lamentándolo mucho, no todo el mundo tiene vacaciones colectivas después de Navidad. Y aun cuando NADIE quiere trabajar, lo cierto es que muchos de nosotros debemos hacerlo. Podemos pensar en miles de excusas para no ir, inventar un cuento chino sobre un fuego artificial o que un tipo disfrazado de San Nicolás entró a la casa y se llevó hasta el bombillo de la nevera, pero por lo general estamos todos en la oficina o en el trabajo.
Excepto esta señora.
El siguiente mensaje de texto le fue enviado a mi amiga la Cookie Monster. Es de parte de la señora de servicio de su casa y yo he decidido que uno tiene que ser como ella en esta vida. Este es el mensaje más honesto, más sincero y más elocuente del mundo y si la Cookie Monster prescinde de sus servicios yo contrato a esta señora en el acto. Por estas cosas es que amamos a la gente honesta en este tea party:
Cookie Monster: Mira lo que me pone: “Buena noche sra. [Cookie] mire le quería pedir disculpa pero me estoy acostando vien tomada xq estaba selebrando la navidad y estoy muy tomada y no estoy segura q le valla manana xq no s a q hora valla a recordar asi que si no voy disclPe  de verdad.
Toto: Ok, ¡La amo!
Cookie Monster: Ya va, esperate… le pregunto luego que si la espero mañana viernes y ésta es su respuesta: “Hola buenos días si me estoy parando con un dolor de caveza y unas tremendas ganas de bomitar  Yo no yego mas nunca”.
Toto: Cookie, esa tipa es mi nueva mejor amiga. La amo darks!
Gente honesta... te somos fans.

 

Tuesday, December 10, 2013

Carta de Toto al Niño Jesús


Querido Niño Jesús o en su defecto San Nicolás o en su defecto quien quiera que sea que reciba estas cosas… Querido pasante en el Polo Norte:
Buenas. No te he escrito desde el año 1989 cuando tuve esa conversación con mis papás que nadie debe tener… No es la que piensas, esa fue en 1994… Tampoco la otra, esa creo que fue el año pasado. Te escribo porque tengo tiempo que no me siento a escribir una lista de deseos y tú eres la persona más indicada para hacerlo. Lo haría frente a un pozo y lanzaría una moneda pero la última vez que yo vi un pozo fue en una granja y qué fastidio manejar hasta allá. Así que tú eres mi mejor opción.
LISTA DE REGALOS QUE TOTO AGUERREVERE QUIERE PARA NAVIDAD
(Aquí iba un párrafo sobre cómo he sido un niño bueno este año, pero vamos a estar claros, eso no sucedió. Por lo cual si este año me quieres traer carbón, adelante. Me provoca hacer parrilla y si tú pones el carbón, eso en la vida adulta ya no se llama castigo. Eso es un pana).
  1. Quiero un par de zapatos, un recordatorio en el celular que me diga cuándo es que me debo ir a cortar el pelo e interiores. Me explico, el problema de un hombre es que un día te despiertas con zapatos que ya dan pena, un Miguel Moly en la nuca y unos interiores que tienen más huecos que una calle cualquiera en El Hatillo. Si puedes ir a Movistar a activarme el recordatorio y a Bahías a comprarme los interiores y los zapatos te lo agradecería. Talla… ya va… bueno al zapato que tengo puesto se le borró la talla pero yo digo que un 41. Te puedes quedar con el caramelito que dan a la salida de Bahías. No hace falta medias (ver punto 13).
  2. Quiero plumas en cantidad. Nada de un bolígrafo Kilométrico. Yo quiero una jarra llena de plumas y marcadores (finos y gruesos) que esté justo al lado de mi computadora. Siempre tengo que anotar cosas y nunca tengo plumas y me la paso rayando circulitos con bolígrafos que no tienen tinta. Por eso no escatimes en el número de plumas.
  3. Una jarra para llenar con plumas tengo. Pero gracias.
  4. Ya que estamos en artículos de oficina, quiero que a Maxi Papel la dotes de tinta HP 670 NEGRA. Esa gente nunca tiene mi tinta y eso para mí es un desastre.
  5. Es más, si me puedes regalar una planta de tinta te lo agradecería. Sé que es un poco heredero adolescente de mi parte pedirte esto pero quien quita. A mi vecino le trajiste un carro una vez. Que eso sea una lección para mí, apunta a lo alto.
  6. Quiero entrar a mi baño un día y que haya todo ese tipo de algodones, Q-Tips, champús que huelen rico, corta uñas, Advil, afeitadoras, preservativos, Kleenex e hilo dental. Sé que te estoy enviando a Farmatodo pero cuando yo entro a Farmatodo la cosa es más: “Buenas, Festal. Chao”. Si tú me pudieras ayudar con tener un baño tipo niña te lo agradecería. Mientras más viejo uno se pone se da cuenta que más cosas necesita. Ese es el problema de no ser niña.
  7. Señal de Internet ilimit… Ok, eso es mucho pedir.
  8. Quiero un Club de Cine. Yo tengo amigos chéveres y sería bueno no hacer un plan de tomar una vez a la semana sino más bien sentarse a ver pelis viejas que valgan la pena para cuando salga alguien a decir: “¿Tú no has visto esa película? ¿¡Cómo es posible que no hayas visto esa película!?” Bueno, pendejo porque no tengo un Club de Cine. Eso sería genial.
  9. Me encantaría un BlackBerrry. Como perdí el mío, sucumbí a la tecnología touch y mira, a mi eso no se me da. La gente me dice que un día me voy a acostumbrar pero yo necesito mis teclas y mi único botoncito que cuando diga “vibrar” pues vibre. Ese día no ha llegado. Sé que esto es un regalo imposible pero yo lo lanzo. No puedo ser el único en esta vida que esté en desacuerdo con que Steve Jobs es Dios…. Por cierto, si allá arriba está Dios y ES Steve Jobs, hey Steve. What up?
  10. Quiero la idea para el próximo libro. Sé que eso no te corresponde a ti sino a mí pero esta es mi amenaza: Si el Niño Jesús existe y San Nicolás también ¿se dividen el trabajo tipo pitufos comunistas? ¿Quién se rasca las pelotas? ¿Quién explota a quien? El Behind The Scenes del Polo Norte no se ha escrito… Listo, no necesito la idea.
  11. Una foto de Sandra Bullock autografiada. Tú tienes contactos y Sandra es que si la menos diva en Hollywood así que eso debe ser más fácil que conseguirle Botox a Nicole Kidman. Puedes usar una de las plumas que me vas a dar para que Sandra me dedique su foto. (Pero que diga “Sandy loves Toto”, tampoco es que va a ser una cosa toda majunche ahí que La Bullock firmó saliendo de un taxi).
  12. Que la gente que compre mi libro “La Hora Loca” se lo goce de corazón. Y que no lo presten para que así más gente me lo compre. Es medio capitalista pero es Navidad.
  13. No quiero medias. Tú me regalas medias y en serio escribo la biografía no autorizada del Polo Norte (Capítulo 9: La Señora Claus se Consuela con Un Reno).
  14. Que si World Peace… no, mentira, una botella de White Label mejor.
Gracias Querido Niño Jesús o en su defecto San Nicolás o en su defecto quien quiera que sea que reciba estas cosas… Querido pasante en el Polo Norte. Sé que a estas alturas de la vida, nada de esto viene ni solo ni gratis. Pero si te sirve ya yo soy grande y tengo chequera. Lo que no tengo son plumas para esciribir el monto .
Bendición,
Toto, Age 34.
P.D. Te iba a pedir inclusión política y abundancia económica para mi país pero después te tachan de invasor extranjero y pinga.

Friday, December 6, 2013

En La Isla de Toto: Belleza en Entredicho


—Toto vas a entrevistar a una Miss.
—Qué bien.
—Y también vas a hablar con la mujer que se montó en una bicicleta el día del Miss Venezuela y se fue a protestar en frente del Poliedro.
—Mucho mejor.
Esta fue mi tarde de ayer. Para el programa de La Isla de Toto en el Circuito Éxitos, a Luisana mi productora se le ocurrió invitar a Andrea Mattheis, popular animadora de Televen y Sony, quién participó en el Miss Venezuela 2007 para que hablara con María Eugenia Acero, una integrante del Movimiento Revolucionario de Ciclismo Urbano. El 10 de octubre de este año, María Eugenia, junto con otros militantes del movimiento, se puso una banda identificada como Miss Envidia y pedaleó en bicicleta hacia las puertas del Poliedro de Caracas donde se celebraba el Miss Venezuela para protestar contra el capitalismo y el consumismo de la belleza.
¿Alguien dijo catfight?
Las dos mujeres llegaron a la entrevista, cada una más nerviosa que la otra. Por más que uno lea, Miss es Miss y Andrea Mattheis es alta. Mínimo un coscorrón se podía llevar mi otra invitada. Pero María Eugenia tenía sus guantes bien puestos. Y las dos no podían ser más simpáticas. Aunque antes del programa ambas confesaron su miedo de venir a la entrevista, la misma se dio como si se hubieran conocido de toda la vida (lo juro, no les di whisky).
En La Isla de Toto del Circuito Éxitos pueden oír todo lo que tuvieron que decir estas dos mujeres que fueron al Poliedro de Caracas en una noche tan linda como ésta por dos distintas razones. Por supuesto, también averiguo cómo llegó María Eugenia en bicicleta a La Rinconada (hazaña que insisto debería ser una categoría adicional en el concurso del año que viene).
Puedes oír la entrevista haciendo click aquí:

Tuesday, December 3, 2013

Cómo Vender en un Bazar (Y No Morir en el Intento)



Vengo de tres días seguidos de bazar donde he vendido mi libro La Hora Loca. Si alguien está pensando en auto-publicarse y vender en un bazar para que el de boca en boca incremente tus ventas en las librerías, éstas son las diez cosas que deben saber:

  1. NO llamar tu libro La Hora Loca. Primero, porque yo me adelanté. Segundo porque te puede pasar este episodio. Señora, 47 años. Se acerca a la mesa y levanta el libro. Le echa un ojo a la contraportada. Pone el libro sobre la mesa y dice: “Buenas, ¿tendrán el sombrero de goma espuma para el novio y la novia?” Una cosa es escribir un libro. Otra muy distinta es hacerle creer a la gente que uno es una empresa de cotillón, que tiene la mercancía debajo de la mesa y que los libros son solo de exhibición.
  2. Estar preparado para decir muchas veces: “Usted me trae la factura y yo se lo firmo aquí”. La manera en cómo funcionan los bazares es la siguiente: el comprador ve una mercancía que le gusta y le dice: “quiero uno”. El vendedor anota su nombre y número de teléfono y le pregunta: “¿solo uno?” porque no es que sea sordo, sino porque es capitalista. Mientras se aleja, el comprador dice: “Mira, me firmas por favor el libro para Maigualida Claribel, con mucho cariño de su tía”. Y uno abre su librito y le echa a Maigualida Claribel tremenda dedicatoria sin sospechar que al comprador le dio fastidio pagar y se largó del bazar. Así, uno se queda con un libro firmado para Maigualida Claribel sin poderlo regalar porque no hay más NADIE en este mundo que se llame Maigualida Claribel.
  3. Estar preparado para el rechazo: Hay tres tipos de personas en un bazar. La mamá en mono Juicy Couture que JAMÁS va a bajar la mirada para ver tu libro porque ella está buscando bisutería. La recién divorciada que JAMÁS va a bajar la mirada para ver tu libro porque ella está tras la mamá que vino en mono Juicy Couture para ver si tiene un marido que está tumbable; y la que te dice: “¿De que se trata este libro?” se ríe con lo que comenta, y dice: “voy a dar una vueltica y ya vengo”. Esa es la que vino sin el marido y sin real. Todas estas son formas de rechazo. Atiéndelas pero no confíes en ninguna.
  4. Tener una sillita extra para el marido que arrastraron al bazar. El solo vino a pagar. Tú eres su mejor aliado porque le ofreces compañía, cigarros y café. Él es la persona que te va a comprar el libro y decirte, como me dijo uno: “dedicado a mi señora esposa… si le puedes poner, EL CDTM por traerme a este bazar te lo agradezco”.
  5. Jamás interrumpir cuando una persona recomienda tu libro así nunca la pegue. “¿QUEEEEE? ¡La Hora Loca! Amiga, tú te tienes que comprar este libro YA. Este libro es de Toto Aguerrevere que tú no sabes lo cómico que es ese tipo. Yo lo oí en César Miguel Rondón, el libro es sobre todo lo que pasa en una hora loca en un matrimonio. ¡¡¡Lo tienes que comprar ya!!!!”. Yo vendí esa vaina. La señora nunca se enteró de que Toto Aguerrevere soy yo, que jamás me ha entrevistado César Miguel Rondón por mi libro y que NO trata sobre todo lo que pasa en una Hora Loca en un matrimonio.
  6. No inflar los precios de tu mercancía. Por más que te duela, estás yendo a un bazar a contribuir con una causa. Vendes lo mismo que venderías en un mes en una librería. Contribuye a la fundación que auspicia el bazar. Después llegas al Cielo y Dios te cobra la comisión por miserable. Mi libro cuesta 420 en todas partes (salvo en Mercado Libre que cobro el despacho).
  7. Clávale toda la mercancía a tu familia. Que vengan a decirte: “yo te los compro después mi amor” no va contigo. Mete tres libros en una bolsa así solo te pidan uno. Esa gente se pasa de miserable.
  8. Metete en todas las rifas que haya en un bazar. Eventualmente te ganarás algo, así sea un pan de jamón. Pero si la organizadora del bazar agarra el micrófono para decir: “Y ahora, procedemos a rifar un periquito”, huye. Tú no quieres llegar a tu casa con tres cajas que no vendiste y un pájaro al que tengas que alimentar.
  9. Dedica todos los libros, tómate fotos con la gente y oye todo lo que te tengan que decir. Cuando llegues a tu casa en la noche a nadie le va a importar quién eres tú. Vive tu momento rock-star y déjalo en el bazar.
  10. No dejes las facturas en el bazar. Después no te pagan y calarte nueve horas sentado en una silla de piñata que te marca las nalgas es demasiado cargadora como para no cobrar por tu férreo intento de vender el máximo número de libros en el menor tiempo posible.

Monday, December 2, 2013

Perder un Celular Da Liberación



El lunes pasado perdí mi celular. Estaba en el bar de Favola en una fiesta, me dio calor y me pareció lógico quitarme la chaqueta y dejarla sobre un piano. En mi casa no hay piano así que esa movida me pareció novelera. El problema es que mi celular estaba en el bolsillo de la chaqueta. A otra persona también le pareció novelero sacar el celular y llevárselo a su casa.

Al día siguiente volví al bar para reportar el hurto (no lo llamo robo porque después de catorce años de inseguridad, dejar tus pertenencias rueda libre es de amateur) y me atendieron de maravilla, pero igual di el aparato por perdido. Lo mejor es que no me importó. Perder el celular en ese momento fue lo mejor que me habría podido pasar.

Recuerdo que sentí un absoluto estado de liberación y rebeldía. Ese día yo tenía siete entregas, tres reuniones, dos entrevistas, un interés romántico que atender y un agente de cobranzas persiguiéndome. El no poder ser contactado por nadie porque vivimos en una era en la que si te sabes el celular de tu mamá debes considerarte afortunado, fue como quedarte solo en la isla de Tom Hanks. A Tom Hanks le pareció una ñoña quedarse Cast Away. A mí me pareció lo máximo quedarme Cell-Phone Away.

De todas maneras debía perder el celular. Lo mío era un BlackBerry cuya rueda dejó de funcionar hace tres meses. Para escribir en Twitter debía meter el pulgar adentro de mi camisa y sobar las teclas para poder tuitear. Solo podía hablar por cuatro minutos cuarenta y tres segundos porque el celular se reseteaba y la cámara ya me decía: “No es que te falte memoria, es que en serio me da flojera tomarle una foto a una paloma persiguiendo un Cheez-Tris”.

Y es cierto, por un lado me puse a pensar que ya no tenía el teléfono de tal persona que en su vida me lo iba a volver a dar, o el pin de tal modelo que cambiaba de foto cada cinco minutos y eso era como un calendario Polar. Por otro, estaba la foto aquella donde estoy montado encima de la estatua esa, y de esa donde salgo abrazado en esa fiesta que fue lo máximo. Pero como yo lo veo, no he ido a imprimir una foto desde el año 2009. El que se quedó con mi celular que se goce mis selfies y mis momentos estrella. Si es que puede dominar la técnica de meter el dedo pulgar adentro de la camisa para hacer rodar las ruedas.

Al superar mi momento de liberación, decidí que debía embarcarme como Pi en su bote e ir hacia la civilización. Me fui a comprar un celular. Nuevamente soy el esclavo de un aparato el cual está condenado a vivir en el bolsillo trasero de mi pantalón. No me siento triste por su condena. A fin de cuentas, éste se venga sonando cada cinco segundos con piticos, timbrecitos y cohetones para decirme que tengo un nuevo mensaje. Con los contactos, llegan los que de verdad importan y uno que otro random. Los mensajes anónimos tipo: “¡Toto! ¿Qué más? Salgamos esta noche!”, siempre se responden con: “De bolas, sí qué buen plan. Por cierto, ¿quién es?”

Pero tener un nuevo celular también conlleva a  la crítica. Perder un teléfono es una tragedia, pero comprarse el celular que NO es, es peor. No importa que por fin me haya divorciado de la compañía BlackBerry (que por cierto, amé y fui fan. LQQJ siempre pero en mi país no te hay blasberies). Tampoco que por primera vez tengo Instagram en mi celular. La crítica viene porque mi teléfono es más chiquito y me lo he debido comprar estándar, que no tiene flash y eso es como de Pedro Picapiedra, que no tiene para activar no sé qué aplicación en no sé dónde porque aparentemente eso es importantísimo y no soy nadie sin eso.

Total es que no la pegué con el aparato pero no me importa. Por lo menos no fui el insoportable ese que puso en todas sus redes sociales: “ME ROBARON EL CELULAR. POR FAVOR ELIMINARME… RECUPERÉ EL CELULAR… NO MÁS PIN, SOLO WHATSAPP FAVOR AGREGARME”. Lo mío no fue un robo, fue un hurto que me dio liberación. Muchas gracias al que se lo llevó encima del piano. Eres un cursi porque hurtar un celular de esa forma es de Raúl Amundaray. Pero te quiero.  Estoy en los contactos bajo "Toto" (porque nunca me acuerdo de cuál es mi número telefónico). Cuando te provoque, nos tomamos un whisky.

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