Wednesday, May 28, 2014

Un Traductor de Personajes Llamado Edgar Ramírez

 
Es posible que muchos de ustedes hayan visto vallas por toda la ciudad donde salen Dayana Mendoza, Greivis Vásquez y Edgar Ramírez con una palabra que los identifica. En el caso de la Miss Universo 2008, la palabra es “desconocida”, la del basquetbolista de los Toronto Raptors de la NBA es “novato” y la del actor, “traductor”.

Es factible admitir que ninguna de estas palabras identifican a estos tres. Nadie más conocida que la Mendoza, nadie más profesional que Vásquez y de Ramírez, sabemos que habla inglés, francés y alemán en su película Carlos, pero jamás diríamos que su profesión es ser intérprete público.

La cuestión es que algún día lo fueron. Hace tiempo Dayana Mendoza no sabía cómo caminar en tacones, Greivis Vásquez lanzaba pelotas como cualquier adolescente con un sueño y Edgar recurría a la traducción para ganarse la vida y perseguir su sueño de convertirse en  actor.

Son ellos embajadores de la campaña “Desde el Futuro” de Johnnie Walker. Ellos mismos nos cuentan que alguna vez fueron esa palabra que los identifica en las vallas. Ellos son tú en este momento. Están ahí para decirte que no importa cuántas tazas de café andes sirviendo, o cuántas tablas de Excel tengas abiertas donde compruebes que las cuentas no dan, en el futuro todo va a estar bien.
 


Animado por esa campaña en positivo, se me ocurrió escribirle a Edgar Ramírez para que me contara sobre su vida desde el futuro. Un chamo del Táchira, Edgar llegó a Caracas a estudiar Comunicación Social en la UCAB. Ahí se metió en el mundo de los modelos de Naciones Unidas -el hombre quería ser diplomático- y en el Festival Universitario de Video (VIART), pues también tenía la espina de ser actor. Todavía no estaba claro. No en balde, en sus inicios, el guionista mexicano Guillermo Arriaga le dijo en broma: “Ese has podido ser tú cabrón”, cuando le mostró la cinta Amores Perros donde salía Gael García Bernal en pantalla haciendo un papel que le fue ofrecido a Ramírez y cuya oferta pasó.

La claridad llegó con Cacique. Cosita Rica, telenovela archifamosa de Leonardo Padrón para Venevisión, vio a Edgar Ramírez en un papel de buhonero. Sus amores en la pantalla chica con Marisa Román obligaron al escritor a incrementar el peso de su papel en la novela. Todo el país tenía que ver con Cacique. Y desde entonces todo el país ha tenido que ver con Edgar Ramírez.

A Edgar lo hemos seguido de cerca. Hay una cosa de ver a un venezolano en un cartelón de una película que lo hace sentir a uno orgulloso. Lo mismo pasa cuando lo vemos en una entrega de premios. Quizás jamás lo hayamos visto en persona pero uno siente como si fuera un primo suyo. Keira Knightley está a seis grados de separación de todos los venezolanos por Edgar, igual Robert de Niro, Jessica Chastain y Juliette Binouche. Pero lo mejor es que con él, podemos escaparnos hacia una aventura cinéfila de buenas historias donde vemos cómo traduce magistralmente un guión para regalarnos en cada ocasión un personaje increíble.

Pero no siempre fue así. Hubo una época donde quizás él ni siquiera soñaba con calzarse las botas de Simón Bolívar, ponerse los guantes de Roberto Durán o montarse en la tabla de surf de Bodhi como otrora lo hiciera Patrick Swayze en la película Point Break, cuyo remake ha sido anunciado. Hubo un momento donde Edgar Ramírez era tan solo un estudiante como conté en otra entrada, y también otro donde simplemente era un traductor. Ésta es esa historia, contada en sus propias palabras desde el futuro:

 
 
En la universidad tú eras el chico de VIART y del Modelo de Naciones Unidas. ¿En ese momento era intraducible definir quién es el Edgar Ramírez de hoy o ya existía la espinita actoral?

Siempre existió la espinita actoral, pero no me producía dolor ni frustración. Estaba muy contento con lo que hacía en la Universidad y con lo que anhelaba para mi futuro: una vida llena de viajes, experiencias intensas y personas interesantes. Y esa es justamente la vida que vivo, y por la cual me siento profundamente agradecido.

Estudiando comunicación social, tu interés también estaba en las relaciones internacionales. ¿Un sueño frustrado o había un mejor sueño?

Recuerdo que cuando fui investido como Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, comenté en mi discurso que sin planificarlo de esa manera, mis dos grandes sueños en la vida se habían fusionado en perfecta armonía: Ser actor,  y a la vez funcionario de las Naciones Unidas; el mundo de las artes, y el mundo de las relaciones internacionales y el trabajo humanitario. Con el tiempo he concluido que mis motivaciones en la vida son esencialmente humanistas y que hubiese sido feliz ejerciendo cualquier actividad que tuviese como centro la experiencia humana y su fascinante complejidad. 

Hay oportunidades que dejamos pasar por no ser el momento adecuado. ¿Volverías a decirle que no a Guillermo Arriaga?

Jaja, claro que no. De hecho estamos ya planificando hacer algo juntos.

¿Estabas consciente que el ser traductor era solo un paso o hubo momentos en el que pensaste que era mejor no seguir caminando?

Cuando decidí ser actor sabia que los ahorros de mi trabajo anterior como Comunicador Social no durarían más de un año, así que necesitaba realizar una actividad productiva que me diera para vivir y que al mismo tiempo no me atase a una oficina ni a un horario. La flexibilidad y la independencia eran claves. Necesitaría ir a castings, reuniones, viajes, tener la posibilidad de matar tigres, hacer comerciales, y si todo salía bien, irme 2 meses a hacer una película sin tener que pasar por el trance de pedir permisos imposibles o renunciar a un trabajo. De modo que me senté a analizar mis fortalezas, las cosas que sabía y disfrutaba hacer y me di cuenta que mi trabajo anterior me había dejado una amplia red de contactos en distintas embajadas y empresas trasnacionales, y mi educación me había dejado la enorme oportunidad y privilegio de hablar fluidamente otros idiomas, y una afinada intuición para las relaciones interculturales.

Entonces me dije, pues nada, a llamar a todo el mundo y ofrecer servicios de  intérprete en inglés, francés, alemán e italiano en clave motorizado con moto propia. Y así fue.

¿Recuerdas el momento específico en el que te viste traduciendo menos y actuando más?

Sí claro, cuando me llamó Leonardo Padrón para hacer COSITA RICA. Por primera vez pude vivir sostenidamente de mi oficio como actor.

De Cacique a Ares, de Cyrano a Simón ¿qué queda de ese traductor llamado Edgar Ramírez?

Supongo que la habilidad para adaptarme, comprender y desarrollar empatía con ambientes culturalmente diversos y muchas veces en conflicto. Recuerdo que cuando estaba filmando CARLOS, estuvimos más de 5 semanas seguidas en Alemania. El equipo principal y las cabezas de departamento eran franceses y como era de esperarse, se encontraban en pugna cultural con el equipo local alemán. Los franceses muy sensibles y apasionados, y los alemanes precisos y pragmáticos. Básicamente se odiaban. El caso es que en muchos momentos, durante los cortes de comida o en el tráiler de maquillaje, me tocaba escucharlos despotricando los unos de los otros en francés y alemán respectivamente, y el único que entendía las barbaridades que se decían en sus propias caras, era yo. Cuando dejaban de hablar inglés y decían algo en voz baja en francés o alemán, ya sabia yo que venía un insulto o una queja. Al principio me sentía como un niño en medio de un divorcio horrendo, y me incomodaba. Luego lo asumí como una ventaja para entender mejor las dinámicas internas del rodaje, surfearlas más fácilmente y ayudar a calmar los ánimos y a reducir los prejuicios. Y así muchas otras experiencias de ese tipo…unas más graciosas y otras más dramáticas.

¿En qué idioma se le habla a un director?

En el que mejor comprenda.

Los que tenemos sueños generalmente levantamos botellas de champú en el baño frente al espejo practicando para cuando nos ganemos un premio. ¿Se vio Edgar Ramírez alguna vez en este cliché sin saber que algún día levantaría un César?

Jamás. Y te lo digo sin un ápice de demagogia. Si ves el youtube mi discurso de agradecimiento del César – el cual escribí a brochazos en el carro camino a Chatelet y a petición de mi agente que me dijo: “no está de más preparar algo…” – Te darás cuenta que fue un desastre. No sabía qué pasaba, todo me daba vueltas; la garganta se me secó, no podía respirar. Todo fue un esfuerzo titánico para no ponerme a llorar como un niño. Fue muy emocionante.

Roberto Durán una vez dijo: “La vida de un boxeador se basa en pelear por títulos mundiales”. ¿En qué se basa la vida de un actor?

En acercarse, en explorar e intentar comprender los grandes temas de la humanidad a través de la especificidad y singularidad de un personaje.

¿Qué pone Edgar Ramírez luego del hashtag #yolograré?

Alcanzar la plenitud.

 ¿Dónde, cómo y con quién se toma el whisky perfecto para celebrar desde el futuro?

En cualquier lugar…en las rocas, y con mi papá.

1 comment:

Jenny Ramirez said...

Que lindo!!! Yo a el lo amo!! Lo admiro muchisimo!! Es mi orgullo como venezolana! tuve la oportunidad de verlo una vez en un centro comercial cual apenas iniciaba Cosita Rica (y podia caminar tranquilo por Caracas). Ver el camino que ha recorrido no me deja más que orgullosa de saberlo tan venezolano como yo!!

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