Friday, July 18, 2014

Cuéntame Una de Magnicidios

 
Las palabras más importantes de Nicolás Maduro cuando fue investido como Presidente de Venezuela aquel 19 de abril de 2013 no fueron sus loas al Difunto Supremo, ni su promesa de consagrar la absurda idea de socialismo chavista en nuestra tierra. Si algo hemos de recordar de su discurso es lo siguiente: "Ha fallado la seguridad absolutamente, me pudieron haber dado un tiro aquí". Tenía razón. En ese momento Yendrick Sánchez, un maracucho de 28 años, había burlado la seguridad nacional para encaramarse en el podio de la Asamblea Nacional y abrazar al primer mandatario. Hoy está preso.

Es el único momento donde la vida de Nicolás Maduro ha corrido peligro. Que aquel personaje haya sido un buscador de fama, interrumpiendo también un mitin político de Henrique Capríles y primo de aquel que robó la corona de Hannelys Quintero recién escarchada como Miss Mundo Venezuela en el Poliedro de Caracas, no viene al caso. La seguridad de cualquier Presidente, dictador o no, está hecha para resguardarlo en sus funciones. Este incidente hubiera sucedido en los Estados Unidos y Yendrick Sánchez estaría durmiendo sobre una hamaca en Guantánamo.

El problema radica en que desde ese entonces Nicolás Maduro ha buscado otro Yendrick Sánchez cómo sea. Ante el desastroso resultado de una economía asfixiada por una corrupción inigualable, amén de una severa protesta nacional que puso a Venezuela a respirar el humo de bombas lacrimógenas, la tesis del magnicidio le ha valido al impopular presidente su carta para excusarse por la ingobernabilidad. “Me quieren asesinar”, advierte en cuanta cadena nacional se le antoje. Ahora, quién quiere matarlo, es una pregunta incontestable hasta por aquellos que lo siguen de manera ciega.

La manera correcta de denunciar un plan magnicida es investigar, arrestar, denunciar y enjuiciar. En Venezuela estos pasos son innecesarios porque la denuncia, o la advertencia mejor dicho, por si sola es más sexy para mantener la zozobra colectiva. Entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro se han realizado más de 70 denuncias sobre planes magnicidas. No son los supuestos 638 planes de asesinato a Fidel Castro en Cuba, todo un récord Guinness. Pero cuando no hay pruebas, o las mismas son tan ridículas que el Gobierno tiene que poner a un alcalde para exponerlas, es más fácil ver a Nicolás Maduro disfrazado del Gallo Pelón en Carnavales que abaleado dentro de una urna con la banda presidencial sobre el pecho.

¿Por qué el empeño madurista con el magnicidio? Porque intentar otro Dakazo cuesta caro, es la manera más fácil de restarle poder a, entre otros, María Corina Machado (cosa ilógica pues ni siquiera es presidenciable) y aparta a la opinión pública de los verdaderos temas que aquejan a la sociedad, principalmente el hampa. El “ciudadanicidio” tuvo relevancia con el lamentable asesinato de Mónica Spear en enero de este año, pero un Gobierno que ha implementado más de veinte planes de seguridad sin éxito alguno, solo puede darse el lujo de hablar de la inseguridad del único hombre que goza de todos los mecanismos efectivos de seguridad posible. 

La cuestión está en que a nadie le interesa ir dos pasos más allá del fanatismo de Yendrick Sánchez. Hasta la fecha, ningún magnicidio en el mundo ha liberado presos políticos, eliminado el control cambiario, activado la producción nacional y reconocido plenamente los derechos ciudadanos para todos. Si un Presidente es tan pendejo que no entiende que ahí está la solución del país, que se “magnicide” él solo. Los demás tenemos trabajo que hacer.- 
 
Revista Clímax, julio 2014
Foto: todocoleccion.net

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