Thursday, May 22, 2014

Tu Fracaso Afuera No Es Culpa del País

 
 
Esta mañana me llamó una señora con la cual tenía tiempo que no hablab quien me contó que se había regresado a vivir a Venezuela. Eso me alegró, yo soy el tipo de gente que apuesta por el fracaso de todo venezolano en el exterior. No por malicia ni envidia, sino porque a mí me parecería lo máximo que toda la gente a la que yo quiero siguiera viviendo en el país. Diría que como Los Pitufos pero suficiente idea de comuna tenemos aquí como para andar soñando con Pitufina.

Le dije a la señora que me alegraba por su regreso pero mi comentario no fue agradecido. “Ay, ¿cómo me vas a decir eso?”, me contestó. “Yo estoy tan deprimida que me regresé a esta mierda. ¿Qué carrizos voy a hacer yo aquí?”

Le sugerí que se comprara una pistola y se matara.

La señora me trancó el teléfono.

No tengo la culpa que me alegre el regreso de las personas. Detesto ser deshonesto y decirle a alguien: “Pero, ¿para qué te regresaste? ¿Tú estás en drogas? En el aeropuerto te han debido ver como una loca.”. Si uno se regresa a a Venezuela es porque quiere volver, no encontró lo que esperaba afuera, o le contaron de un negocio enchufadísimo aquí y es de nacionalidad china. Pero si para alguien el regresarse implica el equivalente a vivir en Mordor, es más factible que se haga barrendero afuera. No conozco ni un solo caso donde el barrer le quite el caché a lo digno.

Todos tenemos un pasaje de ida de Venezuela, eso lo tengo yo clarísimo. Lo que nadie tiene claro es cuando le tocará su fecha de partida. Hay gente que el lunes después de cada elección le llega su hora. Otros cuando no encuentran trabajo o casa, o encuentran que llegando del trabajo les desvalijaron la casa. Pero decir que no nos están botando es como creer que no hay vuelos en Venezuela porque la flota aérea los está desviando por culpa del Mundial. (véase: "La Vida según Rafael Ramírez".)

Yo lo veo con las traducciones. Amigos míos que decían que jamás de los jamases se largarían del país, hoy me llaman para pedirme una traducción de su partida de nacimiento  y la de todos sus hijos. Me choca hacer ese tipo de traducciones porque sé que con ellas contribuyo al drenaje de talentos de mi país. Pero lo entiendo, tiene que haber una tierra en este mundo donde el Twitter no sea solo de política y la sobremesa sobre secuestros. Todo el mundo se merece una vida feliz. Pero no es menos cierto que todo el mundo también se merece regresar a la patria donde nació. Y si eso considerado un fracaso pues hay una bella opción llamada cambio de nacionalidad.

No niego ninguna realidad. Yo me leo el periódico todas las mañanas de mi vida y sé cuán jodidos estamos. Las agencias noticiosas se deberían quitar el caretón y titular siempre: "En Venezuela la cosa sigue pelúa". Antier fui a comprarme un tubo de pasta de dientes al mercado. La cola para pagar llegaba hasta el fondo donde queda la carnicería. Salí de ahí cuarenta minutos después con una pasta de dientes, unos velones de José Gregorio Hernández, una bolsa de carbón que no necesito y el teléfono del carnicero para llamarlo cuando le llegue el rosbif.

Es horrible y sé que en ningún lugar del mundo se promocionaría el estilo de vida de un caraqueño en un brochure de viajes. No soy iluso, eventualmente me botarán de mi calle, de mi municipio, de mi estado, derechito por los dos boquerones de la autopista y fuera de mi país. Eso sí, obligado y derrotado. Pero yo no regreso a contar que soy un fracasado porque me regresé. Soy un fracasado porque no encontré nada afuera, pero no porque me devolví a Caracas. ¿Qué culpa tiene Venezuela de que uno se negara a trabajar como un limpiador de pocetas en un shopping mall en Wisconsin solo porque los abogados no limpian pocetas?

Si yo me voy botado de Venezuela, es para odiarla, negarla, y escupir cada vez que alguien mencione su nombre. Si me largo es para olvidar todo mi pasado, cambiarme la identidad y todo lo que alguna vez me hizo hombre bajo este clima perfecto. Si me voy es para demostrarle todo lo que yo puedo hacer allá que no me dejaron hacer aquí. “Mira, Venezuela: ¡Leche! ¡Leche! ¡Cartones de leche en cantidades!”… “Mira, ¡me compro un pasaje y no tengo que hacer carpetas como me mandabas a hacer tú! ¡Mira, camino de noche y nadie me asalta, nadie, nadie!” En corto, si me voy en esas condiciones, es para no volver. Así tenga que ser barrendero de día y limpiador de pocetas de noche.

La razón es sencilla. Si he de volver al país, prefiero morir antes que lamentarme del fracaso que implica vivir en Venezuela. Porque a menos que yo dependa de un subsidio, una remesa o algo que ilógicamente deba solicitarle permiso al gobierno venezolano, no es Venezuela el fracaso. Es que yo fracasé viviendo en otro país.

Y eso sí que no es culpa de este país.-
 
Foto: Dinuel.

4 comments:

Carlos de la Parra said...

En cualquier lugar nadie llega más allá de los límites de su ambición y su temple para no rajarse.
Eventualmente se asciende hasta donde uno merezca.
Sólo que en Estados Unidos se logra en menos tiempo.
Y se vive más en paz.

mabe said...

Tal cual

Daniel Nava said...

Totalmente errado al apostar por el fracaso de todos fuera del país, totalmente errado que la culpa la tengan quienes se marchan.

Asi como tambien, es totalmente errado pensar que el país entero es culpable.

El ser humano busca oportunidades, busca crecer, busca mejorar y no es malo buscarlo en otras fronteras.

Fabita said...

Tots
Tremendo artículo. No lo había visto desde ese punto de vista y me gusta tu manera de verlo. Obviamente hay cosas que complican más las cosas, pero hay tanta gente que se va con yo no sé qué en la cabeza sin pensar nada. Es lógico que "fracasen" y tengan que devolverse cuando se van a la casa más cara, 3 carros, viviendo en Brickell y abriendo un negocio. Pretenden vivir en su sueño desde el día que se van y, lamentándolo mucho (a menos que tengas MUCHO dinero), eso no pasa.

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