Friday, May 23, 2014

¿Quién Le Teme a las Costillas de Thalía?

Hay mitos de mitos pero no hay leyenda más famosa que aquella que aseguraba que la cantante mexicana Thalía se había sometido a una operación para quitarse sus costillas inferiores. Qué loquera de mito, extraerse costillas para verse más flaca. Si eso fuera, verdad ¿qué habría hecho luego Thalía con sus costillas? Yo viviría con miedo si fuera Tommy Mottola, su marido. “Thalía, mi amor, ¿qué hay de cenar?” “Algo sencillo mi vida, costillitas al vapooor”.
 
Me imagino que Thalìa se debe reír con ese mito, pero hubo una época en donde todos creíamos que era cierto. ¿Quién no ha contado algo que asume que es verdad porque lo lee en todas partes? Que si Walt Disney está congelado, que si a Ana Obregón le explotó un pecho de silicona en pleno vuelo aéreo, o que si hablas por celular en una gasolinera, la gasolinera explota. Por Dios, los celulares no matan… Lo que mata es cuando llega la cuenta.
 
Lo cierto es que vivimos rodeados de mitos y leyendas que siempre salen a flote y todo el mundo se los cree. El tema es que no hay manera de descartarlos porque hemos estado expuestos a los mitos desde chamos. Yo culpo a mi madre. En mis 34 años de vida, jamás he conocido a un solo ex niño que recibió carbón en Navidad. Mi mamá, no obstante, comenzaba con ese mito-amenaza desde octubre. “Mira Juan José, yo conocí a un niño tan malo, tan malo que San Nicolás le trajo carbón, ¡carbón! ¿Tú quieres que te traigan carbón? ¿Ah? ¿Ah?”
 
Claramente yo me volvía más bueno que monaguillo en Domingo de Ramos. No iba a ser yo el que cumpliera la leyenda del carbón. Pero siempre me tuvieron así, amenazado a punta de mitos. “Juan José, salte del mar, salte que acabas de almorzar y se te corta la digestión, cuento tres y llevo dos”. Y uno se tenía que salir del mar a regañadientes, pensando: “Ya va, ¿se me corta la digestión o la diversión?”
 
Como consecuencia de todos esos mitos amenazadores, yo soy un producto adulto de traumas infantiles que van desde el temor a quedarme bizco por acercarme mucho a la televisión hasta sentirme culpable por haberme tragado un chicle y creer que tengo una mata en la barriga.
 
Pero peor fue mi hermana. Mientras a mí me criaron con el mito del niño que cruzó la calle solo y se lo llevó una gandola, mi pobre hermana creció con los mitos relacionados a la belleza. ¿Cuántas veces no oí yo a mi mamá decirle que el pepino era bueno para los ojos, los limones para los codos y las fresas para las varices? Uno entraba al cuarto de mi hermana y no sabía si estaba en un spa o en un stand de frutas.
 
Es terrible la creencia ciega de los mitos. Pero por más que sepamos que no son ciertos, los mitos se adaptan a los nuevos tiempos. Antes existía el mito de que no podías hablar con extraños. Ahora eso se llama Twitter. Antes estaba el mito de que Dios le había quitado una costilla a Adán para crear a Eva. Ahora, no hay una sola Eva que no se vea el espejo y piense si será verdad aquello que dicen sobre las costillas de Thalía.
 
Revista Etiqueta. Edición mayo 2014. Caricatura by Rayma.

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