Sunday, July 20, 2014

Aquí Entre Nos... En Interiores

 
Hay un momento en la vida de todo hombre en el que debe sentarse a dilucidar sobre una decisión importante que marcará su apariencia en el día a día. No es afeitarnos pues eso lo hacemos todos, excepto quizás Ramón Guillermo Aveledo, un hipster con bigote y un viejito barba blanca contratado desde julio para fungir en diciembre como San Nicolás en un centro comercial. No, la única decisión que debe tomar un hombre es si utiliza interiores tipo bóxer o tipo tanga.

Generalmente es una decisión única en la vida. A veces es el más cómodo y ya. Pero por lo general los hombres nos prestamos a experimentos en la medida en que crecemos y nos crecen las joyas de la corona. Con la oferta de bóxers, tangas, bóxers tipo tangas y algo que solo debe utilizar un estríper, hay para todo tipo de gustos. El mundo tiene veinte años sabiendo que ya no es el calzoncillo que te compraba tu mamá. Calvin Klein se encargó en los noventa de que todo hombre estuviera consciente de sus briefs. Así ninguno de nosotros tuviera el cuerpo de Marky Mark.

Cierto, hubo una época en donde nadie utilizaba ropa interior. A menos de que seas escosés, eso no es el caso moderno. El hombre dejó de utilizar camisetas debajo de sus camisas de puños cuando Clark Gable se desabotonó la suya y mostró su pecho en la película Sucedió Una Noche de 1935. Pero el área pélvica la continuamos cubriendo porque el estar rueda libre no es solo prehistórico y antihigiénico, sino que nadie quiere llegar a tener 80 años y ver como sus bolas criollas tienen un happy hour con sus tobillos.

Arbitrar sobre el tipo de ropa interior que nos cubre las partes nobles es una tarea de descubrimiento. Por años yo fui un hombre bóxer. Era la moda entre mis amistades, en franca rebeldía contra la marca Ovejita por considerarla infantil. La adolescencia no pudo ser más incómoda. Tener un pedazo de tela amuñuñado dentro de un pantalón Guess pegado (y nevado porque los noventa fueron crueles) fue una de las peores decisiones que tomé para ser igual que los demás.

Ya entrado en años y descubierta mi personalidad, me percaté de que habría noches en las que no solo yo me iba a ver en paños menores. La introducción al sexo hizo que le prestara más atención a los empaques de los interiores que mezclaran comodidad con algo más digno que un bóxer con dibujitos de Bugs Bunny. Como estaba de moda ser metrosexual me fui con su ícono y compré los patrocinados por David Beckham. El problema es que cuando no se tienen las piernas de futbolista, ciclista o incluso de jugador de ping pong, el efecto es el mismo que el bóxer. Tuve un retorno vintage a los Fruit of the Loom y fui feliz.

Pero hay momentos en la vida adulta donde un flux no pega con un Fruit of the Loom. Si uno se esmera para verse perfecto en cualquier ocasión, lo lógico es que nuestros interiores también sean sobrios. Mi apuesta fue y sigue siendo por los interiores cortos producidos por Giorgio Armani. Fue una decisión farandulera. Alguien que haya vestido a Richard Gere de gigoló y a Daniel Craig de 007 entiende que no se puede ser un Don Juan elegante con tanga tipo hilo ni agente secreto con bóxers de bacterias. Armani los vistió con ropa interior lo suficientemente masculina como para una escena picante pero con una comodidad y ventilación necesaria por si había que correr.

Así debemos sentirnos los hombres allá abajo. Es una prueba de ensayo y error pues nadie entraría al probador de una tienda a sacar unos Versace de neón para ver qué tal. Primero porque eso se hace en casa. Segundo porque nadie se ve bien en neón.

Esto no quiere decir que la decisión sobre el color deba ser descartada. Hasta la II Guerra Mundial todos los interiores eran blancos. El advenimiento de la opción multicolor vino cuando el Gobierno de los Estados Unidos le solicitó a Jockey que creara versiones de otros tintes pues el secado de los calzoncillos blancos podría darle señas al enemigo sobre el posicionamiento militar. Eso lo hace sentir a uno más guerrero por lo cual tener interiores de colores no está mal, siempre que sean cómodos y prácticos. Solo que no neón.

Para mí, un interior debe brindarme comodidad y soporte. Si estoy consciente de que llevo un calzoncillo debajo de un pantalón lo desecho. También estoy pendiente de los huecos en las ligas, las cuales son indicadores importantes. Significan que he debido deshacerme de ese interior hace tres meses. Por eso a la hora de tomar una decisión sobre cual interior llevar los hombres nos tenemos que ir por la practicidad, comodidad y sobriedad, sin que eso signifique dejar de tener uno de Superman escondido en el fondo de la gaveta para un domingo de súper héroes. Solo es cuestión de ligar que no se tenga un accidente ni se conozca a un interés romántico el día en que se use. O ¿quién sabe? Capaz ella también escogió ese día para lucir unas pantys de la Mujer Maravilla. Y ese es un match que hasta Calvin Klein aprobaría.-

Revista Etiqueta
Julio 2014.

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