Tuesday, May 27, 2014

De Cómo Edgar Ramírez Me Enseñó A Batir el Chocolate

 
 
En el primer año de mi carrera en la Universidad Católica Andrés Bello tuve una novia. Era la primera mujer que conocía a la cual le gustaban las mismas cosas que yo: toda la discografía de Simon & Garfunkel, frases sueltas de libros pretenciosos y el drama. Mucho drama. Nos empatábamos frente a la estatua de Andrés Bello y terminábamos esa misma noche en una calle oscura de Los Chorros. Después negociábamos volver y a la semana ella me terminaba a mí en la terraza de su casa reprochándome sobre mi inmadurez. Ciertamente, yo tenía una franela con el logo de Superman en el pecho. Ella en cambio, dos amigas escondidas detrás de una cortina.

Así fue más o menos todo ese primer año. Los grupos de estudio se tenían que dividir porque ella y yo no podíamos estudiar juntos. Luego, el grupo de estudio se volvía a reunir porque ella era la única que sabía explicar lo que eran las obligaciones propter rem y si no estudiábamos con ella, no solo raspaba yo, sino que raspaba todo mi bando. Todo lo que ella hacía, inevitablemente lo terminaba haciendo yo. Un día ella fue a comprarse una planilla para presentar un examen del Modelo Harvard de Naciones Unidas en la universidad. A los veinte minutos bajé yo corriendo al Módulo 3 donde vendían esas planillas y me compré una.

Yo quedé en el equipo.

Ella no.

Ahí terminó nuestra historia de amor.

Yo comencé una historia de amor conmigo mismo. El equipo de la Católica para el Modelo Harvard significó para mí un descubrimiento. No de lo que quería ser –en ese entonces, abogado- sino de quien era en ese momento a los veinte años. Cuando se tiene veinte, todo el mundo te pregunta qué vas a hacer después, nadie se preocupa en preguntarte sobre quién eres ahora. Harvard me regaló la oportunidad de cuestionarme todo y pensar en eso.

Entre filósofos que tenían teorías hasta del porno, comunicadoras que podían citar a Baudelaire en una oración y luego a Sandy y Papo en otra e ingenieros a los que les dabas un Q-tip y un teipe plomo y construían un centro comercial en la parte trasera de una Montero, eso era el paraíso. Que íbamos a salvar al mundo en cuatro días de un simulacro de Naciones Unidas no era un juego. Nosotros íbamos realmente a salvar el mundo.

Una de esas personas que conocí en ese mundo fue a Edgar Ramírez. Él había estado en el equipo el año anterior, el cual había sido importante puesto que era la primera vez que una universidad venezolana había recibido un Honorable Mention en la competencia. Edgar y los de esa delegación eran para nosotros a big deal. Gente grande, pues. Y aunque muchos de su delegación ya habían forjado su camino en pasantías o recobrado una fin de semana normal donde se iban a la playa, Edgar siempre encontraba la manera para venir a visitarnos en un domingo de reuniones y contarnos sobre su experiencia en el Modelo.

Una de las cosas que a todos nos marcó fue una frase que él nos dijo a pocos días de irnos a Boston, donde se iba a celebrar la competencia: “Muchachos, es tiempo de batir el chocolate”. Con esto quería decir que o nos movíamos y hacíamos cosas maravillosas dentro de cada uno de nuestros comités, o la masa se quedaba fría. Eso se convirtió para nosotros en un mantra. “Estoy batiendo el chocolate en comité que te cagas”… “Batting the choco” nos decíamos mientras nos veíamos por los pasillos. Algo que suena gallo, pero que era necesario para darnos ánimo entre el estrés de lograr un puesto importante.

Perdimos big time ese año. Pero eso no nos importó. En parte gracias a Edgar entendimos que batir el chocolate significaba prepararse más que Rocky Balboa frente a Iván Drago. Al año siguiente volvimos y recuperamos ese Honorable Mention. Al otro, yo lideré el equipo que se ganó el primer premio en toda la competencia, primera vez que lo hacía una universidad no anglosajona. El chocolate no es que estaba batido, el chocolate ya era una marquesa.

Cinco, diez años después, ya todos somos gente grande. Mi novia de la universidad y yo somos grandes amigos. De vez en cuando la fastidio diciéndole que se casó con un tipo que se llama igual que yo porque nunca se pudo sacar ese clavo. Los filósofos, comunicadores administradores y en general gente que alguna vez tuvo el pelo verde o azul que me acompañaron en Harvard son gente que está salvando el mundo sin duda. Puede que algunas se sienten junto a Christiane Amanpour en CNN, puede que otros solo sean papás, pero yo no dudo por ningún segundo que en su closet tienen el traje de Los Increíbles. Yo dejé de ser abogado y ahora soy un, digamos respetable, buhonero. Y Edgar… pues ya todos sabemos en qué se convirtió Edgar.
 

 

Recientemente me topé con uno de los carteles de la nueva campaña de Johnnie Walker llamada “Desde El Futuro”, en la cual él sirve como embajador. Él sale solo en un fondo negro, con una única palabra: TRADUCTOR. El mensaje de la campaña es decirte desde el futuro que todo va a estar bien. No importa cuántos correos te falten por contestar, cuántas copias te manda a sacar tu jefe, si terminaste con tu primera novia o si tú estás leyendo esta entrada en mi blog a las cuatro de la mañana cuando deberías estar terminando tu tesis y no puedes más. Todo va a estar bien.

Me pareció que él había dado en el clavo con esa palabra que lo definió hace tiempo. Yo conocí a Edgar Ramírez mucho antes de que se metiera en el papel de Bodhi, Roberto Durán, Bolívar, Carlos, Cacique. Lo conocí cuando ni siquiera era traductor de idiomas, sino intérprete de motivaciones. Una tarde él le dijo a veinte chamitos: “Es tiempo de batir el chocolate”. Y ninguno de nosotros ha dejado de soltar esa paleta.-

Nota: Hace un par de semanas se me ocurrió hacerle una mini entrevista para el blog sobre sus inicios la cual pueden leer aquí.  

3 comments:

Life Journey said...

Tengo 30 minutos para comer, y me tome 10 min para leer esta Entrada!!! Que bien he consumido este tiempo... Me encantó... porque bueno tener a Edgar Ramirez y tu maravillosa forma de relatar es una mezcla para ese Chocolate que todo el mundo quiere batir.

Gracias Toto! eres un fresquito en mi día cada vez que te leo!

Anonymous said...

gracias porque no entendia a que iba johny walker!!!!

auramoreno said...

No son las cuatro de la mañana pero debo dormir y mañana tengo rodaje jajaj
Super inspirador y fresco lo que lei, me gustaría hacerte unas consultas,
Saludos!

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