Thursday, July 17, 2014

Discurso de Graduación: Esta Noche Meterás La Pata

 
Hoy cumplo 17 años de graduado del colegio. Siempre recuerdo la fecha por una cuestión cabalística. Yo nací en el 79 y me gradué en el 97. Un 17 del mes 7. Fui la promoción 7. Tenía 17. En realidad nosotros somos la versión original de la canción “Dime que se siete”.

Hace 17 años di un discurso de graduación donde les dije a mis amigos que fueran lo que ellos quisieran ser, no lo que los demás quisieran que fueran. Algo que en su momento me pareció inteligentísimo y que luego pasé por lo menos 14 años tratando de descubrir quien quería ser yo.

Si pudiera repetir la historia, imagino que daría el mismo discurso. ¿Qué sabe uno de la vida a los 17 años? Ahora, si pudiera volver al pasado sabiendo lo que hoy sé, daría un discurso más franco y más honesto. Si la vida da un miedo terrible ¿por qué no hay un estudiante admitiendo esto?

El siguiente es un discurso imaginario que yo le daría a mi promoción si pudiéramos volver a la edad de la credulidad. A cualquier promoción en realidad… Es un discurso ficticio donde los hechos que me llevan a la reflexión no pasaron. Así que esta es mi oda a cualquier persona que tenga 17 o 18 años y se esté graduando del colegio en estos momentos (mis felicitaciones por cierto):

DISCURSO DE GRADUACIÓN
by Toto, Age: 34 
 
Distinguidas Autoridades, Señora Direct… esta parte la podemos adelantar… Mis queridos compañeros de Colegio:

Estamos reunidos aquí para celebrar nuestra graduación como bachilleres. Tenemos toda la vida por delante de nosotros para convertirnos en los líderes profesionales que hemos sido formados para ser. Pero lo cierto es que no tendremos tiempo para ello. Pues esta misma noche, después de la fiesta de graduación, uno de nosotros meterá la pata.

Quién de nosotros es no importa, pero cuando nos enteremos nos cambiará la vida a todos. Ahí aprenderemos que el uniforme escolar y la tarjeta de crédito del papá ya no sirven como excusa para creernos los reyes del mundo. A partir de ese momento estaremos obligados a encarar con responsabilidad todos los golpes y bendiciones que la vida adulta nos ofrece.

No será fácil la vida. Ese dibujo de la familia en el libro de Educación Cívica donde hay una mamá, un papá, tres hijos y un Golden Retriever, será el molde para muy pocos de nosotros. La persona que va a meter la pata esta noche no se divorciará de quien aún no sabe será su esposa pero en menos de quince años, nueve de nosotros sí estaremos divorciados. Ocho no estaremos casados antes de los treinta, siete no lo haremos ante la Iglesia, cinco habremos sido amantes de alguien, tres seremos gay, dos seremos padres solteros y una… bueno una, no tengo idea dónde estará pero seguro se convierte en monja.

Es ley de vida. Ninguno será particularmente más especial que el otro. Seremos gente normal que sin importar cuántos postgrados tengamos en el currículo o si nuestra oficina tiene un espacio para poner maticas, deberemos aceptar la inevitable conclusión que las estrías son un golpe al ego y que la calvicie se asume pero no se acepta.

Todos esos momentos que nos pasamos frente a un espejo explotándonos una pepa porque así no se podía ir para la fiesta de graduación fueron malgastados. La única vez que estaremos realmente buenos sin el mínimo esfuerzo es ahora en este momento cuando estamos cercanos a cumplir los veinte. A los treinta seremos bellos de gimnasio y a los cuarenta nos contentaremos si podemos meter la barriga lo suficiente como para que la gente no se dé cuenta que al gimnasio no hemos vuelto desde aquel 15 de enero de Dios sabe qué año.

Habrá días en las que las cuentas no dan. Habrá otros en los que deberemos levantar el teléfono para admitirles a nuestros papás que las cuentas de verdad, verdad que ahora sí que no dan. Y habrá días en los que sencillamente debemos asumir que no se puede seguir evitando al carnicero en el supermercado. El día que encaremos al carnicero será oficialmente el día de nuestra independencia.

Viviremos una vida de injusticias. En el tráfico se nos coleará el imbécil éste, en el banco la que solo viene a hacer una preguntica y en el confesionario el que más llore por remordimiento. Nuestra frase más repetida en bajito será “el coño de su madre”, aplicable para políticos abusadores, gente lenta, y esa vez cuando sin darnos cuenta choquemos el dedo gordo del pie contra una cómoda. La otra frase que repetiremos demasiado, será “por eso estamos como estamos”. Ésta será empleada ante nuestra resignación de cambiar las cosas a cómo deben ser. Podríamos hacerlo, pero nos da flojera.

La verdad es que nos pasaremos más tiempo en el tráfico que en la cama. Más momentos hablando de la inseguridad que de la felicidad y más segundos buscando el fulano Festal porque los planes serán almuerzos familiares llenos de coches de bebé y esa broma le da gastritis a cualquiera. Sobre todas las cosas, nos pasaremos bastante tiempo encerrados en el baño, obviando la voz de una personita que inocentemente grita nuestro nombre para tener así sea cinco minutos al día a solas. Un momento de paz dentro del caos donde sencillamente podamos vernos al espejo y pensar en cómo fue que nos convertimos en esta persona cuando hace nada éramos alguien con una camisa rayada que decía: “T.Q.Q.J. ¡Nunca Cambies!”

Y es ahí amigos de la promoción cuando debemos detenernos a pensar qué implica ese “nunca cambies” que nos hemos rayado los unos a los otros en nuestras camisas en este día de graduación. Cuando ya sabemos que en nueve meses uno de nosotros será padre; que el ideal de la familia soñada no se garantiza; que las cuentas no dan; que la belleza es un mito; el carnicero juzga; y que el resto de la gente es lenta.  ¿Vale la pena seguir siendo algo de lo que somos hoy en día cuando nada de lo que aprendimos nos servirá para encarar el futuro?

Mi respuesta es sí. Porque ese “nunca cambies” implica que hay un amigo que sin tener idea de quiénes seremos en la vida, si nos ganaremos la lotería o si le pediremos real para la propina, nos quiere tal cual como somos. Para un verdadero amigo del colegio, uno siempre será aquella persona que no es de mañana y que hay que saludarla como a golpe de diez para agarrarla contenta. Ese amigo sabe que uno se tarda un mundo pidiendo en un restaurante y un segundo cambiando de novia. Un verdadero amigo del colegio ya sabe que uno es una persona con defectos y problemitas de fábrica y que en algún momento tendrá que sentarse en terapia. 

Al salir del colegio cada uno de nosotros conocerá a un gentío en esta vida. Personas de momento anónimas, que suplantarán lo que hemos sido el uno para el otro en todos estos años de retención escolar y de almuerzos de cantina. Pero mientras ellas verán una versión mejorada de lo que a cada uno de nosotros nos costará una vida esconder, los verdaderos amigos del colegio siempre seremos aquellos que no les importa cómo uno realmente es.

Ya todo eso lo sabemos de nuestros amigos del colegio. Y a pesar de lo mala que será la vida, cuando uno se encuentre con un amigo del colegio que verdaderamente quiere, la vida será perfecta. No importa que tan ajetreada, difícil, engorrosa, “no tengo tiempo ni para que me hagas un cariño en la espalda” sea la vida. Cuando uno se tope con un amigo de colegio, será como si el tiempo no hubiera pasado. Como si la vida hubiera sido siempre de peos líquidos, de casetes mezclados y de fotos en la playa.

Olvidémonos entonces de preocuparnos por los liderazgos, los trabajos, las promociones y los sueldos a los que aspiramos. Concentrémonos desde ya en saber plenamente que no hay mejor código de vestimenta en esta vida que el ser uno mismo. Todo lo demás, la fama, el éxito, la cintura de noventa centímetros y el deportivo rojo en el segundo divorcio es material POP. Saber quienes somos de verdad es lo que realmente importa.

Por eso mis felicitaciones a la persona que va a meter la pata esta noche. No tienes manera de saberlo pero te doy las gracias por abrirnos la puerta tan pronto a este gran juego llamado Esta Es Tu Vida. Difícil, engorrosa, conflictiva y tragicómica. Pero si se vive junto a grandes amigos como lo somos los que estamos aquí, entonces un aplauso a la vida y lo grande que puede llegar a ser.-

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