Tuesday, June 24, 2014

Nadie Goza Más Que Un Farandulero Anónimo

 
Hay cosas en la vida que uno hace por farandulero. Uno no se encuentra, por ejemplo, a Henrique Capríles y lo congratula por su labor como Gobernador. Eso es de amateurs. Lo primero que uno le dice a Henrique Capríles es: “Buenas, me puedo tomar un selfie”. No hay nada de que disculparse, somos faranduleros. Es como guindar un candado del amor en Paris, cruzar Mystic River para comer en el Belle Vue cuando del lado correcto queda El Alazán, o tomarse una foto de los pies sobre el mosaico de Cruz Diez en el aeropuerto en Maiquetía. Puro faranduleo. Esa foto es más efectiva que un out of office reply. Hashtag: Punta Cana.

El viernes pasado recibí una tarjeta de invitación para una fiesta. La misma solo decía “Exclusive Session – Black Tie. Quinta La Esmeralda. 8 de la noche. Traje Etiqueta”. No decía quién organizaba la fiesta, o si era por el lanzamiento de un producto. Era como recibir una tarjeta para ir a una fiesta en casa de Jay Gatsby. Llamé a mis amigos para ver si sabían sobre la fiesta pero nadie tenía idea. Decidiendo no ir, cuadré una noche de películas con ellos y me metí a bañar. Al salir del baño abrí mi closet para sacar unos blue jeans cuando vi ahí colgado mi esmoquin. Entre la maraña de ropa tipo pa’ cerveza, el esmoquin parecía una botella de Buchanan’s. En diez minutos estaba disfrazado y perfumado del James Bond más chimbo de la historia. Me fui a la fiesta, como buen farandulero que soy. Esa noche mis amigos vieron Casino Royale.

Al llegar a La Esmeralda, me pusieron un brazalete dorado en la muñeca y entré. La casa de fiestas estaba decorada solamente por cortinas blancas que guindaban desde el techo hasta el suelo e iluminado por unas lámparas enormes de cristal. En el fondo, una pantalla gigante servía como pared para imágenes de burbujas azules, y en el medio de ella, en una pequeña ventana, estaba ubicado el DJ. Los hombres nos paseábamos con nuestros esmóquines negros junto a mujeres de corto (por niches, cuando es etiqueta es largo aquí y en China), tratando de ver a quien conocíamos. Al ver que era gente linda pero que no conocía a mucha pensé: “Yo me voy a portar malísimo esta noche”. Es verdad, nadie goza más que un farandulero anónimo.

Encontrándome con un puñado de amigos, nos ubicamos afuera en la terraza “al fondo a la derecha”, como hacen los buenos agentes vestidos de esmoquin, a  conversar. Todos habíamos ido por faranduleros, intrigados por saber quiénes eran los dueños de esta fiesta y ver quiénes eran los invitados. Pero si en algún momento nos topamos con nuestros misteriosos anfitriones jamás lo supimos. Rápidamente La Esmeralda se llenó de gente y la música comenzó a sonar a toda mecha. Lo que había adentro era el pandemonio. A casa llena, el DJ le había dado con todo a la música electrónica y la gente bailaba desaforada mientras unas siete mujeres en trajes de lycra de neón, montadas sobre pequeñas tarimas alrededor de toda la casa de fiestas contorneaban el cuerpo al son de la música. “¿Bailamos?”, preguntó una amiga. “No nos queda de otra”, contestamos todos los demás. "La música está demasiado buena".

Foto Leopoldo Ruán

A las 5:30 de la mañana yo me fui a mi casa a dormir como si hubiera vivido un 31 de diciembre. Cuando me desperté constaté que tenía fotos en mi celular de las cuales no tengo memoria de haber tomado. Fue el mejor baile-concierto que me he pegado en mucho tiempo donde jamás pregunté un nombre, ni profesión ni si el trago era con soda o con aguakina. Yo solo sé que bailé con todo el mundo y gocé como si La Esmeralda fuera la mejor discoteca de la ciudad y la fueran a cerrar mañana.

-¿Pero habían pasapalos? -me preguntaban mis amigos al día siguiente.

-No -contesté yo.

¿Pero supiste quién organizaba el sarao? -me decía otra.

-Ni idea -respondí.

-Pero a ti ni te gusta la música electrónica, ¿cómo que bailaste toda la noche?

-Pues yo no recuerdo haberme sentado nunca.

-No vale Toto, tú lo que eres es un farandulero.

Lo admito completamente. Yo fui una fiesta desconocida y gocé como un personaje cualquiera en El Gran Gatsby. Hay cosas en la vida que uno hace por farandulero. Una es tomarse un selfie con Henrique Capríles. La otra es bailar en una fiesta en la que no conoces a nadie y gozar como si tú fueras el dueño.-
 
 

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