Monday, January 27, 2014

La Pirámide de Juan Barreto vs. Las Torres de Stalin


Cuando la Revolución Bolivariana termine, una de las cosas por las cuales nos vamos a tener que preocupar es por la recuperación del buen gusto arquitectónico. Suena tonto, cuando la verdad es que hay cien cosas más importantes, pero cuando la seriedad retorne al poder, tendremos que aceptar que nos convertimos en una sociedad que no sabe nada sobre la construcción de obras históricamente importantes.

De esto me doy cuenta en un viaje a Rusia en donde he visitado Moscú y San Petersburgo. Allí me impresiono tanto por el Salón Ámbar, una impresionante cámara decorada totalmente por paneles formados por miles de astillas de ámbar en el palacio Tsárskove Seló, como por los rascacielos construidos durante la era de Stalin. Estos últimos comprenden siete torres parecidas a una torta de bodas las cuales fueron erigidas para venderle al mundo la idea del poderío soviético.

Ver estas edificaciones me da una envidia tremenda. Tanto los palacios como las torres permanecen de pie y no puedo sino preguntarme: ¿Cómo es posible que  edificaciones que históricamente se contradicen, hayan subsistido unas al lado de otra? ¿Cómo puede el Kremlin conservar todas las carrozas reales de la misma manera en que el Metro estalinista resguarda sus obras que glorifican al obrero?

Los soviéticos comprendieron una cosa, lo artísticamente importante se preservaba. Cierto, cientos de catedrales fueron derribadas por no comulgar con los objetivos revolucionarios. Pero a las más importantes, les dieron otro uso, ya fuera para que sirvieran como una pista de patinaje o como un museo del ateismo.

Cuando la Unión Soviética colapsó, Rusia comenzó la reconstrucción. Aprendieron a convivir con todas las etapas históricas que los identifican. Las siete torres de Stalin hoy en día sirven como un ministerio, una universidad, apartamentos privados y un muy imperialista Hotel Radisson. Ningún período se rechaza. Simplemente existe y convive porque eso conforma parte de la historia de Rusia (aunque irónicamente, lo menos publicitado y lo más difícil de visitar sea el cuerpo embalsamado de Vladimir Lenin).

Todo eso me lleva a preguntarme en mi recorrido: ¿Qué rescatáramos nosotros cuando la Revolución sea un recuerdo? ¿El Salón Néstor Kirchner en Miraflores? ¿La Virgen con metralleta del Colectivo La Piedrita? La falta de buen gusto ha visto al madurismo erigir edificios con la firma del Comandante que aunque cumplen la misma función propagandística de las torres de Stalin, no son más que ranchos verticales. El Museo de Arquitectura es para taparse los ojos, el Mausoleo de Bolívar para negarlo y la pirámide rosada de Juan Barreto para rascarse la cabeza.

No hay nada importante construido en Venezuela hoy en día que permita dar referencia del poderío bolivariano en el futuro, mucho menos sobre su estética. Mi gran temor es que la Revolución subsista por más tiempo y las pocas edificaciones de buen gusto que todavía permanecen de pie no sean más que un recuerdo destrozado por quienes vieron en Moscú un aliado comercial y no un modelo de conservación arquitectónica a seguir.

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