Monday, May 12, 2014

El Matrimonio de Mi BFF (Al Cual No Fui Por Ir A Tomar Whisky En Otra Parte)

 
 
En febrero de este año mi amiga Zubi se comprometió con Nano. Su historia de amor me encanta, los dos se enamoraron porque una noche a Zubi se le ocurrió ir a bailar en el extinto bar Yesterdays Boleros del Ayer. Un año después estaban comprometidos. Que eso sea una lección para toda soltera con un sueño caraqueño: baila salsa en un bar niche y encontrarás lo que no existe en Le Club.

Una vez que se mandó la respectiva foto del anillo al grupo de amigos (y el cual fue discutido ampliamente en el grupo de amigos paralelo), comenzaron los preparativos para el magno evento. Zubi decía que ella estaba muy divorciada para casarse de velo y corona por lo cual ella quería una rumba reservada. Hay gente que no superó 1996. Por eso es que la adoramos. 1996 fue un año sensacional.

La idea de ambos era crear una fiesta donde la gente podría venir vestida como quisiera, comiera pizza, bailara los hits del ayer con la mano levantada (costumbre en desuso) y tomara ron porque no había real para el whisky. A mí, bebedor insigne del escoses, se me advirtió que me comprara una mulita para que no estuviera quejándome. Me pareció una idea genial. Súper alcohólica pero genial.

Un mes antes del matrimonio nos reunimos en mi casa para hacer las tarjetas a mano. Como estamos en protesta por el país, a Zubi se le ocurrió que sería una buena idea hacer las tarjetas tipo pancarta con una explicación que aunque el país estaba más frágil que un noviazgo con Lindsay Lohan, las cosas buenas no podían dejar de celebrarse en familia. Eso fue lo que escribimos, hasta un palito de helado le agregamos a la tarjeta para que la gente sostuviera su pancarta.

 

En el interín Diageo me llamó a mí para una reunión donde me ofreció algo que no me esperaba: un viaje por Gran Bretaña para visitar sus destilerías y probar el whisky Buchanans en todas sus formas. No habían terminado de decir whi… y ya yo tenía la maleta hecha con el pasaporte en la mano. Darme a mí una semana de puro whisky es como meterse en el selfie de los Premios Oscar que tomó Ellen. Viajar por Inglaterra y Escocia tomando whisky es como si Ellen pida tomarse un selfie conmigo.

En el ascensor saliendo de la reunión leí el itinerario detenidamente. Estupendo, pensé, salgo el 3 de mayo y vuelo hacia Londres vía Nueva York, uff qué bien un día completo para dormir y el 5 arranco con mi primera cata, qué emoción… 3 de mayo, 3 de mayo, ¿qué carrizos pasa el 3 de m…. ¡Ver la isla donde Orwell escribió 1984 qué not…. Fuck se casa la Zubi!

Darme cuenta de que me iba a perder el magno evento real fue peor que el anuncio del divorcio entre Carlos y Diana. ¿Cómo decirle a la Zubi, mi hermana, que yo me iba a perder de su eventazo?

“No se lo digas, ni se lo menciones, tú haces como si vas y después inventas lechina”, me aconsejó It's Good To Be. Decidí irme por la lechina. Después comenzó a darme piquiña al recordar la lechina así que me fui por la verdad. En el mensaje le puse: “Mi corazón, he decidido que como tú no vas a poner whisky en tu matrimonio, me largo a Escocia a tomar. Soy un malcriado, lo sabemos. Besos, Yo”.

A Zubi le pareció una idea estupenda.

Por cinco minutos.

Después comenzaron las depresiones de parte y parte hasta que finalmente se decidió que me iba porque en verdad es el viaje de la vida y estas cosas no es que te las venden en los quioscos como si fuera una barajita del Mundial. Pero no niego que montarme en un avión y calcular la hora en la que Zubi y Nano se daban el sí frente a todos los panas menos yo me hizo sentir que la invención de la tele transportación es URGENTE para el fomento de la amistad. Mucho más cuando Nano y Zubi me confesaron dos días antes de mi viaje que se habían quitado el caretón y comprado whisky para su rumba.

No siempre se puede estar en los buenos momentos. Cada vez más los amigos estamos a un Skype de distancia cuando a veces lo que más falta hace es un abrazo o estar al lado montado en una tarima subiendo los brazos. Lo bueno es que la vida continúa, los cuentos siguen y un momento genial siempre está a la vuelta de la esquina. A su regreso de la luna de miel nos haremos un cara a cara de si Escocia le ganó a la rumba reservada. Yo le mentiré y le diré que obviamente la rumba le ganó a Escocia. Porque eso hacen los buenos amigos. No importa qué tan bien la pasaron, siempre brindan por la felicidad de los demás. Preferiblemente con whisky.-

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