Thursday, May 15, 2014

En Casa de Los Buchanan de Toda La Vida

Una de las cosas que más me gustó de mi tour por Gran Bretaña fue visitar la casa del bisnieto de James Buchanan, artífice del whisky, el cual en 1898 consiguió una autorización real para suplir a la Reina Victoria y al Príncipe de Gales con whisky Buchanan’s. Es lógico, después de pasarse todo un día inaugurando parques, reuniéndose con el Primer Ministro y guindando medallas en las solapas, un monarca no tiene más nada que hacer a las seis de la tarde sino echarse un palo.
 
A 16 kilómetros de Northampton, Cottesbrooke Hall es una impresionante casa construida en 1702 con arquitectura típica de la Reina Ana. Perteneció a varias familias e incluso fue prestada en 1877 para que Sisi Emperatríz se fuera de caza (y es que en los jardines provoca cazar) hasta que en 1937 fue adquirida por la familia MacDonald-Buchanan, del whisky Buchanan’s de toda la vida.
 
En las escaleras de la entrada de la casa, como en una escena moderna de Downton Abbey, nos esperaba Alastair MacDonald-Buchanan y su esposa Sheran. Un señor absolutamente encantador que parece mayor de lo que realmente es. Creo que a todos en el grupo nos sorprendió su amabilidad. Generalmente este tipo de casas están llenas de cordones de "cietopelo" con señales de no tocar. Yo toqué todo. Para nosotros, Cottesbrooke Hall tenía sus puertas abiertas y sus inquilinos nos hicieron sentir como si fuéramos unos primos lejanos de una tierra foránea.
 
Al presentarme le dije al señor MacDonald-Buchanan que mi nombre era Toto. Se sorprendió y me respondió que un familiar suyo también se llamaba Toto. “Por Vittorio”, me dijo. Yo le contesté: “Ah no Señor MacDonald olvídese, lo mío es por un muy niche Tototé”. Aquí salgo con él junto al retrato de su bisabuelo James:

Cottesbrooke Hall  está llena de recuerdos y momentos de eras pasadas y el señor con el mayor de los gustos nos echaba cuentos detrás de los cuadros. Por ejemplo: “Éste es un cuadro de mi madre cuando era joven… no es muy bueno”. Eso me hizo quererlo más. Explicó que James Buchanan tuvo una única hija y cuando llegó la hora de casarse, su prometido aceptó agregar el Buchanan al apellido para preservar su legado.
 

En un salón privado nos sacó fotografías de Buchanan, así como las botellas originales, camisetas, trofeos y hasta un pedazo de fémur preservado luego de una aparatosa caída de un caballo. Apasionado de la equitación, Buchanan llegó hasta la Argentina donde pudo establecer su marca fuera de Gran Bretaña, y aprovechar para traerse a dos jockeys y un caballo de carreras de vuelta. Fue mágico ver todas esas piezas puestas ahí.
 
A mí lo que más me encantó de la casa fueron los jardines, los cuales llegan hasta donde alcanza la mirada. Luego de un suculento almuerzo en el salón principal el cual terminó con helado hecho de miel de abeja de un panal en la propiedad, me fui con Rossana mi amiga dominicana a echarme un cigarrito y pasear por ahí. Rossana estaba en éxtasis, corría por la grama como si fuera Heidi y se paseaba entre el centenar de ovejas puestas para cortar la grama. Tan contento no estuvo el mayordomo quien tuvo que agarrar los zapatos de Rossana para echarles una limpiadita, luego de que el señor MacDonald Buchanan descubriera que su feliz huésped había pisado un regalito ovino.
 

Nuestra visita terminó con una cata de toda la selección de whiskys Buchanans dirigida por Ewan Morgan, maestro de whisky en Diageo quien nos acompañó durante todo el viaje. De 36 años de edad, Ewan era lo máximo porque te echa el cuento del whisky como si te estuviera echando un chisme. Le quita lo pretensioso y se va más a la técnica, arte que conoce como buen escoses al haber crecido entre destilerías. A Ewan lo mareábamos todo el día con preguntas y él y yo tuvimos una buena conversación sobre cómo se toma el whisky en Venezuela. “No es lo correcto pero échale tu agua”, me decía, “yo fui a Caracas y ahí lo que hace es calor”. 20 puntos Ewan.
 

Ya listos para abordar el autobús que nos llevaría a un próximo punto en nuestro tour, me despedí del Señor MacDonald-Buchanan y de su esposa, no sin antes comentarle sobre sus yuntas. “Eran de mi bisabuelo”, contestó orgulloso sobre una pieza que debería estar en un museo. Eso me contentó, somos similares. Las cosas se usan, se gozan y se llevan para contar cómo fueron conseguidas.

No sé porque me vino a la mente en ese momento el cuento de una señora aquí en Caracas que había heredado una vajilla de Limoges. La casa Bernardaud había fabricado dos vajillas iguales, una para el Sha de Persia y la otra para una pareja de recién casados en Caracas. La señora que heredó esta última vajilla nunca la usó porque “Ay y si se me rompe”. Una noche cenando en su comedor oyó un ruido estruendoso en la despensa. La polilla se había comido las estanterías y en un montículo en el suelo yacían todos los platos rotos que jamás usó. Eso me gustó de haber visitado la casa del bisnieto de los herederos Buchanan. Son la prueba de que la gente de toda la vida usa absolutamente todo.-
 

Fotos: Tim Bishop/Diageo PLC.

1 comment:

@DeyanaSalazar said...

Ssssshhh Don Totin que el Gran Mision Vivienda Venezuea no se enteren de la infinitud de los Jardines de la Casa de Los Buchanan´s

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